Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 41
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Enfi Ilia

Estoy inquieta y por mucho vino que me sirvan, no consigo calmarme.

Han pasado horas desde que el ejército marchó a la batalla y no hemos recibido ningún cuervo que nos informe sobre la situación.

Por no hablar de los tres bebés que descansan en sus cunas, no dejan de llorar y eso crispa mis nervios a un nivel que no reconozco.

—¿Presientes algo? —le pregunto a lady Alia que coge al pequeño Adanyan entre sus brazos para calmar su llanto.

—No, no hay ningún animal cerca —responde ella, lejos de las reuniones y las formalidades de palacio, mi futura cuñada es bastante agradable. Al menos con nosotras—. No te preocupes, cielo, seguro que están bien.

—Darius y Estevian estarán ensañándose con esos monstruos, ya los conoces. —se jacta Amari con una sonrisa de oreja a oreja. Por mucho que finja estar relajada, sé que está tan preocupada como yo—. Luego vendrán, pagarán a un par de dolientes y se emborracharán con el vino.

—Tenía que haber ido a la batalla, no pinto nada aquí.

—Tus sobrinos te necesitan, cielo —Alia me da al bebé para que lo coja y automáticamente este me sonríe.

De los tres pequeños, Adanyan parece ser el que más disfruta de mi compañía, de hecho, no tarda en quedarse dormido en cuanto lo cojo.

—Vas a ser una gran madre, querida —comenta Alia.

Mi hermana se muestra orgullosa de que la stoker del norte haya ganado confianza con nosotras. Aunque no puedo dejar de pensar que son gestos que fuerza para agradarnos, después de todo, ella sigue siendo frívola.

—Eso espero —le responde Amari.

—Argh… no puedo más —digo inquieta.

Dejo al bebé con cuidado en su cuna y salgo del salón. Necesito correr, calmar la ansiedad que me obliga a temerme lo peor una y otra vez. No, necesito estar con Jasper Gazzei, abrazarle y escuchar su voz.

—¿Dónde está mi doliente? —le pregunto a una de las sirvientas de palacio.

—La última vez que lo vi estaba en su dormitorio, milady.

—Gracias.

La lluvia de sangre ha conseguido calmar la crisis del frenesí, quizá por eso emprendo una carrera sobrenatural para llegar a la habitación de Jasper antes de lo esperado.

Estoy harta de este vestido, de la poca movilidad que me da, no, estoy harta de ser una dama de la corte que no tiene permitido ir a la guerra.

Sé luchar, lo he demostrado en tantas ocasiones que se han cansado de repetírmelo.

Si incluso he ganado a Darius y a mi hermano Estevian.

Soy rápida, sigilosa y letal. Soy la Sombra de Plaguen, he ejecutado a tantos vampiros dominados por su bestia interior que he perdido la cuenta.

—¿Amor, estás ahí? —Golpeo la puerta con suavidad, pero nadie me responde.

Por no hablar de que mis sentidos no perciben a nadie al otro lado, no escucho los latidos de mi querido humano.

Entro en la habitación como un rayo y descubro todo perfectamente ordenado.

Entonces me percato del aroma de mi amado, de ese perfume a glamur y fiesta.

Me apresuro a ir hasta el cuarto de baño para descubrirlo vacío.

Estoy a punto de salir por la puerta cuando veo una nota sobre el escritorio, un papel que he ignorado hasta este preciso instante:

Querida Enfi:

Yo también soy digno de proteger la corona de oro negro y rubíes.

Gracias por haberme entrenado todo este tiempo, me ha sido muy difícil ocultarte mis verdaderas intenciones.

Si salgo con vida de esto, tu padre me concederá el favor de Plaguen.

Espero que acceda a hacerme inmortal, no puedo perdonarme mi verdadera naturaleza.

Mi vida entera es tuya, pero necesito la eternidad para dártela como es debido.

Te ama,

J.G.

—No, no, no… —Abrazo el papel como si fuera el tesoro más valioso de Valhía, más incluso que cualquiera de las tres reliquias de poder—. ¡Eres idiota, Jasper!

Corro, lo hago como si su vida dependiera de mí.

Las lágrimas se deslizan por mis mejillas para saltar desde ellas.

En el momento en el que llegan al suelo yo ya no estoy ahí.

Me apresuro a entrar en el salón, abro la puerta de golpe y encuentro a Amari y a Alia dándole los biberones de plasma a los bebés.

—Se ha ido a la guerra… —sollozo, pero no parecen entenderme. Después miro a mi hermana y recurro a la complicidad que siempre hemos tenido—. Quiere el favor de la corona…

—¡Por Santa Illythia! —grita ella consiguiendo asustar a sus hijos.

—¿Qué ocurre? —pregunta la stoker del norte.

—Ve, tienes que traerlo de vuelta —Amari pronuncia lo que mi mente grita—. Vuelve con vida, hermana.

Me marcho, lo hago sin perder más el tiempo.

Esquivo a todos los miembros del servicio hasta llegar a la armería, me equipo con un conjunto de cuero, mis cinturones de dagas arrojadizas y dos espadas cortas.

Tengo que apartar al mozo de cuadras para acelerar el proceso de ensillar a Lily.

En el momento en el que estoy montándome en mi yegua veo un rayo de energía roja surgiendo en la lejanía.

—Refuerzos…, necesitan refuerzos —murmullo mientras azuzo al animal y emprendo el camino de ida hacia la guerra—. Si no te mueres en la batalla, te voy a matar yo, Jasper Gazzei.

En cuestión de minutos estoy recorriendo las montañas nevadas, le suplico a Lily que vaya más deprisa pero el animal hace lo que puede.

Ignoro las rutas de acceso a Orio y las otras aldeas abanderadas de Plaguen para desaparecer en los bosques cuyo final son las tierras indómitas.