Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 40
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El pañuelo naranja significa que el humano ha sufrido fuertes emociones relacionadas con la rabia o el enfado.

El azul hace referencia a que ha pasado por un mal momento, seguramente ha estado en depresión o llorando.

El rosa suelen ser individuos con enamoramiento reciente.

El amarillo suelen ser personas dedicadas al arte, por lo que tienden a estar inspirados y motivados.

Y el morado, el ganado más divertido de todos, es el que ha estado consumiendo flores alucinógenas antes de servirse sobre el reservado de esta noche.

Dicen que cada mortal tiene un sabor diferente, Dorian descubrió que depende del estado emocional de cada individuo el matiz de la sangre tiene un regustillo u otro.

El plasma destilado de los pueblos abanderados de Plaguen tienen un sabor muy similar, muy cotidiano.

En cambio, la gente que trabaja para él, que aceptan contratos exclusivos cuando negocian su estancia en el garito, se esfuerzan cada día por dar el mejor servicio.

―Venga… dilo ya, hermanito…―después de una hora a Amari le cuesta hablar con claridad, tiene hipo y parpadea con tanta lentitud que es imposible no verla como una muñeca―. Ese ahogado te ha robado el corazón…

―Shhh…―Enfi insiste en que nadie hablemos, se mantiene con los

ojos cerrados y con la botella de Licor del Sur vacía entre sus manos.

―¿Qué? ¿Te has enamorado de un pez?―pronuncia Darius comiendo pipas como si fuera el único alimento en el mundo. Yo le fulmino con la mirada y le echo el humo de mi cigarrillo―. Perdona, tío, sireno ¿no?

―Se dice tritón, oh gran futuro duque―me jacto de él―. Y a estas alturas la corona ya le habrán dado un título y grandes regalos.

―Ve a verle ahora que puedes…― Amari esboza una sonrisa torcida.

―No puede… tiene que asistir a su cita nocturna con Lady Alia…

Las palabras de la pequeña de los Ilia me producen un fuerte dolor de cabeza.

Me quedo callado mientras apago el cigarrillo y dejo de beber alcohol.

No quiero seguir disfrutando de la fiesta, no mientras esta sensación de agobio me oprima el pecho.

Me incorporo de golpe, cojo una gran bocanada de aire y miro a los stokers.

―¿Podéis cubrirme?

―No sé si es buena idea, tío…―Darius sigue bebiendo―. El deber de las estirpes está por encima…

―Cállate, cariño―y pega un pequeño brinco fruto del hipo.

No puedo evitar sonreír, la Amari borracha es mucho más divertida que la sobria―.

Estevian puede estar de luto…―todos la miramos mientras intentamos entenderla―…

Sed un poco más inteligentes… no creo que haya otra rebelión…

¡hip! ... que pueda afectar a los stokers de esta manera.

―¡Amari!―abro los ojos de par en par mientras me acerco a mi hermana y le doy un beso en la mejilla―. ¿Sabes que eres la mejor verdad?

―Vete a pasar tu luto antes de que pidamos otros dolientes y te entren ganas de quedarte―Enfi se levanta y pasa de largo junto a mí―. Yo voy a por otra botella… paso de todo.

A pesar de ser criaturas de la noche, inmortales nocturnos, monstruos chupasangre y todo lo demás, los vampiros también podemos emborracharnos.

A veces solo nos hace falta unas cuantas copas, seguramente más de lo que a un humano de a pie, aunque sin duda lo más efectivo para alterar nuestro estado es beber sangre adulterada.

El plasma de los pañuelos morados entra en nuestro organismo con tanta facilidad que es imposible reprimirla, más aún cuando tiene un sabor tan delicioso que acaba siendo adictivo.

En verdad beber directamente del ganado conlleva un gran peso, la responsabilidad de parar solo depende del caído, pues el humano no puede resistirse al toque sensual de nuestros colmillos.

Recorro la Plaza del Jinete con grandes zancadas, me acerco al establo

más cercano y llamo a la puerta. A pesar de que este tipo de servicios estén repartidos a lo largo de toda la ciudad, como stoker no suelo necesitarlos. Después de todo tengo chófer con solo chasquear los dedos.

―Buenas noches caballero―me saluda un hombre desde el otro lado de una ventana con barrotes. Su voz suena aburrida mientras sus manos se mantienen rellenando un montón de papeles.

―Hola, necesito un corcel rápido. No es necesario que sea un semental o una pura sangre―en cuanto escucha mi voz alza la mirada, se pone nervioso y acaba llenándolo todo de tinta.

―Oh,… su majestad…

―Esta noche no―le corrijo mientras dejo un par de monedas de oro sobre la mesa. El precio normal suele ser diez platas, pero hoy me siento generoso.

―¡Béthany!―grita hacia algún lugar―. ¡Trae a Yi !

―¡Pero papá!―le responde una chica joven―. Yi está descansando del entrenamiento de hoy.

―¡Por la memoria de tu madre! ¡Tráeme el maldito caballo!

A los pocos minutos aparece una vampira con el cabello rizado y castaño.

Cuando la miro me doy cuenta de lo mucho que sufre la sociedad vampírica con la terrible maldición que nos hace sacrificar a nuestras hembras para preservar la especie.

Este es el ejemplo más claro, una familia sin recursos económicos como para pagarse a una adasta , una familia rota con la pena constante de una gran pérdida.

Ella lleva las riendas de un corcel de crines blancas, uno de los animales más hermosos que he visto.

Está incluso mejor cuidado que los de palacio.

La chica no dice nada, me deja al caballo y se marcha.

El dueño del establo me sonríe y se despide de mí.

Acto seguido monto al animal y me alejo del distrito.

Yi galopa a gran velocidad, sus patas están fibrosas y son ágiles. Pasamos desapercibidos a través de las calles de la ciudad, atajamos por las partes más descuidadas y esquivamos a las personas que van de un lado para el otro.

No sé si es por el alcohol, por el opio o por el doliente morado, pero de golpe y porrazo siento la necesidad imperiosa de ver a Cirigh.

No he podido hacerlo antes, no mientras los nobles de Plaguen lo mantenían reunido y la ciudad necesitaba a los stokers para transmitir la tranquilidad necesaria después de una guerra.

―¡ Hiya !―grito y le azuzo con tanta fuerza que casi pienso que le voy a hacer daño. Pero el animal responde de una manera que no me espero, entonces me doy cuenta de porque es tan especial para Béthany, la hija

del mozo del establo.

Los ojos de Yi se tornan rojos mientras sus patas se propulsan en el suelo adquiriendo una velocidad sobrenatural, la carrera de un vampiro.

Sin duda las competiciones de jinetes se han tornado de lo más retorcidas, alguien le ha dado de beber sangre de inmortal al animal, quizá para su entrenamiento.

De repente nos convertimos en un borrón blanco que recorre Plaguen como una brisa maldita, el viento de un caído que busca el abrazo de su tritón.

No le temo al simple hecho de que Alia me vea en el palacio, de que se dé cuenta de que he faltado a nuestra cita. No le tengo miedo a que entienda que, para mí, nuestro matrimonio no es primordial.

En el momento en el que desmonto a Yi , espera a que yo me aleje de él y entonces desaparece.

Los caballos de los establos de alquiler están adiestrados para volver a casa cuando terminan su servicio.

Un verdadero arte para todos aquellos que pasan su vida entrenando animales para darle a los ciudadanos un medio de transporte más asequible que el de comprarse un corcel propio.

Lo primero que hago es ir al dormitorio de Cirigh, el que tenía cuando era mi ilota , más bien cuando fingía serlo.

Pero no está, de hecho, está completamente diáfano, las criadas de palacio le están buscando otra funcionalidad.

Hay sirvientes portando carros llenos de trajes de la corte y vestidos glamurosos completamente sucios.

Deduzco que se dirigen al río para limpiar las prendas y ponerlas a punto para el próximo evento.

Sin alarmarme, agarro el brazo de uno de ellos y le pregunto:

―¿Dónde está Cirigh?

―¿Quién?―acto seguido se da cuenta de a quién me refiero―. ¡Ah! ¿El Tritón de Plaguen?

―Sí, sí, eso, El Tritón de Plaguen―oculto mi sorpresa al descubrir el título que le han dado, solo puedo pensar lo ilusionado que está al haber recibido un reconocimiento así.

Tengo que verle, tenemos que celebrar que por fin podemos vivir juntos sin necesidad de fingir lo que no somos.

Bueno, al menos él, yo tengo una misión que cumplir, un cometido que me corresponde por ser hijo de la corona.

―Pues se supone que tenía que estar en el ala oeste, pero he estado allí

limpiando las termas y aún no se ha instalado―su respuesta me provoca un escalofrío que recorre mi columna vertebral. De pronto me siento un completo imbécil por haberle dejado solo, por separarlo de mí, por pensar que mi familia iba a cuidar de Cirigh de la misma manera que lo he hecho yo.

―¿Dónde están los que han cargado con el palanquín?―reconozco las tradiciones de mi hogar, llevo viviéndolas desde que nací de una adasta a la que jamás podré conocer.

De nuevo esa presión en el pecho, un dolor que se traduce en ansiedad.

Antes no me afectaba tanto, o al menos no me comprimía por dentro.

Quizá el alcohol ocultaba esta sensación en lo profundo de mi ser, quizá las drogas y el sexo me ayudaban a asimilar la terrible condena de los inmortales de la noche de Valhía.

Pero ¿Cómo se puede asimilar el simple hecho de que las vampiras están hechas para morir por dar a la luz a sus hijos?

Supongo que se aprende a convivir con ello, después de todo nacer hembra es una terrible maldición a la que nunca me había parado a analizar.