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Los caballos inician su galope una vez nos alejamos de los dominios Ilia.
Realmente me pregunto cómo cruzaremos las montañas por la ruta que los stoker me enseñaron la primera vez que viajé a Orio.
Es imposible que podamos subir escaleras, no sin dejar el carruaje atrás.
El nerviosismo brota dentro de mí cuando en mi cabeza se plantea la idea de ir a pie.
Si los necrófagos me atacan de nuevo, está vez no tendré ninguna posibilidad.
―¿Te has equivocado?―le pregunto a Ulfred cuando se aleja del camino entre árboles que yo conozco.
―No, tranquilo. Este es el camino real―me explica con una sonrisa de
oreja a oreja al ver que estoy más nervioso de lo normal.
Nos adentramos en un túnel iluminado por antorchas y repleto de soldados que hacen guardia.
Una cueva eterna que atraviesa la montaña de extremo a extremo.
El eco de los cascos se propaga como una melodía suave y segura.
Cada vez que pasamos por delante de un vampiro vestido con armadura, esté golpea el suelo con su lanza en señal de saludo.
Y antes de que pueda darme cuenta hemos llegado a Orio.
Me sorprende ver el pueblo en plena calma, sin música ni toros de fuego.
Deduzco que, cuando vine con los stokers , se estaría llevando a cabo algún tipo de festividad.
El carruaje se detiene y alguien abre la puerta sin que Ulfred suelte las riendas de los caballos.
―Buenas noches, Cirín―una cara conocida me sonríe de oreja a oreja y me invita a acompañarle.
―Ho… hola Jasper―respondo sin intenciones de querer corregirle. Sé que mi nombre es complicado para la gente de Tierra firme. El único que lo ha pronunciado bien hasta el momento ha sido Estevian, incluso en sirénido, algo que no deja de sorprenderme.
―Enfi me pidió que cuidará de ti estos días, ya sabes, hasta que la gente del norte regrese a sus tierras.
―Está bien.
En el momento en el que el humano me guía a través de las calles de su hogar, Ulfred se aleja sin siquiera despedirse. Parece que tiene prisa para perderme de vista, eso o la llegada de las estirpes le tiene estresado.
―He reservado una habitación en la posada―él me señala un edificio de dos alturas del que cuelga un cartel en el que se puede leer La Herradura ―. Los dueños son amigos de mi padre y no han tenido ningún problema en dejarlo todo listo.
―Eres muy amable, Jasper,… pero ¿Cuánto tiempo tendré que permanecer aquí?―y ahí dejo claro mi incomodidad por haberme alejado de palacio.
―Cuando viene la Corte de la Niebla suelen quedarse unos pocos días, una semana quizá.
Si pasan más tiempo en palacio seguramente sea para tratar algún tema serio―me quedo mirándole como el que mira a un ashlaxmante y se queda hipnotizado con sus llamas sin llegar a comprender el verdadero poder de la magia―.
Ya sabes, negociaciones de armamento, reparticiones de tierras y asuntos de la corona.
Puede que incluso, las brujas del aquelarre despierten al Antiguo para pedir consejo.
―El Antiguo…
―¿No te lo ha dicho Chacal?―me sorprende que Jasper se dirija al stoker de esa manera y no por su nombre.
Niego con la cabeza, lo que me hace sentir sumamente estúpido―.
El Antiguo es el primer vampiro conocido de Valhía, se cree que es hijo de Illythia.
Al ser tan poderoso no puede mantener su cuerpo mortal despierto durante mucho tiempo, por lo que permanece en su sepulcro, bajo Plaguen. Pero el Antiguo está
vinculado al mundo así que se cree que lo sabe todo.
―Y las brujas son las única que pueden despertarle…
―Algo así, no termino de entender yo estos asuntos de los inmortales.
Jasper abre la puerta de La Herradura y la música acalla nuestras palabras por completo. Hay más humanos allí, se mantienen despreocu_ pados bailando y bebiendo de sus jarras de cerveza. Un par de bardos, con un laúd y un tambor, hacen que la pequeña multitud disfrute de la noche eterna del Midna.
―¡Buenas noches Brody!
―¡Hola Jasper! ¿Qué tal estás mi niño? ― le responde el posadero con gracia en sus palabras.
Mis ojos recorren el local con atención, me sorprende como todos los humanos lucen grandes sonrisas y expresiones de alegría constante.
Siempre pensé, o más bien, siempre me dijeron, que la raza mortal de Valhía adoraban al sol como si fuera una deidad.
Bryarthe, que así es como llaman a su diosa, la luz dorada que baña sus dominios.
Si es así ¿Por qué estos humanos viven felices lejos del calor del amanecer?
Quizá es por el alcohol, o quizá es que han aprendido a vivir sus vidas fugaces como si cada día fuera el último.
―Este es mi amigo, Cirín. Del que te hablé.
―¿Cómo estás, hijo?―Brody es un hombre bonachón, regordete y con gran bigote.
―Viene de muy lejos y está agotado―Jasper me justifica en el preciso instante en el que mi gesto se retuerce extrañado. Me cuesta comprender que ese hombre no me considere su hijo de verdad, y que es una expresión común entre los humanos cercanos.
Así que esa es mi nueva historia, mi nueva mentira.
Me llamo Cirín y provengo de algunas de las islas que están situadas al sur del Continente de la Banshee, sureños que sirven a la corona de Plaguen.
Me esfuerzo por sonreír, pero no se me debe de dar muy bien, debo de parecer un tiburón desesperado por comer.
―Descansa, mañana vendré a buscarte―Jasper se muestra encantado de ayudarme en todo momento. Como si esta fuera la misión más importante de toda su vida. Quizá sabe que porto a un caído en mi aurane , o puede que sea tan ignorante que solo cumple las órdenes de un stoker .
―No―niego con la cabeza al ver como todos los humanos de Orio disfrutan de la música que se propaga bajo el techo de la posada―. ¿Por qué me voy a ir a dormir tan pronto si la fiesta aún no ha terminado?