54
Me deslizo por la ventana para escabullirme a través de las calles secundarias de Hontir.
La música de la fiesta no solo me ayuda a no ser escuchado, sino que además concentra a todos los humanos allí, o al menos eso creo.
En el momento que giro la esquina me topo directamente con un chico saliendo de su casa.
La velocidad de mis pasos desciende mientras mis escamas vuelven a resplandecer.
Después llega la melodía de mi voz, una canción que no necesita letra para hechizar.
—Buenas noches, nocturno. ¿Es tu primera vez aquí?
—La simpatía de los prestigiosos es su propia trampa—.
¿Lo estás pasando bien? Si no te gusta la fiesta del Shabín, los reyes hacen otra en palacio.
No se puede entrar sin invitación y da la casualidad de que yo tengo.
¿Quieres venir? Las estoy vendiendo a diez cristales.
—¿Cómo te llamas? —preguntan mis labios pues yo ya no controlo mi cuerpo.
—Chad ¿Y tú? —Él se acerca a mí con la intención de darme un apretón de manos.
—Cirigh... —susurro y en vez de devolverle el gesto lo que hago es acariciar su brazo de manera juguetona.
—Encantado, Cirigh —Me sonríe y de pronto siento que es la sonrisa más hermosa que jamás he visto.
Sus dientes blancos destacan en su piel morena de tal manera que parece la luna más bella en mitad de la noche más cálida.
—Oh, no... el placer es mío, Chad.
El humano debe dedicarse al cuidado de animales porque detrás del perfume que se ha echado detecto el aroma de una cuadra.
Un ápice prácticamente imperceptible que, de no ser un ser sobrenatural, no lo podría atisbar.
Aparentemente es un poco mayor que yo, tiene los ojos dorados, como es de esperar y un cuerpo tan trabajado que mi versión rosa no se puede resistir.
—¿Vives solo, amigo? —Mi voz es sensual y melódica.
—Oh, no, vivo con mi prometida, pero ella me está esperando en la fiesta real.
—¿Y qué pasa si llegas tarde? —Mis dedos acarician la suavidad de su rostro afeitado hasta llegar a su oreja.
—No creo que se enfade, pero ya es lo suficientemente tarde... ¿Quieres una entrada o no? —dice nervioso.
La magia que recorre mi cuerpo debe de darse cuenta de que el hechizo de mi voz no le está afectando del todo y por ello empieza a cantar con más intensidad. En ese preciso instante Chad abre sus ojos de par en par y me mira de arriba abajo.
—No me había dado cuenta de lo atractivo que eres, Cirigh.
—¿Tú crees? —le responde juguetón.
—¿Quieres entrar en casa? Solo será un momento.
—Claro, estoy ansioso por tener intimidad contigo.
Chad me agarra de la mano y me conduce hasta su hogar.
Le abre las puertas a un completo desconocido sin saber si eso le traerá problemas, tampoco es que esté pensando en otra cosa que en el calor que mana de su entrepierna.
Por mucho que intente resistirme, mi cuerpo se mueve solo y desnuda al humano como si realmente sintiera algo por él.
Nuestros labios están a punto de besarse cuando alguien capta mi atención.
—¡Cirigh! —La voz me es tan familiar que el influjo de la luna rosa no puede continuar.
Mis palabras se acallan y la mente de Chad regresa a la normalidad. De pronto grita asustado, me aparta de su lado y se viste todo lo rápido que puede. En la puerta de la habitación hay una figura cuyos ojos rojos me erizan la piel.
—Márchate, yo me encargo de él —dice Estevian y el humano huye despavorido—. Ya está cariño, ya ha pasado.
—Oh, tú me apeteces más —Mis escamas brillan con más intensidad mientras el poder del vampiro se va apagando en su mirada—. Lord Estevian Ilia, ahora eres mío.
—Siempre...
Su cuerpo camina hacia mí segundos después de cerrar la puerta a su espalda.
Sus dedos desabrochan cada botón de su camisa blanca hasta que se la quita y la tira al suelo.
Sus labios se colocan sobre los míos y soy yo, o mi versión más hechizada, el que empieza a besarle con fuerza.
No hay melancolía en nuestros movimientos, ni siquiera amor verdadero, solo el salvajismo de la lujuria y la unión de dos cuerpos destinados a yacer juntos.
Agarro la entrepierna del vampiro incluso por encima de la ropa, aprieto su miembro con fuerza y emite un quejido de placer.
El vampiro, en cambio, aprovecha que estoy desnudo para agarrarme el pene y jugar con él.
Al principio es molesto, pero luego deja de besarme para humedecer las manos y hacerme sentir más cómodo.
Nos tumbamos en la cama de Chad, no, más que eso, Estevian me lanza como si esto fuera una lucha y él tuviera que salir victorioso.
Se quita el pantalón y la ropa interior para que nuestros cuerpos se acaricien con fuerza.
—Fóllame... —le susurro y ya no sé si es el influjo de la luna rosa o yo mismo. Le deseo.
Estevian no me dice nada, me da la vuelta obligándome a que me coloque a cuatro patas y desliza su lengua por mis nalgas.
Antes de que pueda darme cuenta siento el placer más grande que jamás he sentido, mi ano se humedece ante el tacto de su saliva.
No puedo evitar gemir de placer, no ahora que su lengua entra y sale advirtiéndome de que pronto llegará algo más grande y duro.
—Cuanto te he necesitado —pronuncia confirmándome que el hechizo de la noche se ha esfumado.
De repente me escupe en la raja, me humedece la entrada y atraviesa mi culo con su pene.
Sus brazos rodean mi torso mientras siento su cuerpo sobre mi espalda.
Está caliente, por lo que deduzco que está consumiendo sus reservas de plasma para tener una temperatura adecuada a mí.
Su cadera me embiste una y otra vez mientras la habitación del humano se llena de gritos y gemidos.
Hago fuerza con las manos para levantarme y colocarme en vertical sosteniendo su cabeza sobre mi cuello.
Estevian intenta escapar de mi amarre, pero no puede y al final se ve obligado a morderme el cuello y beber.
A la vez que se alimenta sus estocadas son más rápidas y fuertes.
Sé que no voy a tardar en estallar de placer cuando la puerta de la estancia se abre de golpe.
—¡Un caído! —grita uno de los orishas rojos cuando descubren al vampiro bebiendo de mí.
Mi magia surge sin necesidad de mover las manos.
Una burbuja rodea la puerta y la cierra bloqueando completamente el acceso de nuestros enemigos.
Toda la habitación se recubre por una fina membrana de nolmancia, el hechizo protector más grande que jamás he conseguido invocar.
Soy consciente de que los magos están conjurando sus ataques para poder entrar, pero no pueden, nadie puede interrumpir nuestro reencuentro.
—No puedo más... —me susurra Estevian al oído.
—No pares, amor, espérame.
Sus caderas siguen golpeando mis nalgas mientras nuestros gemidos se unen como si fueran uno solo.
Él me mete el dedo en la boca y yo lo saboreo mientras el placer se convierte en una explosión imparable, una ola de saliva, sudor y fluidos.
Aun cuando todo ha acabado y nos tumbamos sobre la cama, Estevian se niega a salir de mí.
—No quiero volver a perderte ahora que te he encontrado —Sus palabras me motivan a mantener el escudo que nos aleja de nuestros enemigos—. Te amo Cirigh de Laneth.
—Te amo, stoker de Plaguen.
Los minutos pasan y finalmente Estevian sale de mi interior para poder tumbarnos cara a cara y sentir las caricias de mi respiración. Nos quedamos así mirándonos sin pensar en el caos que se está formando al otro lado de la puerta.
—No sé cuánto más puedo aguantar.
—¿Deberíamos irnos o los tengo que matar a todos? —dice recurriendo al brillo rojo de sus ojos.
—Mejor nos vamos, no quiero tener problemas en Hontir.
Así es como nos vestimos de nuevo, abrimos la ventana de la habitación y saltamos para huir a través de sus calles. No me importa cómo ha llegado mi vampiro hasta aquí, lo único que me importa es el simple hecho de que estamos juntos de nuevo.