Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 28
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―He estado con los sastres para ultimar los detalles de tu traje de boda, he leído las leyes de ejecución para los traidores a la corona y me he estado dando un baño de agua helada.

La bruja que me habéis asignado, Edana, me está resultando encantadora.

Sabe mantener los silencios cuando yo se lo pido―me cuenta Alia mientras remueve la sangre de su copa―.

¿Te pasa algo, Estevian? No has dejado de mover la pierna en toda la noche.

―Sí, sí… debo de estar nervioso por los juegos de mañana―miento con la certeza de que no se va a percatar.

―Entiendo…―contesta de manera desinteresada, luego comenta algo que me enfría completamente el corazón―. En Pestet es común que las stokers contemplemos a las adastas durante el coito conyugal.

―¿Ah sí?

Mis ojos se abren de par en par mientras ella me mira fijamente, sin inmutarse, como si fuera algún tipo de estatua autómata sin muestra alguna de sentimientos.

La sociedad vampírica tiene tradiciones muy estrictas con la supervivencia de la especie.

Durante la noche nupcial se celebra un rito donde la novia da de beber su propia sangre a sus adastas.

Después es el novio quién se las lleva a la Sala de Cortejo para llevar a cabo la danza que traerá consigo la próxima generación de inmortales.

El proceso se repite hasta que las adastas se quedan encinta, después se habilita el Cubil de Cría donde las adastas y la novia conviven hasta el final del proceso.

Lo más común es que las gestantes y su dueña forjen hermosas amistades con fecha de caducidad.

Por eso a mi hermana le dolió tanto ejecutar a Lahmia, pero la ley de la noche es una obligación que nadie puede incumplir.

Y ese es mi mayor temor, si no celebro el matrimonio con Lady Alia mi función en la Corte de la Noche habrá terminado.

―Si me disculpas―comento a tiempo de levantarme del sofá. Me acerco a ella, sostengo su mano con la mía y le dedico un suave beso sobre la fría piel―. Debo revisar los cuadernos que el duque Krishan pretende llevarse al norte, mañana no tendré tiempo para nada.

―Ah, si… está bien―parece que el tacto directo le incomoda―. Nos veremos mañana.

―Si salgo con vida del minotauro.

Alia asiente con la cabeza mientras yo aprovecho la excusa para huir.

Tardo menos de diez minutos en cambiar la vestimenta de la corte por un conjunto más callejero.

Escojo una camisa gris, un chaleco negro y una larga gabardina a juego.

Los pantalones de tela son los más cómodos para emprender una larga carrera y las botas de montaña son necesarias para coger el atajo que me llevará directo a mi destino.

Cierro la puerta del vestidor después de asegurarme de que nadie más está en mi dormitorio.

Aparto la ropa de montar y aprieto un pequeño botón oculto en el rodapié, un detalle invisible entre el azulejo del suelo y el papel de pared.

Al instante se abre un compartimento al lado contrario de la estancia, una puerta secreta de la que extraigo una brillante máscara de plata con la forma de un chacal.

Una joya que guardo en mi gabardina para no llamar la atención.

Aprovecho el cambio de turnos en la guardia real para escabullirme por los pasillos y el jardín hasta salir lejos de los límites de palacio.

Por mucho que me duela, dejo atrás a Airman , mi querido corcel, mi compañero fiel, llevarlo conmigo significaría delatar mi identidad y llamar la atención de los ojos más curiosos.

El camino por el desfiladero es fácil de recorrer, más aún cuando mi velocidad es tan sorprendente que apenas dejo huellas. No escojo la ruta que me lleva a la zona alta de Plaguen, si no que me precipito al barranco cuyo único final es el mar de árboles.

Desciendo a gran velocidad, el aire golpea mi rostro y sacude mi gabardina.

A los pocos segundos caigo ileso sobre la hierba y el barro.

Es ahí cuando me pongo la máscara y continúo con mi carrera.

No quiero llegar tarde, no ahora que he conseguido eludir a la stoker Shayk para cumplir con mi propósito personal.

Entré en la Orden de los Condenados con la única misión de proteger a mi familia.

Los rebeldes llevan caminando bajo la noche eterna desde que tengo uso de razón, pero nunca habían conseguido tanto poder.

Empezaron con ataques sencillos, pequeños robos a las reservas de plasma de los nobles o secuestros temporales para advertir a los líderes vampíricos que los anarquistas existen y se mantienen en la sombra.

En ese momento no llamaron mi atención, pero todo cambió cuando algunos nobles de la alta sociedad de Plaguen empezaron a morir en extrañas circunstancias, siempre marcados con el sello de la Orden.

El escudo del fantasma vengativo que hace referencia a todos los miembros que murieron en su misión de cambiar el funcionamiento de la sociedad.

Si alguien me observase corriendo a través del mar verde que rodea palacio, vería a una figura que aparece y desaparece de manera intermitente.

A un hombre con la barba recortada, el flequillo de punta y gabardina prácticamente imperceptible a miradas no entrenadas.

La tormenta descarga su lluvia y sus rayos sobre los dominios de mi familia.

Si hay algún animal salvaje acechándome, no tiene el valor suficiente como para atacarme, pues siempre huyen de mi fulgor carmesí antes de que puedan cruzarse en mi camino.

Atravieso un túnel construido en las rocas sobre las que se alza la ciudad. Una ruta descuidada y maloliente, el antiguo camino real antes de que el exceso de humedad lo medio derruyera. Aun así es un trayecto accesible, siempre y cuando a los cimientos del mundo no les dé por volver a temblar.

Una sonrisa se dibuja en mi rostro cuando recuerdo los cuentos que utilizaba mi madre, la duquesa Ágatha, para justificar la furia de la tormenta.

Aunque seamos criaturas inmortales, también sentimos miedo y durante nuestra niñez somos tan inocentes como lo pueden ser las crías de otras especies.

Así pues, para que no nos asustáramos por los rayos y los relámpagos, mi madre nos contaba que el Antiguo, nuestro vampiro de la guarda, era el encargado de mantener el cielo nublado y descargar las tormentas para protegernos.

De algún modo esos cuentos me calaron hondo, y se me pone la cara de idiota cada vez que me imagino, al ser que habita los confines de la ciudad, cubriendo mis huellas con la lluvia y la tormenta.

Al cabo de una hora estoy saltando por los tejados de Plaguen y camuflándome en sus calles hasta llegar a la guarida de la Orden.

El edificio es un viejo teatro cuyos artistas decidieron abandonar el oficio ya que descubrieron que se sacaba más dinero con el comercio del placer que con el del arte.

No les culpo, hace falta ser excepcional en lo que haces para llamar la atención de la alta sociedad vampírica.

Viscardi de Razol sigue manteniendo su galería de arte abierta, incluso mi madre ha celebrado varias fiestas en ella.

Cuando accedo a través de los portones de madera reconcomida, mis pasos vuelan a través de la alfombra roja mohosa que recorre los pasillos principales.

Paso desapercibido frente a la recepción, donde alguna vez se vendían entradas y aperitivos.

Ignoro el ropero, cuyas perchas de madera han perdido su utilidad.

Después asciendo por unas escaleras de escasa longitud, cruzo una puerta de metal forjado con filigranas que evocan la presencia de un rosal espinoso y todo cambia frente a mis ojos.

El olor a humedad es inexistente en esta parte del edificio, la alfombra, ahora de un color dorado, presenta un cuidado envidiable y varias arañas de plata iluminan todo con intensidad.

La Orden de los Condenados es lo suficientemente inteligente como para hacer de sus guaridas lugares poco sospechosos, al menos a primera vista. Por lo demás les gusta alardear de riqueza y lujo, después de todo siguen siendo vampiros.

Mi entrada debe de ser espectacular porque todo el mundo se gira para mirarme.

Los rangos más bajos están sentados en las butacas de terciopelo negro mientras que el Maestro, la Loba y el Coyote permanecen encima del escenario.

Hay asistentes sirviendo plasma y canapés por toda la sala, en su gran mayoría humanos que se han unido a la causa.

Así es como conocí a Jasper Gazzei cuando servía a la Orden, gracias a él pudimos encontrar a Malik, el hermano de Kathleen, el cual se había endeudado tanto que les prometió su eternidad a los anarquis_ tas.

―Te estábamos esperando, Chacal―habla el líder a través de la máscara mágica que distorsiona su voz. Un hechizo que funciona en el resto de los generales.

―Disculpad la demora.

―¡E aquí el arma definitiva!―celebra él mientras Coyote sostiene una espada con la hoja de acero puro―. Un arma forjada en el norte del continente y con el poder suficiente como para repeler el poder de las estirpes. ¡E aquí Colmillo Abdicador !

La sala estalla en aplausos mientras el vampiro hace movimientos per_

fectos de esgrima. Da una voltereta, se desliza y muestra la belleza.

Loba chasquea los dedos y los sirvientes cargan con carros llenos de réplicas exactas.

La Orden trabaja a gran velocidad, desde que alguien robó la fórmula del arma, los herreros aliados no han perdido el tiempo a la hora de abastecerlos.

El verdadero potencial de los rebeldes reside en el simple hecho de que no se sabe quién está de su lado.

Cualquier individuo puede pertenecer a la Orden, desde la florista de la plaza central hasta el bardo que toca la guitarra en las tabernas para sacarse algunas monedas.

Tuve la suerte de unirme a los Condenados cuando mi padre aun no me había presentado en la alta sociedad.

En los suburbios ya me había encargado de presentarme yo, pero como Airman , el nombre de mi caballo.

En Plaguen es común presentar a los stokers cuando son bebés o niños.

Es un orgullo para los vampiros alardear de su descendencia, después de todo ha habido una adasta que ha dado su alma por alumbrar a un niño.

Al contrario que cuando alcanzamos la pubertad, que nos confinan en palacio para adiestrarnos en todos los campos necesarios para sobrevivir en la alta sociedad.

Para mi fortuna, aprendí a escaparme durante las horas de estudio y disfruté de todos los placeres que la noche eterna tenía reservados para mí.

Airman, el maleante huérfano. Nadie nunca me preguntó dónde me metía el resto del día.

Y fue fácil hacerse de notar, huir de los guardias por traficar con sustancias ilícitas o incluso refugiarme en los burdeles de la ciudad.

Por llamarlo de alguna manera, porque fue allí donde realmente se forjó mi personalidad.

Una doble vida que me ayudó a afrontar mi existencia con más fuerza.

Por un lado, estaba el príncipe, galán y educado, un especialista en las estrategias de guerra.

Y por otro lado, la ciudad temblaba al ver llegar al huérfano.

Y así fue como llegué hasta aquí, un día me topé con miembros de la Orden haciendo alguno de sus encargos, les seguí movido por la curiosidad y acabé atrapado en las garras del Maestro.

Después llegó la revolución contra los Dynevor, el asesinato del duque y mi recompensa como Chacal.

Ya por el camino fue recogiendo almas perdidas como a Kathleen y a Jasper.

―¡Ataquemos ahora mismo!―grita una mujer de cadera ancha, creo haberla visto antes pero no recuerdo dónde.

―¡Eso!―grita otro y el teatro se convierte en un caos.

―¡Derroquemos a las estirpes!

―¡Ya lo hicimos una vez!

―¡Silencio!―ordena el Maestro y nadie le lleva la contraria―. Lo haremos durante el enlace entre cortes. Antes de que puedan engendrar una nueva abominación.

Así es como nos llaman a todos los que hemos nacido con sangre real.

Tan sencillo como determinar que aquellos con talentos excepcionales son una amenaza para la sociedad.

Los Condenados creen que si se elimina todo vestigio de poderes que no comprenden, se conseguirá una raza más fuerte e igualitaria.

―¡Utilizaremos a los stokers para la rendición de los duques!