Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 40 #2
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Ojalá Cirigh pueda dar a luz sin sufrir ninguna consecuencia, ojalá el poder de los tritones sea suficiente como para ayudar a los vampiros a continuar con su legado.

Si fuera así, si en un hipotético caso todo funcionara así de fácil, los nocturnos y los ahogados podríamos forjar una alianza.

Si Angélika lo consiguió con Ignatius, quizá la corona de la noche pueda hacerlo con la de alta mar.

―Les han dado el día libre, seguramente estén en sus casas con sus familias―una criada pasa por nuestro lado, se detiene frente a mí y pone

los ojos en blanco.

―No, Francis. Están en el granero bebiendo como enfermos. Están celebrando la condecoración que les han dado por su buen servicio―después se marcha y sigue con su trabajo.

Antes de que el sirviente pueda disculparse por su ignorancia yo ya me he ido.

Recorro el palacio con gracia, cruzo un par de salones vacíos para ahorrarme el largo trayecto de los pasillos.

De pronto me detengo junto a la puerta abierta de la sala de citas.

Alia está allí leyendo algún tipo de libro junto al crepitar de la chimenea.

Podría dirigirme al cuadro de la duquesa Mira, mi abuela, la cual pasó a decorar la guarida del Antiguo hace cinco años.

El mismo cuadro que forma una de las puertas a los pasadizos secretos del castillo, pero siento la obligación de justificarme delante de mí prometida.

Algo que me hace maldecirme por dentro, no puedo permitirme perder el tiempo, no mientras no sepa que Cirigh está bien.

―Hola, querida―le digo con educación, me acerco a ella y coloco mi mano sobre su hombro. Ella alza su mirada azul y me mira sin transmitir otra cosa que no sea frialdad―. Llego tarde.

―Hoy no es una buena noche para nosotros―Alia baja la cabeza y continúa con su lectura. Me doy cuenta de que el libro es una novela romántica de Charlotte T. Loy, una de las vampiras más conocidas de Plaguen. Puede que de las pocas artistas que han tenido el privilegio de convertirse en condesa.

―Han sido unos días muy complicados. Nuestro enlace se ha tenido que posponer un tiempo.

―Dos meses, hasta que se encuentre sustitutas para la Tríada del aquelarre―dice sin alejarse del libro―.

Tendré que aprender a comprender porque las brujas son tan importantes para vosotros.

En Pestet los inmortales que tienen aptitudes para la magia acaban siendo reclutados por la Montaña de los Helados…

―Aquí es diferente, siento que tenga que ser así.

―No te veo muy interesado en lo nuestro.

―¿Cómo?―sus palabras me obligan a sentarme en el sofá situado frente a ella―. He venido cada noche aquí para conocerte.

―No me has regalado ninguna flor, y tengo entendido que al sur del Continente de la Banshee es una muestra de amor verdadero.

―¿Tu estas enamorada, Alia?

Mi pregunta le hace mantener el silencio.

No tengo nada en contra de la hija de la corona de la Corte de la Niebla, pero tengo que admitir que no está siendo justa.

Ella me mira, parpadea y se queda completamente inmóvil.

Después suspira, creo que es la primera muestra de humanidad que veo en la stoker .

―En el norte no se nos permite amar, tampoco se nos enseña a hacer_

lo―se mantiene fría, entiendo que es su estado natural.

―¿Y esperas que yo me enamore de ti?

―No, solo espero que al menos tu actuación sea ejemplar. Al menos aquí. En Pestet no hará falta.

―Alia, cielo. Yo, yo te prometo que estoy intentando ser tu amigo―cojo aire y empiezo a hablar con total confianza―. Y si vamos a pasar el resto de nuestra inmortalidad juntos tenemos que ser sinceros. ¿Lo entiendes?

―Esperaba encontrar una historia de amor de verdad,…―cierra su libro y me señala la portada donde puedo leer Amor Eterno de Charlotte T. Loy ―. Mi hermano tiene algo muy cercano a esto.

―¿Kayal?―pregunto y ella asiente con la cabeza.

No puedo evitar soltar un bufido, una mezcla entre risa y protesta―.

Alia, tu hermano nunca quiso un matrimonio de conveniencia.

Durante las visitas de los Shayk a Plaguen, yo era el encargado de controlar a tu hermano mayor.

Se pasaba las noches visitando los burdeles y bebiendo como un descosido.

Era yo el que le tenía que parar. Nos dio tiempo a hablar de infinidad de cosas y te puedo asegurar que su enlace con Lady Zoya no estaba en su prioridad.

Al menos que algo haya cambiado en todo este tiempo.

―Sus adastas están embarazadas, esperando la próxima descendencia de Pestet. Los stokers están muy enamorados y tienen una historia de cuento. Los Hadid están muy comprometidos con la causa y algún día tu hermana se casará con uno de los cinco hijos del general Emil.

―¿Cuántos días sale tu hermano a cazar?―le desafío, a mí no me pueden engañar, y no hablo del don que me otorga mi estirpe. Es que conozco demasiado bien a las personas.

―Se suele ir meses enteros de cacería. Como stoker es su deber proteger el reino de los demonios blancos que se ocultan en la nieve. Son nuestra amenaza principal y pueden llevarnos a la extinción.

Los demonios blancos, cuentos para no dormir, leyendas que se creen que no son reales.

Puede que haya una amenaza de muerte en el norte, seguramente las bestias salvajes que asolan las montañas y los bosques nevados, pero dudo mucho que existan algo como los demonios.

Miro a Alia tan fijamente como lo hace ella conmigo, entonces parpadea y se da cuenta de que tengo parte de razón.

―Yo no quiero una relación así. Yo quiero que mi marido permanezca a mi lado por toda la eternidad.

Pienso convertirle en mi ancla como lo fue mi madre para mi padre antes de ascender a los vientos―esa es su forma de decir que su madre murió en las guerras del norte.

En Pestet piensan que cuando un vampiro de la Corte de la Niebla muere su esencia pasa al invierno.

―Yo no te voy a poder dar eso nunca, Alia―cojo aire, cierro las manos en puño y me abro en canal para ella. Creo que se lo debo―. Yo ya tengo mi ancla.

―Lo sé, es el Tritón de Plaguen. No preguntaré como ocurrió, pero sé que nunca me podrás dar lo que yo estoy dispuesta a entregarte―suena más coherente de lo que me esperaba―.

Pero el matrimonio se tiene que llevar a cabo.

Es necesario que nuestras estirpes generen nueva descendencia para que nuestro poder crezca y se creen nuevos dones―abre el libro y da por zanjado el tema―. Te guste o no es nuestra obligación.

―Lo sé y lo siento.

Me levanto, me quedo mirándola y espero algún tipo de respuesta por su parte.

Algo que calme el sentimiento de culpabilidad que crece en mi interior.

En el fondo me da pena, en el norte los vampiros son adiestrados de forma muy diferente, se centran más en la fortaleza de la mente antes que la del cuerpo.

Puede que Alia no sea una guerrera capaz de enfrentarse a un ejército, pero tiene la capacidad suficiente como para conquistar reinos enteros.

Más aun cuando el poder de su estirpe es el de convocar a las aves y las bestias.

Y tiene razón, estamos obligados a llevar a cabo nuestra unión nos guste o no.

Así como mis padres se unieron para fortalecer los lazos de sangre, es mi deber hacer que mi familia siga teniendo el potencial para proteger Plaguen.

Ábsolem nació en el seno de la familia Ilia, el apellido que se ha ido transmitiendo de generación en generación.

Los dones de las estirpes evolucionan con cada unión haciendo que el de los padres se pierda en las siguientes generaciones, por eso nosotros no escupimos fuego como el duque Ábsolem o no percibimos los hilos de unión como lo hace la duquesa Ágatha.

Dudo mucho que algún día pueda entenderlo, me lo han explicado miles de veces y soy incapaz de simplificarlo.

Es algo así como ver alianzas, sentimientos y futuras traiciones entre individuos.

Por eso mi madre sabía que Cirigh era mi ancla incluso antes de traerlo al reino, aunque eso ya es una noticia que vuela de boca en boca, pues fue él quien detuvo a mi bestia antes de cobrarme más víctimas.

―Si lo buscas está en la casita donde criasteis a la niña bruja―dice Alia antes de que pueda salir de la estancia.

―¿Cómo has dicho?

―Le ordené a mi padre que sacarán al tritón de palacio, no quería ver a la criatura que me ha arrebatado lo que yo soñaba. Y como no puede estar lejos de Lady Amari lo llevaron a la casa del jardín.

―¿A la casa donde mantenían controlada a Seylah antes de que la cogiera la Tríada?―ella asiente con la cabeza y yo siento el fuego arder en mis puños. Estoy enfadado y estallaría contra ella si eso no conllevara a una guerra política entre estirpes―. Ya hablaremos tú y yo.

―Disfrútalo el tiempo que queda. Cuando nos casemos no volverás a verlo.

―Ya lo veremos―pronuncio con provocación a tiempo de emprender una carrera fugaz hacia el jardín.