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El elegido por Rysantha convertido en un mero prisionero.
Así es como me siento, sin poder hablar, sin poder siquiera mover los labios.
Las agujas se me clavan en la garganta mientras la pinza mantiene mi boca abierta.
Intento no moverme demasiado por miedo a que el dolor se convierta en algo insoportable.
Escucho el caos al otro lado de la roca que sella mi prisión, el sonido de las lanzas de hueso atravesando la carne y los gritos de aquellos que han entrado en guerra.
Tengo que ir a ayudarles, sea lo que sea lo que está pasando es algo grave.
Me sacudo en la cama de piedra, pero lo único que hago es hacerme daño en la garganta por culpa de mis acciones.
Tengo que quedarme quieto si pretendo salir de una pieza.
De repente lo escucho, el sonido que me confirma que hay un conflicto al otro lado de la estancia.
La melodía unida de los Cantores de Idhikapl utilizando la Voz Azur.
Si Aligarra ha conseguido reunir a sus antiguos aliados, puede que podamos recuperar la corona de huesos y espinas del reino de Thalin.
La canción se escucha tan lejos que no me afecta, solo provoca que todo tiemble, eso o son las propias rocas las que están sacudiéndose en mitad del caos.
Espero escuchar como mis aliadas acaban con la Voz Azur de los tritones traidores, pero eso nunca llega, la melodía nunca cesa y parece que nada puede hacerles frente.
Me intento relajar para no continuar con la tortura que me reduce a un tritón inútil. Contemplo los canales de ventilación que comunican todo el reino, túneles de menor tamaño cavados para que el oxígeno sea eterno en las fortalezas submarina.
He escuchado sobre ellos, muchas de las arquitecturas de mis iguales tienen estos conductos, pero en Laneth no.
En mi hogar no hay puertas, todo son arcos de piedra abiertos a la naturaleza.
Un acceso para nuestros enemigos, si no fuera por las guerreras que hacen guardia o las murallas de coral seríamos incapaces de conciliar el sueño.
Por mucho que intente ignorar el caos que lo cubre todo, no puedo, por no hablar de las agujas que, aunque me quede quieto, siguen doliendo.
Sigo mirando los conductos mientras me imagino junto a Estevian, abrazando su cuerpo frío mientras insisto en que no gaste su sangre para calentarlo.
Solo con tenerle cerca es suficiente, y su simple recuerdo casi me calma.
Pero algo extraño pasa, lejos de la melodía de los Cantores, hay algo que se mueve en los conductos de Thalin.
En el momento en el que lo veo, mis ojos recuperan la esperanza de la huida.
Nyrrel nada confundida hasta que me ve y se pone juguetona.
Es tan simpática como un delfín que se alegra por ver a su manada, así es como la veo.
Aunque totalmente diferente, no puedo olvidar que es una caribdis capaz de exterminar a toda mi especie.
Pero ella no, ella me acaricia el rostro ignorando por completo la tortura a la que estoy expuesto.
Después se desliza por mi torso y juega con la perla de mi colgante.
No puedo mirarle porque tengo que mantener la mirada fija en el techo si no quiero que las agujas conviertan mi garganta en un erizo de mar.
No sé cuánto rato se pasa jugando con la perla que Aligarra me regaló, pero cuando para se percata del movimiento de mis dedos intentando captar su atención. Se abalanza sobre ellos y se intenta enroscar en mi mano encontrándose directamente con las algadenas que cumplen la función de grilletes.
El alivio se apodera de mí cuando Nyrrel mordisquea las algas y las rompe. En ese preciso instante introduzco las manos en mi boca y consigo quitarme todo lo que Idhikapl ha introducido en mí. El dolor es insoportable, pero necesario para liberarme de esta prisión.
—¡Eres la mejor, pequeña! —le chasqueo en el momento en el que me pongo en marcha.
De pronto la cadena del colgante se suelta, creo que la caribdis ha jugado tan fuerte que ha acabado rompiéndola.
Intento atraparlo, pero se me escurre entre las manos y empieza a flotar.
Nyrrel nada juguetona y se abalanza directamente sobre la perla, la cual centellea dorada al ritmo de mi corazón.
—¡No! —grito cuando la veo engullir la joya. Acto seguido empieza a jadear como si se estuviera asfixiando—. ¡Nyrrel, amiga!
La pena se apodera de mí mientras intento sacarle el objeto del interior. Masajeo su estómago, o lo que entiendo que es su barriga, desconozco la fisionomía de mis enemigas. No sé si la anciana lo explicó durante sus clases, intento no lamentarme demasiado, ser resolutivo, salvar a mi amiga.
No soy consciente de que estoy presionando su vientre con fuerza hasta que escucho un chasquido en su interior.
No sabía que podía romper una perla con mis dedos, quizá en el interior de las caribdis haya algún tipo de sustancia lo suficientemente ácida como para ablandarla.
Tiene que ser eso, ¿cómo si no pueden digerir los huesos y las espinas?
—Lo siento, lo siento… —repito una y otra vez viendo como Nyrrel no se mueve—. No, por favor, no me dejes…
Me apresuro a dejarla sobre la mesa de piedra, no le tengo ningún temor a acercar mis labios a sus fauces, abrirlas ligeramente en flor y darle mi oxígeno.
No puedo dejarla así, no puedo cruzarme de brazos y dejar que mi amiga muera.
No pude salvar a mi hermano Krank, no pude romper la barrera de nolmancia y llegar hasta él.
No pude protegerle. Algo en mi interior se sacude, una melodía que surge de la pena y el recuerdo. De mis labios surge la Voz Azur.
No sufras mi amor
Te dedico esta canción
Que mi voz sane tus heridas
Y mi magia te aleje del dolor
Nyrrel se sacude, sea lo que sea lo que hace esta canción está surtiendo efecto. No puedo detenerme, no ahora que puedo salvarle la vida. Si existe una mínima posibilidad me voy a aferrar a ella sin importarme el dolor que pueda conllevar.
Olvidamos nuestros orígenes
El amor nos poseyó
Quisimos a nuestros hijos
Y por eso ella los destruyó
La luz solar atraviesa las escamas de la caribdis mientras mi canción sigue provocando que su cuerpo tiemble con gran fuerza.
Por primera vez en toda mi vida no veo a un monstruo frente a mí, sino a una amiga del mundo animal, una aliada que ha conseguido que mis hermanas y yo estemos más cerca de cumplir la misión.
La cueva se sacude haciendo que todo se llene de polvo y guijarros, aun así, no dejo de cantar.
El Lamento de Rysantha sigue surgiendo de mi interior.
Con mi magia forjo este orbe
Con mis manos imploro
Que mi dominio sea tu prisión
Que la luna y las mareas sellen tu odio
Nyrrel abre los ojos de golpe, esta vez no son morados, menos aún rojos, son completamente dorados. La caribdis nada divertida mientras juguetea con mi pelo segundos antes de enroscarse en mi brazo.
—Estás bien… —murmullo con la emoción embriagando cada uno de mis chasquidos.
Ella se limita a cerrar los ojos y permanecer a mi lado. Percibo su respiración, lo sé porque su vientre se mueve sobre mis escamas.
—No me hubiera perdonado que te pasara algo…