Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 46
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Cirigh de Laneth

La culpabilidad de haber perdido el control desgarra mi pecho con cada momento en el que se hace el silencio entre nosotros.

Nado con tranquilidad y me preocupo de cazar todo tipo de peces, intento escoger los más ricos, sobre todo jureles y cabezudos rojos, son mis favoritos.

Bebo de los animales más grandes, lo hago para alimentar a los inmortales que crecen en mi aurane .

Aprovecho mis momentos de soledad, esos en los que la preocupación se torna ansiedad y calmo ese ruido volviéndome despiadado.

Cuando el agua azulada se torna rojo sangre me preparo para mi siguiente movimiento.

Le quiero dar una sorpresa a Estevian, demostrarle que en alta mar se puede vivir como lo hacen los habitantes del Continente de la Banshee.

Sigo soñando con el ideal de crear un nuevo reino, la idílica Corte de Agua Carmesí que unirá los dominios de los caídos y de los ahogados.

Una silueta se mueve en la inmensidad del océano, un animal cuyos ojos se mantienen completamente negros y cuyas fosas nasales se dejan guiar por el aroma a muerte.

Me hago el indefenso, nado más despacio, como si estuviera a punto de desmayarme.

El tiburón se acerca a gran velocidad, abre sus fauces y muestra sus dientes, cuando cree que me tiene a su alcance se empieza a acelerar.

Ese es el momento justo en el que aprovecho para nadar a máxima velocidad, esquivar su impacto y colocarme a un lado.

Mi voz surge suave como onda apenas perceptible para los peces de alrededor, una canción privada para mi presa.

Una melodía sin letras y prácticamente muda, pero con la capacidad de noquear a mi objetivo.

Y así es como la presa se convierte en el cazador.

A los pocos segundos estoy cargando con el tiburón, sin cabeza, hasta la orilla y con la boca llena de sangre y vísceras.

Estevian está allí en ropa interior, la única ropa que le queda, un lujo del que yo no puedo alardear.

El sol acaricia su piel pálida mientras su cabello se mantiene completamente aplastado.

Cuando le veo así no puedo evitar soltar un

suspiro, estoy donde quiero estar y nada podría estropear este momento.

―¿Crees que podría broncearme?―pregunta mientras comprueba que su cuerpo no se haya tornado rojizo.

―No lo creo, eres tan blanco como el mármol―bromeo y él me dedica una sonrisa. Entonces se percata de lo que llevo entre mis brazos, un tiburón del tamaño de dos carruajes―. La cena está servida su majestad.

―Oh, muy amable mi sirviente―Estevian me sigue el juego y, aunque

intenta fingir que todo es de su agrado, su cara se tuerce en asco.

―¿Qué pasa? ¿No te gusta?

―No es eso, Cirigh…―intenta encontrar las palabras adecuadas pero su mirada lo dice todo.

―Ya lo sé―suspiro, dejo al tiburón sobre la arena y me acerco a él para sentarme a su lado―. No es a lo que estás acostumbrado. En mi mundo la vida es así.

―¿Y cómo os divertís?―pregunta curioso.

―Buscamos la diversión en la caza, jugamos con nuestras presas para encontrar formas más ingeniosas de acabar con ellas―algo se enciende en mi interior, una idea sacada de los tallados en pierda de Laneth. Le dedico mi mejor sonrisa y añado―. ¡Ya sé!

Me levanto efusivo, cojo un par de piedras, palos de madera y hojas secas.

Choco una piedra contra la otra, al principio lo hago con tanta fuerza que acabo por romperlas, repito el proceso con otras y a la segunda vez consigo encender una fogata.

Me apresuro a cortar pedazos de carne de tiburón con mis propias garras, tengo que mojarme las manos en tres ocasiones para terminar con mi misión pues con agua salada mis uñas son como cuchillos.

Atravieso los pedazos de carne con palos y los dejo al fuego durante largos minutos.

―Sé que la sangre de pescado no te gusta, pero también sé que la mía no te desagrada…

―¿Cómo dices eso? Tu sangre me encanta―se levanta, me agarra de las manos y añade―. Me encantas todo tú, tal y como eres. Tengas las escamas azules o grises, eres mi cordura, mi razón de ser.

―Pues bebe de mí―pronuncio y tuerzo el cuello para provocarle.

―No, no, no,… tú tienes que estar fuerte para poder buscar alimen_

to―el vampiro se acerca al cadáver fresco del tiburón y le hinca sus colmillos. A los pocos segundo se separa del animal con un pequeño hilo de sangre goteando desde su barbilla―. Si está riquísimo…

―Casi ni has bebido―pongo mis ojos en blanco.

―Es que estoy lleno de la pesca de ayer y de la de anteayer.

―Ayer no tocaste nada de lo que traje.

―Bueno es que…―y antes de que pueda seguir poniéndome excusas corto suavemente la piel de mi cuello provocando que los ojos de Estevian se abran de par en par―. No, espera… Cirigh…

No me hace falta ser un vampiro para percatarme de que la rojez de sus mejillas no está siendo provocada por el intenso calor del sol, sino más bien por el nerviosismo y la excitación de su cuerpo.

Me acerco lentamente a él, es como si estuviera seduciendo a mi presa antes de darle caza, pero no es así, no exactamente.

Entonces ocurre, el stoker deja de luchar por resistirse y acaba cediendo a la tentación y a la sed.

Sus colmillos atraviesan mi piel con elegancia, un fuerte pinchazo que es precedido por un quejido de placer.

No sé si es por el tacto de su lengua, el de su saliva o simplemente porque me está drenando desde dentro.

Pero el mordisco del vampiro me resulta excesivamente placentero, me obliga a quedarme quieto, a cederle toda mi voluntad y mi alma.

Confirmo mi teoría acerca de su sed cuando veo que no se separa de mí durante varios minutos. Bebe, lo hace acariciando mi piel desnuda con sus frías manos. Sus dedos recorren mi espalda con suavidad, dibujan formas sobre mi piel y juegan a bajar hasta mis nalgas, pero no lo hacen.

Cuando termina evitamos el contacto con la fogata, nuestros cuerpos están demasiado calientes como para seguir quemándolos, por lo que terminamos por coger los pinchos de tiburón y comerlos como si fuera el mejor manjar del universo.

―¡Está buenísimo!―celebra él con los ojos embriagados en

emoción―. ¡Sabe a entrecot!

―Ja,ja,ja,ja―no puedo parar de reírme, menos aun cuando le veo

comiendo a dos manos. Si Estevian fue alguna vez educado en los

modales de la sociedad vampírica, ahora los ha abandonado para vivir como las sirenas de Valhía.

Nos quedamos sentados contemplando el horizonte infinito dibujado por el juego de las olas y la fina línea del Midna.

No vemos la noche eterna desde aquí, solo la intuimos y soñamos con que algún día podamos estar juntos sin importar las reglas.

Estevian sostiene mi mano y la acaricia, lo hace por inercia, pero con una necesidad imperativa de no separarse de mí.

No lo culpo, de alguna manera siento que nuestros corazones palpitan al mismo compás como si esa fuera la verdadera canción de mi Voz Azur.

Tenerlo cerca significa sentir la calma del aurane , la tranquilidad del mar y la agitación de mi respiración nerviosa.

―Tenemos dos cosas claras―dice acariciando mi vientre―. Puedes salir de Plaguen siempre y cuando tengas a un vampiro cerca.

―Y tú puedes caminar bajo la luz del sol―continuo yo a tiempo de que el cielo acaricie su rostro pálido con los últimos rayos dorados del atardecer―. Quizá las brujas del aquelarre nos pueden decir qué es lo que te pasa.

―No, estarán muy ocupadas con todo el tema de la Tríada―de pronto

lo noto, sacude sus piernas mostrando inquietud―. Tenemos…

―…que volver―le interrumpo sin esperar a que termine la frase. Él me mira apenado y yo le dedico mi mejor sonrisa―. Lo sé, eres el príncipe de la corona de oro negro y rubíes, el stoker . No puedes desaparecer así porque sí.

―No te merezco…―suspira justo antes de dedicarme un beso cálido y cercano.

Lo cálido que puede ser el beso de un caído.

Su voz se torna entristecida y apenada, como si su corazón ocultara un peso que no lograré entender―.

No sé qué hubiera hecho si no te hubiera conocido…

al final le voy a tener que dar las gracias al desgraciado de Péstegos.

―Pero lo hiciste, me encontraste―me acerco más a él, apoyo la barbilla sobre su hombro y le beso en el cuello―.

Ya sea por Rysantha, Illythia o quién sea que rija el universo.

Nos encontramos y ahora no nos vamos a separar…

―entonces recuerdo todo lo relacionado con su enlace con Lady Alia, el acuerdo con la Corte de la Niebla y mi falsa reputación en la ciudad―…

bueno, hasta que te cases y tengas que ir al norte y a mí me toque vivir en una casa apartada de todo…

―No, no ,no…―Estevian sostiene mi barbilla y coloca su frente junto a la mía―.

Vaya a donde vaya tú te vendrás conmigo, eso te lo prometo, Cirigh.

Y lo de la casa fue un malentendido, ya está solucionado.

Tienes una habitación enorme para ti solo, podré visitarte siempre que quieras.

Te cuidaré, te lo juro por mi vida que voy a cuidar de ti.

Darás a luz a esos chiquillos de la noche y estaremos juntos sea como sea. ¿Entiendes?

―Yo…―pronuncio lo inevitable, una realidad que choca una y otra vez con la vida idílica que Estevian ha estado describiendo―. Tendré que volver a Laneth, tarde o temprano tendré que ir a ver a mi familia y ayudar a que mi raza prevalezca.

De pronto las imágenes que vi a través del agua de la bañera me atormentan.

Me pierdo en su mirada oscura y recuerdo la muerte de mi padre a manos de la caribdis, el cómo protegió a mi madre por encima de todo, incluso por encima de sí mismo.

Una lágrima se desprende de mi azul, una sensación extraña porque no lo puedo controlar.

―¿Qué? ¿Qué pasa?―su alegría se vuelve preocupación―. ¿He dicho algo malo?

―No, no es eso…―sollozo y mi voz tiembla―. Mi raza corre peligro, mi padre murió por salvar a mi madre y… pensarán que estoy muerto.

―¿Por qué no lo dijiste antes?―se levanta de un salto―. Ve, ve a verles―después me mira de arriba abajo se da cuenta de que no me puedo separar de él por el aurane y empieza a caminar en círculos. A los pocos segundos se detiene, me sonríe y añade―. Vámonos, los dos.

―¡Las guerreras te verían como una amenaza!―me sobresalto sacudiendo los brazos y provocando que la arena salga despedida por los aires.

―No me importa. Tienes que ir, es tu familia, tus hermanas y tus hermanos―apaga el fuego con la arena y me da la mano―. Vámonos ahora.

―No, de noche no, es peligroso. Si hay alguna caribdis no las veríamos llegar.

―Pues mañana, cuando amanezca nos iremos.

―¿Estás seguro?

―Nunca he estado más seguro de nada, Cirigh.

Me abalanzo sobre él, le hago caer sobre la arena y empiezo a besarle.

En unos pocos segundos Estevian agarra mi pene con su mano y empieza a acariciarlo hasta ponerlo duro.

La excitación toma el control de nuestros cuerpos y empezamos a jugar a un juego que ya conocemos.

Bailamos salvajes, desnudos y hambrientos el uno del otro.

Su lengua se desliza por mi cuello, por mi torso y se anida en mis pezones.

Lame cada centímetro de mi piel hasta llegar a mi entrepierna, no lo piensa, simplemente lo hace.

Dejo que mi dureza se humedezca en el interior de su boca y empiezo a proferir pequeñas embestidas que él responde con gemidos.

Antes de que pueda darme cuenta sube hasta mis labios y se coloca encima de mí.