Capítulo 39 #2
—Emmond, si intentabas ayudarlo, aunque las cosas no hayan salido bien, estoy seguro de que podrán arreglarlo. Eres un buen chico —dijo Rylan con tono sincero.
—No soy tan sentimental como Rylan, pero apoyo su comentario. Cuando regreses al colegio, podrás arreglar las cosas con él —añadió Dylan, sin perder la sonrisa.
—Eso espero —murmuró Emmond, con palabras impregnadas de desánimo.
—¡Por aquí, Zamira!
Rylan se inclinó ligeramente hacia adelante, con una sonrisa en los labios, y Emmond siguió su mirada.
Entonces la vio. Una joven de su misma edad, de mediana estatura, con el cabello dorado que caía en ondas suaves sobre sus hombros.
Sus ojos, grises como una tormenta, brillaban con una intensidad que le robaba el aliento.
Su cuerpo, delgado, pero bien formado, estaba decorado con un conjunto blanco que contrastaba con fragmentos de una armadura dorada, dándole un aire de caballero, pero sin perder la sensualidad ni la perfección de sus curvas.
Emmond no pudo evitar quedarse mudo, el nudo en su garganta y el latir acelerado de su corazón lo hacían parecer un tonto ante tanta belleza.
Tenía el porte de un ángel, aunque, pensó con humor, los ángeles rara vez portaban arcos y flechas.
—Me llamo Zamira Eliade, del reino de Ashanty —dijo ella, acercándose con paso firme y extendiendo su mano hacia él.
—Soy Emmond Lizzengard, hechicero de Northderland —respondió él, algo torpe, tomando su mano.
—Zamira es nuestra amiga. Nos conocimos hace unos meses en una misión. Tienes que verla con el arco, es increíble —intervino Rylan, con una sonrisa orgullosa.
Zamira, al ver la expresión casi estúpida de Emmond, soltó una risa suave que dejó una marca en su alma. Luego desvió la mirada hacia Rylan mientras se sentaba.
—¿Cuándo podremos hojear el libro? —preguntó ella, su tono casual, pero con algo de impaciencia.
—No sabemos, aún no han podido abrirlo —respondió Rylan, encogiéndose de hombros.
—¿El Libro de Merlín no se puede abrir?
Emmond, tomando un trozo de carne, acotó sin pensarlo.
—Al parecer no. Los sacerdotes han intentado todo tipo de hechizos, pero el libro los repele. Incluso, intentaron con escamas de dragón, pero fracasaron. No han querido hacerlo oficial…
Dylan se inclinó hacia el centro de la mesa y habló en voz baja, como si temiera que alguien más pudiera escuchar.
—Escuché a dos sacerdotes conversando. Al parecer, solo un descendiente de Merlín puede abrirlo.
—¿Dónde está ese descendiente? —preguntó Emmond, intrépido.
—No se sabe. El linaje de Merlín se perdió hace siglos —aclaró Rylan.
—Entonces no podremos ver el libro.
Zamira cruzó los brazos y se acomodó en su silla, claramente decepcionada.
—Al menos podremos ver el resto de los tesoros. Quizás hayan encontrado otros collares como los nuestros.
Rylan sacó el suyo y lo mostró a Emmond, quien lo observó con atención.
Era idéntico al que su hermano guardaba bajo la camisa de seda blanca.
Ambos, hechos de oro negro, estaban adornados con una gema: el de Dylan poseía un rubí, mientras que el de Rylan llevaba una esmeralda.
Las gemas, suspendidas por extensiones del collar que se enredaban alrededor como raíces de un árbol antiguo, parecían respirar con vida propia.
Emmond no tardó en reconocerlos. Los había estudiado en los libros de Artículos encantados en la Biblioteca Principal de Eldryan.
—Son los collares gemelos, creados por John y Mark Sheldon —dijo con la emoción evidente en su voz.
—No los había escuchado nombrar —comentó Zamira curiosa.
—Fueron hermanos, grandes hechiceros e inventores —explicó Emmond, con el entusiasmo brillando en su mirada—.
Vivieron hace unos dos siglos. Por sus obras, estuvieron siempre en peligro…
temían que uno muriera antes que el otro.
Así que crearon estos collares. Infundieron su propia sangre en las gemas, uniendo sus vidas a través de un mismo núcleo mágico.
Tocó la esmeralda del collar de Rylan, como si quisiera comprobar que aún latía.
—Compartían conjuros, defensas, incluso, el dolor. Solo funcionan entre gemelos. Es una de las formas de magia más antiguas y hermosas que existen.
—Son una especie de amuleto —murmuró Zamira.
—Son mucho más que eso. Solo funcionan con gemelos. Su magia proviene del vínculo sanguíneo entre los usuarios —aclaró Emmond.
—En una batalla contra los bandidos, a Dylan le lanzaron un maleficio. Estábamos distantes, pero pude protegerlo, añadiendo un hechizo de protección a través de los collares.
—De no ser por tu hechizo, habría muerto ese día —dijo Dylan con una sonrisa de gratitud, mirando a su hermano. Aunque peleaban constantemente, la lealtad inquebrantable entre ellos jamás cambiaría. Estarían dispuestos a dar la vida el uno por el otro.
—No se pongan sentimentales. ¡Qué asco! —dijo Emmond, rompiendo la atmósfera emotiva.
Todos rieron, el peso del momento se disipó, y la risa y los cubiertos se mezclaron con la alegría de una buena comida.
Sin embargo, cuando el sumo sacerdote reclamó la atención, el bullicio se desvaneció en silencio. Las miradas de todos se dirigieron al estrado, expectantes por escuchar lo que el sacerdote tenía que decir sobre los tesoros encontrados y el Grimorio perdido del mago más poderoso de la historia.
—Me complace verlos disfrutar de esta bendecida comida, y más aún ver sus rostros radiantes, deseando palpar los tesoros por los cuales los hemos convocado a Ciudad Sagrada.
Después del almuerzo, serán invitados a recorrer nuestras galerías donde podrán admirar las reliquias halladas en las ruinas de la ciudad natal de Merlín.
Sé que muchos vinieron por el Grimorio perdido, pero me temo que por el momento no será mostrado al público hasta que estemos completamente seguros de que no presentará ningún peligro para aquellos que deseen leer sus páginas —declaró el sacerdote, haciendo resonar su voz en todo el comedor.
—Se los dije. Aún no han abierto el libro —susurró Dylan, acercándose al centro de la mesa.
—Entonces, ¿hemos venido en vano? —protestó Zamira, cruzando los brazos mientras se ocultaba parcialmente detrás de Emmond.
—No vinimos desde tan lejos para irnos sin ver el libro —aseguró Rylan, la avidez por el conocimiento destellaba en sus ojos.
—¿Estás sugiriendo que entremos a hurtadillas en las arcas del templo y tomemos el Grimorio ? —interrogó Emmond, alzando una ceja.
Si fuera cualquier otro objeto, no estaría dispuesto a arriesgarse. Pero no era cualquier libro. Era el Grimorio perdido de Merlín. El conocimiento más poderoso del mundo. No podía dejar pasar la oportunidad de añadir esos hechizos a su arsenal.
—¿Están locos?
Zamira miró a ambos incrédula. Había acompañado a Rylan durante meses, pero nunca lo había escuchado sugerir algo tan peligroso. En ese momento, parecía que quien hablaba era Dylan y no él.
—Vamos, Zamira. Es el Grimorio perdido de Merlín. Está lleno de hechizos que nadie ha visto. ¿Te imaginas lo poderosos que seremos? Podríamos encontrar un hechizo para enfrentarnos a los dragones de Daavos y acabar con esta guerra —se justificó Rylan.
—Eso sería un buen punto. La guerra comenzó por Las Tierras de Acero, pero nadie garantiza que se detendrán allí.
Según los informes de guerra, al rey Odrell no le va muy bien.
Será cuestión de tiempo antes de que pida ayuda a sus reinos aliados, y la guerra se expandirá —el tono de Dylan, sombrío, reflejaba la realidad de la guerra.
Zamira los escuchó en silencio, su mente procesaba cada palabra.
Tenían razón, un poco de riesgo haría su estadía en el templo mucho más interesante.
Pero, al mismo tiempo, rezó en silencio a los dioses para que todo saliera bien.
Si no lo hacía, sería expulsada de su reino, y las consecuencias serían desastrosas.
—Está bien, estoy dentro.
—Debemos averiguar el paradero del libro. Me encargaré de descubrir los cambios de turno de los guardias. Ustedes, busquen el mejor hechizo para abrirlo —ordenó Dylan con determinación.
El brillo en sus ojos reflejaba la urgencia de su plan. Las cosas debían hacerse rápido y con precisión. El libro estaría bien custodiado, y solo tendrían unos pocos minutos para husmear.
—¿Y si realmente no se puede abrir? —preguntó Zamira, con tono lleno de preocupación, como si temiera que su plan fuera una utopía.
—¿Y si es solo una mentira para mantener a los intrusos alejados? —respondió Rylan con firmeza, sin vacilar.
La oportunidad era demasiado tentadora. Tenía buenos hechizos guardados en su propio Grimorio . No recordaba todos, pero los memorizaría si hacía falta. Se marcharía del templo con los antiguos conjuros de Merlín, costara lo que costara.