Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 57
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Cirigh de Laneth

—¡Angélika! —grito cuando veo a mi amiga llegar a la taberna. Me levanto de la mesa y me lanzo a sus brazos—. ¿Como estás?

—Ahora que te veo entero mucho más tranquila —Su voz suena suave mientras el olor a salina embriaga cada uno de sus mechones de pelo—. ¿Has podido ocultarte de la luna rosa?

—Algo así —respondo sonriente.

No quiero entrar en detalles por lo que al final acabo invitándola a sentarse junto a nosotros en la mesa. Antes de hacerlo, la sirena le da una mochila marrón a Estevian.

—Tenemos zumo y frutas. Pide todo lo que quieras, hoy invita mi hermana Adaleh —señalo a la sirena de cabello plateado.

—Es un placer conocerla, reina Aligarra —Las palabras de Sarra surgen de sus labios en forma de chasquidos de dientes y pequeños silbidos. Para nuestra suerte el murmullo de la gente es constante y conseguimos pasar desapercibidos.

—Aquí no... —me quejo asegurándome de que nadie nos mira.

—El placer es mío, hijas de Laneth —Angélika habla en terrestre mientras se sienta con elegancia y nos mira uno a uno—. ¿Cómo está vuestra reina?

—Desterrada, las caribdis nos echaron de nuestro hogar y vamos a recuperarlo —responde Adaleh mientras Krank permanece callado, creo que no quiere parecer un mal tritón al dirigirse directamente a una reina sirena.

—¿Qué pueden tener los humanos para ayudaros?

—Hontir es solo un atajo, nos dirigimos a Thalin... —comenta Sarra y automáticamente se tapa la boca al entender que Angélika era la reina desterrada de su trono.

—Queremos el Orbe de las Mareas para negociar con Aeriel y que nos acompañe una clamasoles —me apresuro a explicar antes de que se cree una situación incómoda.

—¿Cuándo has madurado tan rápido?

—Cuando el mundo se volvió demasiado peligroso —bromeo y Estevian suelta una carcajada.

—¿Crees que podrías ayudarles a hablar con los tuyos? —le pregunta el vampiro.

—Les traería más problemas que soluciones. —Angélika suspira mientras da pequeños golpes en la mesa con sus uñas—. Pero quiero ir.

—Entonces será un placer viajar a tu lado —Sarra habla como la guerrera más fuerte—. Partiremos ahora.

—Déjame reponer fuerzas. —se queja Krank con la boca llena—. Si vamos a enfrentarnos a unos rebeldes, tenemos que estar preparados para todo.

Adaleh se encarga de que nos sirvan más zumo y más comida, incluso llegamos a comer huevos con bacon.

Angélika nos acompaña mientras mis hermanos les asedian a preguntas de cómo ha sido su adaptación al Continente de la Banshee.

Cuando terminamos Estevian aprovecha que ellos están entretenidos para pedirme que vayamos a la calle y hablar más tranquilos.

—Iré a Ixros para intentar conseguir el Cetro del Sol —Sus ojos me miran apenados sabiendo que nos vamos a tener que separar de nuevo.

—Espérame aquí, dame unas semanas y te traeré el Orbe de las Mareas. Después iremos juntos.

—No sé si podré pasar desapercibido mucho tiempo —La verdad es como un látigo que no deja de hostigarnos—. Necesitaré alimentarme y dudo que alguien acceda a hacerlo voluntariamente.

—Prometo que intentaré tardar lo menos posible, no sabemos qué nos vamos a encontrar en Thalin.

Nos quedamos en silencio mirándonos mientras la gente no deja de caminar por las calles.

Aprendo a escuchar a la multitud como el sonido constante de un río, así me es más fácil adaptarme a esta parte del mundo.

Nunca he estado tanto tiempo con el pueblo, incluso en Plaguen pasé la gran mayoría de mis días en el palacio.

—Haré mi mayor esfuerzo por esperarte, cariño —Las palabras de mi vampiro llenan mi corazón y me dan la esperanza de volver a verle pronto—. Si tuviera que marcharme, me aseguraré de dejarte indicaciones para que me encuentres.

Le beso, lo hago sin pensármelo dos veces. Intento que el momento sea eterno, me concentro en sentir cada segundo de sus labios mientras el tiempo de despedidas llega a su fin.

—Le pediré a mi hermana que te dé todos los cristales que ha conseguido.

—Nos veremos en la misma habitación en la que hemos dormido hoy.

—Trato hecho, nocturno —Extiendo mi mano a modo de juego para cerrar una promesa que espero poder cumplir.

—Hueles a pescado, Cirigh de Laneth —Me sonríe él antes de tirar de mi brazo y volverme a besar.

—Y tú hueles a aliento de ballena, Estevian Ilia —le digo antes de despedirnos.