Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 44 #2
87%

44 #2

―Márchate, estoy ocupada―le insto sin tenerle miedo.

―Déjame entrar…

―Por Illythia, que pesado―me quejo y entonces extiendo mis manos y empiezo a conjurar un escudo de sombras.Mis pies se elevan ligeramente por encima del suelo, la oscuridad surge de mis labios formando una serpiente que extiende su magia por toda la sala―.

Estás en mi casa, si quieres algo tendrá que ser bajo mis reglas. ¿Lo has entendido?

―Siempre supe que eras poderosa, Kathleen…

―No sé si eres un ente, un alma en pena o un acosador con resquicios

de bruja en su interior. Pero no voy a permitir que me molestes más. Di lo que tengas que decir y márchate. No vas a entrar en mi hogar, no voy a poner en peligro a mis hermanas y no me vas a manipular.

―¿Manipularte yo? Si estoy deseando estar contigo―la voz se queda callada mientras la serpiente de humo negro va creciendo más y más.

El hechizo de akathmancia está a punto de llegar a su fin, en el momento en el que absorba el poder de las runas de la habitación y entre en mí, nadie podrá penetrar las barreras de mi mente, al menos durante las próximas horas―.

¿Quieres saber lo que quiero? Mejor te lo muestro.

De repente el dormitorio se empieza a estrechar, primero las paredes y luego el techo.

Sé que es un hechizo mental porque no siento las perturbaciones de la magia en las catacumbas, si fuera así todas las brujas lo expulsarían al unísono.

Una mano invisible me acaricia el rostro, un tacto suave y delicado, como los que me daban los hombres que suplicaban ser los únicos que se metieran en mi cama.

Después llega un beso, el roce de unos labios cálidos y húmedos.

No entiendo lo que está pasando hasta que mi poder se esfuma en un instante.

―Kaine…―pronuncio con la claridad de conocerle, su recuerdo se va vislumbrando en mi cabeza, una imagen que se va proyectando delante de mí.

Es entonces cuando lo veo, está de pie en mi habitación.

Sus ojos verdes me miran con deseo mientras su cuerpo, esbelto y musculoso como el de un guerrero, se alza con una altura de dos metros.

Tiene el cabello corto, un peinado de la milicia real, lleva puesto una camisa blanca que le queda grande y unos pantalones marrones. Está descalzo.

―Kath…―me dice mientras enreda sus dedos en mis rizos rojos―. No encontraba el momento de volver a verte. Tu mente estaba tan ocupada que no escuchabas mi voz.

―¿Qué haces aquí? ¿Dónde has estado? ―sacudo mi cabeza para zafarme de sus caricias, acto seguido le pego un puñetazo en el hombro―. ¿Por qué me borraste la memoria?

―Tuve que hacerlo, si te reunías con el Antiguo sabría que habíamos estado juntos―se excusa con la frente arrugada y una débil sonrisa en su rostro―. Ya sabes que mi existencia es un ultraje. Ni siquiera tengo

permitido entrar en el aquelarre.

―Hay más mantes en Plaguen y lo sabes…―protesto molesta, me acerco a la puerta y le pido que mantenga el silencio mientras me aseguro de que Syllis ya se ha marchado―.

Podrías haber pasado desapercibido como los ashlaxmantes que participan en los cazaflamas , o los juglares que utilizan su magia para entretener a los nobles.

―Ellos no trabajan para la Orden y lo sabes―se aclara la garganta mientras se sienta sobre la cama―. Además, ningún otro caído puede leer y manipular las mentes ajenas.

―Pero la donmancia existe, algunas de mis hermanas la han practicado durante décadas…

―Kath… ¿Quieres que me maten?

―¡No! ¡Maldita sea! Pero no quiero que te vayas y me borres de la mente como si nunca hubieras existido―me acerco a él y me siento en su regazo―. ¿Ulfred no era el Maestro, verdad?

―Me temo que no―responde acariciando mis manos con suavidad.

No me sorprende, era algo que ya sospechaba―He venido a advertirte…

lo de la arena ha sido una simple muestra de fuerza…

los necrófagos y los Condenados están confabulando juntos…

se avecina una guerra―su voz suena preocupada pero sus ojos son incapaces de alejarse de mis labios.

Entonces comienza a besarme, lo hace como una bestia salvaje.

Le quito la camisa descubriendo lo mucho que le he anhelado durante todo este tiempo.

Descubro sus pectorales suaves, sin vello, y clavo mis uñas pintadas de rojo como si fuera mi juego favorito.

Llego incluso a hacerle sangrar, pero no me importa, no cuando Kaine me rompe el vestido con facilidad y conduce su lengua a través de mis pezones.

Lo que pretendía ser un encuentro romántico se torna la danza salvaje de dos serpientes.

Saca sus colmillos para morderme el pecho, atravesar mi piel y beber de mí.

Por un momento no me importa que vea a través de mis recuerdos, no ahora que estamos juntos y lo tengo para mí solo.

Él mueve mi cabeza para que yo beba de las heridas que yo misma le he provocado, desabrocho sus pantalones mientras espero tener algún tipo de Revelación de Sangre.

Pero nunca ocurre, cuando su sangre se desliza por mi garganta lo único que veo es vacío.

―Sigue, por favor…―me suplica él cuando detengo mis labios a escasos milímetros de la punta de su estaca.

―Me niegas tus recuerdos…

Me incorporo de golpe, frustrada por estar siendo privada de su interior.

Sí él puede ver lo que yo guardo dentro, lo más justo es que yo lo vea también.

Pero no lo hace, lo que me hace entrar en razón.

Entonces me doy cuenta de que Kaine es el Maestro de la Orden, lo sé porque recuerdo su sabor con tanta intensidad que es imposible que lo borre de mi mente.

―¡Basta!―grito y la serpiente de sombras acude a mí para protegerme.

De repente el vampiro desaparece sin dejar rastro.

Toco mis labios para sentir los restos de su saliva.

Las dudas afloran en mi piel con tanta fuerza que empiezo a preguntarme cuántas veces ha entrado Kaine en el aquelarre y no nos hemos dado cuenta.

Comprendo la inmensidad de su poder, el como me ha estado manipulando para obtener información a través de mi sangre―.

Hijo de puta…―pronuncio con decisión al interpretar sus palabras como una amenaza―.

¿La Orden y los necrófagos trabajando juntos?

Me apresuro a chasquear mis dedos para hacer que la llama, que ha iluminado la estancia hasta el momento, se solidifique y forme un cuenco.

Escupo toda la saliva que me queda con el único pensamiento de analizarla, hay resquicios de su sangre y eso podría servirme.

La magia me viste mientras las conjeturas se dibujan en mi mente.

Ojeo los libros sobre hechizos de protección mental para mí y para mis hermanas.

Si el Maestro tiene el poder de la donmancia, la magia de influenciar las mentes ajenas, esta vez no ha sido capaz de borrar mis recuerdos.

Mi poder está creciendo y él lo sabe, ha intentado manipularme de nuevo, pero no ha podido.

―Te has metido con la bruja equivocada, cariño.