Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 43
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—¿Qué estás haciendo? —Krishan es el primero en reaccionar, se acerca a Jasper y le inmoviliza.

—¡Le están controlando! —protesta el farsante, pero entonces todos se dan cuenta de su mentira.

Los duques actúan con una sintonía que nunca había visto. Ágatha utiliza los hilos rojos para inmovilizar el cuerpo, después es mi padre el que golpea su estómago. El falso Estevian empieza a reír mientras el duque del norte suelta a mi amigo para que este acuda en mi ayuda.

—¿Dónde está mi hijo? —Ábsolem habla con furia mientras reprime todas las ganas de destrozar mi cuerpo—. ¡Responde!

—¿Tu hijo? —El farsante no duda en mofarse de los duques y todo lo que representan—. No me hagas reír, Abs —y esto último lo pronuncia con cierto retintín.

Mi padre no cabe en sí de ira y vuelve a abalanzarse contra mi cuerpo. Debe de darse cuenta de que puede matarme, porque acaba optando por golpear mi cara con un tortazo. Deduzco que hay algo en sus palabras que ha hecho que reconozca al farsante.

—Sabéis qué es lo que habéis hecho, ¿verdad?

—Me repugno a mí mismo hablando así, no me reconozco—.

¿Cuánto tiempo os queda? ¿Días?—mi madre se pone tan nerviosa que delata parte de un plan que desconozco—.

¿En serio? ¿Horas? ¿Esto es a los que nos habéis reducido?

Sois marionetas temporales destinadas a desaparecer.

—¡Sal de la mente de mi hijo! —Y de nuevo otro tortazo, me va a dejar la cara dolorida.

—No puedo hacerlo, es la esperanza de que la estirpe Dynevor sobreviva—Después añade algo que todos sabíamos pero que no queríamos aceptar—. De mi estirpe…

Los estallidos acompañan las palabras del farsante.

Cuando Jasper se asoma por la ventana se percata de que las prisiones de hielo han cedido ante la presión de los necrófagos.

Los enemigos se abalanzan sobre nuestro ejército como una masa homogénea de brazos, pies y colmillos.

El ejército de vampiros, ghouls, lobos huargo, lord Kayal y la Tríada intentan contenerlos para que no entren en el castillo, pero son demasiados.

—¿De qué está hablando, Ábsolem? —Krishan se pone nervioso al ver como la vida de su hijo peligra.

—Treznor Dynevor está en la mente de Estevian —responde Ágatha y todos los ojos se clavan en mi cuerpo—. La Orden de los Condenados no acabó con él porque utilizó a sus brujas para crear una ilusión.

—Qué lista eres, milady. Pensé que solo servías para amamantar a tus cachorros ¿Qué tal están las niñas? ¿Crees que podrán servirme de adastas? —Las provocaciones de Treznor ceden y consiguen que mi madre utilice su don para apretar su cuello.

—¡Cállate! —protesta ella.

—¿Qué? Mi hija por las vuestras… No me digas que no sabíais que Farah era mi propia stoker —Mis propias carcajadas me crispan tanto los nervios que me veo obligado a intentar entrar en mi mente, pero no puedo, no mientras esté ocupada por el enemigo.

El farsante se dirige a mi padre—. Siempre creí que el plan de tu hermano era muy predecible. Sabes que te odia, ¿verdad?

—¿Está vivo? ¿Dónde está? —Ábsolem sacude mi cuerpo como si eso fuera a darle algún tipo de solución.

—Ya lo has visto, de hecho, le dejaste muy herido, pero ahora es diferente.

—¡Cuidado! —grita Jasper mientras empuja a mi madre para salvarla de la bocanada de fuego que surge de uno de los cuadros del salón del trono.

Entonces le vemos, el necrófago que quiso matar a Cirigh en la arena, el mismo que nos atacó durante el baile.

Ágatha se ve obligada a disipar su hechizo y liberar mi cuerpo por completo.

El falso Estevian sale corriendo mientras Ábsolem se centra en acabar con su rival, sus ojos están inyectados en una ira que no comprendo hasta que todo cobra sentido.

Lo he tenido delante todo este tiempo y no he sido capaz de unir las piezas del rompecabezas más retorcido.

Ese necrófago, escupe fuego porque algún día fue de la misma estirpe que mi padre, es mi tío Michael, o al menos lo que queda de él.

Ambos se pierden en los pasadizos que se ocultan detrás del arte del castillo.

Jasper es el único que intenta atrapar mi cuerpo, incluso Krishan decide abandonar al resto para luchar junto a su hijo.

Estoy a punto de perseguir al ghoul y al farsante cuando escucho a mi madre sollozar.

La duquesa está tumbada en el suelo, débil, mientras la desesperación se apodera de ella.

Por mucho que quiera aparentar ser fuerte en la batalla, ella nunca se entrenó para ser una guerrera.

Eso es lo que le lleva a mirar hacia el techo y decir:

—Entra en mi mente, hijo, no me queda mucho tiempo—asiento con la cabeza y lo hago.

—Solo será un momento, madre.

—Sé dónde está —comenta ella relajada, no se está resistiendo, por ello no sufre—.

He visto el hilo surgiendo de las catacumbas de Makabria, tiene que estar con el Grimorio de los Muertos.

No le encuentro otra explicación a la nigromancia que ha utilizado con su pueblo —Entonces intenta buscarme con la mirada—.

No permitas que destruyan tu cuerpo o no tendrás a dónde volver.

—El pueblo… ¿No pueden volver a la normalidad? —A pesar de que estoy seguro de la respuesta necesito escucharla de ella.

—Están muertos, por eso puede manipularlos —ella toma una fuerte bocanada de aire, se pone en pie y añade—. Te cedo mi voluntad, cariño.

Su mente se apaga como quien apaga el fuego del hogar para dejar que la oscuridad lo envuelva todo. De alguna manera sé que cuando abandone su conciencia, ella volverá a la normalidad. Tengo que aprovechar la oportunidad que me ha dado mi propia madre para ganar esta batalla.

Me sorprende la velocidad a la que puedo moverme controlando el cuerpo de la duquesa.

Me siento más ligero, más fuerte y poderoso.

El fulgor rojo permanece activo en todo momento, puedo percibir los hilos de aquellos que permanecen vivos.

Al principio es algo molesto, casi pienso que me voy a enredar, luego me doy cuenta de que es como la tela de una araña que puedo manipular en caso de desearlo.

Pero no lo hago, mi único objetivo es perseguir al farsante.

El don de la estirpe de mi madre es tan complejo que me cuesta comprender el porqué de que surjan tantos hilos de su interior.

Después me doy cuenta de que cada uno de ellos nos representa a sus hijos y a su marido, por ello me es fácil seguir mi propio rastro, pues mi cuerpo sigue vinculado al de mi madre.

Giro a la derecha para subir por las escaleras, evado habitaciones cuyas paredes permanecen en pie, pero el suelo se ha desplomado.

Salto por una de las ventanas para caer hasta lo que parece ser un baño termal olvidado, no hay agua solo la vegetación que lo ha reclamado como suyo.

Entonces los veo, Jasper está muy cerca pero nunca consigue atraparlo.

Extiendo mis dedos y acaricio el hilo que une a mi madre con mi propio cuerpo, no lo pienso, simplemente tiro de él.

El falso Estevian cae al suelo y mi amigo consigue inmovilizarlo a base de golpes.

Estoy a punto de llegar para apoyarle cuando todo se tuerce de nuevo.

El farsante saca sus colmillos y muerde el cuello del humano, lo hace con tanta fuerza que consigo ver como la carne y la sangre se desparraman por el suelo.

Jasper cae agonizante mientras el falso yo se escapa.

Podría seguir con la persecución, pero me niego a dejar que otro de mis seres queridos muera en mis manos.

—Gazzei, no… —susurro mientras cojo el vial de plasma y le doy de beber. Lo hace, pero las heridas no sanan a la velocidad que debería, se muere y esa es una realidad que no puedo ignorar.

—Duquesa…

—No, soy Chacal, me ha cedido su voluntad para acabar con esto…

—Chacal… —pronuncia con torpeza, cada vez que habla la sangre abandona su cuerpo—. Ve a por él… sabía que esto pasaría.

—No me perdonaría dejarte morir —le digo y acto seguido saco mis colmillos para morder mi muñeca—. Enfi me mataría si no hiciera esto…

—No… tu cuerpo…

Poso la muñeca de mi madre sobre los labios de Jasper y dejo que beba de ella. La sangre del Antiguo, que recorre las venas de Ágatha, es tan poderosa que regenera las heridas del humano, aun así, no lo hace a la velocidad oportuna y su vida pende de un hilo.

—Illythia que funcione… —le suplico a la nada mientras sostengo el cuello de Jasper y se lo rompo.

Así es como se lleva a cabo la transformación en el vampirismo. El humano debe de morir con sangre de inmortal en su cuerpo para poder alzarse con su nueva vida.

No sé si mis acciones han servido de algo, acabo por morderme la otra muñeca y vierto la sangre de mi madre sobre los labios de mi amigo.

La sangre no sale porque el cuerpo no la bombea, al contrario, se va anidando en su organismo.

El tiempo pasa y la transición no se lleva a cabo, entonces me doy cuenta de que ha sido demasiado tarde.

El corazón de la duquesa empieza a latir con fuerza mientras la ansiedad se apodera de mí.

Cada gota de sangre que abandona su cuerpo es una campana que insiste en despertar su bestia interior.

Sus ojos empiezan a brillar con fuerza mientras el hilo que le une a mi cuerpo palpita con intensidad.

De repente no controlo a la portadora de la tiara de oro negro y rubíes, no, lo que se mueve hacia el enemigo es una cazadora ansiosa de sangre y muerte.