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―¿Cuántos embriones podéis almacenar en esa bolsa amniótica?
―Esa es otra pregunta, lo que significa que me toca a mí―le pago con la misma moneda y, antes de que pueda añadir nada más, cargo con mi siguiente ataque―. ¿Qué hace el duque Ábsolem con las sirenas que captura Péstegos?
―Bueno, no es solo Péstegos, hay más piratas nocturnos que navegan por los mares del Continente de la Banshee.
Y no solo capturan sirenas, también se dedican a la pesca y a la recolección de objetos hundidos―aclara, pero sabe que no ha respondido a mi pregunta.
Deja el tenedor y el cuchillo, se limpia las manos con la servilleta y le da un buen sorbo a su copa.
Se toma su tiempo para servirse otra y justo después empieza a hablar―.
Las que se resisten acaban siendo cazadas por Rhain y sus hombres…
―Los soldados de Plaguen y sus canes…―recuerdo la conversación que escuché escondido bajo el puente, justo antes de que Estevian me diera un mapa de huida dibujado por él mismo.
―Son guerreras despiadadas―asiente ante mi afirmación y después no pierde ni un momento en atacarme―. Nada que ver con la forma que tienes tu de defenderte. Rara vez utilizan nolmancia.
―Continúa por favor…―digo casi a modo de orden, me percato de que está utilizando su labia y su maestría social para esquivar mis preguntas.
―Como iba diciendo, muchas de las sirenas acaban siendo civilizadas y vendidas como ilotas .
―¡¿Qué?!―esta vez soy yo el que salta sobre la mesa.
Es más, me levanto de golpe y la silla sale volando unos centímetros por el aire.
Él no se inmuta, ni siquiera sonríe, simplemente me mira y deja que siga hablando―.
¿Hay sirenas vivas en Plaguen? ¿Caminan como caídas?
¿Están camufladas? ¿No quieren volver a su hogar?
―Uy, uy, uy… eso son muchas preguntas―me dice con sarcasmo y después va a formular la suya.
Entonces actúo sin pensar, me dejo llevar por las tradiciones más antiguas de la corona de huesos y espinas.
Cuando un tritón desaparece, los reyes tienen la obligación de mover mar y tierra para encontrarlo.
Se dan unos plazos y si no aparece, se le da por muerto.
Pero con las sirenas es completamente diferente, a las sirenas se las busca hasta quedarse sin energía y se utiliza cualquier prueba para dar con ellas.
Las rastreadoras solo cesan cuando se da con su cuerpo sin vida.
Se dice que sin sirenas no habría nadie que proteja nuestros mares, ni nadie que depositen sus huevos en los tritones.
Cojo el cuchillo de metal y le apunto sin piedad. Estevian se incorpora
con los brazos en alto y agita sus manos como si eso fuera a conseguir que me calmase.
Necesito saber más sobre las hijas de Rysantha, más sobre su estado aquí y si me es posible liberarlas de nuevo.
Ellas no pueden quedarse por la misma razón que yo, no disponen del aurane ni nada que se le parezca.
Son inmortales libres, sin ninguna limitación más que la de servir a su reino, al mar que las vio nacer y la magia que las mantiene fuertes.
―Vale, vale, cambiaremos las reglas.
―¡Déjate ya de estúpidos juegos!―y eso parece herirle―. ¡Responde o márchate ahora mismo!
―No sé qué es lo que las lleva a quedarse aquí, pero tengo claro que disfrutan de su vida en Tierra firme―admite y eso me resulta inconcebible.
Ojalá tener el poder de la estirpe Ilia, ojalá poder detectar las mentiras y descubrir la verdad de todo esto―.
Mira, conozco a una que vive en la parte alta de la ciudad.
Podemos ir a verla esta noche, te lo prometo.
Dejo el cuchillo sobre la mesa y recupero la cordura.
Me siento de nuevo frente a la mesa, cojo un puñado de láminas de salmón y las engullo como un animal.
La respiración, agitada hasta el momento, se relaja y cuando estoy preparado para seguir, levanto la mirada y agito el mentón para que siga con nuestro trato.
―¿Cuántos embriones podéis almacenar, los tritones?―habla despa_ cio, escogiendo bien sus palabras y con cuidado de no volver a alterarme.
―Depende de la gesta, algunas veces cinco y otras diez.
No alcanzamos la cifra de los caballitos de mar, que depende del tamaño de los huevos que deposita la hembra en el macho pueden ir de cincuenta a dos mil―después se queda en silencio, por mucho que necesite preguntarme más cosas sobre el aurane , quiere respetar las reglas de su propio juego.
―¿Cómo puedo confiar en que la bestia no tome el control de nuevo?
―Mientras mi sed esté saciada, nunca volverá a ocurrir.
―Habías bebido de la cantimplora de tu hermana y aun así llegaste a ese estado…
―Me mordí el labio hasta sacar la poca sangre que me quedaba, nosotros le llamamos frenesí―suspira dolido por todo lo que me hizo―.
Y te juro que no lo hubiera hecho si no hubiera tenido otra forma de protegerte―durante una milésima de segundo mi corazón se detiene en un suspiro, por un momento me hace sentir importante, imprescin_ dible y vital para él.
Después se corrige―. Protegeros. Los necrófagos aparecieron tras la caída de Makabria, la magia negra de sus brujas consiguió reanimar los cuerpos de los vampiros que perecieron en batalla y los convirtieron en eso que viste.
Solo los nocturnos en estado de frenesí podemos plantarles cara.
La fuerza de un necrófago equivale a la de tres vampiros.
Nunca han estado tan al sur, el último ataque se dio cerca de Pestet, a un carruaje lleno de adastas .
―Entiendo―ahora sé más de lo que esperaba y le toca a él preguntar.
―¿Qué hay en tu vientre, Cirigh?
Intento responderle, pero no puedo. Si revelo lo que porta el aurane se acabaron las segundas bazas o los planes b.
No tendré nada con lo que poder asegurarme la estancia aquí, no tendré nada que obligue a Estevian a cuidar de mí, ningún secreto que pueda utilizar a mi favor.
Tampoco tengo otra alternativa, más aún cuando mentirle no es una opción válida.
―El vástago de Lahmia.
―Pero ¡¿Cómo?!―respira, no se altera, me mira con los ojos abiertos de par en par mientras su boca busca las palabras apropiadas―. ¿Cómo ha ocurrido? Estabas en una pecera, nadie podía tocarte.
―Supongo que formamos un lazo áureo, bajé la guardia y se hizo la transfusión―miro hacia el techo para intentar dar una explicación más correcta, pero no la tengo. Estevian me mira de arriba a abajo sin parpa_
dear, como si pudiera ver a través de mi piel―. Ella no tenía ganas de
morir y yo estoy hecho para esto…
―Eso explica por qué los necrófagos te querían matar con tanta insistencia―sus palabras me hacen reflexionar.
―Espera, ahora que sabes que os he robado… ¿Vas a matarme?
―Ah, dudo mucho que sobrevivas al proceso. Te acabarás muriendo al dar a luz―deduce mirando hacia el techo, y en este punto no sé si está bromeando o mi destino es verdaderamente morir como un adasta .
―No se lo puedes decir a nadie, no sé lo que podrían hacerme aquí.
―¿Estás loco? ¿Tú quieres que yo me enfrente a la furia de mi hermana Amari y a mi cuñado Darius?
―se ríe, se termina la comida de su plato y se limpia con una servilleta de tela blanca―.
Porque acabaré incinerado si se enteran de que estoy protegiendo al causante de que su querida adasta fuera ejecutada.
Por no mencionar que no entenderían la complejidad de tu naturaleza. No la entiendo ni yo.
Su rostro se retuerce en un sinfín de expresiones que no puedo comprender, al menos no todas.
Hay sorpresa, alegría, temor, nerviosismo e incluso satisfacción…
En ese momento nos quedamos mirándonos y nos echamos a reír como si hubiéramos chupado a uno de esos peces globos que te vuelven completamente loco.
Supongo que sería lo más comparable con vino de Tierra firme.
―Entonces, ¿Me vuelve a tocar?―digo jugando con sus expresiones a mi favor.
Él se da cuenta, se queda callado y vuelve a echarse a reír como un borracho. Sus carcajadas son tan contagiosas que no puedo evitar acompañarle en su intento por mantener la cordura. De repente ya no hay frialdad ni distanciamiento, no hay problemas ni preocupaciones, solo estamos él y yo.
―Venga, sí, te toca―admite con las manos sobre la mesa y su cabeza apoyada en ellas para mirarme con ternura―. Pregúntame lo que quieras, te lo has ganado.
―¿A qué se dedica la Orden de los Condenados? ¿Y por qué estás con ellos?
―¿Dos en una? ¿Eso vale?
―Van de la mano, si respondes una tienes que responder la otra―sonrío con picardía, creo que he ganado su propio juego.
―Vale, vale, esta me la guardo ¿eh?
―Venga, responde―me jacto.
―La guardia real empezó a sufrir ataques hace unos años, mucho antes de la caída de Makabria―empieza y lo hace con total tranquilidad.
Me percato de que baja el volumen lo suficiente como para que los oídos curiosos no le escuchen―.
No podía quedarme de brazos cruzados así que decidí investigar todo lo que había detrás de eso.
Me topé con Kathleen por el camino. Ella ha sido la aprendiz del Aquelarre del Cuervo desde que tengo uso de razón, ya nos habíamos visto antes, pero nunca habíamos hablado.
―¿El Aquelarre del Cuervo?
―Tres preguntas, me lo apunto ¿eh?―su sonrisa me hipnotiza y provoca que mi aurane se tranquilice.
Hay algo en mí que hace que no pueda separarme de Estevian, que no quiera hacerlo.
Es una atracción más fuerte que cualquier magia, no entiendo muy bien qué es, pero deduzco que en Tierra firme hay cosas que no tienen explicación―.
La corte de Plaguen tiene un aquelarre propio, un grupo de brujas que adiestran a todas aquellas vampiras que ven con el potencial para dominar sus mancias.
Allí les enseñan a lanzar hechizos de akathman_ cia, xuthmancia y donmancia.
Aunque Kath sobresalió por la ashlaxmancia tan poco común en el Continente de la Banshee.
―¿Sabes que no estoy entendiendo nada?
―Akathmancia es el arte de controlar las sombras, xuthmancia la de ver a través de los designios del destino y la donmancia tiene que ver con la telepatía.
En resumen, para que puedas entenderlo, en el mundo hay trece tipos de mancias pero sería una locura explicarte cómo funcionan, no creo que vayas a conocer muchas.
Hay algunas que se han perdido en el olvido, no todos los habitantes de Valhía pueden acceder a ellas.
De ahí que haya un aquelarre que adiestra a las brujas capacitadas para hacerlo.
―Sigue con eso de la Orden, que se te está yendo de las manos.
―Kathleen se unió a mi causa y juntos encontramos a la organización
y decidimos alistarnos. En ese momento creímos que la infiltración era la mejor estrategia, pero se nos quedó grande, demasiado―continúa sin dejar de mirarme, empiezo a pensar que tengo algo en la cara―.
La Orden de los Condenados tiene un líder al que se le llama el Maestro, nadie lo ha visto, o eso dicen, porque se cree que puede cambiar de apariencia y está en todos lados.
Pero se encarga de que sus mensajes lleguen a todos los miembros.
Cuando cumples una misión de élite te ganas una máscara y eso te da el privilegio de estar por encima del resto.
―¿Qué misión tuviste que hacer para ganarte la máscara del chacal?
―Cuatro preguntas―y finge escribir en el aire―. Me lo anoto, estás engordando mucho tu deuda, Cirigh.
―No tengo nada más que ocultarte, contigo estoy vendido―admito desde lo profundo de mi ser. Percibo como coge aire y continúa con su explicación, me temo que va a contar algo de lo que no está demasiado orgulloso.
―No quiero que con esto me juzgues, no tuve otra opción para proteger a mi familia y…―coge aire y escupe las palabras―. La Loba, el Coyote y el Chacal fuimos los encargados de acabar con el duque de Makabria…
Nos quedamos completamente callados, mirándonos y dejando que el tiempo pase desapercibido.
Estevian muestra un brillo en sus ojos negros, un fulgor que dista mucho del carmesí de sus poderes vampíricos.
Es más, un atisbo de pena, una lágrima tímida, una punzada de dolor.
Me veo en la obligación de alejarle de ese sufrimiento, de cesar con este juego y de cambiar el tema.
Por eso es por lo que me levanto, le doy un sorbo a mi copa y me aseguro de que el aurane quede completamente saciado por hoy.
El tema de la Orden de los Condenados será una conversación que queda pendiente.
―No me preguntes porqué, pero he tenido visiones sobre ti.
Cuando me atacaste y tu sangre cayó en mi boca nos vi de niños, como si hubiéramos compartido algún tipo de conversación antes―me ruborizo de tal manera que no puedo hacer otra cosa que dejarme caer sobre la cama―.
Es algo imposible, a los tritones de Laneth no nos dejan subir a la superficie hasta que cumplimos la mayoría de edad.
Somos demasiado valiosos como para dejarnos tan indefensos.
Tan pequeños ni siquiera tenemos nuestra “bolsa” desarrollada. ¿Es una locura verdad?
―Vamos a ver a Angélika, si nos demoramos mucho más no nos dejará visitarla―comenta de golpe a tiempo de asomarse por el cristal del balcón y comprobar que la noche se oculta bajo el cielo nublado. Quizá le he incomodado con el tema de mis delirios.
―¿Angélika?...que…―tartamudeo―. ¿Qué me pongo?
Estevian vuela hasta el vestidor y escoge un conjunto de camisa, chaqueta, pantalón y zapatos de lo más llamativo. Ninguno es negro, gris o granate. Hay tonos azules cielo, el cielo de verdad quiero decir, verdes y rosados. Más que en Plaguen siento que estamos en un arrecife de coral.
―A ella no le gustan los colores planos, esa es una de las normas que impuso cuando falleció su marido―dice él como si supiera de lo que me está hablando―.
Tiene el suficiente estatus como para expulsarnos de su mansión, ni siquiera mi título de stoker puede frenar eso.
Las propiedades nocturnas son privadas, el duque y la duquesa no pueden controlar lo que se hace en el interior de sus paredes.
―Vale,… me estás empezando a asustar.