Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 25
51%

25

Estevian Ilia

La Corte de la Noche se mantiene llena de criados y sirvientas, personal cuya única misión es hacer que todo esté perfecto.

Por eso es por lo que no hay ni una mota de polvo, ni una vela apagada.

Hay un grupo encargado de cambiar y encender los candiles que se van extinguiendo.

Estoy al tanto de ello, después de todo fue idea mía.

Me mantengo sentado en la gran mesa redonda de la sala de reuniones, frente a mí hay un hombre cuya piel segrega el aroma del poder.

Con tan solo mirarlo sé que es mucho más fuerte que yo, por no hablar del don que le confiere su estirpe.

El duque Krishan ha venido de muy lejos para esto, siento la responsabilidad de que mi reputación no decaiga en ningún momento.

―Son buenísimos ¿Dónde has aprendido a elaborarlas? ―pregunta con seriedad mientras ojea los cuadernos que llevo preparando para él desde hace años.

―En la escuela de guerra, señor.

―¿Has valorado la opción de tomar el control de algún ejército?

―Eso le quitaría el trabajo a mi padre―una sonrisa torcida se dibuja en mi rostro. Él no se inmuta y sigue con la mirada fija en el papel.

―Has planteado defensas contra enemigos que nunca hemos combatido.

Las tropas del sol nunca han cruzado este lado del Midna, pero nosotros ya estamos preparados si fuera necesario.

¿De dónde has extraído la información de sus magos y hechiceras?

No conozco  a nadie que haya visitado las Tierras Doradas.

―Tengo buenos informadores, señor. Los humanos no son solo nuestro alimento.

―Y ese es un pensamiento que inculcarás en el norte, después de que te cases con mi hija.

―Sí, señor.

No puedo negarme, no cuando mi vida ha sido planificada desde el mismísimo día en el que la adasta de mi madre dio a luz.

Así como mi hermana mayor, Amari, ha firmado nupcias con Darius Cárpasot, yo lo tengo que hacer con Alia Shayk.

Incluso mi hermana Enfi tiene un gran listado de pretendientes para su trato matrimonial.

Los cinco hijos de la estirpe Hadid aguardan el momento en el que mi padre decida cerrar el contrato y así todas las estirpes nocturnas estarán completamente unidas.

No puedo negarme porque eso significaría una insurrección para el imperio vampírico. Desde que los Dynevor fueron derrocados, los acuerdos entre la realeza se habían paralizado. Al menos hasta que Amari se casó hace dos temporadas. Y ahora es mi turno.

―Ordenaré a mis escribas que transcriban tus ideas para que se tomen de enseñanza en nuestras escuelas de guerra. Vas a ser un gran stoker de Pestet, Lord Estevian.

Asiento con la cabeza a tiempo de que la puerta resuene y mi reunión dé por finalizada. Mi padre atraviesa la habitación sin prisa, con elegancia. Él, el vampiro que lo ha dado todo por el Continente de la Banshee, el duque Ábsolem, uno de los líderes más poderosos bajo las noches de Valhía.

Mi progenitor es alto, si nos parecemos en algo es en el peinado, el flequillo peinado eternamente de punta.

Su cabello, del color de las tinieblas, resalta sobre su tez pálida y su expresión seria.

A diferencia de mí, que ya tengo barba después de un mes sin afeitarme, él ha ordenado a los barberos que eliminen todo rastro de vello de su rostro.

Sus ojos son pequeños y negros, en su frente luce la brillante corona de oro negro y rubíes de sangre engastados en ella.

Lleva una saya marrón oscura a través de la cual se puede ver su pantalón de tela y sus zapatos de palacio.

―Tenemos que hablar de los preparativos para la noticia del

enlace―proyecta su voz por todo el salón―. La Fiesta de Santa Illythia ya ha sido anunciada por todos los pueblos aledaños a la gran ciudad, vendrá gente de todo el territorio.

Me despido con una pequeña reverencia y salgo de allí antes de que pretendan enredarme con alguna de las largas conversaciones que se van a llevar a cabo durante el resto del día. Los coperos aparecen tras de mí para servir la sangre de reserva, el mejor género para los líderes que

mantienen todo el continente a salvo.

Recorro la larga balconada que da al patio interior, paso desapercibido bajo cada uno de los arcos de piedra mientras me apresuro a llegar a mi cuarto.

Cuando llego allí puedo saborear el aroma de la soledad, un gusto refinado y agridulce que me recuerda que no puedo salir de aquí.

La cama sigue donde mis criados la montaron hace aproximadamente un mes.

Me han pedido en innumerables ocasiones que pueden retirarla, pero tengo miedo de que sacar las sábanas de mi dormitorio signifique alejarme más de Cirigh.

Le extraño tanto como lo hace mi paladar cuando llevo largas horas sin alimentarme.

Estar con él me ha mantenido tan ocupado que había olvidado por completo la llegada de la Corte de la Niebla.

Si me hubieran dejado un poco más de tiempo le hubiera podido aclarar todo.

Tenemos tanto de lo que hablar que ver las calles de la ciudad teñidas de blanco y granate me arde por dentro.

No quiero continuar con este festejo, no cuando por fin lo he encontrado.

No ahora que hemos estado tan cerca, no ahora que necesito sus besos para mantener a raya mi bestia interior.

Entro completamente desnudo bajo las aguas de mi cuarto de baño privado.

Dejo que el vapor del agua roce cada centímetro de mi piel, cada músculo y cada extremidad.

Ya no huele a pescado, hace meses que Cirigh dejó de oler a mar para empezar a oler a Plaguen, por eso lo extraño más aún.

Ojalá supiera toda la verdad, pero sé que habérsela dicho desde un principio haría que su cabeza colapsara. Jamás me perdonaría verle sufrir.

No tengo mucho más tiempo para mí, me visto con una casaca color vino y unos pantalones de cuero negro. Me apresuro a recorrer los pasillos de mi hogar, bajar al vestíbulo y reunirme con mis hermanas y mi cuñado. Todos están listos para saludar al pueblo.

―Ya he enviado los viales de sangre al Aquelarre del Cuervo para que se aseguren de que estamos bien―explica Enfi, aún recuerdo los dos frascos que extrajo de mí. Minutos después estamos subidos a la carroza que emprenderá nuestro desfile por las calles de la ciudad.

Darius lleva un conjunto muy similar al mío mientras que mis hermanas

visten vestidos voluptuosos propios de la alta realeza. Amari brilla con luz propia complementando su mirada azul con la seda gris, mientras que Enfi ha decidido vestir completamente de blanco, como si quisiera hacerles honor a nuestros aliados del norte.

―Aprovecha estas sedas, hermana―habla la mayor―. Mañana utilizaremos pantalones para la arena.

―No sabes las ganas que tengo de superar las pruebas y demostrarles a los Shayk que los Ilia somos dignos de nuestro estatus.

―Lo único que quieren ver es a Estevian lucirse, después de todo te vas a convertir en un lobo blanco ¿verdad, cuñadito? ―Darius se mofa de mí mientras acaricia las manos de su esposa.

―Solo será unos años, luego volveré para ocupar mi lugar en Plaguen. Así que no te acomodes.

A mi nuevo hermano no le falta razón, en cuanto se celebre el matrimonio entre los Shayk y los Ilia tendré que marcharme a Pestet para vivir una larga temporada y conocer sus costumbres.

Diez años lejos de todo lo conocido para poder afianzar la alianza y engendrar la próxima estirpe de la Corte de la Niebla. Un cometido que detesto pero

que tengo la obligación de cumplir.

El pueblo nocturno estalla en aplausos y vítores cuando nuestra carroza recorre sus calles y nosotros nos limitamos a sonreír y saludar.

Hay niños inmortales gritando de felicidad mientras sus padres nos recuerdan que en los bajos fondos no hay dinero para contratar adastas .

La gran tasa de mortalidad de vampiras es un hecho que todos hemos aprendido a normalizar, al menos en apariencia, pues en el fondo todos los nocturnos de Valhía portamos una herida incurable.

Jamás imaginé que los tritones disponían de un poder tan grande como para engendrar vida sin sacrificar nada a cambio.

Cuando busqué a Cirigh nunca pensé que podría ser la llave para solucionar todos los problemas que me atormentan.

Si el don natural de los ahogados es eficaz con la prole nocturna, puede que el orden del mundo cambie para siempre.

―¿Cuántos de ellos vendrán a vernos mañana?―pregunta Amari con el corazón en la mano―. Me encantaría que todas esas niñas vieran lo

buenas que somos en el combate, podríamos ser un ejemplo para ellas.

―Pues vendrán todos los que se lo puedan permitir, ya sabes que las entradas para ver a la realeza en combate siempre tienen un coste muy elevado―responde Enfi casi a modo de protesta―. Los primeros sitios están reservados para la alta nobleza, ya sabes lo que dice padre siempre…

―Hay que demostrarles a los poderosos que no tienen opción para ocupar el trono―decimos Darius y yo a coro.

―La noche eterna lleva funcionando así desde tiempos inmemoriales, no te esfuerces por intentar cambiarlo, querida―añade mi cuñado consiguiendo que mi hermana pequeña se cruce de brazos.

El camino de vuelta es mucho menos ajetreado, hay menos gente ya que la multitud se dirige hacia el concierto que da Los Soles Negros , la troupe más reputada de estas tierras. Un grupo de músicos que convierten las exigencias del pueblo en letras para sus canciones.

―Nos vemos mañana, cielo―mis hermanas se despiden de mí con un beso en la mejilla mientras que mi cuñado lo hace con un apretón de manos.

―Suerte con ella, Estevian―dice él.

―No le va a hacer falta, Alia es un partidazo.

―Un partidazo forzado…―susurro lo suficientemente alto como para que ellas puedan escucharme, después me marcho.

Así es como funcionan mis días desde que Ulfred se llevó al tritón lejos de palacio. Mi trabajo no solo consiste en saludar al pueblo y demostrar que soy un buen heredero para las cortes vampíricas, si no que, cada noche, tengo que pasar tiempo con Lady Alia.

―Buenas noches, milord―me saluda ella con una voz frívola y apagada, como si dentro de su cuerpo albergara el tornado más destructivo del mundo. Su tono habitual.

―Buenas noches, miladi―le hago una pequeña reverencia, tomo su mano entre las mías y le dedico un suave beso sobre esta.

―¿Cómo estás?―pregunto con la intención de romper la incomodidad que aparece entre nosotros durante la primera hora de nuestras citas nocturnas―. ¿Qué has hecho hoy?

―He estado con los sastres para ultimar los detalles del vestido de boda, he leído la agenda de actividades para el pueblo de Plaguen y me he estado dando un baño de agua helada.

Una respuesta que se me antoja repetitiva. Todos los días hace lo mismo, a veces en diferente orden, pero lo mismo, al fin y al cabo. Odio la rutina y me temo que en Pestet me espera una pesada rutina, una sensación muy similar a la de caminar con la nieve cubriendo mis rodillas.

Alia es hermosa, eso es algo que no puedo negar, quizá el lado positivo de todo esto, el único.

Tiene una piel brillante y suave, su cabello es una media melena platina con corte bob.

Se dice que su peinado es la herencia de todas las gobernadoras del norte.

Aunque sin duda lo que más me inquieta es su mirada azul hielo, soy su presa y pretende asfixiarme.

―¿Cómo te gustan las adastas ?―lanza de improviso, como si solo pensara en el matrimonio más allá de querer conocerme.

La razón principal por la que la tradición marca encuentros entre los stokers de ambas cortes es para crear una confianza natural que reduzca la sensación de que todo forma parte de un contrato.

Pero ella no parece buscar ni siquiera una amistad―.

¿Rubias, morenas o pelirrojas? El resto de los colores podrían causar demasiado caos en el Palacio de la Niebla.

―La que tu elijas estará bien…―contesto sin ánimo de continuar con esta conversación. Sé que en el norte las mujeres no tienen mucho poder de decisión, por eso, y quizá por pena, dejo que esto corra de su mano.

―Entonces escogeré la que más se parezca a mí, así puedes imaginar que estamos yaciendo juntos.

―Me parece bien, miladi.

Continuamos hablando de cosas nimias como flores que se usarán en nuestro enlace, el plasma importado desde el norte y los vestidos que llevarán las damas de honor.

Alia me cuenta que su hermano mayor, Lord Kayal, está muy orgulloso de sus cuatro hijos.

Tengo que ahogar una carcajada para no ofenderla, pues recuerdo a su hermano visitando los prostíbulos de Plaguen hace apenas dos temporadas.

―Las criadas hablan, ¿Lo sabes verdad?

―Le encantan hablar, no las culpo, están todo el día trabajan_ do―respondo con seriedad, no busco molestarla. Después remuevo el contenido de mi copa y añado―. ¿Alguna novedad?

―Dicen que tu ilota era muy apuesto―no le llevo la contraria lo que le agrada, lo percibo en su rostro congelado y perfecto―. También que te gustaba tanto que incluso lo llevaste al ala real del castillo, a tus propios aposentos.

―Hubo un altercado en su dormitorio y no podía dejarlo desprotegi…

―Eso en el norte se considera alta traición y es pagado con la quema―me interrumpe de golpe. Su mirada se mantiene fija en mí, es como si pretendiese leerme la mente―. Los sirvientes no pueden dormir en los dormitorios de sangre real.

―En la Corte de la Niebla los sirvientes sexuales están prohibidos ¿No es así? ―intento pagarle con su misma moneda―. Me tendrás que enseñar esas formas tan diferentes que tenéis para divertiros.

―Sí…

Y suelta una incómoda carcajada, como si estuviera obligada a reír mis gracias.

Las campanas del reloj de la sala suenan y yo respiro aliviado.

Nos despedimos con la promesa de vernos la noche siguiente, yo solo deseo que esto termine cuanto antes.

Casarme, darle descendencia y volver a mi hogar, ese es mi único cometido.

Aunque primero necesito reunirme con Cirigh de nuevo, serle sincero y abrazarle.