Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 31
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El niño recorre las calles de los barrios pobres de Plaguen orgulloso de haber conseguido sus primeras monedas de oro desollando las liebres de los cazadores.

Por eso se mete en una tienda de dulces y compra una cajita de bollos de miel para compartirla con sus madrastras.

Apenas tiene recuerdos de su infancia, por eso para él lady Olivia y lady Gayla son su única familia.

No tiene ningún miedo a callejear y encontrarse con prostitutas o borrachos.

Pues sabe que hay una ley que protege a los niños por encima de todas las cosas.

Gracias a ello la realeza vampírica se asegura de que el ganado siga su ciclo natural de vida.

Lánar se detiene frente a un chico apoyado en la pared y con la vida pendiente de un hilo.

—¿Está bien, señor? —le pregunta inocente—. ¿Quiere un bollito de miel?

—Sangre... —pronuncia débil. El niño coge el silbato de su bolsillo y justo cuando está a punto de soplarlo para avisar a la guardia y que ayuden al inmortal, el extraño le detiene—. ¿Cómo te llamas...?

—Lánar, ¿Y tú?

—Kaine.

—¿Quieres ser mi amigo, Kaine?

—Claro... —Su voz es débil y su respiración agitada, aun así, se acerca al niño y le susurra—. Ven mañana y jugaremos juntos.

Cuando Lánar se quiere dar cuenta el vampiro ya no está. No le da mayor importancia, se va dando brincos hacia casa prometiéndose volver pronto para jugar con su nuevo amigo.

—Es él... —pronuncio con la certeza de que Kaine tiene una cara conocida.

—¿El Maestro? —pregunta Edana mientras el cadáver frente a nosotros cruje debido a la presión de nuestro hechizo.

—¿No os habéis dado cuenta? —Las palabras de Seylah consiguen acallar las nuestras—. Kaine no era él exactamente, alguien le manejaba como en un teatro de títeres.

—¿Qué quieres decir? —Calista ya no la trata como a una niña.

—Que ese era un hechizo de control mental. ¿De verdad no habéis visto la magia fluyendo desde su cabeza?

—¿Donmancia, cielo? —pregunto recurriendo a las trece mancias de Valhía.

—No, no, no es magia de brujas. Es algo diferente, como lo que hace lord Darius cuando va a luchar.

—¿Un don de las estirpes? —Edana suena tan preocupada que su voz empieza a temblar.

—Eso, eso... —canturrea Seylah.

—El poder de los Dynevor —sentencio antes de continuar observando lo que el alma del humano nos cuenta.

Los días transcurren sin avisar. Bajo el amparo de la noche eterna el paso del tiempo es algo prácticamente imperceptible para aquellos que no son mortales.

Pero Lánar sí lo es y por eso se van grabando en su piel las cicatrices de su pasado.

El niño siguió visitando a Kaine, el cual le contaba historias de Makabria que él mismo llegaba incluso a recordar.

Así fue como, de alguna manera, comprendió que él había vivido allí y que las personas con las que soñaba fueron alguna vez seres queridos.

Makabria se convirtió en un reino aterrador para aquellos que no lo consideraban su hogar. Se rumoreaba que su rey controlaba la mente de su pueblo obligándoles a ser felices para que no pusieran en peligro la inmortalidad de la estirpe real. Mentiras que no se alejaban mucho de la realidad.

—Alguien me hizo llegar esta carta para ti —le dice el vampiro mientras ambos comen un bollito de miel—. Vive en palacio y te conoce.

—Farah… no me suena, pero si quieres puedo ir a verla.

Así fue como poco a poco el niño fue confiando en el inmortal.

Kaine le explicó cómo entrar en palacio sin que nadie le viera, le dibujó un mapa del alcantarillado de la ciudad y le convenció para acudir al punto de encuentro en el jardín de la Corte de la Noche.

El humano lo hizo tal y como el vampiro se lo pidió.

—Eres Farah, ¿verdad? —pregunta el niño en cuanto ve a una vampira sola observando los peces de un estanque. Ella parece haberse quedado estancada en la adolescencia, un evento natural en los hijos de Ilythia. Pues es en esa edad en la que empiezan a ralentizar su envejecimiento.

—Lánar, ¿has venido?, pensé que no te volvería a ver nunca —La chica se incorpora sosteniendo el peso de su vientre. Está embarazada y de eso no hay ninguna duda.

—¿Me conoces?

—¿No lo recuerdas? Hemos sido amigos desde siempre. Aunque en esa época me llamabas Bruna.

—¿Eres la princesa de Makabria? —Su voz se eleva y ella le sella los labios con su mano.

—Aquí soy simplemente Farah, la adasta del duque Ábsolem y la duquesa Ágatha.

—¿Por qué te pones en peligro de esta manera?

—La diosa me habló en sueños y me encomendó esta misión.

—Pero morirás... —A Lánar se le empañan los ojos en lágrimas.

—Por un bien mayor. Es un cometido que tengo junto a mis hermanas, aunque no sé si ellas ya lo han cumplido.

—¿Dónde están?

—No lo sé, pero sé que me reuniré con ellas cuando me marche junto a Ilythia.

—¿Sabes al menos cómo lo llamarán?

—Lady Ágatha duda entre llamarle Jonan o Estevian. Aunque a mí me gusta más el segundo.

—¿Bruna era la progenitora de lord Estevian? ¿Una Dynevor? —Edana habla en nombre de todas cuando la historia que nos cuenta la magia es más retorcida de lo que esperábamos.

—¿Quién es exactamente Kaine? —pregunto mientras el corazón me late tan fuerte que se me sale del pecho.

—Estoy agotada...—Seylah bosteza y la conexión entre nosotras empieza a titilar.

—Aguanta un poco más, por favor. Estamos muy cerca —le digo mientras acaricio su mano con mi dedo pulgar. Mientras sigamos unidas el hechizo continuará.

Lánar siguió visitando a lady Bruna hasta que la vida de esta llegó a su fin como lo hacen todas las adastas.

La visión avanza enseñándonos a un Lánar mucho más adulto.

Lo vemos visitar el burdel y yacer con varias mujeres.

Una imagen que lamento que Seylah haya tenido que ver.

Hay un vínculo muy fuerte entre él y Kaine, como si esa amistad estuviera unida por algo más fuerte que la magia.

Un día como otro cualquiera caminan por los barrios bajos. Llevan jarras de cerveza en la mano y los han echado de dos tabernas ya. Es entonces cuando entran en la Yegua Coja, se acercan a la barra y me encuentran allí:

—¿Qué hace una vampira tan guapa en un lugar como este? —Kaine es el primero en hablar.

—Beber, ¿no lo ves?

—¿Y te podemos acompañar?

—No soy la reina de la barra, así que haced lo que queráis.”

—¿Eres tú? ¿En serio? —pregunta Edana entre risas.

—¿Así que eso es lo que hacías cuando te ibas a descansar a tu habitación? —se queja Calista. Pero no podemos seguir hablando porque la magia se vuelve exigente y nos atrapa de nuevo.

—El Maestro te busca —El humano se mantiene junto al Salto de la Noche mientras su acompañante apunta al tritón con un cuchillo.

—Quítate la capucha, Lánar, no hace falta que te ocultes frente a mí.

—No lo pongas más difícil, Cirigh.

—¿Por qué? ¿Por qué fingiste que eras mi aliado?

—Porque lo que llevas encima vale más que mil vidas —El hecho de que no se comunicase a todo el reino que los nuevos stokers habían nacido, puso en peligro la vida del tritón.

—Hay que marcharse —insta el otro rebelde asegurándose de que nadie les esté mirando.

—No, por favor... yo no quería esto —Cirigh está aterrado, no puede huir porque está al límite del barranco.

—No te dolerá. Si te portas bien te dejará con vida.

—Eres patético... Te aprovechaste de mi inocencia para fingir ser mi amigo. Me has cuidado como si realmente te importase.

El tritón se deja caer por el precipicio tirando de sus enemigos para arrastrarlos hasta el mar. El primero no sobrevive a la caída, pero Lánar sí lo hace e intenta huir sabiendo que lo que se mueve bajo sus pies es un monstruo que ansía devorarle.

—¿Creéis que soy yo el que está acorralado? —Cirigh da tanto miedo que agradezco haberle conocido en agua dulce—. Vais a ser mi fiesta de despedida.

La visión se esfuma en un pestañeo. Cuando regresamos a nuestra realidad Seylah se desmaya sobre los brazos de la bruja de hielo. El hechizo ha absorbido tanto de nosotras que es imposible que una niña tan pequeña soporte más tiempo así.

—No, no..., —suplico contemplando como el cadáver de Lánar se empieza a quemar.

—Ya está, Kath... se ha consumido. Hubiera sido mejor haberlo tenido vivo... pero al menos tenemos respuestas que los duques deben saber.

—No lo sé, Cali... Si supieran que Estevian tiene sangre Dynevor, podría traerle problemas.

—¿Y qué sugieres que guardemos el secreto?

—Solo hasta después de la guerra... —respondo con decisión mientras el cuerpo del humano se convierte en una pira de fuego azul—.

No podemos negar el hecho de que las coronas de Plaguen y Pestet han perdido el norte.

Los duques no solo son jóvenes sino que cada día son más inmaduros.

Dynevor siempre fue un enemigo para ellos, por eso confabularon en contra de su poder.

Si descubren que uno de los stokers conserva el legado que tanto les costó destruir, puede que pretendan lo peor.

—El Aquelarre del Cuervo siempre ha servido a la corona de oro negro y rubíes —Calista se mantiene impermeable mientras repite las enseñanzas de nuestras brujas madres—. No podemos negar que nos han protegido y nos han dado lo que siempre hemos necesitado. Deberían saberlo.

—¿Deberíamos saber el qué, preciosas? —El duque Krishan entra en la habitación con total confianza.

Lleva puesta una chaqueta blanca que deja abierta para mostrar sus potentes pectorales.

Nadie puede negar el atractivo arrollador que porta, por no hablar de esa actitud frívola propia del norte del Continente de la Banshee.

Incluso Cali se pone nerviosa frente a él, no sé si por excitación o por miedo al nuevo poder que tiene.

Él camina por el interior de la guarida de las brujas sin ningún tipo de pudor.

Algo que siempre ha estado prohibido. Aunque no es de extrañar que él no respete estas normas, pues en Pestet las brujas son solo espiritualistas que leen el curso del viento para aconsejar el próximo movimiento de la Corte de la Niebla.

Una de las razones por las que están aquí.

Edana y yo miramos a Calista esperando a que sea ella la que responda.

Nuestra hermana se queda completamente perpleja.

Si su piel no fuera oscura podríamos ver el rubor en sus mejillas, esa es la suerte que tiene, que puede ocultar sus sentimientos con facilidad.

Entonces empieza a hablar y nosotras tememos lo peor:

—Que tenemos que convertirnos en la próxima Tríada para proteger Plaguen —Ver a nuestra hermana mentir es realmente sorprendente.

Nunca lo ha hecho, siempre ha sido la bruja sincera, la que respeta las normas y la que está dispuesta a sacrificarlo todo si con eso sigue las enseñanzas de nuestras madres.

—¿Y qué necesitáis? —Krishan se mueve juguetón mientras nos mira de arriba abajo. Está claro que las ilotas que ha contratado no le sacian completamente.

—Sangre del Antiguo.