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―Menos mal que has aparecido, JP―pronuncio aliviado una vez llegamos a la posada. Sus ojos se alegran al escuchar el apodo con el que Estevian le llama―. Espero no tomarme demasiadas confianzas.
―No, no, me parece genial. Ya no pareces un cordero asustado―dice sirviéndonos un poco de costilla a la brasa y vino dulce―. Me encargaron que te cuidara, pero por lo visto se te da muy bien hacerlo.
―Lo llevo en la sangre…―me jacto dándole un gran sorbo a la copa. El sabor es más agradable que el de la cerveza, aunque intuyo que si sigo bebiendo acabaré igual que anoche―. Llevo toda mi vida sobreviviendo.
―Pensé que la vida en las islas era más tranquila que en el Continente de la Banshee.
―Si tu supieras…―y aquí peco de no saber callarme. Creo que es el aire de Orio que me hace confiar en quienes me rodean, sobre todo en aquellos que darían la vida por los stokers .
―Pues me encantaría conocerte más. Enfi dice que eres una gran persona y que proteges muchísimo a Estevian. Que ella hable tan bien de ti significa que podemos ser grandes amigos.
―Quizá más adelante, no quiero volverte loco con mi historia.
―Venga, Cirín… ¿Estamos tontos? ―Jasper es tan cálido que es imposible no sentirse seguro a su lado―.
Te recuerdo que vivo entre vampiros, que al otro lado de los límites del pueblo hay animales tan corrompidos por la noche del Midna que amenazan con alimentarse con todo lo que pase frente a sus ojos rojos.
Que he vivido una guerra, no técnicamente porque ni siquiera había nacido, pero esas historias pasan de generación en generación.
Y que a pesar de todo eso, estoy enamorado de una inmortal sabiendo que mi vida se esfumará sin que ella pueda darse cuenta.
La voz del humano suena melancólica, dolida y pesarosa.
Aun así no abandona su toque divertido y dicharachero, una cualidad propia de Orio.
Jasper tiene una barba oscura incipiente y recortada, su piel está ligeramente bronceada, supongo que una herencia familiar ya que el sol no toca estas tierras.
Aunque sin duda lo que mas me sorprende es descubrir pequeñas partes blancas en su cabello oscuro, un toque que engrisece su expresión.
Sin duda esas son las marcas más notorias en la mortalidad de los hombres, el paso de la edad, las canas.
Calculo que tendrá unos treinta años y que aún le quedan unas seis décadas por delante.
Algo fugaz para especies como la mía, pero sin duda una vida por delante para las razas mortales de Valhía.
―¡Buenas, Jasper!―le saluda una mujer con el cabello rubio y los ojos azules. Una humana con la belleza de una inmortal.
―¿Qué pasa Evelynn?―le responde él, más que preguntarla es una forma coloquial de decir “Hola”―. Me sigues debiendo cinco monedas de plata. Que esas cabras no se consiguen solas.
―¡Cómo te gusta negociar!―le responde ella lanzándole una bolsita de piel que resuena dinero―. Pero ya sabes que nunca dejo deudas.
Las palabras, que son fugaces como el viento y con tendencia a ser olvidadas, me dan una idea de la que jamás dejaré de estar orgulloso.
De nuevo el recuerdo de una lección que creía olvidada, una historia tallada en piedra, bajo las profundidades del mar, que Jasper y Evelynn acaban de corroborar.
La anciana siempre dice que los humanos, desde el origen de su nacimiento, han sido codiciosos, algo que no les diferencia mucho de los vampiros de Valhía.
Pero más allá de todo eso, la raza mortal es incapaz de rechazar una negociación, están acostum_ brados a hacerlo.
Lo he visto durante mi paseo en el mercado de la plaza y lo acabo de ver delante de mis ojos.
―Te propongo un trato―me dirijo a Jasper con la tranquilidad de haber escogido bien mis palabras.
Los ojos del chico se abren de par en par, me pregunto si reaccionaría de la misma forma si escuchase mi canción.
Más allá de un simple juego, mi mente trabaja bajo la intensa presión de la desesperación y las dudas.
Sé que Estevian y yo tenemos un vínculo por encima de cualquier poder, una unión que mantiene nuestras vidas atadas en un hermoso nudo inmortal.
Pero parece que mi mala fortuna insiste en no darme las respuestas que quiero, en poner obstáculos y más obstáculos que impiden que las aguas se calmen.
Loba le pedía la sangre a Kathleen para descubrirme, si lo que habita en mi aurane me profiere una pizca de ese poder, quizá yo también pueda desentrañar esos secretos que el destino oculta bajo sus garras.
―Consígueme sangre de Estevian y te contaré la verdad de porqué estoy aquí.
―¿Enserio?―y no suena alarmado, más bien tentado a cumplir el reto―. Pero el precio es demasiado caro ¿no te parece?
―No necesito nada más, Jasper.
―Entonces tendrás que compensarme con alguna comisión.
Aunque parezca que he nacido en Tierra firme, al menos mientras estoy lejos del agua, hay palabras que se escapan a mi entendimiento. Mi frente se arruga intentando comprender, en su totalidad, las condiciones del humano, pero me es imposible. Al menos hasta que añade:
―Te conseguiré la sangre del stoker , no me será fácil, pero para mí no existen imposibles―en el fondo sabemos que hay un imposible en su vida―. A cambio me contarás tus orígenes y tendrás que convencer a
Estevian de que me convierta.
―Trato hecho―y cerramos la negociación con un apretón de manos.
―Que lo que sella nuestra piel se mantenga en secreto para el resto―pronuncia a modo de plegaria, después me mira esperando a que diga algo.
―Que lo que sella nuestra piel se mantenga en secreto para el resto―repito y eso parece convencerle.
―Encantando de conocerte, Cirín.
―El placer es mío, Jasper.
Decidimos pasar el resto del día en la posada, llueve tanto que salir ahí afuera significa perder todo tipo de movilidad en tierra. Me pregunto si Jasper sabe mi verdadera naturaleza, algo tiene que intuir, porque acudió a mí con la capa sin ningún tipo de miramiento.
―¿Por qué me resguardaste de la lluvia?―me atrevo a preguntarle mientras él extiende una baraja de cartas sobre la mesa.
―Enfi me dijo que tienes cierta alergia a las tormentas y que era de vital importancia mantenerte seco. Que, si te pasaba algo, Chacal me rompería el cuello.
―¿Por qué lo llamas así?
―Bueno,…―intenta evadirme pero yo soy más rápido, he ganado
agilidad con las palabras y ahora no se me escapa ni una.
―Sé lo de la Orden―le digo en bajo y él mira hacia todos los lados intentando advertir algún oído curioso.
―No los menciones, no aquí. Ven―me advierte y me arrastra a mi dormitorio donde se asegura que nadie nos escucha―.
Yo trabajé para ellos durante mi adolescencia.
Me escapaba de Orio para ir a ver a su hermana con la excusa de estar trabajando en algo importante.
Los mortales somos los criados en las guaridas de los rebeldes, algo ilegal pero bien remunerado.
Un día le vi sin la máscara y prometí guardar su secreto si él guardaba el mío.
Si el duque Ábsolem supiera que su hija está con un humano el castigo sería indescriptible.
―¿A qué se dedica la Orden?
―Nadie lo sabe, solo los altos cargos y no suelen contarlo. Yo los he visto traficar con objetos prohibidos y cartas cuyo mensaje nunca pude leer. Eso se lo tendrás que preguntar a tu amo.
No me molesto en explicarle que no soy el ilota del stoker , no exactamente.
Acabamos bajando de nuevo al salón y dejo que Jasper se entretenga enseñándome alguno de los juegos de cartas con los que la gente de Orio se apuestan grandes fortunas.
Así van transcurriendo los días, incluso las semanas.
Mi vida en el pueblo se convierte en una divertida rutina que consigue hacerme olvidar el transcurso del tiempo.
La comodidad es un lujo del que no me puedo quejar, tengo cama y alimento totalmente gratis.
Durante los primeros días, donde la tormenta no cesa, Jasper me viene a ver a la posada y me cuenta todo lo que ha hecho a lo largo del día.
Me explica que es el hijo del alcalde Gazzei y que su cometido es encargarse de que el pueblo esté bien.
Los vampiros de la corte acuden al ayuntamiento para extraer la sangre de los seleccionados, más bien de la gente a la que le toca.
Los humanos organizan sus donaciones por fechas que hacen referencia a las diferentes familias que viven allí.
Aunque haya más inmortales ninguno de ellos es Estevian.
No saber de él durante días me acaba provocando un nudo en el estómago, más allá del crecimiento del aurane , que cada vez exige más plasma, las ganas de ver al príncipe de la Corte de la Noche se convierte en necesidad.
Para mí suerte el aurane tiene propiedades mágicas que evita que mi vientre crezca, podría contener todo el firmamento y nadie lo notaría.
Eso me facilita mucho las cosas, no tengo que dar explicaciones de nada, más allá de decir que bebo plasma porque me ayuda a cuidarme de mi alergia a las tormentas.
Todo lo que me rodea se une para formar mi gran mentira, una segunda vida donde estoy completamente desvinculado de las sirenas de Valhía.
En cierto modo me gustaría que eso fuera verdad, en Tierra firme no hay caribdis ni otros peligros, incluso puedo ponerme en riesgo durante las largas partidas de cartas.
Continúo visitando a Ralva, que no tarda en confirmarme lo que ya sabía, es la médica principal de Orio.
Me cuenta que su marido, Dragos, trabaja para la milicia de Plaguen y que solo viene al pueblo durante sus vacaciones.
Nos hacemos verdaderos amigos, compartiendo tardes de té y divertidas conversaciones.
Sin quererlo acabo sabiendo que personas están enrolladas a escondidas de sus parejas y cuales fueron ilotas de vampiros buscando el placer de los inmortales.
Entonces llega el día en el que le veo, no como habría esperado.
Estevian está ahí frente a mí, su tez blanquecina se mantiene recubierta por una barba azabache y recortada.
Sus labios me invitan a querer besarlos, o al menos soñar con ello, pues lo que estoy viendo es un cartel pegado en el tablón de la plaza donde se puede leer: Fiesta de Santa Illythia.
―Pues ya es oficial. Voy a tener mucho trabajo―comenta Ralva cogiéndome la bolsa de hilos que llevo cargando toda la mañana. Ella lleva un bolso lleno de telas de diferentes tipos y colores.
―¿Santa Illythia?―mi inocencia me hace parecer estúpido.
―Cada año la corte de Plaguen hace una fiesta para todos los que habitamos en sus dominios.
Hay diferentes artistas y actividades para que la gente celebre el liderazgo del duque Áboslem y la duquesa Ágatha.
Ya sabes, cazaflamas, juglares y mucho alcohol.
Suele ser a final de temporada, pero este año se ha adelantado.
Deben de querer dar alguna noticia importante.
El cartel no solo muestra a Estevian, con sus rasgos apuestos y marca_
dos, si no que le acompañan otras tres figuras.
Reconozco a Lady Amari por su cabellera rubia y su nariz delgada, a Lady Enfi por su expresión divertida y traviesa, pero el cuarto vampiro me es completamente desconocido.
Se trata de un hombre, de edad similar al resto, con la cabeza rapada y mandíbula pronunciada, quien lo haya dibujado se ha encargado de resaltar la gran musculatura de sus brazos.
―¿Quién es?
―Lord Darius, el esposo de Lady Amari.
―De la estirpe Cárpasot―secundo.
―Una vez se casa con la hija del duque, se convierte en un stoker más.
―¿Y por qué están en cartel? ¿No deberían estar Áboslem y Ágatha?
―Ay, no, cariño. En Santa Illythia los lores y ladies demuestran su po_
der superando diferentes pruebas. Aunque el pueblo espera ansioso a la última, la del minotauro. Siempre acaba trayendo escenas de lo más grotescas.
―¿Qué crees que van a anunciar?
―Quizá las adastas de Lady Amari vayan a dar a luz, aunque creo que es muy pronto para eso―y eso es algo de lo que no he dudado en ningún momento, pues en mi aurane el bebé sigue creciendo.
―Puede estar relacionado con la visita de la Corte de la Niebla ¿No?
―¡Ah, claro! Se me había olvidado. Entonces anunciarán el matrimonio entre Lord Estevian y Lady Alia. Ya se extendió el rumor en el Santa Illythia anterior, pero nunca llegaron a acuerdos. El pueblo tiene muchas ganas de ver a los Ilia y a los Shayk unidos de una vez por todas.
Mi corazón se detiene de golpe, siento como las escamas bajo mi falsa piel se erizan a modo defensivo.
Mi cuerpo reacciona como si algún enemigo estuviera cerca, incluso mis piernas están listas para salir corriendo.
Pero no lo hago, al contrario, me quedo completamente paralizado mientras mi respiración se agita.
―¿Estás bien, cariño?―Ralva me acaricia la frente como si quisiera asegurarse de que no estoy enfermando.
―Sí, algo nervioso. Quiero participar en alguna actividad y no sé por dónde empezar―improviso a la velocidad de mis latidos.
―Ay, si es por eso tienes infinidad de torneos. Tiro con arco, carreras
de caballos, juegos de azar, …
Pero ya no la estoy escuchando, mis ojos no pueden apartarse del semblante perfecto de Estevian. El artista ha sabido congelar cada uno de sus rasgos con la misma pasión con la que yo le miro. Incluso sus hermanas, bellas como el cántico de las ballenas, no lucen tan fieles como lo hace él.
―Necesito ir―admito con la decisión fijada en mi mente―. Tengo que ver al stoker .