Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 58
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Separarme del vampiro se podría comparar con sentir una estocada directa en el pecho.

Duele, pero no sangra, al menos no al exterior, porque mi corazón se quiebra con cada minuto que paso lejos de tierra firme.

Tengo miedo de que Estevian no pueda alimentarse, libere su bestia y acaben por ejecutarlo en público.

Por eso es por lo que quiero acabar con esto cuanto antes, llegar a Thalin y negociar con la reliquia de Rysantha para regresar a Hontir en unos pocos días.

En el norte, el mar es mucho más frío y las amenazas toman formas que solo he conocido en los dibujos tallados en piedra.

Voy con la mente abierta y las garras preparadas para cualquier peligro.

Aligarra encabeza el grupo mostrando el verdadero liderazgo de una reina.

En nuestra forma de agua salada se delatan nuestros verdaderos orígenes.

Así como las sirenas y tritones de Laneth disponemos de escamas de un color gris neutro, las de ella son ligeramente amarronadas, por no mencionar las motas apenas perceptibles a simple vista.

Pero yo llevo una hora mirándola, más bien admirándola, pues sé que la sirena que tengo delante no tiene nada que ver con la que conocí bajo la noche eterna.

De repente ella se detiene, nos limitamos a imitarla.

Estamos en mar abierto, puedo ver la superficie a más de seis metros.

La luz del día es intensa, aunque en el norte todo es fácil de malinterpretar.

Aun cuando el sol está en su punto más álgido, el frío no deja de ser insoportable para aquellos que no están adaptados para ello.

Por suerte para mi familia, nuestras escamas se han fortalecido con la bajada de temperatura.

Aunque dudo mucho que pudiéramos vivir en este hábitat, empiezo a pensar que Kathleen Strauss tenía razón.

Las sirenas de Valhía hemos nacido para adaptarnos en cualquier medio, aunque dudo mucho que el calor extremo nos beneficie.

—Hay algo ahí —chasquea mientras contempla la oscuridad que se anida en las profundidades.

—Vimos una caribdis titánica durante nuestro trayecto a Hontir —menciona Krank con temor en sus palabras—. Solo pudimos huir.

—No, es pequeña, rápida…

—¡Nyrrel! —Me adelanto a ellos y emito pequeños silbidos para llamar la atención de mi amigo.

—¿Y si no es? —Sarra me detiene segura de que puede haber más subespecies de nuestra enemiga mortal.

Pero Nyrrel no pierde más el tiempo antes de nadar hasta mí y jugar con mi cabello. Hace lo mismo con mis hermanas, incluso se enreda en la larga melena gris de Aligarra. Segundos después se enrolla en mi brazo y se queda tranquilo.

—¿Cómo has conseguido adiestrar a una? —La reina no da crédito a lo que está viendo.

—Le di de comer cuando estaba a punto de morir de hambre.

—Eres increíble…

—Tenemos que continuar —ordena Adaleh viendo como la solución a todos nuestros problemas está al final del viaje.

Seguimos nadando mientras acaricio el hocico de Nyrrel cuando veo que se agita para llamar mi atención.

Descendemos a la oscuridad del mar al mismo tiempo que nuestras vistas se van adaptando.

Atravesamos una grieta que se convierte en un túnel, los peces gélidos marcan nuestro trayecto haciendo de sus escamas un símbolo luminoso.

Más allá de todo lo que una vez creí, aquí también hay vegetación y crustáceos.

Nyrrel extiende sus tentáculos para hacerse con algunos y devorarlos de una sentada.

Aligarra se detiene de golpe y señala una caribdis cuyo tamaño no dista mucho de la que vimos nosotros.

Está a punto de utilizar la Voz Azur cuando la interrumpo y le explico, sin llamar la atención de nuestra enemiga, que Nyrrel nos puede ayudar.

Ella me mira, muestra sus dientes en señal de confusión mientras yo me limito a extender el brazo en dirección al titán marino que puede derrotarnos con facilidad.

Nuestra pequeña amiga entiende lo que necesitamos y no duda ni un solo momento en separarse de mí y repetir su actuación de gritos.

Le pido a Rysantha que no le pase nada. Esperamos a que Nyrrel llame la atención de la caribdis titánica y cuando empieza a moverse hacia él, aprovechamos la oportunidad para llegar hasta la corriente que se oculta en la oscuridad.

Entiendo que es lo suficientemente pequeña como para poder moverse con más velocidad que sus iguales, incluso de esconderse en lugares donde las otras no pueden acceder.

Así es como ha estado sobreviviendo a la plaga de caribdis todo este tiempo.

El túnel de viento nos conduce a través de cuevas submarinas cubiertas de hielo cristalino.

Giramos en espiral para nadar por encima de un bosque de algas bioluminiscentes cuya resistencia al invierno eterno es una incógnita.

Estamos cerca de Thalin, lo sé porque el frío empieza a ser insoportable.

Estoy ansioso por llegar al reino subacuático y disfrutar de las rocas místicas que mantienen la temperatura estable, lo necesito.

Las corrientes marinas nos están llevando alrededor de una montaña de hielo cuando veo un par de tentáculos dirigiéndose directamente a Aligarra.

En un movimiento instintivo extiendo las manos para invocar un escudo alrededor de ella.

Consigo protegerla, aunque sale despedida por los aires abandonando el circuito de agua que nos propulsa.

Mis hermanas se adelantan empuñando sus lanzas de huesos con mejoras de acero puro, se colocan entre la caribdis y la reina y se preparan para luchar.

Krank y yo llegamos después listos para utilizar la nolmancia y alzar los escudos cuando las sirenas adquieran posiciones defensivas.

En mitad de la oscuridad y el hielo podemos ver las formas que nos rodean. No hay una sino cuatro, cuatro caribdis de diferentes tamaños. Para nuestra suerte ninguna es titánica y podemos enfrentarnos a ellas, al menos junto a una reina sirena, Aligarra.

Una vez fui reina

En las tierras de Thalin

Allí perdí mi corona

Por la fuerza de un motín

—¡Protegedla! —ordena Sarra cuando la reina comienza a cantar.

Krank me mira y automáticamente comprendo que quiere unir nuestros hechizos para crear un escudo mucho más efectivo.

Así es como lo hacemos, como si pudiéramos colocar varias paredes entre las enemigas y nosotros.

La Voz Azur surge de entre los labios de Aligarra como el sonar de una beluga.

Puedo ver como el agua reacciona ante la canción de una reina sirena, de alguna manera es como si el mar le rindiera pleitesía.

Cruzando el Midna

Un caído nos salvó

Astiarte y Canderra

Pagaron con su Voz

Desconozco cuál era su canción antes de llegar a Plaguen, pero sé que estas estrofas surgen de sus labios con el pesar de los recuerdos. Aligarra está llorando, a pesar de que en alta mar las lágrimas son imperceptibles, puedo ver cierto brillo en sus ojos de depredadora alfa.

Las caribdis golpean nuestra burbuja doble con fuerza, aunque rompa la de Krank yo consigo aguantar los impactos al mismo tiempo que él pueda invocar una nueva.

Mis hermanas asestan estocadas con la punta de sus lanzas de hueso y consiguen seccionar los tentáculos de aquellas que intentan rodearnos para comernos.

A pesar de que la reina esté utilizando la Voz Azur puedo escuchar los gritos de los monstruos, están hambrientas.

Me extraña no verlas enfrentarse entre ellas, una conducta que nos hemos acostumbrado a ver.

La supervivencia les obliga a aprender y organizarse, las caribdis de ojos rojos son más inteligentes que sus antecesoras.

Sobre el monte Reushgon

Otro reino construí

Rodeada de vampiros

En Lady me convertí

Uno de los monstruos explota en mil pedazos haciendo que las piezas de su nueva forma desciendan al abismo más oscuro.

Un lugar donde ni siquiera nosotros tenemos la capacidad de ver.

La anciana de mi tribu siempre dice que Rysantha cubrió las profundidades con tinieblas para que ninguna criatura tuviera ventaja en las sombras.

Un hecho que me hace pensar que la diosa volcó su tintero celestial sobre nuestros mares.

—¡Son demasiado resistentes! —grita Adaleh señalando la montaña de hielo que se resquebraja ante la canción de la reina—. ¡Solo queda una estrofa!

—¡Aguanta Krank!—suplico cuando observo a mi hermano jadear de cansancio—. ¡Un poco más!

Escucha mi melodía

Memoriza mi canción

Soy la reina sin su corona

Soy Aligarra, vuestra perdición

En el momento en el que la sirena llega al final de su canción, sus labios proyectan la última onda sonora.

La Voz Azur se vuelve mucho más visible tornándose tan afilada como la espada más mortífera.

El mar se sacude resquebrajando por completo las formaciones rocosas a nuestro alrededor.

Las caribdis restantes gritan mientras sus cuerpos acaban seccionados por la mitad.

—¿Estáis bien? —pregunta Aligarra mientras disipamos los escudos.

—No sé qué hubiéramos hecho si no nos hubieras acompañado —Mis palabras anteceden al cansancio que me produce abusar de la magia. Tengo los brazos entumecidos, pero no me quejo, solo me dispongo a avanzar.

No chasqueamos nada más, nos limitamos a seguir a la reina con la esperanza de llegar a Thalin antes de que el enemigo vuelva a atacarnos.

Pero es demasiado tarde, tal y como dijo Adaleh las nuevas caribdis son más inteligentes y han aprendido a trabajar juntas.

Las tinieblas del mar parecen extenderse hacia nosotros, no, mucho peor que eso, una caribdis titánica extiende sus tentáculos y nos agarra de las aletas para que no podamos escapar.

Intento desgarrar las extremidades que los monstruos utilizan como manos, pero están demasiado duras.

Intento morder el tentáculo, pero es viscoso y mis dientes se resbalan.

Estoy a punto de entonar mi Voz Azur, pero es demasiado tarde, la criatura nos arrastra hasta sus fauces abiertas en la inmensidad de las sombras más oscuras.