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Mis ojos pierden la intensidad del rojo y adquieren su color oscuro natural.
La bestia se duerme de nuevo, a pesar de estar sediento, puedo mantener la cordura.
Entonces me doy cuenta de que nunca he estado solo y que siempre he tenido un ancla que mantiene mi humanidad estable por encima de mi frenesí.
Una persona a la que llevo buscando desde que lo conocí, hace cincuenta años en la Isla Hueca, el lugar de vacaciones de mi familia.
―Bebé de mí, stoker , sana tus heridas―pronuncia Angélika emergiendo de entre la pila de cadáveres―. Sálvale, acaba con ellos.
Hago lo que me pide, no tengo otro remedio que regenerar mis heridas y saciar mi sed. Muerdo la muñeca de la sirena y bebo tanto como puedo, me detengo a tiempo de no quitarle la vida. Sé en qué momento parar para no drenarla por completo, y ella lo agradece.
―Estamos en deuda…
―Acaba con esto y me daré por saldada.
Me incorporo con el cuerpo fuerte y los músculos apretados. Me giro para mirar a Cirigh y descubro a Enfi sacándole de la celda. Están rodeados por rebeldes tirados por el suelo con el cuerpo atravesado por sus dagas.
―¡Ese tritón lleva al hijo de Lady Amari y Lord Darius!―anuncia Chacal y todos los ojos se clavan en Cirigh―. ¡Por eso el palacio lo ha estado protegiendo!
―¿Qué está diciendo?―mi hermana mayor carga una flecha y apunta directamente al ahogado. Tengo que emprender mi mejor carrera para colocarme frente a ella con los brazos abiertos―. ¡Es él! ¡Por su culpa Lahmia fue ejecutada!
―Es bueno, Amari. El bebé late fuerte en su vientre―le intento explicar, pero mi cuñado no puede controlarse―. Es su poder natural, un don que tienen todos los ahogados de Valhía.
―¡Es nuestro enemigo!
―¡No!―protesto y me muerdo la muñeca para extenderla hacia mi hermana―. ¡Míralo tú misma!
Por primera vez en mi vida no me importa que sepa todos mis secretos y que vea todo lo que he hecho durante este tiempo.
Hubo una vez en la que éramos uña y carne, que nos lo contábamos todo.
Amari me clava sus ojos azules, primero con furia y luego con pena.
Entonces baja el arco, se acerca a mí muñeca y bebe de ella.
La transfusión de recuerdos dura un instante, a pesar de que ella esté viendo meses y meses de vivencias, todo transcurre en apenas unos minutos. Cuanto más tiempo
beba, más recuerdos verá, pero no lo hace.
―Es tu ancla…―murmura ella parpadeando para recuperarse de todas las visiones. Sé que no ha visto el día en el que le conocí, pero no hace falta, solo ha tenido que sentir todo lo que siento por Cirigh―. Esto cambia las cosas.
―Confía…
―¿Qué estás diciendo?―la paciencia de Darius es inexistente.
―Amor…―pronuncia Amari y lo hace en un tono que es innegociable.
―Está bien. Ya me lo explicarás en otro momento.
―Rescatad a las brujas, proteged a las adastas , vamos a enfrentarnos a los generales de las máscaras―ordeno con la mente de estratega a flor de piel.
―¿Y el necrófago?―dice Darius mientras los rebeldes abren la celda de la criatura.
―¡Tenemos las armas para protegernos de nuestros enemigos de Makabria!―anuncia el falso Chacal mientras sus soldados lanzan varias espadas desde las gradas―. ¡Ahora luchad!
Enfi coge a Cirigh en brazos y propina un salto a tiempo de alejarse del necrófago.
La criatura comienza a danzar con sus garras acabando con todos los rebeldes que no han tenido tiempo para huir de aquí.
La carne y la sangre tiñe la arena mientras el miedo nos invade a todos los presentes en su interior.
Estamos frente a nuestro enemigo más mortal, y no estoy dispuesto a liberar a la bestia para protegernos, no cuando he puesto tanto en peligro.
―¡No toquéis las espadas!―advierto a tiempo de detener a mi cuñado en su intento por cambiar su arma―. ¡Os drenará la sangre!
Pero algunos de los nobles que cayeron desde las gradas están tan deses_
perados que empuñan varias hojas y se lanzan contra el necrófago.
La lucha está bastante desigualada, y no lo digo porque el Colmillo Abdicador no sea poderoso contra el monstruo, de hecho, los vampiros de la alta sociedad consiguen asestar algún que otro tajo.
Pero carecen de entrenamiento militar y la Orden se ha asegurado de que el necrófago esté bien alimentado.
―Ve con él―me señala Amari señalando al tritón―. Protégelo.
Y no sé si lo dice porque sabe que es el adasta de su hijo o porque realmente lo valora por ser mi ancla. Yo me limito a asentir con la mirada y moverme con velocidad. Recorro los tejados de Villa Masacre y alcanzo a Enfi antes de que los nobles acaben desangrados sobre el suelo.
―Está débil…―comenta ella a tiempo de dejar al tritón apoyado sobre
la pared―. Le han…
―Le han torturado…―mi voz suena seria y vengativa. Después se torna cercana, no puedo verle así, no puedo verle sufriendo―. Cirigh,… estoy aquí… estamos juntos.
―Est…Estevian―pronuncia con torpeza, le cuesta respirar. Le quito la mordaza para que respire con tranquilidad―. Yo…
―Tranquilo, no hables―lo recuesto sobre mi regazo, me muerdo la muñeca y le dejo beber con calma.
―He…podido…recordar…algo
―Sshhh. Bebe.
Cirigh bebe de mí, lo hace despacio, débil, al menos al principio, porque luego empieza a drenarme con fuerza.
Poco a poco sus heridas empiezan a regenerarse, se cierran con lentitud, como si las armas de los Condenados tuvieran algún tipo de veneno que ralentiza la regeneración sobrenatural.
Está funcionando, solo necesita un poco de tiempo.
―Protege a las adastas ―le ordeno a mi hermana―. Que no se acerque a ellas.
Enfi empuña tres dagas en cada mano y emprende una carrera fugaz. El
necrófago se mueve hacia las vampiras embarazadas, lo hace relamiéndose sus labios grises.
Actúa como lo hicieron los que atacaron a Cirigh en la montaña, busca sangre pura, limpia y virgen.
Si consigue matar a una de las adastas , si consigue beber de su vientre, será mucho más poderoso, será imparable.
Mi hermana lanza sus dagas, apunta a los puntos de movilidad: los tendones de los talones, de las rodillas y de los brazos.
Su puntería es tan certera que no falla ni una sola vez.
Amari le apoya desde la distancia, carga sus flechas y se centra en la cabeza y en el corazón.
Finalmente es Darius el que aprovecha la oportunidad para cortar su cuello con su hacha de dos manos.
Pero no es suficiente, igual que lo derriban, el necrófago se vuelve a incorporar.
Las flechas y las dagas caen de su piel mientras sus heridas se regeneran.
La Orden mantiene a nuestros líderes inmovilizados, al resto de nobles aterrorizados y a las brujas presas.
Tenemos que utilizar a Colmillo Abdicador , si no lo hacemos no podremos derrotar al monstruo.
Cirigh de Laneth
La sangre de Estevian recorre mi paladar y se pierde en mi organismo.
Siento como mis músculos se fortalecen, mi piel recobra su temperatura
natural y mis heridas se reconstituyen. El dolor sigue presente en cada centímetro de mi cuerpo, cada corte, cada azote no son nada comparado con el sufrimiento de haber desvelado mi más profundo secreto.
La Orden me atrapó cuando más indefenso me encontraba, estaba intentando ver a través de la sangre del vampiro cuando Ralva arremetió contra mí.
Loba, la misma mujer que luchó contra Kathleen buscando mi rastro.
Ella, la misma que fingió ser mi amiga, o quizá lo llegó a ser, hasta que descubrió que era el tritón que llevaba buscando durante tantos meses.
Ella y Coyote me interrumpieron en mi intento por descifrar la realidad de mi unión con el stoker , solo conseguí escuchar una única frase:
―Hueles… a aliento… de b…―intento decir, pero estoy tan débil que no puedo.
―Por favor…―una lágrima desciende por la mejilla de Estevian, se coloca en la hendidura de su barbilla y se deja caer sobre mi rostro. Siento como las escamas surgen levemente bajo mi falsa piel―. Recu_
pérate, Cirigh.
Cierro los ojos y continúo bebiendo. Cada gota que se desliza por mi garganta me incita a ver los recuerdos de la vida del vampiro.
Y cuanto más lo intento más dolor siento en mi cabeza, como si mi propia mente intentara segar una barrera de arrecife de coral rojo, el más venenoso de todos.
Me arde, me quema, me hace sudar. La voz de Angélika surge en mi interior, las palabras que la sirena veía a través de Rysantha.
― Intenta recordar, aunque duela, y entenderás cuál es tu verdadero cometido.
Cojo aire, continúo bebiendo y dejo que las visiones se apoderen de mí.
Más que ver los recuerdos de Estevian, lo que revivo en mi interior son los recuerdos de mi propia infancia.
El dolor me invade, pero no grito, no cuando el dolor que estoy sufriendo es por voluntad propia.
Algo muy diferente a la tortura que he recibido, encerrado en una estancia húmeda y mal oliente, un lugar donde la muerte me asolaba desde las sombras.