Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 51
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El filo acaricia mi piel con delicadeza llevándose el rastro del pelo que hay en mi piel.

Poco a poco va recorriendo mi mandíbula, mi barbilla, la suavidad entre mis labios y mi nariz…

hasta que no queda ni rastro. Los ojos blancos de Gayla me perturban de tal manera que temo por mi vida cada segundo que la veo con la cuchilla de afeitar.

No está ciega, al menos no del todo, o eso es lo que quiero creer.

La precisión de la mujer es tan sorprendente que no puede ser de otra manera.

―¿Qué eres?―le pregunto mientras extiende crema sobre mi frente, mejillas y barbilla.

―Humana, de los dominios solares del Midna―me aclara y lo hace con una sonrisa de oreja a oreja―. Una prestigiosa.

―¿Y por qué puedes ver si estás ciega?

―Es muy curioso―comenta Estevian a tiempo de ver cómo me ha dejado su tía―. ¿No le has podido dejar ni un poco de perilla?

―No seas zoquete, querido―Olivia está sirviendo el té en unas tazas y cortando un bollo de aspecto esponjoso y aroma a limón―. Los tritones no pueden tener vello en la piel, si no nadarían más lentos. ¿No es así, Cirigh?

―No lo sé, nunca había estado en Tierra firme.

―¡Por las hermanas! Eres adorable―Gayla me masajea el rostro mientras no deja de reír.

Nos sentamos a la mesa mientras bebemos del té de flores y comemos el bizcocho cuyo sabor se ha vuelto mi nueva adicción.

La mujer diurna nos explica que nació en las Tierras Doradas, que sus padres eran marineros y que un ataque de caribdis les hizo naufragar.

Así fue como acabó en el Continente de la Banshee y fue criada por los inmortales de las Islas Senna, vampiros cuya piel es tan oscura como la de los prestigiosos.

―Vine a Plaguen buscando trabajo, allí no hay mucho que hacer más allá que exportar pesca o confeccionar redes―continúa con cierta rabia al recordar su pasado―. Aquí pude trabajar de camarera en las tabernas e incluso empecé a pintar mis primeros cuadros.

―Nos conocimos en La Sirena Morada , una posada que hicieron en honor a Lady Angélika―apunta Olivia rellenando nuestras tazas de té―.

La dueña anunció la exposición del arte de Gayla y yo no podía perdérmelo.

Desde que llegué de Ninfa Oscura nunca había visto algo igual―y deduzco que ese es otro de los pueblos abanderados de Plaguen.

La mujer le agarra la mano a su esposa y empieza a mirarla con alegría―.

Estabas preciosa, mi amor. Tus ojos dorados se llevaban toda la atención mientras tus cuadros se vendían como si fuera arte de alto pincel.

―Me enamoré de ti el mismo instante en el que te acercaste a conocerme―dice la otra mientras yo no puedo hacer otra cosa que apoyarme en mis manos y contemplarlas obnubilado―.

Empezaste a venir cada noche a la posada hasta que al final dejaste de hacerlo.

¿Recuerdas el camastro que tenía en mis aposentos?

―¡Apenas cabíamos las dos!―se mofa la mujer lunar.

―Solo abrazadas―secunda la solar―. Si no hubiera sido por ti no hubiera tomado la decisión de provocar mi ceguera.

―Ay, mi amor, que castigo más hermoso.

Mi rostro se tuerce en horror mientras Estevian me indica, con la mirada, que espere a seguir escuchando la historia de las mortales antes de sacar conclusiones precipitadas.

Suspiro, bebo de mi taza y observo a Gayla mientras gesticula con intensidad.

La mujer diurna me cuenta que nació siendo una orisha, una humana con el don de ver los designios del destino.

Según dice, en las Tierras Doradas, las mortales con ese don son separadas de su familia para entrenarse en una montaña alejada de la civilización.

Las orishas no pueden mezclarse con humanos de a pie, ni socializar, menos aún enamorarse.

Sus padres nunca quisieron esa vida para ella así que la mantuvieron en secreto durante las largas temporadas de pesca.

―Llegó un momento en el que no podía discernir la realidad de las visiones, así que perdí la cordura y me encerré en mí misma―explica con pesar, después sonríe y añade―. Beberme esa pócima fue la mejor decisión de mi vida. Así pude vivir con normalidad y compartir una vida con mi esposa.

―Las brujas nos vendieron esa poción a cambio de todos nuestros aho_

rros. Así que nos quedamos sin nada, nos mudamos a una casa compartida hasta que la Corte de la Noche nos otorgó nuestros títulos y fortuna.

Mi aurane arde con tanta fuerza que me veo obligado a clavar las uñas sobre la mesa. Estevian se incorpora de golpe, se muerde la muñeca y me da de beber. Todo se calma en un instante, con cada gota que recorre mi paladar los tres chiquillos de mi vientre regresan a su sueño.

―Siendo mujeres humanas ¿No podíais ayudar a las adastas ?

―No querido, gestar a un bebé inmortal nos arrebataría la vida antes de dar a luz. Necesitan más sangre de la que podemos ofrecer y no digerimos el plasma con facilidad―explica Olivia con amabilidad―. Y en palacio se valoraba más nuestra sangre que nuestro vientre.

Al cabo de unos minutos decidimos despedirnos de ellas.

Las humanas son una grata sorpresa, la verdad es que no deja de asombrarme la unión de razas que hay en Plaguen.

Vampiros, sirenas, humanas y, ahora un tritón, conviviendo en la misma ciudad.

Si alguien me hubiera contado que el Continente de la Banshee permite tanta variedad, jamás me lo hubiera creído.

Pero también es cierto que las piedras antiguas hablan de que los caídos son muertos vivientes despiadados, algo en lo que se equivocan, creo.

Gayla se acerca a la puerta y, justo cuando va a bajar la manilla, esta se abre de golpe.

De pronto aparece un hombre de piel pálida y cabello gris.

Sus ojos son azules y sus facciones están trabajadas.

El extraño sostiene la llave de la casa en una mano y una cesta con frutas en la otra.

En el momento en el que me mira sus párpados se abren de par en par, luego se fija en la placa de la fachada para confirmar que no se ha equivocado de edificio.

―Esa es mi ropa…―dice con una voz masculina, ligeramente ronca y poderosa. No es mayor que nosotros, pero su pelo tiene un color gris natural―. Mamás ¿Quiénes son…? ¡Espera! ¿Tú eres Estevian Ilia no? ¿El stoker ? ―acto seguido hinca la rodilla en el suelo y baja la cabeza―. Milord.

―Lánar, querido. Levántate, no ha venido como stoker si no como amigo de la familia―se queja Olivia desde nuestras espaldas.

―¡Ah! Es un placer conocerte―Estevian estira su mano para ayudarle a levantarse―. Sabía que las tías habían adoptado a un hijo, pero no había tenido tiempo de venir a conocerte en persona.

―¿Sabías de mí? Que honor―el hombre se incorpora, me mira con el rostro nervioso y me da un apretón de manos. Un gesto que respondo con torpeza―. ¿El Tritón de Plaguen verdad?

―Sí, Cirigh. Encantado.

―Oh, no… el placer es mío―sostiene la cesta y me da una manzana roja―. No tengo otra cosa para darte la bienvenida a Plaguen. De haberme avisado...

―Está bien, Lánar. Muchas gracias.

―Déjalos marchar, cariño―apunta Gayla mientras tira de él hacia el interior de la casa―. ¿No ves que tienen asuntos de palacio que atender?

―Normal, disculpad―comenta él dándonos vía libre para salir―. La ciudad está muy alterada con todo el tema de la rebelión y la ausencia de los duques.

―¿Ausencia?―Estevian aprieta su mandíbula fruto de la preocupación.

―Ah, sí, querido. Los duques llevan un mes reunidos con el Antiguo. ¿No has hablado con tus hermanas? Ahora es Lord Darius y Lady Amari los que están en el trono como regentes sustitutos.

―Nos vamos―el vampiro se apresura a alejarse de aquí.

―¡Gracias por todo!―me despido de los humanos a tiempo de seguirle el ritmo al stoker .