Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 35
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Mi cuerpo, completamente desnudo, permanece lleno de arena y tierra. Cuando despierto estoy tumbado en el suelo del coliseo, Estevian ya no me sostiene si no que me protege de tres Condenados de la Orden que pretenden arrebatarme de su lado.

―¡Entrega al tritón, stoker !―grita el falso Chacal mientras aprieta su cuchillo contra el cuello de la duquesa Ágatha.

―Te recuerdo…―susurro con debilidad mientras me recupero de las visiones de su sangre. Después aclaro mi garganta y digo con claridad―. Ahora lo entiendo todo, Estevian.

―Necesito tu ayuda, Cirigh―habla él mirándome de reojo―. Necesito que me ayudes a proteger a mi familia.

―Sí.

Me incorporo en mi entera desnudez y observo el campo de batalla con detenimiento.

El necrófago está luchando contra Lady Amari y Lord Darius, los cuales mantienen su piel con la consistencia de la roca.

Enfi escolta a las adastas lejos del monstruo que busca devorarlas, las oculta en una de las casas, pues no hay más opciones en esta gran prisión.

De pronto me encuentro con la mirada morada de Angélika, en la lejanía me sonríe mientras agita sus dedos para hechizar la poción gris que

rueda hacia mí.

―Esto…―mis palabras surgen solas de mis labios cuando el cristal golpea mis pies. Entonces leo un mensaje escrito con las uñas de la sirena―. Bébela y protege lo que amas.

No pierdo el tiempo, cojo el frasco y me bebo todo el contenido de golpe.

El sabor es agradable, una mezcla entre pescado y frutas, un licor adictivo y con la capacidad de arder en mi garganta.

De repente mi cuerpo experimenta el cambio.

Mis escamas surgen grises por encima de mi falsa piel, con ellas también aparecen pliegues en los dedos de mis manos y pies, las garras y los dientes.

No pierdo la movilidad en tierra en ningún momento, más bien me transformo en una nueva versión de depredador.

Salto, lo hago con tanta fuerza que no me puedo controlar. Desgarro al

primer rebelde, luego al segundo y después al tercero. Emprendo una carrera por encima de los tejados de la réplica de la ciudad. Ignoro al necrófago, pues sé que no soy rival para él. Me abalanzo de golpe sobre las paredes del coliseo y trepo, a través de su piedra, hasta las gradas.

La gente estalla en caos al verme, ignoro a los nobles y me dirijo directamente hacia el falso Chacal.

Emito una melodía suave, un alarido de guerra, un grito de poder.

Proyecto la onda sonora como un torrente hacia el general.

El sonido es tan fuerte que fragmenta su máscara y descubre su rostro a la multitud.

Entonces le reconozco, sus ojos azules y su cabello platino.

―Ulfred―pronuncio con la voz ronca que surge de esta forma de tritón de tierra.

Los miembros de la Orden de los Condenados se quedan tan bloqueados como los líderes de la Corte de la Noche. La reacción de sus congéneres delata a Ulfred como el Maestro de los rebeldes. Un momento impactante para toda la sociedad nocturna.

El duque Krishan y Lady Alia aprovechan el momento para hacer uso del poder de su estirpe.

Sus ojos centellean rojos y varios graznidos surgen del cielo.

Aparecen cuervos, buitres y zorros nocturnos, todos con la intención de proteger a los Shayk.

Los animales atacan a los rebeldes y ayudan a que los nobles puedan huir.

Loba y Coyote salen de la escena antes de que su Maestro sea apresado por los guardias de la corte.

Los ojos del duque Ábsolem y la duquesa Ágatha se clavan en mí, yo los miro con una expresión que mezcla mi parte humana y el monstruo marino en el que estoy transformado. El rey de Plaguen me sonríe y asiente con la cabeza, aprueba lo que estoy haciendo y empuña su

espada para unirse a mi lucha.

Mis garras atraviesan el torso de los rebeldes que me atacan sin saber cómo actuar mientras Ábsolem me protege de aquellos que me disparan con sus ballestas.

De pronto escuchamos gritos de auxilio en el interior de la arena.

El necrófago ha conseguido derribar a Lord Darius y Lady Amari y nadie puede detenerle en su afán por acabar con las adastas .

―¡Ve! ¡Ayúdales, por favor! ―me grita Ágatha con lágrimas en los

ojos―. ¡Detén esto y estaremos en deuda contigo!

Me lanzo desde las gradas hasta el campo de pelea, hay más rebeldes allí abajo luchando contra Estevian. El stoker utiliza las espadas de sus enemigos para derrotarles, me mira y me sonríe, lo que significa que está bien y puedo continuar.

―¡Cirigh!―grita Angélika apoyada en los hombros de un noble, está tan débil que apenas puede caminar―. ¡No te queda mucho tiempo!

Pero no la escucho, no mientras me meto a través de la ventana de un edificio y me topo directamente con Enfi y las adastas . Han conseguido bloquear la puerta con muebles para que el necrófago no pueda entrar.

―No va a resistir mucho―me advierte la stoker empuñando un montón de dagas. Las otras vampiras me miran aterradas, como si yo fuera el monstruo del que están huyendo.

De golpe y porrazo el necrófago entra en la habitación y yo me abalanzo sobre él para hacerle retroceder.

Le muerdo el cuello, los hombros y los brazos.

Nos rebozamos contra el suelo mientras él intenta atravesar mi pecho, pero yo le esquivo con agilidad.

Es entonces cuando siento mis escamas grises desaparecer, el efecto de la poción se está disipando y ya no puedo hacer mucho más.

O eso creo, porque se me ocurre la idea más descabellada de toda mi vida.

―¡Dadme tiempo!―les suplico a los stokers que se reúnen en torno a mí.

Lady Amari y Lord Darius se unen a la lucha, sus respiraciones son agitadas y ya están superando sus límites, pero no se detienen en la misión de proteger su legado. Estevian y Enfi se reagrupan con nosotros para luchar contra el necrófago.

―¡Cuidado!―grita Lady Alia desde las gradas, pero es demasiado tarde. Un montón de rebeldes, subidos a las cornisas del coliseo, descargan sus flechas contra nosotros.

El cielo se cubre de proyectiles y nosotros no disponemos de ninguna protección para defendernos. Ni siquiera Darius puede invocar el poder de la estirpe Cárpasot para protegerse de este ataque. Estamos completamente perdidos.

Justo cuando vamos a ser atravesados por las puntas de acero puro, las

flechas se detienen en el aire. Una figura flota hacia nosotros, una figura cuyo cabello rizado es tan rojo como su mirada. Kathleen aterriza a nuestro lado con las manos imbuidas en magia, en las gradas puedo ver varias brujas apoyando su hechizo.

―¡Kath!―grita Estevian casi a modo de celebración.

―¿No ibais a invitarme a la fiesta?―dice ella con sensualidad mientras sus labios sonríen mostrando sus colmillos.

―Gracias, bruja―Amari se dirige a ella como una completa desconocida.

―¿Tengo que haceros una reverencia?

―Ayúdanos y estaremos en deuda contigo―y comprendo que las palabras utilizadas por Darius son una especie de juramento entre los caídos. Las mismas que la duquesa utilizó conmigo.

―Conseguidme tiempo―comento y al instante un conjunto de tela azul me cubre por completo. Miro a la bruja y ella me guiña un ojo.

―¡Por Plaguen!―grita Enfi y el resto repetimos a coro―. ¡Por Plaguen!

Cuando inicio la carrera sé que el necrófago me ha marcado como su objetivo, lo tengo tan cerca que es imposible no percibir su perfume a carne podrida.

Los stokers luchan con una formación envidiable.

Darius y Estevian le golpean cuerpo a cuerpo y se apartan a tiempo de que Amari y Enfi les asesten con sus flechas y dagas.

Kathleen nos cubre de los ballesteros e intenta atar a nuestro enemigo con cadenas de sombras que este rompe al cabo de unos segundos.

La arena de Plaguen se mantiene en una guerra política.

Los duques defienden su supervivencia a golpe de espada y colmillos.

Los animales que atraen los Shayk les aportan la ventaja necesaria para matar a aquellos que ponen en peligro la corona de los nocturnos.

Yo sigo corriendo, cruzo la puerta de la casa y me acerco a las adastas como si las conociera de toda la vida.

―Tranquilas, vengo a ayudaros―digo con tranquilidad mientras veo como tiemblan de miedo.

―Nadie puede ayudarnos, vamos a morir―dicen las dos portadoras de la estirpe Ilia y Cárpasot. Entonces cojo aire, cierro los ojos y entiendo

las palabras que Angélika me dijo al despedirme de ella.

― Intenta recordar, aunque duela, y entenderás cuál es tu verdadero cometido. Eso es lo que siento, pero no consigo entender por qué ―recuerdo para mis adentros y después digo en alto―. Yo si lo sé.

No sé muy bien como ocurre, solo sé que soy capaz de hacerlo. Coloco

ambas manos en el vientre de las adastas y me concentro en sentir la vida al otro lado de su fría piel. Percibo los latidos a mi derecha, después los de mi izquierda. Una sonrisa se dibuja en mi rostro justo antes de comenzar a hablar:

―Tenéis que cederme vuestros embriones, dejadme a mí ser su portador…

―Pero…―dice la primera.

―Dejaremos de contar con el favor de palacio―dice la otra rechazando mi petición.

―Salvaréis vuestras vidas―continúo―. El necrófago dejará de perseguiros.

Una luz surge del vientre a mi derecha, utiliza mi mano como conducto y se deposita en mi aurane . La otra, en cambio, se resigna a cederme a su hijo, se niega a perder el título de adasta y todo lo que eso significa.

―Hazlo Krista ¿Quieres morir? ―la primera me ayuda mientras los gritos de la lucha que se está llevando a cabo en el exterior llegan hasta nosotros.

―¡Sin esto no soy nadie!

―Serás la segunda adasta viva que cedió su embrión a un tritón.

―¡Dejaremos de vivir en palacio!―continúa protestando, está

desesperada y no la culpo. Estevian me contó que las vampiras más pobres venden sus vientres, y su vida, por darle a su familia una vida mejor.

―No te preocupes, hablaré con los stokers y te prometo que seguirás viviendo en la corte.

―¿Podrás hacer eso?

―Llevo a la descendencia de las estirpes en mi vientre. Podré conseguir lo que me proponga ¿no?

Las chicas se echan a reír y la segunda luz pasa a través de mi cuerpo

para refugiarse en mi vientre. No siento nada extraño dentro de mí, ni siquiera más peso. Ayudo a las vampiras a incorporarse y ellas me dan un abrazo que me pilla completamente por sorpresa.

―Gracias―susurran a coro y siento la calidez de su cercanía. Algo raro porque están más frías que el hielo―. ¿Cuál es tu nombre?

―¡Cirigh!―y Estevian responde en mi lugar―.¡ Corre!

El necrófago arremete contra la puerta de nuevo y mantiene sus ojos fijos en mí. Una vez más salto por la ventana y emprendo una carrera hacia ningún lugar. Lo he conseguido, el monstruo ha ignorado por completo a las antiguas adastas . Ahora tengo que sobrevivir.

―¡Sal de aquí! ¡Rápido!―grita Lady Amari mientras me señala una

apertura en el suelo de la arena―. El ascensor está activado.

La batalla contra los rebeldes ha cesado, los que permanecen con vida están siendo atrapados por la guardia real.

Los stokers están allí completamente agotados mientras Kathleen me empuja con su magia para acelerar mi carrera.

Salto sobre la plataforma que desciende hacia el interior del suelo, acto seguido el techo se cierra a mi paso.

La soledad me invade mientras recorro el subsuelo del coliseo.

Paso desapercibido por la armería y otra estancia llena de ropas de cuero y armaduras.

Me detengo en la sala médica, la cual está repleta de pócimas con plasma en su interior.

Bebo una, luego otra y después diez. Los vampiros del aurane necesitan alimentarse, lo siento porque me provocan tanta sed que casi parezco insaciable.

De repente escucho un rugido, de pronto sé que no estoy solo, el necrófago ha conseguido entrar aquí. Tengo que huir antes de que me cace, esconderse no es una opción pues el monstruo percibe a las tres criaturas cuyos corazones palpitan en mi vientre.

―Ahogado…―pronuncia con una voz ronca, como si se hubiera colado el viento procedente de la tormenta―. Dámelos y saldrás con vida.