36 No fui yo
Si lo repito lo suficiente, tal vez deje de ver su sangre manchándome las manos.
MARLOWE
Me lavo las manos una vez más. Sigo sintiendo la sangre seca acumularse bajo mis uñas.
Llevo días sin dormir. Apenas cierro los ojos revivo el infierno, uno que yo provoqué, uno que en el fondo ansiaba desde hacía tanto.
La sensación de esa espada atravesando la piel de Vlad, el olor a muerte que vino después, su ojo cristalino fijo en los míos.
¡Estaba hecho! Me tallo con fuerza. Creo que estoy volviéndome loca.
—Mar… ¡Mar, basta! —Por fin reaccionó. Nero me regresa a la realidad.
Miro a través de los barrotes; una mínima luz se cuela desde afuera, debe haber amanecido —otra vez—.
Ni siquiera hemos hablado desde que me trajeron aquí; no hay nada que quiera contarle.
Es tan culpable como yo, se dejó engañar por Arvo y ese desliz dejó escapar a Vlad.
Nunca antes su infidelidad me había indignado tanto.
Lo quiero, pero no volveré a dirigirle la palabra nunca y ya debiera saberlo.
El sonido de la pesada puerta de acceso advierte el ingreso de los guardias. Suelen hacer un primer rondín apenas llega la mañana. Llevo la ropa empapada y los brazos enrojecidos por tanto tallar.
¡Sí, me estoy volviendo loca!
—Mar. —Esta vez mi nombre sale de unos labios muy diferentes, me invade el sentimiento.
—Majestad. —La reina Verena arrodilla al otro lado de mi celda. Me extiende los brazos y yo atiendo al llamado. Toma mis manos con las suyas, atrayéndome hacia ella.
—¡Mar! —Las aprieta con fuerza.
—Majestad, lo siento.
—¿Qué fue lo que pasó?
—No podría asegurarlo sin mentir. —Todo sucedió tan rápido.
—¿Por qué no me lo dijeron? Sabes que las habríamos ayudado sin pensar.
—Por eso no lo hicimos. Chrysanth era el primer lugar al que irían en nuestra búsqueda. No queríamos arrastrarlos a una guerra. Tú y el rey Rhodes esperan un hijo. No debieras venir aquí.
—Alguien vigila afuera. Necesitaba verte, saber que estás bien.
—No lo estoy. Yo no lo hice, debes creerme.
—Mar, te creo —Limpia mis lágrimas—. Lo resolveremos, nada aquí ha sido solo culpa tuya.
—Sí lo es. —Arrastré a Daphs a esta tragedia—. Si el príncipe nos hubiera descubierto a ambas, nada malo le hubiese pasado —Pero la oculté, provocando un daño irreparable—. Si solo la hubiese escuchado, ella siempre desconfió de Cressida…
—¿Cressida?
—Me tendió una trampa; una en la que solo yo debía caer.
—Estoy segura de que nos encerró en esa habitación y le dio acceso a Vlad desde su balcón.
Daphne estaba atrapada. No podía solo irme cuando Hayes me lo pidió, debía volver y salvarla.
No tengo claro qué ganaría Arvo al entregar a su padre, pero sé que fue cómplice de la futura reina porque traman algo más grande.
—Creo saberlo. Mar, voy a sacarte de aquí —Se levanta decidida.
—Verena —La detengo—. Sé que Daphne no vendrá a verme. De verdad deseo que algún día pueda perdonarme.
—Sé que lo hará —La reina se apresura hacia el exterior cerrando con dificultad la gran puerta. Confío en ella, y no para que me salve, sino para que hable con Daphne. Es la única que realmente importa.
—¿Así que por eso te han traído aquí? —¡Mataste a Vlad! —Nero se expresa con amargura. No voy a responder. Ahora sabe que no le perdonaré su falta.