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Así pues, el gobernante de la Corte de la Tormenta se unía a diferentes duquesas, hacían el ritual de matrimonio y estas se quedaban encinta, sacrificando sus vidas en el fatum.
En ese momento la unión mágica entre estirpes se rompía y el don de los Dynevor se transmitía a la siguiente generación conservando el poder de dominar al resto.
—Se mueve constantemente... —continúa Ágatha mientras sus palabras se tornan susurros intensos—. Nunca ha entrado en la Corte de la Noche, pero sí ha estado en Plaguen. Estáis predestinados a encontraros una y otra vez. Aunque vuestro amor no puede tener un final feliz, no en esta vida.
—¿Y si cortas el hilo y lo unes a mí para que pueda encontrarlo? —sugiero al ver que la solución no es tan sencilla.
—Podría matarla —responde mi padre al instante—. Y no nos podemos permitir perder a más brujas del aquelarre.
—Se mueve con tanta velocidad que pienso que podría tener algún tipo de poder...
—¿Teletransportación? —Kathleen se anima a hablar aun cuando Ágatha persiste en remover su interior buscando la conexión del hilo—. Pero eso solo lo podemos hacer las brujas.
—No hay otra manera de que un vampiro corriente tenga un poder así —Krishan se apoya en la ventana y pierde su mirada en la lluvia roja—. No hay ninguna estirpe conocida con ese poder...
—Y las mancias no permiten moverse tan rápido —secunda mi padre.
—¿Y si fuera algo más? —Lady Alia habla dejándonos a todos sorprendidos.
—¿A qué te refieres, hija?
—Cuando los Shayk utilizamos nuestro don para entrar en la mente de los animales que controlamos, nuestras almas salen de nuestros cuerpos dejándonos indefensos.
—¿A dónde quieres llegar, cielo?
Amari está tan inquieta que no soporta la manera relajada y frívola que la stoker del norte tiene de hablar. Mi mente empieza a trabajar como si todo esto fuera una estrategia militar. Me repito a mí mismo las palabras de mi prometida hasta que comprendo lo que quiere explicar:
—Que Kaine viaja tan rápido porque controla la mente de otros vampiros mediante su don.
—No puede ser... —El duque Ábsolem da un golpe sobre la mesa circular en la que todos estamos sentados. Todos menos mi madre y la bruja—. Eso significaría que es un Dynevor.
—Los Condenados se encargaron de eliminar toda la estirpe —secunda Krishan—. No sobrevivieron ni sus hijas. Fue una matanza.
El nerviosismo se apodera de mí provocando que mis manos se cierren en un puño y mi mandíbula se apriete.
Nadie en la realeza vampírica sabe que yo formé parte de los rebeldes, menos aún que fui uno de los tres generales, el Chacal.
Mis hermanas y mi cuñado se han esforzado por guardarme el secreto.
Por eso no espero una buena reacción cuando pronuncio:
—Nadie salió con vida de la Corte de la Tormenta. Lo sé porque yo mismo atravesé el cuello del duque Treznor.
—¿Qué estás diciendo? —Ábsolem me mira fijamente mientras repite los mismos gestos que yo: cierra las manos en puño y aprieta la mandíbula.
—Que yo fui un general de la Orden —Y antes de que pueda decir nada continúo—. Lo hice para anticiparme a sus movimientos y detener cualquier intento de ataque a palacio. Y lo conseguí durante varios años...
—¡¿Atacaste a una estirpe de Ilythia?! —él grita denotando ser igual de tozudo de joven que de adulto—. ¿Sabes lo que significa eso, Estevian? Es un delito grave y se paga con la muerte. Ni siquiera el hecho de que seas un stoker de la Corte de la Noche te puede salvar de esto...
Ábsolem, o la versión joven de él, camina por la sala haciendo gala de la corona de oro negro y rubíes.
Continúa hablando, gritando y repitiendo las prohibiciones que tenemos al nacer con la sangre especial de la realeza nocturna de Valhía.
Ni mis hermanas, ni mi cuñado, ni siquiera mi prometida, salen en mi defensa.
No pueden, no cuando el fulgor carmesí de mi padre infunde tanto respeto como el poder del mismísimo Antiguo.
Pero yo no puedo quedarme callado, no puedo permitir que se me denigre como si le hubiera fallado a mi reino.
—¡¿Por qué lo hiciste?! —grita después de su monólogo lleno de narcisismo y muestras de poder.
—Protegía Plaguen porque tú no podías hacerlo —pronuncio finalmente y todos se quedan callados.
La rabia se apodera de mí mientras mis labios se mueven solos—.
El general Rhain y tú estabais demasiado ocupados infestando el mar con esos monstruos.
O con fiestas innecesarias para demostrarle al pueblo que eras un rey digno.
Padre..., yo me infiltré en el bando enemigo en cuanto vi que nuestra estirpe podía estar en peligro.
¿Crees que tus nietos estarían con vida si yo no me hubiera movido en las sombras?
Permíteme decirte que este mundo no se resume en sangre y vino.
Somos vampiros y está en nuestras venas el querer conquistarlo todo —Entonces me desabrocho el cuello de la camisa y expongo mi piel—.
¿Quieres ejecutarme? Hazlo, bebe de mi sangre como estáis haciendo con los presos de los barcos.
Pero te puedo asegurar que sin mí esta corte no aguantaría ni un mes.
—El chico tiene razón —insta Krishan cuando mi padre se calla sin saber qué decir—. A veces los duques tienen que hacer sacrificios para proteger su estirpe. Y todos sabemos que a los Dynevor se les estaba yendo de las manos.
—Iban a atacar a los otros reinos vampíricos para ganar poder en Valhía. Las madres brujas nos lo dijeron —Kathleen sale en mi defensa mientras mi madre se va alejando de ella.
—Si cada salto significa que Kaine está controlando mentes de diferentes vampiros, podría estar formando un ejército para atacar Plaguen —sentencia Ágatha poniéndole fin a la discusión.
—En cuanto lleguen los refuerzos de Pestet atacaremos —Ábsolem me ignora por completo y se dirige a la bruja—. Prepara a tus hermanas para el ritual de ascenso. Pronto habrá una nueva Tríada en el Aquelarre del Cuervo.