Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 46
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Estevian Ilia

Los necrófagos dan un paso hacia mí intuyendo el resultado de mi decisión.

No sé qué puedo hacer, no me quedan opciones.

El Grimorio de Poder pasa sus páginas para mostrarme el hechizo que Treznor ha utilizado para reanimar el cuerpo de los caídos.

No lo entiendo, el funcionamiento es tan complejo que solo el Aquelarre del Cuervo podría comprender lo que estoy leyendo.

—Una pena que no comprendas la divinidad de nuestra estirpe, hijo —pronuncia Dynevor—. Solo tengo que leer esto y todo habrá terminado.

El fulgor rojo de mis ojos centellea levemente. El don de mi estirpe se ha activado. El duque está mintiendo, el trozo de papel que sostiene no es el hechizo real, está de farol.

De repente siento la presencia del Antiguo, esa sensación de respeto y pánico.

Ellos también deben de percibirlo porque se quedan completamente paralizados.

La presencia de nuestro antepasado es tan poderosa que podemos saber a qué distancia está de nosotros, está cerca.

Lo sabemos porque escuchamos sus pasos avanzando a través de los túneles.

El temor se apodera de mí, solo hay dos posibles resultados en caso de que el primogénito de Illythia llegue hasta nosotros.

O acaba conmigo por no querer cumplir la profecía Dynevor o acaba con ellos por estar completamente equivocados.

En cualquiera de los casos mi probabilidad de sobrevivir es mínima.

La silueta del Antiguo se detiene en la entrada de la Sala del Tesoro, sus ojos se clavan en nosotros mientras su figura va tomando forma.

Entonces sonrío, no es nuestro antepasado sino mi mejor amigo.

Jasper Gazzei camina con autoridad portando la sangre más poderosa del Continente de la Banshee, el legado de Illythia.

Sus músculos han crecido ligeramente y su mirada irradia respeto.

No dice nada, ni siquiera me mira, camina hasta el duque Treznor que no tiene claro qué es lo que está viendo.

Coge el papel con el hechizo que acabaría con toda la raza vampírica, debe de haberlo escuchado, de alguna manera, Jasper sabe para qué sirve.

Se lleva el papel a la boca y se lo traga, una acción que delata su verdadera identidad.

—¿Quién eres? —pregunta Treznor segundos antes de que el nuevo vampiro atraviese su pecho con su propia mano y extrae su corazón podrido.

El Consejo de Dynevor se abalanza sobre Jasper e inician una pelea en la que no puedo interferir.

Los necrófagos luchan con maestría combinando sus ataques para inmovilizar a Jasper, después es mi tío Michael el que escupe su fuego para calcinarlo.

Mi amigo no se desploma sobre el suelo, simplemente se limita a surgir de las llamas y agarrar a mi tío con sus propias manos y partirlo a la mitad.

El resto de los monstruos se suben sobre él y empiezan a morderle infectándole con su ponzoña.

Tengo que ayudarle, tengo que hacer algo, no puedo luchar contra ellos porque no soy lo suficientemente fuerte.

El Grimorio de los Muertos se agita para llamar mi atención, me está mostrando la solución y no consigo descifrarla.

Leo todo una y otra vez, pero no retengo nada.

Esto no es como una estrategia de guerra cuyos puntos flacos puedo encontrar, no es un problema de números o de fuerza de combate.

Jasper intenta acabar con los enemigos, pero otro más se lo impide. Cinco necrófagos se ensañan con él rasgando su ropa y atravesando su piel. La sangre del Antiguo hace que las heridas del vampiro se regeneren a gran velocidad mientras su fuerza se equipara a la de un ejército inmortal.

Entonces ocurre, una nueva figura atraviesa los túneles y entra en la batalla.

Su cuerpo es tan ligero que sus saltos no hacen ningún ruido.

Mi hermana lanza sus dagas para atravesar a los necrófagos y ayudar a su amado en la batalla.

Jasper aprovecha la oportunidad para acabar con dos de ellos, pero quedan tres.

—¡Enfi! —le suplico mientras ella se coloca a mi lado de un salto—. Ayúdame, hay que disipar la magia para que los necrófagos no vuelvan a levantarse.

Ella no dice nada, pasa sus ojos del libro a Jasper una y otra vez. Entonces cojo sus espadas y salto a la batalla para que pueda concentrarse en descifrar lo que sea que pone en la reliquia de Illythia.

—Pensé que nunca vendrías —se queja mi amigo cuando atravieso el cuerpo de uno de los necrófagos y este no se inmuta.

—Estaba ocupado.

Me concentro en esquivar todos los golpes de los enemigos, yo no tengo la capacidad regenerativa del Antiguo por lo que puedo morir con el primer zarpazo. Mis espadas no sirven para mucho, pero al menos le doy tiempo a Jasper para que pueda golpearles.

—¡No encuentro nada! —grita Enfi desesperada mientras pasa las páginas.

—¡Búscalo, por la diosa! —le responde su amado—. ¡Me empiezo a cansar!

Luchamos, seguimos luchando, pero la magia del Grimorio de los Muertos no nos ha bendecido por lo que la fatiga es un hecho que no va a tardar en llegar.

De pronto me doy cuenta de que el torso de Michael Ilia empieza a arrastrarse en dirección a mi hermana, está a punto de escupir su fuego hacia ella cuando salto sobre él y secciono su cuello.

—¡Está rota! —anuncia ella—. ¡Han arrancado la cancelación del hechizo!

—¡Me lo he comido! —Jasper saca su sentido del humor incluso en los momentos más críticos.

—¡No! —Me acerco al cuerpo sin vida de Treznor y rebusco en los bolsillos de su chaqueta. Entonces encuentro un trozo de papel. En ese momento no puedo evitar suspirar al confirmar que el muy trastornado estaba de farol—. ¡Aquí está!

—¡Léelo! —me ordena mi hermana desesperada, se acerca a mí con el libro entre las manos.

—¡No lo entiendo! —Las letras están en un idioma totalmente diferente al resto del libro—. Necesitamos a una bruja.

—Ya estoy aquí —Kathleen aparece a nuestro lado al instante, coge el papel de mis manos y empieza a leer—. El ejército ya ha ganado, dales a los soldados su descanso. Los caídos han terminado, que sus almas regresen a tu regazo, oh, Dama Muerte, así te lo pido.

Los necrófagos se desploman sobre el suelo mientras sus cuerpos se convierten en ceniza.

Mi hermana se apresura a abrazar a Jasper mientras Kathleen se quita el velo para mostrar un rostro completamente arrugado.

El poder la está consumiendo y eso es algo que ha aceptado en el preciso instante en el que bebió la sangre del Antiguo para convertirse en una bruja madre.

Tengo que cogerla entre mis brazos para que no se desplome sobre el suelo.

—¡Kath! —grito sin poder afrontar una muerte más.

—Tranquilo, solo necesito dormir —pronuncia y se desmaya.