Corona de oro negro y rubíes (Corte de agua carmesí 1) 11
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Los días transcurren bajo una rutina que empieza a resultarme exageradamente tediosa.

Estevian acude a mi dormitorio cada día, lo hace de manera distante, se limita a explicarme los modales de la alta sociedad vampírica.

Me cuesta enormemente utilizar la palabra vampiro para determinar a todos los habitantes de Plaguen, por lo que, a menudo, se me escapa el término de caído.

Soy demasiado torpe con las lecciones, no consigo diferenciar los títulos nobiliarios que se mueven en la Corte de la Noche.

Está el duque Ábsolem y la duquesa Ágatha, que son la máxima autoridad en la parte sur del Continente de la Banshee.

Los stokers , también conocidos como lores y ladies, que son la descendencia real, se sitúan por debajo de ellos, y después están todos los condes y condesas que les rinden pleitesía.

Estos residen en la parte más alta de Plaguen, la cual se distribuye en una pendiente a través de la que transcurre el río Vladimir, que nace de las montañas escarpadas que muerden el horizonte.

―Entonces los vampiros coméis comida para alimentar vuestro lado humano y bebéis sangre para saciar la bestia que habita en vuestro interior―repito mientras él señala un dibujo del cuerpo humano.

Ahí se puede ver como las partes que compone a un nocturno son el cuerpo inerte y la magia que los mantiene vivos.

―Entendido esto, tienes que comprender que cuando una de nuestras mujeres da a luz, le ceden toda su magia al bebé para que pueda vivir en este mundo―explica a tiempo de pasar la página del libro y mostrarme un esquema del parto de una caída encinta.

Me quedo boquiabierto, intento entender la complejidad de ser una vampira.

Así como las sirenas necesitan a los tritones para poder gestar a sus crías, y son estos los que cuidan y paren a las nuevas generaciones, las caídas lo pueden hacer todo ellas solas.

Si nuestras hembras pudieran hacer eso, los machos podríamos dedicarnos a algo más que mantenernos al margen de todos los conflictos.

No se perderían las vidas de tantas sirenas, ya sean guerreras o clamamareas en partes iguales, así podríamos luchar como una unidad.

―¿Y vosotros que hacéis?―pregunto extrañado. Me sorprende lo rápido que estoy mejorado en mi terrestre, las “r” ya no suenan tan bruscas―. Quiero decir, ¿dejáis vuestra semilla y os desentendéis del proceso?

―Cuidamos de ellas, con el paso del tiempo los embarazos las entorpecen y les limitan enormemente. Nos preparamos para la llegada

del bebé y la pérdida de la madre.

―¿El embarazo las entorpece?―el asiente con la cabeza y yo entiendo que bajo el agua los embarazos se llevan con más facilidad―¿Las vampiras mueren en el alumbramiento?

―le miro con ignorancia mientras él se centra en señalar una palabra escrita con suma delicadeza en la superficie del papel―. Fatum .

―Es el momento en el que la vampira cede toda su magia y su cuerpo se convierte en cenizas. Es un hecho irremediable, una condición a nuestra inmortalidad eterna. Un privilegio para aquellas con el don de crear descendencia.

―Pero si las vampiras mueren al dar a luz ¿Cómo hacen las reinas para tener stokers ?

Estevian mira por la ventana mientras el jardín trasero se llena de risas.

Cuando sigo el curso de su mirada me encuentro con tres figuras recorriendo los caminos decorados por rosas.

Se tratan de tres caídas, tres mujeres ataviadas con voluminosos vestidos que ocultan sus pies dando la sensación de que están flotando.

Reconozco a una de ellas, sus ojos azules centellean incluso bajo la oscuridad de la noche. Su cabello rubio, su nariz fina y su amenazante sonrisa. Lady Amari camina con total comodidad, se abanica con sutileza mientras sus dos acompañantes la siguen como sombras inseparables.

De pronto recuerdo a Lahmia, su simpatía y la razón por la que estoy encadenado a Tierra firme.

El aurane se sacude con ligereza, le encanta estar cerca de Estevian, su voz.

Le alimento cada mañana, bebo la cantidad justa de sangre para saciar su hambre, es la única forma de que no me escueza desde mis entrañas.

― Adastas …―deduzco con rapidez y consigo sacarle una sonrisa al

caído, un hecho que me hace ilusión―. Las adastas están para portar los bebés de la realeza. Están obligadas a morir―las palabras de Lahmia resuenan en mi interior, no puedo evitar recordarlas. En ese preciso instante surgen de mis labios sin previo aviso―. Es su deber servir a Plaguen.

―Las adastas nacen en familias pobres, normalmente en los suburbios de la ciudad. Se les da la oportunidad de servir a la corona, nunca son forzadas a hacerlo. Nosotros compensamos a sus familias con grandes dotes. Muchos miembros de la corte salieron de esta manera.

―Entonces la duquesa Ágatha no es tu madre…―eso parece afectarle en gran medida, como si mis palabras tuvieran el poder suficiente como para quitarle el habla y asfixiarle desde dentro―. Perdona… todo esto

es nuevo para mí.

―No, no, está bien―sentencia con seriedad.

Me gustaría poder sentir el invierno de su piel, pero Estevian parece resistirse a acercarse más de la cuenta―.

Mi progenitora murió por la corona, pero mi madre es la que me ha criado desde que soy un niño―sus ojos se clavan en un caído que va encendiendo las antorchas del jardín―.

Mis hermanas y yo amamos a la duquesa, nos ha dado el cariño que siempre hemos necesitado―percibo el dolor en su mirada, incluso parece querer decir algo que no puede―.

Ha sido suficiente por hoy. Nos veremos mañana.

―Yo…

―Enjabónate, hueles a pescado.

Y se marcha haciendo girar la llave tras sus pasos.

Me vuelvo a quedar encerrado mientras le doy vueltas a todo lo que he aprendido.

Me incorporo y me apoyo en la ventana para observar cómo Lady Amari disfruta de la compañía de sus adastas , no sé de qué están hablando, pero parecen estar pasándoselo bien.

Los ojos azules de la stoker se clavan en mí y siento un escalofrío que recorre mi columna vertebral.

Estoy aterrado, le tengo verdadero pavor.

Recuerdo su mirada de odio cuando el aurane se vinculó al vientre de Lahmia, recuerdo su ira y sus ganas de acabar conmigo.

Hay algo diferente en ella, no, el diferente soy yo. No puede recono_

cerme, no con este aspecto humano, no con mi falsa piel. De un momen_

to a otro Lady Amari me está sonriendo y agita su mano a modo de saludo. Las adastas siguen su ejemplo y se ríen tímidas. Caminan lo más cerca de mi ventana, lo hacen con elegancia, sacuden sus abanicos y empiezan a murmurar.

―Qué guapo ¿Quién es? ―dice una de ellas, lo hace lo suficientemente alto como para que yo pueda escucharlo.

―Es el nuevo ilota de mi hermano―le explica Lady Amari con gracia.

Estar bajo la noche eterna de Valhía me está afectando.

Ya no la veo como una piraña hambrienta, sino más bien, como un delfín amistoso que busca nadar a mi lado―.

Dice que viene del norte, de las tierras indómitas que se sitúan entre Plaguen y Pestet.

―O ¿Lo traerá Lord Estevian a alguna fiesta? ―pregunta la otra.

―Hablaré con él, queridas―. la stoker es sumamente cercana a sus sirvientas, las trata como si fueran de su propia sangre.

Me descubro a mí mismo despidiéndome de ellas, agito mi mano con elegancia y pongo en práctica los modales de la primera clase con Estevian.

Lady Amari se marcha, lo hace con una alegría contagiosa y una sonrisa que me incita a apreciarla.

Sacudo la cabeza disipando los encantos de la corte, hay algo en este lugar que me mantiene obnubilado y me obliga a bajar la guardia.

No puedo olvidar que estoy entre caídos, vampiros inmortales, cadáveres chupasangre, criaturas de la noche, depredadores.

Tengo que estar atento, Lahmia fue ejecutada por incumplir su función como adasta .

¿Qué me pasará a mi si descubren que porto a uno de los hijos de Lady Amari?

¿Qué me hará Estevian cuando descubra la verdad?

Suspiro, cierro los ojos y me vislumbro en mar abierto.

Allí donde los delfines seducen a los marineros más inocentes mi especie les dan caza.

Sigo siendo un depredador, aunque sea en Tierra firme.

Ceno una copa de plasma para el aurane y yo engullo algunas piezas de fruta.

Acabo pasando el resto de la noche en la bañera, cubierto de agua, espuma y descuidando las enseñanzas de la noche.

En la soledad de mi dormitorio no importan las miradas, los gestos o los movimientos bruscos.

Aquí puedo ser yo mismo, con mi aleta sobresaliendo por encima de la bañera y con las prácticas de nolmancia por todo el cuarto

de baño.

Me doy cuenta de que estoy utilizando más la tina que mi propia cama, y es que estar empapado me ayuda a recordar quién soy.

En la tranquilidad de la noche mis párpados se empiezan a cerrar.

De repente un fuerte mareo sacude mi cabeza, llegan las náuseas y la realidad se distorsiona.

Abro los ojos y me encuentro flotando en el techo del aseo, rodeado de agua y con las escamas centelleando en un extraño color azul.

Siento la conexión con el agua, de alguna manera, aunque sea en pequeña medida, Rysantha está aquí, conmigo.

―¿Madre?―mis dientes chasquean tan fuerte que me hago daño.

Bramo con intensidad solicitando su ayuda, pero no puede escucharme.

La Reina Velra nada con velocidad portando una lanza de hueso ornamentada con esquirlas púrpuras.

Puedo verlo todo con claridad, pero sé que no estoy ahí, Rysantha me lo está mostrando, me quiere inspirar para que siga luchando por mi vida en Tierra firme:

“El ejército de Laneth se mueve en una formación de combate.

Puedo ver a mis hermanas Calia, Sarra y Meral guiando a las guerreras mientras Adaleh, Tef y Meral lideran a las clamamareas.

Solo hay un tritón allí, el Rey Trogh, cuyo aurane es inservible para preservar mi especie.

Es la sombra de mi madre, si ella está en peligro de muerte, él se tendrá que sacrificar en su lugar.

No hay rastro de mis seis hermanos, no tienen permitido luchar, son más valiosos que cualquier joya, incluso que la reliquia del mar que transferimos entre reinos.

Yo tendría que estar con ellos, entre las formaciones rocosas que constituyen nuestro hogar, ocultos en cuevas y grutas submarinas que nos dan la seguridad que necesitamos.

La anciana nos estaría contando todo lo que ocurre lejos de allí, lo estaría viendo a través de Rysantha, tal y como lo estoy haciendo yo.

A diferencia del resto de sirenas, que llevan caparazones de crustáceos a modo de hombreras y armaduras, mi madre porta su corona de huesos y espinas.

Las profundidades del mar les hacen imperceptibles a la vista de aquellos que no están adaptados a la presión marina.

Sus escamas, grises y resistentes, las convierten en las depredadoras alfas de los mares de Valhía, al menos por el momento.

El ejército de Laneth ruge y nada mientras el enemigo impacta contra

ellas sin ningún tipo de piedad. La caribdis tiene sus fauces abiertas con sus tentáculos en flor cuando ataca, la formación se rompe para poder esquivar su mordisco, pero sus garras y cola son armas igual de peligrosas.

Las lanzas cortan el agua mientras las clamamareas le dan fuerza al lanzamiento de las guerreras.

De un momento a otro el monstruo está cubierto por afiladas jabalinas de hueso.

Mis hermanas extienden sus brazos para utilizar algadenas, látigos vegetales con la elasticidad de una anguila y la resistencia de una tortuga diamantina.

Inmovilizan a la caribdis para que no pueda volver a abrir sus fauces, y el resto de las guerreras cargan contra la criatura.

Mi padre es el encargado de subirse a su cabeza y atravesar su piel con su hacha de guerra.

Entonces aparece mi madre, un hecho que provoca que el resto de las sirenas formen un pasillo para darle acceso directo al monstruo titánico que lleva dándonos caza desde tiempos inmemoriales.

Velra entona su Voz Azur y el mar se agita con tan solo las primeras notas.

La canción no dispone de ningún significado, solo es una melodía que brota desde el corazón de la reina y repta a través de sus labios como una serpiente hambrienta.

En el momento en el que el hechizo roza a la caribdis esta empieza a gritar de forma brusca, desesperada, viendo su vida peligrar y sin poder hacer nada para resistirse al poder milenario de mi raza.

De repente su cabeza explota y el mar se tiñe de sangre.

Las sirenas de Laneth vitorean y celebran la victoria, lo hacen como guerreras salvajes mientras el cuerpo de su enemigo se eleva hacia la superficie. No puedo evitar sonreír, disfrutar del momento y celebrar, en silencio, el que las mías sigan vivas.

Es entonces cuando surge otra criatura en las sombras marinas, una caribdis que dobla el tamaño del cadáver que mi madre acaba de dejar.

El monstruo ruge, nada y abre sus fauces en flor.

Las sirenas no están preparadas para otro ataque, ni siquiera les da tiempo a convocar sus escudos mágicos, nunca atacan en grupo, no lo han hecho en eras.

Más aún, nunca ha habido una criatura de ese tamaño.

El Rey Trogh tiene que empujar a la Reina Velra para evitar que caiga

bajo los tentáculos del monstruo. Es entonces cuando llega la sangre, las vísceras, los gritos y la ira. La corona de él, mucho más pequeña que la de ella, cae a las profundidades del océano mientras el ejército de Laneth se ve obligado a huir.”

El corazón me da un vuelco cuando Rysantha me deja en la bañera de nuevo.

No estoy llorando, no tengo miedo, no siento pena.

Me han preparado desde mi niñez para afrontar la muerte de mis progenitores.

El mar es un lugar salvaje y peligroso donde la muerte nos asola con más frecuencia que incluso en los dominios de los vampiros.

Entonces me doy cuenta de que el ejército de Laneth no vendrá a buscarme, no mientras haya una amenaza tan peligrosa como la caribdis que acabo de ver.

Me quedo mirando a la nada, las imágenes que he visto se repiten una y otra vez mientras el sueño se resiste a alcanzarme.

Cojo aire y le pido a Rysantha que cuide de los míos.

Y de pronto la puerta del dormitorio resuena de nuevo, ya es de día y Estevian ha llegado.