Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 15 #2
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―¿Podemos hablar?―la voz de Estevian me sobresalta y provoca que llene el cuarto de baño de agua, otra vez. Le descubro con los brazos extendidos de manera relajada y las manos en posición de calma. Más que todo eso, percibo cierta culpabilidad en sus palabras―. Tranquilo, he comido antes de venir.

―¿Vas a atacarme?―pregunto con la nolmancia formando burbujas alrededor de mí. Las prácticas de magia han hecho que me vuelva casi un experto.

―No, no,…―da un paso hacia atrás―. Siento lo que ocurrió anoche.

He perdido la noción del tiempo, no me hace falta ver las nubes ilumi_

nadas para entender que ya es de día. Eso significa que llevo una semana en palacio y que hoy es el día en el que el vampiro y yo nos vamos a sincerar el uno con el otro. El momento en el que el mar y la noche revelarán todos sus secretos.

―Está bien.

―¿Podemos hablar?―dice a tiempo de verme deslizarme por el suelo y coger una toalla para secarme las escamas.

―Oh, claro, sin ningún problema…―pronuncio con cierta frialdad, una estrategia que me da la seguridad que necesito para seguir con esto. Aunque en el fondo pienso que estoy hablando de la misma manera que él lo ha hecho en el pasado―. Hoy tenemos un trato que cumplir.

Me incorporo, desnudo, y noto que Estevian aparta la mirada para no

incomodarme. Ya nos hemos visto indefensos antes, durante nuestro baño en el Lluvia de Polen, no sé qué es lo que puede cambiar las cosas ahora.

No sé cuánto tiempo lleva el caído en mi dormitorio, pero ha colocado la mesa con suma elegancia para hacer de nuestra conversación algo cómodo y seguro.

Hay dos sillas situadas una frente a la otra de la manera más cercana, en vez de a lo largo, a lo ancho.

Las botellas de vino están dispuestas junto a copas de cristal, boles de fruta poco conocidas y un montón de bandejas con filetes de pescado crudo.

También hay platos cocinados, pollo y ternera en su gran totalidad.

Hay un pantalón marrón y una camisa clara sobre la cama, consigo vestirme yo solo.

A los pocos minutos nos sentamos a la mesa, le miro aguardando que empiece a hablar, pero en su lugar coge el cuchillo y el tenedor y se pone a comer con elegancia.

Comería el salmón, la lubina, el atún y el rape con las manos, pero tomo ejemplo de él y devoro las raciones de la manera más sofisticada.

A los pocos minutos me empiezan a doler los dedos, no estoy acostumbrado.

La curiosidad se apodera de mí y me obliga a ser el primero en hablar.

Antes de que pueda formar una oración coherente, Estevian marca las reglas de este juego:

―Nos turnaremos para hacernos las preguntas, así será más fácil y dinámico para los dos.

Primero uno y después el otro―su voz es tan seria como la de un general, no está nervioso por lo que tengo que mantener la compostura si no quiero mostrar debilidad.

Asiento con la cabeza temiéndome lo peor, me resulta más complicado esto que cualquier enfrentamiento que he tenido a lo largo de mi estancia en Tierra firme―. ¿Quieres empezar tú?

―¿Por qué me salvaste?―lanzo sin ningún tipo de piedad, lo hago incluso con la boca llena. El vampiro no se inmuta, es como si mi ataque hubiera pasado desapercibido.

―Cuando supe que Péstegos había capturado a un macho de sirena…

―Tritón―le interrumpo a tiempo de aclararme la garganta de manera disimulada.

―… un tritón, temí porque te pudiera pasar algo malo―continúa, nos sirve media copa de plasma a cada uno y elude cualquier choque entre nuestras miradas―. Han capturado sirenas antes y las que se han resistido han acabado mal paradas.

―Se supone que era un regalo para el duque Ábsolem, tu padre―digo con total sinceridad, sin miedo.

Quizá el ver como bebe sangre me relaja de tal manera que no le percibo como una amenaza.

Aunque la conversación aún no se ha tornado tensa, temo que empiece a hacerlo en unos minutos―. ¿Qué me iba a hacer?

―Me toca a mí preguntar―sus palabras son como una espada que roza mi cuello. No va a perder ninguna oportunidad de saber sobre mí, me alegro, porque yo pienso actuar igual―. ¿Por qué te quedaste en Plaguen cuando tuviste la oportunidad de huir?

―Porque no pude―y estoy a punto de jugar su mismo juego cuando él aclara su garganta y me incita a seguir―. Hay algo en mi interior que se ha vinculado a la noche de Valhía, una magia más poderosa que cualquier otra.

Por primera vez en toda la conversación Estevian levanta su mirada y utiliza el destello de su fulgor carmesí.

Entonces se da cuenta de que no estoy mintiendo, que estoy siendo completamente sincero y esboza una sonrisa de lo más encantadora.

Cojo aire, parpadeo con lentitud y me preparo para cumplir mi parte del trato:

― Aurane ―pronuncio en sirénido y él no puede hacer otra cosa que arrugar el gesto desconcertado―. No encuentro ninguna palabra terrestre que pueda asemejarse a esto…

―Intenta explicarme lo qué significa―me aconseja al instante, lo hace de manera inteligente, sin formular otra pregunta para que mi turno de responder no se acabe.

―Todos los tritones tenemos un recipiente en nuestros vientres, una red mágica que cuida de las crías que se almacenan allí―su rostro no tiene desperdicio.

Estevian parpadea inocente mientras intenta seguirme el ritmo―.

En alta mar, somos nosotros los que portamos la descendencia de las sirenas, y no ellas.

―¡¿Qué?!―da un golpe a la mesa, lo que provoca que salte sobre mi propia silla―. ¿Cómo es posible?