Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 26
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Las nubes resplandecen con debilidad ante la mañana de Plaguen.

La noche ha transcurrido con lentitud, pues las conversaciones con Alia nunca son dinámicas.

Mis hermanas están en el comedor, el desayuno está preparado, en esta ocasión hay una mezcla de dulces y leche fresca, además de la ración matutina de sangre.

―Tu prometida se acaba de marchar a darse su baño real―anuncia Enfi al ver como la busco con la mirada.

―Sí…―Amari se mantiene recta y elegante, con el porte propio de una duquesa―. Edana está haciendo una gran labor congelando las aguas de su bañera. Le diré a la Tríada que le den un buen reconocimiento.

La Tríada, las líderes del Aquelarre del Cuervo, tres brujas de inmenso poder que han servido a la corona desde el origen de los tiempos.

Ellas son las encargadas de seleccionar a las vampiras jóvenes con el toque para adiestrarlas en el manejo de la magia.

Dicen que el estudio de las mancias es mucho más duro que memorizar largos tomos de historia, estrategias militares, movimientos de combate o modales sociales.

Agradezco el simple hecho de que mi adasta tuviera un bajo porcentaje de aptitud mística en su sangre, no me puedo ni imaginar que hubiera sido de mí si mi padre hubiera decidido encomendarme a la magia.

Aunque no acabaría en la guarida de las brujas, si no que me destinarían a la aburrida vida de los sacerdotes de Santa Illythia, la religión que se profesa en Plaguen.

―Ya es la hora―Darius entra en la estancia sin previo aviso, le da un mordisco a un bizcocho dulce y da varios golpes sobre la mesa―. No hagamos esperar al Antiguo.

No perdemos más el tiempo, nos apresuramos a recorrer el castillo y dirigirnos hacia las catacumbas ocultas bajo el castillo.

Cada vez que pasamos junto a algún sirviente o criada, estos se apartan y hacen una reverencia en señal de saludo.

Esto facilita que nadie nos entorpezca el paso, no mientras nuestras zancadas se muevan con agilidad y prisa.

Ignoramos la presencia de las escaleras para acceder a los pasillos secretos ocultos a ojos de los principales.

Rutas utilizadas solo en época de guerra para proteger a las estirpes de los rebeldes.

Giramos a un lado y al otro a través del laberinto que forma las arterias de mi hogar, hay puertas ocultas tras cuadros desgastados, de no escoger el camino correcto podríamos acabar completamente muertos.

Pues esa es la primera línea de defensa para la Corte de la Noche, si el enemigo pretende perseguirnos su destino será fatal.

Al final de nuestro camino, y detrás de una librería de tomos viejos, se encuentra una puerta enrejada cuyo interior se mantiene a la vista.

Nos situamos en la pequeña estancia, apretamos el botón y escuchamos

los mecanismos entrando en acción para movilizar el ascensor.

Las cadenas, las tuercas y los engranajes se ponen en marcha para conducirnos a través de las entrañas de la tierra.

Cuanto más descendemos, más fría es la temperatura de la roca, es como si la vida no estuviera permitida allí abajo.

Por suerte para nosotros, no estamos del todo vivos.

―Buenas noches, majestades―dice la voz de una mujer cubierta por un velo negro―. Acompañadme por favor.

La bruja es una figura misteriosa cuya figura representa a un alma tenebrosa.

Hay calaveras iluminadas con llamas azules que flotan en su interior, las catacumbas irradian magia, un tipo de poder que dista mucho de lo que hemos visto en el exterior.

El pasaje subterráneo se retuerce sobre sí mismo trayendo consigo el olor a incienso, almizcle y humedad.

Amari sostiene la mano de su marido con fuerza, desde niña ha detesta_ do todo lo relacionado con el aquelarre, sus rituales y su misterio.

Puedo oler su nerviosismo, más que miedo es inquietud.

No la culpo, la potencia mágica de Plaguen es cruel y depravada, aunque se nos prepare para esto, nadie puede comparar los escritos con lo que estamos a punto de vivir.

Aun no comprendo cómo los duques y duquesas del Continente de la Banshee se han acostumbrado a esto.

Preferiría poner la mano bajo el sol antes que situarme frente a la Tríada.

Dicen que en Pestet hay algo parecido, un aquelarre de menor tamaño dedicado a la protección de la descendencia real.

Por eso estamos aquí, porque necesitamos sus hechi_ zos antes de tener contacto directo con mi ancestro.

Si un vampiro de mi generación mirara directamente al Antiguo se convertiría en piedra, pues se dice que sus ojos sostienen tanto poder que nadie puede contemplarlo sin ninguna protección mágica.

Ni siquiera mis padres son dignos de entrar en su presencia sin ayuda del Aquelarre del Cuervo.

― Que la noche eterna sea con vosotros …―se escucha un coro femenino invisible en las sombras

― Y que el cielo sin estrellas guarde vuestros secretos ―respondemos nosotros sin alzar la mirada del suelo.

Casi es como si acabáramos de dar los primeros pasos de un ritual.

El pasillo se ha abierto en una estancia circular en cuyo centro puedo ver una brillante estrella de ocho puntas.

Cada una de ellas sostiene una llama azul que nos deslumbra tanto que es imposible distinguir cuantas brujas nos rodean.

Pensé que el aquelarre no era numeroso, pero las voces y los susurros convierten nuestra compañía en una gran multitud.

―¡Hijos de Plaguen!―anuncia una mujer cuya voz resuena con la experiencia de mil noches―. ¡Vuestra existencia cumple la voluntad de nuestros antepasados!

Un par de botas se cruzan frente a mis ojos, cuando alzo la mirada puedo ver a una bruja cubierta por el mismo velo negro que el resto, así mantienen su identidad oculta.

―Ay…―susurra Enfi a modo de sorpresa, es imposible no asustarse con tanta tensión.

Cada stoker tenemos un alma tenebrosa frente a nosotros, brujas que susurran encantamientos que se propagan por la inmensidad del ritual.

Por mucho que intente comprender qué es lo que están diciendo, me resulta completamente imposible.

Sus murmullos son palabras que se pisan unas con las otras mientras que la fría piedra de las catacumbas cruje en señal de respuesta.

―Coged la mano de la progenie que os sirve y aceptar la bendición del cuervo.

En el momento en el que la mujer extiende su mano y muestra sus uñas perfectamente pintadas en rojo, me doy cuenta de que la bruja que me cuida es Kathleen. No me hace falta ver al resto de brujas para saber que es la única que cuida su manicura de esta forma.

En el momento en el que mi piel roza la suya mi cuerpo se recubre por un manto de sombras y la estrella de ocho puntas desaparece.

Más bien somos nosotros los que ya no estamos en las catacumbas.

En su lugar nos encontramos en un patio abierto rodeado de arcos de piedra y suelo de adoquines pintados con la constelación ashlax, la cabeza de toro.

Hay enredaderas encaramadas a la edificación gris, no hay mucho más allí, nada más salvo una casa del tamaño de una despensa.

―Bienvenido a mi Hideout , Estevian Ilia, hijo de Ábsolem Ilia y Ágatha Lient―el alma tenebrosa camina alrededor de mí sacudiendo sus dedos con desgana.

―Déjate de formalidades, Kath―digo poniendo los ojos en blanco.

―Sí, milord―y procede a quitarse el velo de la cabeza y dejar escapar su cabello salvaje, rizado y rojo―. Tienes suerte de que me hayan encargado tu preparación, Selena se moría de ganas por ser elegida por la Tríada. No sé qué les haces, cariño, pero las tienes locas.

―Supongo que tengo una imagen clínica e impoluta, no he pisado un burdel en mi vida.

―Cómo Estevian quizá no…―ella me guiña el ojo y yo me dedico a mirar, de manera desesperada, a todos lados buscando algún detalle que me indique que estoy siendo observado por la Tríada.

Si el duque supiera que trabajo para la Orden mi cabeza se convertiría en cenizas.

Pero allí solo hay árboles meciendo sus copas a voluntad del viento.

Una noche nublada sin luna ni estrellas―.

Tranquilo, tranquilo… Los Hideout son santuarios mudos a oídos ajenos que no sean la bruja que te ha traído.

Nadie que venga aquí podrá vernos ni escucharnos.

―Me dejas más tranquilo―ironizo.

―Siéntate ahí y desnúdate―Kathleen señala un banco de piedra en la parte más céntrica de la plaza.

―¿Cómo?

―Si prefieres lo hago yo. Pero no tenemos mucho tiempo y tenemos mucho de lo que hablar.

No cuestiono sus palabras, me limito a desnudarme por completo y

sentarme en la fría piedra. La bruja saca un cuenco de barro con esencias de flores, una mezcla que unta en sus dedos y empieza a rociar sobre mi piel.

No lo hace de manera agresiva o grotesca, al contrario, lo hace con delicadeza.

Sus dedos dibujan extraños símbolos en mi piel, letras de un lenguaje que, aunque no sepa leer, soy consciente de que es la lengua muerta de los nocturnos.

Veo “t” invertidas, “u” torcidas y “o” cortadas.

También hay triángulos, rombos y otras formas geométricas que se van expandiendo por mi piel.

Si ella tuviera que dibujar letra por letra tardaría una eternidad, para su suerte la tinta es mágica y las letras se van escribiendo a su voluntad.

En un abrir y cerrar de ojos mi piel se convierte en un pergamino antiguo.

― Así como Illythia bendijo a sus hijos con el abrazo de la muerte, yo te otorgo la inmortalidad de la noche. Que la oscuridad guíe tus pasos y la luna guarde tus secretos .

Y de pronto la tinta se fusiona con mi piel y el ritual se lleva a cabo. Cada extremidad y cada músculo se mantienen impregnados en un poder que jamás he sentido. Me siento fuerte, más que nunca, me siento protegido, más que nunca, y me siento invulnerable.

―¿Y ahora?

―Vístete―jadea Kath agotada―. Lo he hecho lo suficientemente rápido como para que podamos hablar.

―¿Qué está pasando?

―La Orden me mandó un comunicado hace apenas unos días―en el momento en el que me levanto para taparme con mis ropas, ella toma mi lugar en el banco de piedra―. El Maestro dice que tiene el arma definitiva para derrocar a las estirpes de Plaguen.

―¿El arma definitiva? ¿Atacaran durante la fiesta?

―Lo dudo mucho, ahora hay demasiados soldados, del norte y del sur. Lo harán cuando todo termine. Quiere reunirse esta noche en la guarida, afirma que los tres generales comunicarán la estrategia que se llevará a cabo.

―No podré ir―suspiro sopesando todo el peso que se deposita sobre mis hombros―. Estaría faltándole el respeto a la Corte de la Niebla. Si falto a la cita con Lady Alia…

―El norte se lo puede tomar como una ofensa a su corona… podrías generar una guerra política entre reinos―Kath acaba mi frase―. Yo tampoco puedo alejarme demasiado tiempo de la Triada. Su tela de araña se extiende por todas las brujas y nos mantienen controladas mientras nos transfieren su poder.

―¿Y qué hay de tu hermano?

―Malik ha huido de la ciudad, casi lo descubren cuando me confirmó que el ataque en el palacio fue fruto de los hombres del Coyote.

Contengo tanto el aire que podría llegar a asfixiarme si no estuviera muerto ya.

Mi mundo se desmorona por momentos, todas las enseñanzas para las que me han preparado carecen de sentido cuando la sombra de un atentado rebelde se cierne sobre mi familia.

Me uní a la Orden de los Condenados con la esperanza de controlarlos y destruir a su líder, pero el Maestro es tan escurridizo que nadie lo ha visto en persona nunca.

Mis ojos se clavan en Kathleen y resplandecen rojo intentando atisbar las mentiras de sus palabras. Pero no las hay. No es que no confíe en ella, le encomendaría mi corazón si fuera necesario. Es solo que la desesperación intenta buscar cualquier razón para quedarme tranquilo.

Camino alterado por todo el Hideout , recorro los arcos que nos separan del bosque e inicio una carrera para sentir el viento fresco golpeando mi rostro.

Necesito pensar en algo rápido, generar una estrategia lo suficientemente elaborada como para salir impoluto de todo esto.

Ni el proyecto militar que le entregué al duque Krishan fue tan complicado. No tengo otra opción.

―Chacal asistirá a esa reunión.