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La criatura marina nada alrededor de mí sin darme opción a atraparle.
Sus ataques desgarran mi piel y provoca que todo se tiña de sangre.
Tengo heridas en el pecho, la espalda, los muslos, las piernas y los brazos.
Es como si estuviera jugando conmigo, como si me estuviera preparando para comerme.
Si esta es la forma de cazar de las sirenas es sumamente tortuosa y retorcida.
Por mucho que intente nadar hacia la orilla, el tritón se encarga de hacerme retroceder.
El cansancio amenaza con apoderarse de mí, lo que significaría hundirme hasta la oscuridad del agua.
―¡Detente joder!
Y mi voz se corta de cuajo, tengo tanta sed que no puedo ni seguir gritando.
Entonces el tritón empieza a nadar por la superficie, muestra sus aletas dorsales, su aleta caudal, y lo hace sin sacar la cabeza del agua.
Ahora le veo con claridad, veo la forma salada de Cirigh con sumo detalle.
Estoy aterrado, no hay nada que hacer para detenerle.
Sé que el ataque final está próximo y que no me queda otra que encomendarme a la muerte.
Por eso miro hacia el cielo y pienso en reunirme con mis antepasados.
Sé que mis hermanas podrán cuidarse por sí mismas, tengo claro que son más fuertes que yo.
Dejo de moverme y comienzo a hundirme, voy descendiendo a las profundidades el mar, de la oscuridad de agua salada que rodea el Continente de la Banshee. El tritón emprende un nado lento, de nuevo en círculos alrededor de mí. De pronto se pone a cantar, esa voz de nueva, esa canción mortal.
Una rama en Valhía
Hacia tierra me arrastró
Vamos juntos a la orilla
Sigue el eco de mi voz
Quizá debería de sentir algo en mi cuerpo, puede que incluso una tortura más cruel que sus ataques constantes, pero estoy bien. Todo lo bien que puede estar un vampiro a punto de morir. Aun así, me relajo y escucho la melodía de Cirigh, si esto es lo último que voy a escuchar en mi vida,
que así sea.
Ven conmigo criatura
Hazlo sin mirar atrás
No le temas a mis garras
No te voy a destrozar
Las ondas sonoras que brotan de su voz provocan que el mar se sacuda con más fuerza.
El fulgor rojo me permite ver lo que hay a mi alrededor, mucha menos distancia de la que puedo ver en la noche eterna de Valhía.
Contemplo las figuras que nadan alrededor de nosotros, peces que se resignan a acercarse a una muerte segura.
No sé lo que puede provocar la Voz Azur en esos animales.
Aunque algo me dice que pronto lo voy a descubrir.
Una espada de acero
Mi aleta atravesó
Puedo caminar por tierra
Y conservo mi canción
Una figura mucho más grande emerge de la oscuridad, un tiburón blanco guiado por el aroma de mi propia sangre.
Su aleta le hace nadar con velocidad, sus dientes se abren mucho antes de entrar en el espacio circular donde Cirigh proyecta su canción.
En cuanto la melodía del tritón roza el sistema auditivo del animal este empieza a retorcerse de dolor mientras inicia un baile donde vomita sus propias vísceras.
Déjame darte un beso
No lo vas a lamentar
Lentamente en el agua
Vamos a su inmensidad
La canción llega a su fin y el tritón se dirige rápidamente hacia mí. Sus
dientes emergen entre sus labios, un reguero de cuchillos afilados muy similares a la mandíbula del tiburón que acaba de matar.
Abro los ojos, quiero verle por última vez cuando todo acabe.
Esbozo una sonrisa al saber que mi asesino será el tritón del que estoy locamente enamorado. Cirigh, mi razón de ser, mi ancla.
De pronto se detiene a escasos metros de mí, su rostro se tuerce en un gesto de incomprensión. Me estudia con la mirada, lo hace como un animal salvaje que espera ver a su presa muerta. Pero se equivoca, estoy vivo y he superado su mayor poder: la Voz Azur.
―Bésame…―pronuncio sin la molestia de las burbujas, después de todo no tengo oxígeno en los pulmones. Hago especial mención a la última parte de su canción―. No lo voy a lamentar, ya estamos en el agua, ya estamos en su inmensidad. Soy tuyo, Cirigh de Laneth.
El tritón brama con fuerza, atraviesa mi hombro con sus garras y empieza a nadar con la velocidad de una flecha.
Veo como las rocas, bajo Plaguen, se alejan dejándome claro que nunca más voy a volver.
Cirigh me arrastra bajo las profundidades del mar y no le importa que me choque con las piedras marinas o los peces que lo esquivan para intentar huir de una muerte segura.
En un instante tengo un sargo nocturno en la cara, aprovecho la oportunidad para inmovilizarlo con la mano que tengo libre y clavar mis colmillos en él.
A pesar de que el sabor a pescado me repugna, es suficiente como para intentar regenerar mis heridas.
Las más pequeñas se cierran, las otras siguen sangrando, dejando el rastro hacia donde sea que me está llevando.
Intento hacerlo de nuevo, pero llega un momento en el que los peces están tan lejos del tritón que pierdo mi oportunidad de sobrevivir un poco más.
Mis ojos se comienzan a cerrar, me he desangrado tanto que no tengo fuerzas para seguir.
Ni siquiera la bestia sale a protegerme, a pesar de que el hambre se apodera de mí, mi depredador interior sabe que aquí no tenemos posibilidades de victoria.
Recupero la consciencia al cabo de unas horas, cuando abro los ojos veo con claridad. Entonces me doy cuenta de qué es lo que me quiere hacer el tritón, y eso me obliga a intentar zafarme de las garras que atraviesan mi hombro. Pero no puedo, no tengo fuerzas.
La luminosidad va creciendo más y más mientras Cirigh agita su aleta para llevarme hacia la superficie. Los primeros golpes de calor me indican que ya no estoy en la noche del Midna, el tritón quiere matarme con la luz del sol.
―Te amo…―consigo pronunciar antes de resignarme a la extinción y
sentir como el cielo de Valhía me recibe con una intensa ola de calor.
El tritón se desprende de mí lanzándome hacia la superficie. Veo como su cuerpo se oculta en la oscuridad del mar, no quiere subir, entiendo que no quiere volver a ponerse en peligro. Después de todo fue en estas aguas donde los piratas de Plaguen lo atraparon.
Mi cuerpo sale despedido por los aires. Durante un momento salgo del mar y contemplo el agua cristalina, sus peces tropicales y el horizonte de océano infinito. La noche del Midna está tan lejos que solo puedo intuirlo.
Me extraña no sentir como mi piel se desprende de mi cuerpo convirtiéndose en cenizas.
No siento dolor, no siento el fuego rodeándome y condenándome al olvido.
Al contrario, estoy bien, herido, pero vivo bajo la intensa luz del sol.
No sé qué es lo que me está pasando, solo sé que necesito alimentarme.