27
Las sombras nos envuelven de nuevo y nos llevan de vuelta a las catacumbas.
Mis hermanas y mi cuñado están allí frente a mí.
A pesar de no ver la lengua muerta tatuada en su piel, puedo sentir el poder manando de ellos.
Ya estamos listos para conocer a nuestro antepasado, el primogénito de Illythia, el Antiguo.
―Continuad, stokers de Plaguen―anuncia una de las líderes de las brujas ocultas en las sombras.
La piedra se abre para dejar mostrar una escalera que desciende a la oscuridad infinita.
Allí no hay antorchas, velas, menos aún llamas azules.
Por lo que mis hermanas y yo tenemos que utilizar el fulgor rojo de nuestros ojos para ver a través de la penumbra.
Ocho esquirlas de rubí descendiendo hacia los confines del reino.
Nuestras botas crujen ante el tacto de la tierra y la roca.
Toda la parte subterránea de Plaguen es una infinidad de estalactitas, estalagmitas y el goteo incesante del agua.
Avanzamos forjando huellas en un mapa imaginario, un camino que nos obligaron a estudiar hace años.
Hay runas en las paredes rocosas de la gran cueva, pistas para llegar al Descanso del Antiguo.
―¿Listos?―pregunta Enfi a tiempo de apoyarse en las anillas doradas
de una puerta de metal.
―Qué remedio…―suspiro justo antes de continuar.
Parece mentira el simple hecho de que, en mitad de una caverna con cientos de millones de años de antigüedad, haya un salón cuya riqueza resplandecen en la oscuridad.
No hacen falta más que un par de zancadas para discernir la figura que hay sentada en el trono de piedra, iluminado por la suave luz que penetra una pequeña apertura del techo.
A su lado hay una infinidad de estatuas que parecen formar la corte del rey del inframundo.
― Y así como las tres hermanas engendraron a sus primogénitos, la descendencia de estos continuó con su legado ―el vampiro tiene una voz ronca y apagada, como el siseo de mil serpientes reptando a través del viento―. ¿Qué buscan aquellos cuya sangre permanece pura al
cambio?
―La noche nos trae ante ti, Antiguo―habla Amari mientras todos clavamos la rodilla en el suelo y mantenemos la mirada baja. La tradición expone que solo los primogénitos pueden hablar con el vampiro primigenio―. Se van a unir estirpes de diferentes reinos y necesitamos tu bendición.
El ser se incorpora y empieza a caminar por el lugar. A pesar de no poder
verle sé que va cubierto por una capa granate que arrastra por el suelo.
Lo hemos visto infinidad de veces retratado en los libros y pergaminos más conservadores.
El Antiguo no tiene un olor desagradable, algo que me llega a sorprender.
Se podría decir que su perfume no es otro que el de las flores a punto de marchitarse.
Lo que sí puedo percibir con claridad es el inmenso poder que recorre sus venas, una magia tan ancestral como destructiva, una presencia que me obliga a mantener el silencio sin inmutarme.
Un efecto muy similar al que tiene mi padre con la alta nobleza de Plaguen, el poder de un alfa, pero mucho más infinito.
― Stokers …―pronuncia casi como un insulto―… vuestras vidas son tan insignificantes como la del resto de inmortales de Valhía. El simple hecho de albergar el poder de una estirpe en vuestra alma no os hace mejor que los demás. Podéis morir tanto como lo puede hacer un simple granjero.
―Lo sabemos, Antiguo―la voz de mi hermana titubea mientras los nervios la delatan.
―Amari Ilia, tu cometido está a punto de cumplirse. Tres chiquillos germinan con fuerza en el vientre de tus adastas …
Mis ojos se abren de par en par mientras la respiración de mi hermana se agita.
Tres adastas eran las que tenía, una fue ejecutada por alta traición, lo que significa que el Antiguo considera a Cirigh un vientre más.
Mi hermana está tan confundida que incluso se plantea interrumpir a nuestro antepasado, pero no lo hace, cualquier insurrección podría significar la muerte.
Todos hemos sido advertidos desde el origen de nuestras vidas, corremos más peligro frente al primigenio que en el campo de batalla.
―… pronto los reyes de Plaguen cumplirán con su ciclo y pasarán a
formar parte del Hall de la Sangre.
―Sí, Antiguo.
El ser se detiene frente a mí, lo sé porque estoy mirando directamente a sus pies grises y moribundos.
Siento la presión de sus ojos en mi nuca, podría morir en este preciso instante si eso le complaciese.
Más que respirar simplemente gruñe, es como si detestase el silencio y necesitase hacer ruido para alejar a sus propios demonios.
― Se fraguan alianzas… ―continúa hablando y en ese instante sé que conoce todos mis movimientos―. La sociedad nocturna está frente a un gran cambio, uno que marcará la diferencia.
―Sí, Antiguo―repite mi hermana con la intención de quitármelo de encima.
― El mundo tiene un corazón que yo mismo puedo escuchar. Percibo el
latido de todos los seres vivos bajo la noche del Midna, incluso los dominios del sol no conocen límites a mi poder. Primogénita Ilia, te concedo una única pregunta.
―¿Qué futuro nos depara a la raza nocturna de Valhía?―Amari no pierde ni un solo momento, pues sabe que exceder el tiempo en el inframundo significaría perder las protecciones que evitan que el Antiguo nos devore.
― ¿Conoces la historia de las tres hermanas, primogénita?
―Sí, Antiguo.
― ¿Sabes cuál fue la primera raza del mundo?
―Los vampiros, Antiguo.
El ser chasquea su lengua y se aleja de nosotros para sentarse en su trono de nuevo.
Sus zancadas son lentas y arrastra sus pies por el frío suelo.
De pronto siento un fuerte mareo, pierdo toda mi voluntad y empiezo a subir el mentón sin poder oponer resistencia.
Lo único que guía mis movimientos son las palabras que pronuncia el vampiro primigenio:
― Stokers, miradme…
Mis hermanas, mi cuñado y yo alzamos las miradas con el fulgor rojo resplandeciendo frente a nuestro antepasado.
Por primera vez en mi existencia inmortal contemplo la imagen que tantas veces he visto retratada.
El ser carece de pelo, todo su cuerpo ha adquirido el color gris de un cadáver a punto de descomponerse.
Es delgado, con las costillas marcadas bajo su piel y un gesto serio e impasible.
Junto a él hay decenas de estatuas de mármol blanco, vampiros petrificados en el tiempo y formando el Hall de la Sangre.
Ahí están mis abuelos, y los padres de estos y así generación tras generación.
Todos los que han ocupado el trono de Plaguen ahora forman parte de una colección infinita.
El Antiguo es tan poderoso que no puede mantenerse vivo con la sangre de nuestro ganado, ningún mortal es suficiente como para saciar su sed eterna.
Pero en cambio la sangre pura, el plasma de los vampiros de las estirpes, le da la vitae que necesita para mantenerse en pie.
Sin él nuestra sociedad estaría completamente extinta, él lo sabe todo, incluso mucho antes de que pase, es el consejero de la corona de oro negro y rubies.
Se cree que es él el que lo maneja todo, el que influencia nuestras decisiones.
Se dice que el ser mueve los hilos de los que vivimos en el Continente de la Banshee para otorgarnos la supervivencia que necesitamos.
El agua, que gotea detrás del trono, cae a una profunda charca que consigue rodearnos en completo silencio.
Toda la humedad de la cueva se congrega allí, en una espesa miasma de líquido oscuro cuyo interior es una incógnita.
Pero hay algo viviendo ahí, pequeñas criaturas que brotan del Antiguo como si este fuera el resultado de su esencia atemporal.
Seres viscosos que se arrastran desde el trono hasta el agua.
Los podría comparar con lagartos, quizá pequeños pulpos o puede que incluso algún tipo de cría de cocodrilo.
― Valhía brotó del universo cuando la oscuridad de la nada y la luz de unas pocas estrellas convergieron en nuestro hogar ―comienza a narrar y mis labios se mantienen completamente sellados―. La magia le dio forma y vida al mundo, y creó la primera raza del mundo: los humanos.
Todo lo que he creído se desmorona en pedazos al escuchar la historia del Antiguo.
Desde niño siempre nos habían contado que los vampiros surgieron bajo la noche del Midna y que los humanos llegaron después, con los primeros albores del sol.
Y las sirenas, bueno, ellas simplemente aparecieron cuando los cimientos del mundo se sacudieron con las primeras guerras entre razas.
― Los mortales se asentaron en tres grandes reinos cuyos tronos fueron repartidos entre las tres hermanas ―continúa diciendo mientras sus ojos rojos nos mantienen hipnotizados en una prisión sin cadenas.
No hace falta que nombre a las deidades de Valhía pues todos sabemos quiénes son―.
Pero los humanos son codiciosos y cuando las hermanas tuvieron asentados sus dominios, el conflicto trajo la Primera Guerra.
“ Las tropas mundanas tenían el mismo nivel y los combates se resolvían con el mismo número de víctimas sin alzar nunca un bando vencedor.
Pero las tres hermanas, que siempre se habían visto atraídas por la magia, decidieron recurrir a los poderes más oscuros.
Entonces se forjaron tres objetos, tres reliquias que marcarían la diferencia.
Bryarthe forjó el Cetro Radiante, un arma de oro con el poder del sol concentrado en él, recurrir a su magia significaba calcinarlo todo sin dar pie a defensa alguna.
Illythia creó el Grimorio de los Muertos, un libro con los conjuros necesarios para alzar un ejército infinito que se levantaba una y otra vez sin importar las veces que cayeran.
Y Rysantha, la tercera hermana, bendijo una perla de almeja gigante convirtiendo la joya en el Orbe de las Mareas, con el que podía controlar el azul presente en todas partes.
La Primera Guerra duró años y años, se destruyeron civilizaciones y se extinguieron especies solo por el conflicto de las tres hermanas.
Sin saberlo, y gracias al poder que la hechicería les había conferido, las tres alcanzaron la divinidad.
De las civilizaciones caídas surgieron nuevas razas, nuevas oportunidades de victoria.
Allí donde las islas fueron hundidas, nacieron los ahogados.
Allí donde las tierras fueron quemadas, nacieron los caídos.
Y al final solo quedaron en pie los dominios dorados de los humanos, los cuales se autodenominaron: prestigiosos.
La codicia trajo la guerra, y la guerra vino acompañada por la devastación.
Aunque una de ellas había vencido, la destrucción que habían provocado en Valhía hizo que cayera la primera lágrima.
Eso fue suficiente como para que se reconciliaran como familia, de nuevo, aunque la magia las había cambiado, nunca olvidarían sus orígenes.
Como ofrenda de paz, las tres hermanas decidieron unificar el poder de sus tres armas, de tal manera que no funcionaban por si solas, si no que dependían tanto como se necesitaban sus dueñas.
Así nadie más podría utilizarlas para crear el caos.
El libro no se podría leer sin el orbe, y el cetro no activaría su poder sin el libro.
Los prestigiosos, los caídos y los ahogados custodiaron esos objetos para siempre.
Años después llegaron las guerras que todos ya conocemos, y el Pacto que hizo del mundo una paz frágil. ”
El primigenio termina su narración de forma orgullosa, si pudiera moverme estaría mirando a Enfi con cara de gilipollas. No entiendo nada, la sabiduría a veces se torna un delirio mental y empiezo a pensar que el ser que tengo enfrente ha pasado demasiado tiempo aquí abajo.
―¿Por qué nos cuenta esto, Antiguo?―mi hermana mayor verbaliza lo
que los otros stokers estamos pensando.
―Porque se avecina una guerra, Amari Ilia. Y no podemos olvidar que humanos, caídos y ahogados fuimos hermanos una vez.
El Antiguo alza su mano y nos invita a irnos, supongo que esa es su manera de darnos la bendición para que continuemos con la unión entre estirpes.
Esperaba, de alguna manera, que mi antepasado me dijera que no me puedo casar con Lady Alia, que tengo que permanecer cerca del tritón y dar mi vida por él si fuera necesario.
Pero no lo hace, parece que tiene prisa para quitarnos de encima.
―Nos veremos antes de lo que esperáis. Pronto formaréis parte del Hall de la Sangre―sus susurros me estremecen de tal manera que se me eriza la piel. Entonces comprendo que nos echa de su guarida porque no quiere tener la tentación de devorarnos.