Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 33
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Cirigh de Laneth

Mi voz empieza a entonar una canción desconocida cuando entro en contacto con los dibujos tallados en el tronco de los árboles. Mi mirada se pierde en un lugar al que solo mi mente puede acceder y de pronto se cuenta una historia que se ha perdido en los albores del tiempo:

No sufras, mi amor

Te dedico esta canción

Que mi voz sane tus heridas

Y mi magia te aleje del dolor

De repente veo a una mujer de hermosos cabellos azules, lleva un vestido cuyo vuelo invoca mareas que se funden con el propio mar.

Su cuerpo está suspendido sobre la superficie del agua mientras sus brazos sostienen a una criatura que jamás he visto.

Se trata de una mujer de piel gris y serpientes en lugar de cabello.

Sus ojos evocan la mirada de un cocodrilo mientras sus manos y su aleta me recuerdan a mi propia especie:

Siempre serás la primera

La Antigua de las sirenas

Siempre serás mi vida entera

La dueña de mi pena

Entiendo que la mujer no es otra que Rysantha, la diosa del mar, y que la criatura que yace inerte es su primera hija, mi Antigua.

La sirena está completamente muerta mientras un corte plateado resplandece en su pecho.

Sea quien sea quien la haya matado, lo ha hecho sabiendo que era la favorita de mi deidad.

A pesar de que sigo entonando la canción de El Lamento de Rysantha, el sufrimiento que siento en mi pecho es tan grande que creo que voy a morir.

Las lágrimas se desprenden de mi mejilla, frías como el hielo, mientras la visión sigue transcurriendo al ritmo de una melodía que estremece a mi familia y le incita acercarse a mí:

Olvidamos nuestros orígenes

El amor nos poseyó

Quisimos a nuestros hijos

Y por eso ella los destruyó

La mujer mira hacia el cielo mientras sus lágrimas caen sobre el cuerpo de su Antigua.

Cada gota es magia pura que protege al cadáver de todos los males que puedan hacerlo marchitar.

Más que eso, Rysantha está convirtiendo a su primogénita en una estrella del firmamento para que no pierda su inmortalidad.

De pronto me percato de la criatura que sobrevuela toda Valhía, un ser que nunca había visto.

Se trata de una mujer de gran tamaño equipada con una armadura plateada, un halo de luz resplandece sobre su cabeza mientras bate las alas blancas y puras para ir de un lado al otro del mar:

Con mi magia forjo este orbe

Con mis manos imploro

Que mi dominio sea tu prisión

Que la luna y las mareas sellen tu odio

La diosa mueve las manos para convocar la energía del mundo y concentrarla entre sus dedos forjando así el Orbe de las Mareas.

La reliquia brilla con tanta intensidad que atrae otras dos figuras desde diferentes puntos de Valhía.

Reconozco a Ilythia y a Bryarthe porque portan el Grimorio de los Muertos y el Cetro del Sol.

La primera tiene el cabello negro como la noche y los ojos rojos como el rubí.

La segunda luce hermosos tatuajes dorados en su piel oscura, además de una mirada tan brillante como el calor de la mañana.

Ambas se unen para atacar al ser alado que pretende destruir todo lo que han construido.

—Que esto sirva para conservar la belleza de los buenos recuerdos que hemos tenido junto a nuestras hermanas—pronuncia Rysantha y mi corazón da un vuelco.

Me quedo completamente hipnotizado contemplando la luz dorada que mana del orbe incrustado en el cetro.

Incluso la noche eterna del Midna se estremece ante el poder de las reliquias que las tres hermanas forjaron para proteger Valhía.

Al principio las veo sosteniendo los objetos con fuerza, después la imagen se distorsiona para dar forma a un individuo completamente diferente que porta las tres reliquias para proteger el mundo de nuevo.

Mi respiración se agita cuando termino de cantar.

Reconozco ese cuerpo porque mis labios han recorrido cada centímetro de su piel:

—Estevian... —susurro antes de regresar a la realidad.

Se hace el silencio en el campamento superviviente de Laneth. Mis rodillas vencen dando paso al cansancio y la debilidad. La anciana me acaricia la cabeza mientras me sonríe orgullosa.

—Lo has hecho muy bien, Cirigh —Me percato de que está llorando.

Cuando me giro para contemplar al resto de mi familia, todos y cada uno de ellos se mantienen boquiabiertos.

Mis hermanas se apartan para formar un pasillo que trae a la reina Velra junto a mí.

Su brazo ha vuelto a crecer y sus piernas se mueven con gracia.

Mi madre ha sanado y no logro comprender el cómo:

—El Lamento de Rysantha me ha sanado, Cirigh —La reina sirena sonríe mientras se acerca a mí y coloca su frente sobre la mía—. Eres más que un príncipe tritón, hijo.

Por primera vez en toda mi existencia veo a mi propia madre con una postura cercana y cariñosa hacia mí. Más que eso, puedo percibir el dolor en su pecho, el orgullo en su voz y la alegría en su mirada. No sé qué es lo que acaba de pasar, pero estoy dispuesto a averiguarlo.