Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 39 #2
76%

39 #2

Escucho la carcajada de Enfi, al fondo, mientras el resto nos dirigimos a las escaleras que descienden a la planta inferior.

Los inmortales ignoran nuestra presencia, están demasiado ocupados y nosotros pronto lo estaremos también.

El reservado es un lugar mucho más tranquilo, una estancia circular en cuyo centro se encuentra una fuente de mármol blanco cuyas luces se enfocan únicamente en ella.

Pero lo que más le llama la atención a mi hermana no es la belleza y la delicadeza del lugar, si no la hermosa vampira que permanece sentada en el agua rasgando con suavidad las cuerdas de su arpa.

―Me encanta…―los labios de Amari hablan en un susurro mientras contempla los elegantes movimientos de la arpista.

―Se hace llamar La Dama del Lago ―le explico yo con sutileza al oído, no quiero romper el ambiente del reservado―. Es la joya de Dorian, no

se puede hablar con ella, ni tocarla.

―¿Es una ilota ?―ella se asegura de que no todos los tugurios de Plaguen se resumen en el placer del sexo.

―Es una musa ―me aclaro la garganta antes de dejarla ahí completamente absorta y dirigirme a nuestra mesa situada en uno de los cuatro pétalos que nacen de la estancia circular.

La primera vez que vinimos a El Rincón de Dorian , su dueño nos explicó que las salas circulares que emergen de cada punto cardinal de la principal se llamaban pétalos y que estaban reservadas para las grandes personalidades de la ciudad.

Es decir, nosotros y algunos nobles que huyen de sus matrimonios de conveniencia.

―Buenas noches―dice un hombre de cabello corto y flequillo en tupé.

―Aún no estamos todos…―Enfi suspira de aburrimiento. Su dedo índice señala a nuestra hermana, a la cual pillamos soltando un pañuelo con sus iniciales sobre el agua de la fuente.

―Pues mira, nos vas a poner el mejor whisky de la casa ¿Tenéis Aullido de Lobo?―mi desparpajo y descaro no conoce límites cuando no tengo que fingir ser el hijo del duque de Plaguen.

―Sí.

―Pues ponnos dos botellas de whisky, una caja de opio verde y otro

azul, dos cuencos de pipas de giraluna y…―miro a Enfi y a Darius.

―Trae también una botella de Licor del Sur, el rosado por favor―añade mi hermana antes de levantarse para ir a por Amari.

―¿Cuántos dolientes queréis esta noche?

―Yo creo que con dos es suficiente―le responde mi cuñado con una sonrisa.

―¿Alguna exigencia especial?

―¿Tenéis algún inspirador?

―No, los tenemos agotados. En la carta tenemos disponibles melancólicos, pesimistas, enfadados y adulterados.

―Pesimistas no, tienen la sangre demasiado espesa―apunta Darius a lo que yo le respondo.

―Y melancólicos tampoco que la tienen demasiado líquida.

―Entonces un enfadado y un adulterado ¿verdad?

―Adulterado no… ¿Qué quieres que mi mujer me mate?

―Venga, tío, si va a ser super divertido―él se queda pensativo y yo aprovecho para ordenarle al camarero que nos traiga lo que hemos pedido.

Cuando Amari se sienta a mi lado está sumamente animada, admite que no le parece tan malo este lugar.

Mientras esperamos a que nos sirvan, le explicamos que Enfi y yo acudíamos a este lugar después de las largas clases de política y economía.

Que mientras ella se quedaba estudiando, nosotros estábamos eludiendo todas nuestras responsabilidades.

Darius nos cuenta que el descubrió el garito por oídas de la guardia real, que fue su salvación ya que en Plaguen no hay ningún otro lugar donde los stoker podamos ir sin levantar fanatismo y expectación.

Al cabo de unos minutos el camarero coloca las botellas de whisky sobre la mesa, con tan solo tenerlas cerca puedo apreciar el aroma a cebada o el sabor dulce del Licor del Sur.

Lo primero que hace Darius es servir unos chupitos de ambas bebidas mientras yo cojo un cigarrillo de opio azul y lo enciendo con agilidad.

La primera calada atrae un fuerte picor en mi garganta, más que molesto es agradable.

Enfi en cambio pasa de todo y solo se dedica a beber lo único que ha pedido.

―Ugh, está demasiado fuerte―protesta Amari sacando la lengua al probar el licor, al final acaba optando por el vino―. Este me gusta más.

―Y por eso, caballeros, somos hermanas―celebra Enfi.

Acabamos hablando largo y tendido de nuestras labores en palacio. Los

stokers no solo representamos el legado de los duques de Plaguen, si no que formamos el consejo real.

Cada uno nos especializamos en un campo y es ahí en donde destacamos cada día.

Yo soy el que organiza a los soldados por la ciudad, junto al general Rhain, que secunda cada una de mis estrategias.

Amari es la encargada de las celebraciones en la alta sociedad, digamos que su labor principal es mantener a los nobles contentos para que sigan invirtiendo en la mejora de nuestro reino.

Terminando con la estirpe Ilia, Enfi es la encargada de asegurarse de que todas las vampiras embarazadas tengan el mejor cuidado, no solo a nivel sanitario si no también en todo lo referido en comodidad e higiene.

Y Darius, mi cuñado es simplemente mi cuñado, se supone que mi padre lo está enseñando a ser el próximo duque, pero como quedan siglos para ello al final acaban fingiendo que hablan de cosas importantes cuando en realidad apuestan a ver que jinete, o que cazaflamas reputado, van a ganar títulos este año.

―Buenas noches, lores y ladies―saluda un hombre con un pañuelo naranja en su cuello, junto a él hay una mujer con uno morado. Ambos visten igual y llevan las mismas máscaras que todo el servicio del lugar―. Somos su ganado para esta noche.

―¿Ganado?―pregunta Amari sabiendo a la perfección que es ilegal beber directamente de un humano.

―Llevo esperando toda la noche por este momento…―Enfi se incor_

ra, deja su vaso sobre la mesa y se acerca al hombre.

A diferencia de nuestra hermana, ella si sabe lo que significa el color de los pañuelos.

La stoker se acerca a él, le quita el pañuelo, abre sus labios para mostrar sus colmillos y le muerde el cuello.

Permanece allí durante largos minutos mientras su garganta suena ligeramente con cada trago.

―Yo…―Amari se sonroja, mira a Darius y este asiente con la cabeza―. Está bien. Pero solo lo haré esta vez en mi vida.