29
Kathleen Strauss
Las velas se mantienen encendidas en un círculo que fomenta la canalización de mi magia.
A mi alrededor hay tomos de hechizos flotando y dejando pasar sus páginas para transmitirme todo lo que necesito para la guerra que se acerca.
Este sería un hechizo sencillo si me centrara en la meditación para recordar mis lecturas del pasado, pero todo cambia cuando son textos que nunca he tenido la oportunidad de leer.
Por eso la tinta vuela lejos de sus páginas para introducirse bajo mi piel. Lectura mística nivel alto.
—Ya he terminado —Seylah provoca que todo regrese al suelo y que las velas se apaguen en un parpadeo.
—¿Has hecho los deberes? —pregunto sorprendida mientras sacudo mi vestido negro y me dirijo hacia ella.
—Sí. He limpiado los huesos de nuestras antepasadas, he encendido el fuego de las plegarias y he elaborado todas las pociones ofensivas —La pequeña habla con la responsabilidad de alguien que ha nacido con el poder de cambiar el futuro—.
También he hecho una del ahogado, debe de funcionar porque se lo he dado a Kiki y le han salido agallas.
—¿A Kiki? ¿Tu gato? —Mis ojos se abren de par en par—. ¿Qué has hecho con el animal?
—Está en la pecera nadando.
—Muéstramelo.
Seylah asiente con la cabeza mientras se pone en camino para conducirme lejos de la biblioteca y llevarme hasta el jardín interior.
Me quedo paralizada cuando veo la imagen.
Kiki, el gato que invocó con sus primeras prácticas de xuthmancia, está nadando en el acuario en el que el aquelarre cultiva plantas acuáticas.
El animal, de abundante pelaje gris, nada con la agilidad de un pez y no parece estar disgustado.
Pero lo que más me llama la atención es la orquesta de maullidos que se propaga por toda la estancia.
El jardín interior es de las pocas habitaciones con aperturas directas al cielo nocturno de Plaguen.
Es nuestro principal canal de ventilación y su acceso está oculto por un hechizo de invisibilidad situado en los jardines traseros del palacio.
También hay runas que evitan que un enemigo pueda entrar vivo.
Aquí nos encargamos de cultivar mediante la magia diferentes ingredientes vegetales para nuestra alquimia.
Aunque me temo que eso está a punto de cambiar.
—¿Cuántos hay? —pregunto al ver infinidad de gatos campando a sus anchas por los dominios del aquelarre—. ¿Veinte?
—Treinta y dos. Como me dijiste que tenía que tardar en hacer los deberes me acabé aburriendo.
—Llevas menos de una hora alejada de mí.
—Terminé todo lo que me pediste cuando las primeras líneas de tinta se escondían en tus brazos. ¿Lo he hecho mal?
—¿Puedes hacer que desaparezcan, Seylah?
—¿Quieres que los mate?
—Sí, bueno..., no sé —Su pregunta me deja desubicada. A diferencia de otras invocaciones que dependen de su dueño, las de Seylah tienen conciencia propia y se mueven como si hubieran nacido con normalidad.
—Vale —La niña sonríe con una inocencia casi diabólica. Chasquea sus dedos y los gatos se convierten en pétalos de flor—. ¿A que es bonito?
—Sí, sí... precioso —ironizo.
Intento tener tacto con la pequeña bruja, tiene tanto poder que los cambios de humor la desestabilizan.
Por eso la mantenemos en el interior de nuestra guarida, las runas impiden que su magia salga al exterior.
Una explosión de luz solar de imprevisto podría traer la pérdida de la corona de oro negro y rubíes.
—Ya tenemos todo listo, Kath —escucho la voz de Edana en mi cabeza—. ¿Estás segura de que Seylah está estable? Vamos a estar indefensas durante el hechizo.
—No tenemos otra opción, necesitamos canalizar su magia para poder realizarlo —Cali se me adelanta—. Encontraremos las respuestas que necesitamos.
—No me quiero imaginar el miedo que pasó —continúa la primera.
—Que le jodan —respondo sin ningún tipo de pudor—. Seguramente quiso hacerle daño a Cirigh. Se merece todo lo peor.
Llegamos a la Sala de los Rituales, allí están mis hermanas rodeando una mesa de piedra con un cuerpo sobre la misma.
Los duques de Plaguen encontraron el cadáver en la playa, creen que Lánar tiene algo que ver con el Maestro.
Yo simplemente lo sé, lo he visto, y seguramente con el hechizo que estamos a punto de realizar podremos resolver las incógnitas que ponen en peligro nuestra inmortalidad.
—Huele fatal... —se queja Seylah tapándose la boca ante el aroma a mar, podredumbre y muerte.
—Tranquila, te acabas acostumbrando —le digo mientras sostengo su mano hasta el círculo que las otras han formado.
Entonces empieza la manipulación que llevo utilizando con la niña desde el principio.
La conversación inversa para conducirla hasta donde queremos—. ¿Estás segura de que quieres hacerlo?
—Sí, estoy preparada —dice ella orgullosa mientras se aleja de mí para fingir tener la misma experiencia que nosotras—. ¿Puedo ayudaros? ¿A que sí?
—Mientras no explotes como haces siempre.
—Cali, vas a fastidiarlo todo —protesta Edana desde el único lugar en el que la niña no puede escucharnos.
—Mira, querida —Nuestra hermana recapacita y se acerca a Seylah con dulzura. No le pega nada, pero al menos lo intenta—. Yo te quiero un montón y solo espero que no te asustes al ver todo lo que el hechizo nos va a mostrar.
—¿Cómo un libro de cuentos?
—Por la diosa..., no puedo con ella.
—Sí, exactamente —Salgo en rescate de Calista—. Tienes que ponerle atención a todo lo que vamos a ver. Tenemos que saber quién es el señor malo que quiere luchar contra nosotros.
—Vale, vale... —canturrea divertida.
Nos colocamos en círculo alrededor del cuerpo de Lánar y nos damos las manos para que la magia forme una corriente constante e infinita. Seylah se sitúa entre Edana y yo, está tan ilusionada por formar parte de algo importante que es imposible no alegrarse por ella.
—Solo espero no morir aquí, tengo muchas cosas pendientes.
—Como tirarte de nuevo a la lady arpía, ¿no? —Tengo que reprimir las ganas de reírme cuando escucho a Cali hablando desde el nerviosismo y la desesperación de estar trabajando con la propia ocultista.
—¡Serás burra! —me quejo mientras los primeros destellos morados surgen de nuestras manos unidas.
—Te quejas de que está perturbada, pero no pierdes la oportunidad de compartir lecho.
—¿Y tú no lo harías? La vampira está buenísima. Solo tengo que aguantar sus desvaríos.
—¿En el Lluvia de Polen también atendíais mujeres de la alta nobleza?
—Estamos con los ojos cerrados mientras sentimos la energía de la niña recorriendo nuestros cuerpos.
Al principio es como una inyección de vida, la misma sensación de calmar nuestra sed de sangre.
Después se tuerce más intenso y adictivo.
—Todo el que pagara, cielo —explico sin evitar callarme, empiezo a notar una hiperactividad casi enfermiza—. Te presentaré a Belladona para que te deje probar alguna noche con sus clientas de confianza.
—No, gracias. Tengo el paladar demasiado exquisito. Solo consumo stokers, como el Antiguo —se jacta Edana.
—¿Podéis callaros? No me dejáis concentrarme —Seylah entra en nuestros pensamientos con suma facilidad. Lo que quiere decir que lleva haciéndolo desde hace tiempo y no ha dicho nada.
—¡Ah, joder! —grita Calista. Y yo solo puedo romper a reír.
Una brisa morada empieza a crecer en el interior del círculo de nuestros brazos.
El cabello de Lánar se sacude al mismo tiempo que lo hacen sus trozos de piel más frágiles.
El cadáver se eleva mientras nuestra magia se convierte en un vendaval con la capacidad de mantenerlo a flote.
En el momento en el que sentimos que estamos listas empezamos a recitar el hechizo:
—Dama Muerte, guía esta alma hasta nuestro plano para que nos dé las respuestas que necesitamos —Soy la primera en empezar. Los ecos secundan nuestras voces mientras la magia de nuestras antepasadas nos otorga el poder suficiente como para controlar los flujos de energía.
—Dama Muerte, siempre presente, dale voz y dale mente —secunda Edana al mismo tiempo que nuestros cabellos se sacuden por un viento invisible y nuestros pies se separan del suelo.
—Dama Muerte, que sus palabras sean claras y sus recuerdos visiones para nuestras almas —continúa Calista sintiendo la presión de todas nuestras antepasadas observando nuestro ritual.
—Dama Muerte, permítenos ver su pasado para encontrar las respuestas a nuestras dudas y que lo haga con premura —Termina Seylah con sumo control mientras nuestras mentes viajan a otro lugar.