Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 20
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Antes de que pueda darme cuenta acabo por relajarme en la bañera, sauna, terma o habitación acuática, ni siquiera sé cómo llamar al paraíso que Estevian tiene como cuarto de baño.

Me tumbo boca arriba sobre el agua, siento mis nalgas escamadas casi rozar el suelo, tengo que colocarme más en el centro para alcanzar el máximo de profundidad y estar lo suficientemente cómodo como para dejar el tiempo pasar.

Froto cada centímetro de mí con la pastilla de jabón, quiero quitar cualquier olor que pueda incomodar al vampiro.

Necesito que duerma a mi lado, que no se aleje, necesito estar a salvo.

Después del asesinato de las dos sirvientas, lo único que puedo hacer es seguir las normas de los nocturnos sin dudar ni un solo segundo.

Solo espero que las decisiones del stoker no le traigan grandes consecuencias.

Durante largos minutos olvido la presencia del aurane , luego se sacude hambriento y recuerdo el verdadero motivo de porque estoy en Tierra firme, bajo la noche eterna del Midna.

Sin quererlo acabo tarareando la melodía de mi canción, en bajo, para que nadie me escuche.

Una armonía suave, sin ninguna intención de atacar o embelesar, un ritmo que solo me hace recordar de dónde vengo.

La ansiedad se apodera de mí en el momento en el que extraño la

protección de Rysantha, que, aunque esté presente en cada gota de agua, en Plaguen la noto débil.

Recuerdo las grutas marinas a través de las cuales mis hermanos y yo jugábamos a cazarnos.

El trono de roca bajo las profundidades marinas, las guerreras con sacos y sacos de pescado fresco, el sabor del cangrejo gigante durante el invierno…

Extraño volver a sentirme salvaje, despiadado y mortal.

En cuanto a la libertad de alta mar, el libre albedrío está más presente aquí que en mi querido hogar.

Crear burbujas a mi alrededor, utilizar lo poco que sé de nolmancia, me hace sentir que no estoy indefenso.

Me encantaría aprender más, me arrepiento de no haberlo hecho cuando tuve oportunidad.

Ojalá la anciana de mi tribu hubiera visto todo mi futuro en los designios de mi existencia, de haberlo sabido, le hubiera puesto más atención a todo lo

que tiene que ver con la defensa personal.

La magia se contrae y se expande como lo hacen los pulpos para moverse bajo el agua e introducirse en lugares imposibles.

Puedo moldear el agua a mi antojo, como si toda su forma dependiera solo de mí.

En un momento hay esferas perfectas y al otro lanzas y tridentes que me recuerdan a las armas de las sirenas.

―¿Estás bien?―pregunta Estevian desde el otro lado, y eso consigue

que me desconcentre dejando todo empapado.

―Sí, sí, ya termino.

―Vale, intenta no chapotear tanto.

―Perdona.

Lo debe de decir porque el agua ha mojado las toallas y los albornoces, mi ropa limpia y se ha llegado a filtrar por debajo de la puerta.

Cuando escucho sus pasos alejarse hacia el salón, me arrastro fuera de la piscina, abro la puerta y salgo.

Gracias a la moqueta del suelo consigo secar mis escamas y traer el cambio de mis extremidades.

No puedo evitar caminar, completamente desnudo, a través del dormitorio del príncipe vampiro.

Él está sentado en su escritorio diseñando algunas de las estrategias de combate, supongo.

Se gira para mirarme y la palidez de su rostro se torna cálida y rojiza.

Le descubro tímido, sorprendido, apartando la mirada de mí intentando reprimir sentimientos que no comprendo.

―Siento haber mojado todo el baño―pronuncio avergonzado―. A veces no soy consciente del poder de las clamamareas .

―No,… no pasa nada―su voz entrecortada―. Te traeré algo de ropa.

Estevian pasa a mi lado como una ráfaga de viento y yo me limito a quedarme allí pasmado mientras observo la cama que han montado para mí.

Es mucho más grande que la de mi habitación, tiene pedazos de seda plateada, cuyo nombre he aprendido que son doseles, opacando el interior.

Aparto las suaves cortinas y descubro las sábanas de terciopelo azul que me incitan a descansar entre ellas.

―Creo que te valdrá, tenemos la misma talla―el stoker está lo suficientemente cerca como para erizar mi falsa piel.

No sé qué es exactamente lo que me impulsa, no sé si mi poder de

adaptación mueve mis labios antes de que mi mente pueda pensar. Puede que sea el cansancio o incluso mis deseos más profundos, pero acabo diciendo:

―¿Y si no me quiero vestir?

―Co… ¿Cómo? ―su voz se acalla mientras las prendas, seas cuales fueran, se caen al suelo.

Me giro para descubrirle mirándome las nalgas, redondas y suaves.

Justo cuando Estevian va a cruzarse con el miembro de mi entrepierna, el mismo que empieza a elevarse y endurecerse cuando lo tengo tan cerca, él me mira a los ojos.

Mi azul es como la playa de un mar tropical, tan puro que se puede ver la arena blanca bajo la superficie.

Sus mejillas están al rojo vivo mientras sus labios muestran una fina línea que endurece su mandíbula y le da un aspecto serio.

Lo primero que hago es acariciar su rostro, suave al principio, y rasposo cuando voy a contrapelo.

Han pasado varios días desde que se afeitó, por lo que ya se pueden ver los primeros rastros de barba.

El vampiro permanece completamente inmóvil, como si se acabara de topar con el depredador más peligroso del mar.

Puede que una orca del norte, inteligente y despiadada.

O quizá con un tiburón blanco de los mares tropicales del sur, rápido y letal.

No importa el qué, pero me siento lo suficientemente poderoso como cuando estoy en mi forma de agua salada.

―Yo,.. no…―entonces le pongo mi dedo índice en su labio y le obligo a callar.

Desabrocho cada botón de la camisa blanca que se adhiere a sus músculos.

Poco a poco voy descubriendo su torso, varios pelos asoman a través de la tela justo en el momento en el que llego al último botón.

Mis dedos acarician su piel y rozan sus pezones, en ese instante su piel se eriza y todo en su cuerpo se estremece.

Da un paso al frente, aun con los pantalones puestos, puedo sentir su entrepierna rígida chocando con la mía.

La punta de mi miembro se humedece y eso me hace entender la mancha que surge en la tela de su pantalón.

―Cirigh…―susurra y de pronto sus manos se aferran a mi cintura y me empujan hacia él.

Nos quedamos mirándonos fijamente, nuestros alientos chocan en un

vendaval de deseo y lujuria. Nuestros labios, casi rozándose, murmuran palabras mudas, quieren besarse, pero no es el momento.

Me deslizo hacia abajo y bajo sus prendas para descubrir el legado de Plaguen.

Entonces comprendo por qué las adastas darían su vida por la corona, con mis labios tan cerca de su miembro descubro que yo también me sacrificaría por él.

De pronto me veo repitiendo los movimientos que he visto durante mi estancia bajo la noche eterna.

La primera vez fue en el Lluvia de Polen , aunque ignorante fueron imágenes que se anidaron muy dentro de mí.

Después en la fiesta de Angélika, donde aprendí el verdadero cometido de los ilotas .

Eso es lo que me lleva a sacar la lengua y relamer el pene de Estevian.

―Oh…―un gemido se escapa de él a tiempo de que su camisa caiga a mis pies―. Maldita sea…

Sus manos aterrizan en mi cabello y, antes de que pueda apartarme de él, mis instintos más primitivos guían mi boca hasta lo más profundo de su ser.

No he probado nada similar, ni el pescado fresco, ni la sangre del ganado.

Es un sabor nuevo en mi paladar, un dulzor casi agrio, la mezcla de la lógica con el caos.

Estevian vuelve a gemir y yo siento el poder de

tenerlo bailando sobre mis manos.

Quizá por esto los Dynevor abusaron de su don natural para controlar la voluntad de otros, sentir que tengo el control del hijo del duque Ábsolem me hace excitarme de una manera que no conocía.

Bajo las profundidades del mar no se practican danzas de este calibre, al contrario, nosotros solo nos apareamos por supervivencia.

Y en muchas ocasiones a los tritones solo nos depositan los huevos sin darnos cabida a la diversión.

Pero la reproducción en Tierra firme tiene un gusto diferente, más entretenido, más placentero.

Y sé que el juego con el vampiro no preservará su especie, pero he llegado a un punto en el que no puedo parar.

Estevian flexiona sus rodillas ligeramente para agarrarme de las axilas y tirar de mí hacia él.

Entonces llega el momento en el que nuestros labios se unen en un río de pasión y deseo.

Nunca me había besado con nadie, pensé que sería torpe, pero el vampiro lo hace todo muy sencillo.

Su lengua atraviesa los límites de mi piel y choca con la mía, hay un intercambio de saliva y lujuria.

Podríamos estar así toda la noche y no pasaría nada, pero nuestro espectáculo tiene que continuar y Estevian no pierde la oportunidad de lanzarme hacia la cama y colocarse encima de mí.

Sus labios se deslizan por mi cuello, he bajado tanto las defensas que no temo a que beba de mí.

Pero no lo hace, continúa hasta mi torso, liso e imberbe, y se topa con la dureza de mis pezones.

La sensación es una mezcla entre cosquilleo, molestia y placer, no lo puedo apartar porque estoy enteramente a su merced.

Si esto era un duelo entre dos depredadores, está claro que voy perdiendo.

Sigue bajando, no se detiene, me empapa con su saliva sin llegar a transformar la piel en escamas. No sé si es por la situación o es que no todos los tipos de humedad me otorgan mi forma natural. Y de pronto llega a mi parte más íntima:

―Diosa…―mi quejido choca con el dosel y regresa a mis oídos robándome una sonrisa.

Los primeros movimientos de la boca del vampiro son lentos y ligeros, luego se tornan más rápidos, lo que me obliga a agarrarme a las sábanas y disfrutar.

Si hay mayor placer en Tierra firme no creo que vaya a gustarme tanto como esto.

Siento sus dedos deslizarse por la línea de mis nalgas, empapados en saliva acariciando el acceso a mi interior.

El primer roce me hace respirar con fuerza, el segundo me arrebata un suspiro y sentir la punta de su índice adentrándose en mi piel me detiene el corazón.

―Si quieres paro―me advierte, cuidadoso, mientras sus ojos brillan carmesí. Sea cual sea mi respuesta no quiere que le mienta―. O si lo deseas puedo seguir.

―Sí, sigue, por favor―le suplico entre gemidos de placer.

Estevian se pone de rodillas sobre la cama, sostiene mis piernas en alto y acerca su miembro a mí.

El tacto del dedo índice cambia radicalmente por uno más grueso, más duro y más caliente.

Poco a poco va entrando a través de mi piel, como si fuera yo mismo el que le está dando caza.

Al principio todo es delicadeza y dolor, lo que me produce suaves quejidos, luego todo se torna lujuria y descontrol.

El vampiro me mira preocupado hasta que me ve disfrutar y eso provoca que me embista con más fuerza y velocidad.

Si alguien entrara en la habitación de improviso, vería dos sombras, proyectadas por la luz de las llamas, bailando al otro lado del dosel.

Escucharía la melodía de la pasión, el placer y el desenfreno.

―Cirigh…―pronuncia Estevian en un perfecto sirénido.

Acto seguido explotamos en un tsunami de excitación y triunfo.

Es la primera vez que experimento algo así, dentro de mí deseo poder volver a repetirlo.

Nos quedamos tumbados, completamente desnudos, mientras la noche promete no hablar de las sábanas completamente manchadas por la pasión de los dos depredadores eternos.

Mar y noche juntos a pesar de las diferencias que nos han mantenido en guerra durante el origen de los tiempos.

El Pacto entre vampiro y tritón forjado entre saliva, sudor y sexo.