29 No hace falta decir más
Podr á gritar mi nombre, pero ya no tiene derecho a abrir la puerta.
MARLOWE
Las damas de la princesa Cressida movilizan sus pertenencias a la habitación de Lucien.
Esto era difícil para ambas, la humillación más grande a la que el heredero podría enfrentarnos.
Dolió saber que era un hombre casado, pero más darme cuenta de que todo lo que algún día dijo era mentira.
Le permitirá dormir a su lado, aun cuando aseguró que ninguna mujer era tan importante para él.
Supongo que la futura reina ahora lo es.
Ella no me mira al pasar junto a mí; no tendría por qué hacerlo.
Es alta y esbelta, de un porte imponente.
Se mueve con gracia, cual si flotara por los brillantes pisos.
Su vestido rosa pálido ondea con suavidad.
Lleva su cabello rubio dorado en un alto chongo con intrincado diseño.
Ni siquiera habría necesitado ponerse tantas joyas; su piel reluce cual piedra preciosa.
Es perfecta para el papel. Puedo entender por qué Lucien se encuentra tan encandilado.
Apenas terminan de trasladarlo todo, el guardia me empuja dentro y cierra la puerta. La llave gira el cerrojo; me estan encerrando. Siento una furia inmensa, seguida de una desesperación indescriptible. Cada recuerdo de todo lo que aquí se consumió me envuelve demasiado deprisa.
Estar entre estas cuatro paredes ya no se siente como antes. Una vez supliqué por que me dejara quedarme con él; hoy solo deseo volver a ser libre.
Me echo a la cama. Necesito idear un plan para salir de aquí y llevarme a Nero conmigo. Su hermano se ha puesto de lado de la corona. Pero nos conoce a los dos, sabe que no me quedare de brazos cruzados.
Debo ser cautelosa.
Respiro aliviada al ver quién cruza la puerta. Por un momento, el ruido de la cerradura abriéndose me hizo esperar lo peor… al peor.
—¿Mar, te encuentras bien?
Daphne llega a grandes pasos hasta mí. No pensé que en ese momento me daría gusto ver a nadie, pero a ella la eché tanto de menos. La abrazo.
—¿Adivina quién está aquí?
Me guía hacia la puerta. Verena luce más hermosa que nunca. Me muestra la llave que sostiene entre sus dedos. ¡Así fue como lograron entrar! Su esposo la acompaña y yo me siento un poco más tranquila. Cuando ellos estan en Endellion, Lucien actua mucho más prudente.
—Majestades.
Hago una reverencia. La posibilidad de ir con ellos a Chrysanth nunca se me había hecho más presente.
—Mar, no.
Verena me hace levantarme y me atrae a sus brazos. Pese a su juventud, su calidez se siente como la de una madre. Añoraba la forma dulce que tiene de acariciarme el cabello.
—Pensé que jamás volveríamos a verte. Cuando Daphne nos contó en esa carta lo que Lucien te había hecho, me llené de rabia. Nunca antes su forma de actuar me habia causado tal impotencia. Quería salir a buscarte, pero a la vez me alegraba que no pudieran encontrarte.
—Yo no debería estar aquí. No quiero verlo, no quiero estar cerca de él.
—Este lugar se roba lo bueno de las personas. No vamos a permitirlo más —El rey Rhodes aprieta mi hombro. Un gesto calido—. Le haré saber nuestros planes al príncipe Lucien. Él tiene que dejarte ir. Apenas podamos volver a mi reino, tú vendrás con nosotros.
—No hay nada que desee más, Majestad, pero dudo que sea tan fácil. El príncipe no dejará que me vaya de nuevo. He aprendido a conocerlo lo suficiente para saber que sus planes siguen siendo la posesión, no la protección.
—Está condicionado por mi padre. El rey no te quiere aquí. No va a negarse. Vlad tiene que aparecer pronto para que todos podamos irnos.
—¿Es la razón por la que siguen aquí?
—Mi hermana y Rhodes vinieron al enlace de Lucien y al mío. —Daphs no oculta su pesar.
Había olvidado su destino. Algo en mí apostó a que, con Lucien haciendo su voluntad, el rey la dejaría a ella en paz. Olvidé que para la monarquía solo algo importa: el poder.
—¡Una semana! ¿Puedes creerlo? No hay más plazo que valga para el rey Adolf. Se me acabaron los pretextos.
—Daphs, lo siento.
—No estés triste por mí; aún pasan cosas buenas en este lugar.
Mira a su hermana con indulgencia antes de continuar. Verena afirma cual si hubiese otorgado su consentimiento.
—Están a la espera de su primer hijo.
Anuncia la princesita. Y esa noticia sí que me alegra en el alma.
—¿Lo dices en serio?
—Sí.
La aludida se frota el vientre. No puedo contener la emoción al ver a los futuros padres tan ilusionados. Nadie más que ella se merecía que los planes de nuestro gobernante supremo se vieran frustrados ante la bondad del rey Rhodes.
—Tengo solo algunas semanas. Nuestra matrona real consideró poco prudente realizar la travesía a Chrysanth en estos momentos.
—Los caminos se han vuelto peligrosos con Vlad al acecho. Es deshonroso reconocer que mis guardias no son tan sanguinarios como los de Endellion. Mi deber imperativo es proteger a mi reina y nuestra descendencia, sin arriesgar la vida de nadie en el intento.
—Rhodes tiene razón, Vlad te quiere a ti —agrega Daphs—. Lo más prudente será que yo venga a dormir contigo. Así podemos protegernos entre nosotras. Esta cama es bastante amplia.
La princesa se encamina hacia la puerta, y es entonces cuando lo noto. Ahí, de pie. Quizá ella se percató de su presencia mucho antes que yo.
Lucien contempla desde el pasillo. Piernas y brazos cruzados. No sé cuánto tiempo lleva recargado en esa pared, mirándonos de esa manera, cual si fuese un fastidio seguir esperando.
Lo que su hermana acaba de hacer es el mayor acto de protección que podría tener conmigo. Ella se aleja con sus damas, sin siquiera prestarle atención a su hermano. Y yo respiro aliviada porque los reyes de Chrysanth aún me acompañan.