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―Malik intentó sacarme de allí cuando se dio cuenta, pero si dejaba de trabajar nuestra vida se resumiría a vivir en las calles embarradas de la ciudad―su voz proyecta el dolor de una herida que, aunque cicatrizada, no deja de dolerle―.
Illythia me sonrió cuando la Tríada descubrió mi potencial mágico.
¿Sabes como despierta una bruja, Cirigh?
―yo niego con la cabeza ignorante―. Al principio surge una chispa, una pequeña porción de poder que, de no ser controlada, puede traer la muerte de todo lo que nos rodea.
―¿Cómo apareció tu chispa?
―Mi magia surgió con una serpiente de fuego ansiosa por devorarlo todo―me quedo en silencio, no quiero ahondar más en el dolor de la única caída a la que puedo considerar amiga―. Pero las líderes del Aquelarre del Cuervo lo vieron en los designios del destino y me salvaron de mí misma.
―Te llevaron a las catacumbas de las brujas.
―Y me alejaron de todo los que conocía.
―¿Y tú hermano? ¿Y Malik?
―Nunca perdí el contacto con él, en ocasiones me escapaba para visitarle, pero su mundo se había desmoronado de maneras que yo no podía comprender.
―¿A qué te refieres, Kath?
―A qué se vio solo en la noche eterna de Valhía.
Sin el calor de una familia. Por mucho que nos viéramos a escondidas, mis huidas del aquelarre empezaron a ser menos frecuentes, tenía mucho que aprender si quería convertirme en una bruja digna de Plaguen.
Y eso es lo que le llevó a endeudarse con la Orden.
―¿Les pidió una fortuna imposible de pagar?
―Encontró en ellos el amor de una familia, aunque los Condenados siempre buscan algo a cambio y Malik no lo supo ver hasta que yo lo saqué de allí.
―¿Qué querían de él?
―Que fuera un peón en la guerra que se estaba gestando a la sombra de la corona de oro negro y rubíes―un impulso me incita a agarrar su mano en silencio.
Necesito demostrarle que estoy aquí de la misma manera que ella lo ha estado cada noche desde que fui atacado por el necrófago―.
Que se sacrificara por el Maestro llegado el momento.
―¿Cómo supiste que tu hermano estaba en peligro?
―Lo soñé, la magia me lo mostró y no pude hacer otra cosa que infiltrarme entre los anarquistas. Pensé que nunca lo iba a sacar de allí, pero entonces apareció Chacal y lo cambió todo.
―Estevian…
―Jasper me encontró escondida en una de las reuniones del Maestro, vio en mí a una aliada y consiguió que Chacal me convenciera para ayudarles a detener la rebelión.
―¿Y cómo llegaste a Malik?
―Un lacayo no puede negarse a las peticiones de sus generales y mi hermano era un fiel seguidor de Chacal. Así que cuando él le llevó hasta mí y le expliqué que lo iban a utilizar en la guerra, Malik despertó.
Kathleen se incopora lentamente, los dos sabemos que se tiene que ir.
No me suelta la mano en ningún momento, entonces comprendo que entre nosotros ha surgido un vínculo, una unión tan inquebrantable como los azares del destino.
La amistad que surge entre la caída y yo es un milagro comparable con la magia.
―¿Conoceré a Malik algún día?
―Sí, ahora vive en Torre Salamandra, uno de los pueblos abanderados de Plaguen. Te llevaré allí cuando todo se calme―me sonríe, suelta mi mano y se despide―Nos veremos pronto.
―Te echaré de menos.
―Y yo, cielo. Pero tú también vas a estar muy ocupado. La corte va a estar muy pendiente de ti―ella se mueve con elegancia mientras sus palabras se jactan de mí. Antes de desaparecer añade―. Ahora todos los ojos estarán posados en el tritón de Plaguen.
Cuando Kathleen se marcha varios guardias de palacio entran tras ella.
Llevan una camilla de madera y cuero, un invento que no tardan en utilizar para llevarme a cuestas.
En el pequeño trayecto entre la cama y el carruaje me siento como si verdaderamente no tuviera piernas y mis funciones para andar en Tierra firme fueran limitadas.
Echo de menos no ver a Ulfred a las riendas del vehículo que me conduce cuesta arriba.
De alguna manera pensé que podríamos llegar a ser grandes amigos.
Me pregunto qué le estarán haciendo los guardias, si realmente estarán consiguiendo sacarle información.
Aunque sin duda lo que más me reconcome por dentro han sido las palabras de Kath.
Creí que todo lo relacionado con el Maestro se había solucionado, pero por lo visto va a ser un tema que me va a traer dolor de cabeza.
―Es usted noticia, señor―el guardia sentado frente a mí es agradable―. Menos mal que la Dama Muerte, Santa Illythia, cuidó de ti durante la persecución del general Rhain y sus sabuesos. Está claro que la diosa tenía un gran plan para usted.
Me encantaría decirle que no, que no hubo ninguna diosa protegién_ dome mientras huía de los guardias. Pero hablar del stoker , de su falsa identidad como Chacal y de su implicación en el exterminio de la estirpe Dynevor me parece mucho más complicado de explicar que dejarle sim_
plemente hablar.
Los barrios bajos de Plaguen se mantienen en una extraña calma.
Hay vampiros que andan de un lado a otro, pero sin prisa y sin ningún ambiente festivo.
Más bien es como si estuvieran de luto, cabizbajos y sin fuerzas siquiera para sonreír.
Saco la cabeza y me miran, saben quién soy y no parece importarles.
Eso me hace sonreír, no me tengo que ocultar, puedo ser yo mismo sin necesidad de fingir ser un ilota .
―¿Qué les pasa?―me atrevo a preguntar.
―Hubo muchas muertes durante la revuelta―su voz no se debilita al hablar lo que me indica que, o no ha perdido a nadie importante o es un guerrero muy profesional―.
Pero sin duda la pérdida más importante para el reino ha sido la de la Tríada.
Las brujas son ciudadanas muy importantes en los dominios de la Corte de la Noche― continúa, es como si llevara callado un montón de días y necesitara hablar sin parar.
Lo agradezco, porque me ahorra el preguntar―.
Plaguen es el único reino conocido que cuenta con un aquelarre como potencia de guerra.
Ni Pestet, menos aún la antigua Makabria, contaban con una potencia así.
Pero el Aquelarre del Cuervo no se creó para protegernos de los necrófagos o los peligros del continente―me limito a mirarle y aguardo su respuesta con intriga―.
El aquelarre se formó para futuras guerras contra los humanos del Continente del León. O incluso…
―Las sirenas de las profundidades―le interrumpo y él repite.
―Las sirenas del mar―el soldado se coloca las hombreras y señala con el mentón a un montón de niños, de los barrios bajos, cargados con mochilas bandoleras.
Observamos como los caídos más pequeños venden montones de papel mientras él me explica que son periódicos con las noticias del reino.
Después sigue con su charla mientras yo le presto una vaga atención.
―Pero sin las mantes más poderosas, el aquelarre perderá el núcleo y las brujas carecerán de organización alguna.
Por ello, los duques hablarán con el Antiguo y nombrarán a la nueva Tríada.
Aunque para eso las vampiras dotadas con el don tendrán que hacer innumerables pruebas, puede que incluso no sobrevivan.
Solo cuando se solucione todo el tema de las brujas, la corte seguirá con sus planes―yo sigo mirando por la ventana mientras emprendemos el camino mortal hacia el palacio.
El mar verde sigue ahí, sus árboles son titanes dormidos cuyas copas mecen al ritmo del viento.
Me mantengo ausente hasta que el vampiro dice algo que me devuelve a mi realidad―.
La noticia del enlace entre Ilia y Shayk se pospondrá unos meses.
―Lo que significa que los stokers permanecerán en palacio hasta nuevo aviso ¿no?
―Sí… una pena porque la ciudad necesita una fiesta así―algo que para mí carece de importancia, creo que a eso le llaman egoísmo―.
Las cortes y los nobles suelen invertir gran parte de sus ganancias al pueblo.
Decoran las calles, reforman las zonas más viejas y yerguen estatuas y fuentes en honor al matrimonio. También reparten comida,…
Empiezo a pensar que los habitantes de Tierra firme son sumamente transparentes.
En alta mar estudiamos los movimientos de nuestras presas para poder intuir sus siguientes acciones y poder cazar con facilidad.
Esa es una enseñanza que, sin saberlo, estoy aplicando con los vampiros de Valhía.
Les estudio observando las expresiones de sus caras, en muchas ocasiones se puede deducir qué es lo que van a decir o hacer.
Le pongo especial interés al tono de voz que utilizan para ver si están en una actitud defensiva o atacante.
Sin quererlo, estoy volviéndome un gran depredador.
Lo que me da más seguridad al hablar, o quizá sea el simple hecho de que ahora estoy protegido por la corona de oro negro y rubíes.