39
Recuerdo a esa niña, la vi por primera vez cuando desperté en la pecera en la fiesta de vampiros.
Aunque en ese momento tenía los ojos rojos y no verdes no he podido olvidarla.
Cuando te han repetido tantas veces que nos estamos extinguiendo porque las sirenas no consiguen generar huevos para depositarlos en los tritones, el rostro de un niño, una niña en este caso, se te queda clavado como las llamas en un campo lleno de flores.
―¿Y tú quién eres?―pregunto sin ningún tipo de formalidades, estoy desesperado por no sentir soledad en mi exilio.
―¿Pues quién voy a ser? Soy una stoker de Plaguen―ella se incorpora y empieza a caminar por el borde del puente, lo hace con gracia, primero a pata coja y luego dando pequeños brinquitos―. Ya tenía ganas de conocerte, azulito.
―¿Una stoker ? ¿Eres hija de los duques?―me quedo totalmente quieto, como si no quisiera espantarla.
―No, no, no…―canturrea. No sé qué edad tiene pero entiendo que no es más mayor de la edad que yo tenía cuando conocí a Estevian―. Soy la hija del general Rhain.
―¡Ah! Entonces ¿Eres hermana de Darius, verdad?―adquiero un tono más infantil para dirigirme a ella.
―No exactamente―su voz es una melodía constante, está aburrida y ha encontrado su juguete nuevo―. Aunque los nobles crean que sí.
La niña se me queda mirando mientras las escamas desaparecen y regresa mi desnudez.
Se queda completamente boquiabierta, creo que es porque nunca ha visto a un tritón adquirir su aspecto terrestre.
Me dirijo a la casa, la misma que me han asignado como prisión, y abro el armario para descubrirlo lleno de prendas sencillas.
No hay telas caras, menos aún sedas o terciopelos.
Todo son camisas, pantalones, algún chaleco y un par de pares de botas.
Me visto sin ponerle especial interés y cuando voy a salir al jardín, la vampira ya no está.
―¡Ay!―grito cuando de repente la encuentro del revés frente a mí. Se ha subido al tejado y su cabeza cuelga con las coletas sueltas al aire. Ella se empieza a reír mientras sus ojos, que brillaban rojos, se apagan adquiriendo su tono esmeralda―. ¿Y cómo te llamas? ¿Lady…?
―Ah, no, no soy una lady―se lo había puesto lo suficientemente fácil como para que completase la frase, pero parece que la niña se está divirtiendo a mi costa―. Me llamo Seylah, ¿Y tú azulito?
―Cirigh―ella tuerce el gesto y me pide que se lo repita. Cuando lo
hago le pone especial atención a mis labios.
―¿Puedo llamarte Azulito?―y yo pongo los ojos en blanco, al final acabo asintiendo con la cabeza.
Seylah se deja caer y lo hace con agilidad y gracia. La niña entra en la casa sin pedir permiso y se pone a bailar en la parte más céntrica de la estancia principal. Me siento en una de las sillas y me quedo mirándola. Si ella es uno de mis regalos, empiezo a estar agradecido.
―Oye Seylah, ¿Vives aquí en palacio?
―No, vivía abajo con el aquelarre. Pero mis tutoras han sido asesinadas durante la rebelión―lo cuenta sin miramientos, como si se tratase de un cuento en vez de una catástrofe―. ¿Sabes? Esta casa era mía, la señora Hope cuidaba de mí hasta que mostré aptitudes de bruja.
―¿Sabes hacer magia?
―Aún soy una aprendiz―sigue dando vueltas hasta que se detiene y se cae de bruces en el suelo. Me incorporo de golpe con intención de ayudarla, la verdad es que alimentarme me ha hecho sanar con velocidad―. ¿A qué es divertido?
―¿Estás bien?
Ella se incorpora de un salto y se sienta en una silla frente a mí.
De pronto parece ser una niña de lo más tranquila, apoya su cabeza sobre la mesa y cierra los ojos.
Escucho su respiración calmada, parece que se está quedando dormida.
Me relaja verla así, en una actitud desenfadada, relajada y casi ausente.
Me quedo mirándola, no tengo nada mejor que hacer.
―¡Ah, ya sé!―Seylah se incorpora de golpe y me pilla por sorpresa. Doy un brinco sobre la silla y observo como se acerca al arcón y saca una cajita verde―. Ven azulito, ven a jugar.
Y sale por la puerta de la casa, se acerca al jardín y se sienta junto al
huerto situado a un lado de la casa. Me quedo mirándola mientras abre la caja y saca unas semillas de su interior. Antes de que pueda darme cuenta está enterrándolas en la tierra y canturreando lo feliz que es siendo una jardinera.
―¿Qué estás haciendo?
―¿No lo ves? Hago magia―responde ella justo antes de invocar el fulgor rojo de sus ojos y empieza a susurrar―. Dama Muerte dame el poder, Dama Muerte hazlas crecer.
La tierra se mueve para hacer crecer un brote verde. No entiendo como puede haber vegetación en Plaguen, deben de ser especies muy complejas para que crezcan sin ayuda de la luz solar. O puede que quizá estas tierras tengan una magia que las hace muy especial.
―Ves ¿A qué es divertido? ―yo asiento con la cabeza, estoy totalmente sorprendido, las mancias son verdaderamente milagrosas sorprendentes.
―Vuelve a hacerlo―pronuncio de manera divertida, esto es más entretenido que estar sin hacer nada.
―Ven, Azulito, ayúdame. Vamos a sembrarlas todas.
Estevian Ilia
El carruaje se mueve con lentitud a través de las calles de la ciudad.
Mis hermanas, Darius y yo hemos decidido visitar a todas las familias de los bajos fondos para transmitirles que todo va a estar bien.
La revuelta ha causado tantos estragos que los vampiros del reino están alterados, nerviosos y preocupados.
Algunos afirman quererse mudar a las islas del sur o incluso a Pestet.
Como hijos de las estirpes es nuestra labor tranquilizarles y demostrarles que seguimos fuertes.
―¿Y ahora qué?―pregunta Enfi con un tono de voz de puro aburrimiento―. ¿Visitaremos los pueblos que pertenecen a Plaguen?
―No, a los humanos ya les hemos mandado mensajeros―comenta Amari llenando su cuaderno de notas―. Con los Alak ya hemos terminado.
―¿Os hace una copa?―Darius verbaliza lo que todos estamos
pensando.
―No podemos ir a ningún antro, cariño. Somos los stoker , no podemos
ir por ahí poniendo en peligro nuestra reputación―mi hermana mayor está tan metida es su papel de princesa que nadie puede hacerle cambiar de opinión, al menos hasta ahora.
―¿Nunca le habéis hablado de El Rincón de Dorian ?―Enfi hace que nuestros ojos se posen en ella.
―¿Qué? ¿Tú también, hermana?―Amari no da crédito a lo que está escuchando.
―¿Quién? ¿Ella?―Darius se echa a reír mientras yo mantengo la firmeza para no convertir el trayecto en un estruendo de risas.
Se supone que el pueblo tiene que pensar que las acciones de la Orden de los Condenados nos han afectado, y no mentimos cuando nos acercamos a ellos para hablar de lo preocupados que estamos por la situación de la ciudad.
Pero la presión de la corona nos mantiene tan atados, que cualquier distracción es una oportunidad para dejar salir a los vampiros que realmente somos, los que no tienen que demostrar día a día que son dignos de vivir en palacio―.
Pero si fue Enfi la que nos enseñó ese lugar.
¿Siguen trabajando los amigos de Jasper ahí?
―¿Quién es Jasper?―la rubia se queda completamente perpleja―. ¿Y
que se supone que es El Rincón de Dorian ?
―¡Caleb!―mi puño golpea el techo del carruaje con suavidad para llamar la atención del cochero―. Llévanos a la Plaza del Jinete.
―Sí, señor―y el vehículo empieza a girar para alejarse de la calle principal y recorrer otras mucho más estrechas y con las casas más bajas.
―¿Al Jinete?―mi hermana pone los ojos en blanco y casi puedo leer el asco en cada centímetro de su gesto, fino y blanco, como la de una reina―. Llevo sin ir desde que era niña. Ese barrio está lleno de mierda de caballo y tíos borrachos.
―Ay, cariño. Te va a encantar―sentencia Darius antes de que la carroza se pare en seco.
Cuando Caleb abre la puerta del vehículo los stokers nos encontramos frente a una plaza comercial en cuyo centro resalta la estatua de un caballo de piedra cuyos detalles se han perdido con el paso del tiempo.
Los cuatro edificios principales son establecimientos cuya fama solo conocemos aquellos que nos hemos perdido en la noche eterna de Valhía, en su placer extremo, en su alcohol y en sus sustancias.
Amari disimula su gesto de desaprobación mientras nos dirigimos a una taberna en cuya entrada se mantienen dos figuras imponentes.
La primera es una mujer de largos cabellos rubios y la segunda es un hombre de gran musculatura, ambos visten trajes muy similares a los del servicio real y llevan dos máscaras de cuero.
―¿Qué es este lugar?
―Espera y ve, mi amor.
Nos adentramos en El Rincón de Dorian y atravesamos la entrada repleta de abrigos y chaquetas.
Del vestíbulo se va a un gran salón repleto de músicos con arpas, violines y flautas que convierten el lugar en algo sutil y elegante.
Hay sirvientes con trajes grises y máscara de cuero, tal y como los individuos de la puerta.
Todos ellos llevan bandejas llenas de todo lo que sus huéspedes necesitan.
La luz de las arañas es tenue, lo que hace que la gente sentada en las mesas tenga una identidad secreta.
No hay prostitutas ni ilotas , algo que se esperaba encontrar Amari, al menos no en la primera planta.
―Es un honor tenerles en mi casa―saluda un vampiro de rasgos finos, media melena morena y una piel carente de vello alguno. Sus ojos, rojos como la joya más brillante, se tornan oscuros cuando se topa con nosotros―. Tenéis lo de siempre abajo.
―Gracias, Dorian―Enfi le ignora por completo mientras pasa de largo en dirección al fondo de la sala.
―¡Oh! Es una sorpresa tenerla aquí―el dueño del garito se queda
boquiabierto al ver a Amari allí―. Puede sentirse segura, los stokers no harán nada extraño, al menos no esta noche ¿Verdad chicos?
―Piérdete Dorian, que ahora estoy casado―Darius le enseña el anillo con retintín. El dueño mira con cara de pena, yo me limito a abrir mis brazos y añadir.
―A mí no me mires, llevo tiempo sin jugar con tus ilotas . Soy más de pescado.