Corona de humo 24 ¿Necesita algo más, Alteza?
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24 ¿Necesita algo más, Alteza?

Porque si va a seguir hiriéndome, avíseme, para no perder el tiempo cociéndome.

MARLOWE

Estoy empapada, vacía, expuesta. Y lo encuentro a él ahí, de pie. Con su mentira atada a una flecha que se me clava donde ya no era posible, donde ya no quedaba nada.

Lo miro destrozada. El tiempo justo, el necesario. Mis ojos arden de tristeza.

—No se preocupe, Alteza. Ya he vuelto. Su propiedad está a salvo, entera, como si no se me hubiera roto nada por dentro —me expreso; ya no importa.

Silencio. No dice nada, nadie se atreve. Miro a Daphne, apenas un ligero movimiento de cabeza, y vuelvo a él.

—¿Necesita algo más de mí esta noche o puedo ir a remendar mis costuras antes de que vuelvan a abrirse?

—Mar… —Escuchó la voz de Caiseth a mis espaldas. Tras haberle exigido que no se metiese en mi vida. Justo después de asegurarle que yo estaría bien. Debo recordárselo. Él ha elegido de qué lado estar. Y yo, volver.

—Vaya a descansar, soldado. Ya cumplió su encomienda —mandó, como si las órdenes las diera yo.

Ni siquiera lo miro. No quiero hacerlo.

—A tu habitación.

La voz de quien sí tiene autoridad resuena. La orden es para mí; suena calma, incluso melancólica. Nuestros ojos se han clavado en el otro por más tiempo del apropiado.

Quizá… No.

Deja de engañarte.

Me he puesto el pijama hace tanto. Las velas comienzan a extinguirse —¿debiera seguir esperando?—. Estoy sobre la cama, abrazada a mis piernas. La herida en mi mano aún punza, o quizá solo sea mi corazón tratando de huir.

El príncipe por fin entra y desearía que no lo hubiera hecho.

Se abalanza sobre la mesa de centro y la voltea con rabia.

Su mal día parece lejos de terminar. Y a mí ya no me importa.

Ni su actitud ni sus motivos para estar tan enfadado, ni siquiera el bonito juego de té que se rompe al estrellarse contra el suelo.

Es triste darme cuenta de que he comenzado a acostumbrarme a sus arranques. Regreso la cabeza a mis rodillas. Que haga lo que quiera. Si destruir también mi habitación lo hará sentirse mejor, ya no voy a detenerlo.