Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 24
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Estevian Ilia

—Utilizaremos el escuadrón de cuero ligero para entrar sigilosos por el viejo sistema de alcantarillado de Makabria.

Abrirán las puertas de la muralla y podremos entrar con todo el ejército —explico mientras detallo los planos de la vieja fortaleza de la estirpe Dynevor—.

Accederemos al castillo y eliminaremos a los necrófagos que queden allí.

—Necesitaremos fuego —secunda mi padre, o más bien, el joven que fuma opio a escasos metros de mí.

—Por eso iremos con las brujas del aquelarre, para asegurarnos de que no quede ninguno en pie —Mi voz suena como la del general Rhain. Nadie me lleva la contraria, confían en mi mente entrenada en el arte de la guerra.

—Preparad vuestros hechizos y pociones —El duque Ábsolem se dirige a las tres brujas que quedan sirviendo a la corona.

—Los soldados de la Corte de la Niebla llegarán en tres días —Krishan remueve el último sorbo de su copa de plasma—. Formaremos los escuadrones y entraremos en guerra.

La reunión ha durado más de lo que esperaba.

Esta noche no iré a hablar con lady Alia pues tengo un deber más importante.

Cojo algunas flores del jardín y me dirijo a la habitación de Cirigh con la esperanza de darle una sorpresa.

Todos están pendientes de los Paladines de la Banshee, por lo que me puedo escaquear de mis deberes de stoker después de la larga charla que se ha llevado a cabo durante prácticamente todo el día.

Estoy saturado, casi puedo imaginar cómo el humo sale de mis orejas.

Necesito estar con mi tritón, despertarle en mitad de la noche y llevarlo hasta el Árbol Noctívago para que nade en libertad.

Pienso decirle que fundaremos la Corte de Agua Carmesí en cuanto todo esto termine.

Después de la guerra me escaquearé de Plaguen para ir junto a él a su hogar.

Tengo que ayudarle, es mi obligación. A nuestro regreso me casaré con Alia Shayk, le daré hijos a sus adastas y no volverán a saber nada de mí.

Darius se tendrá que buscar otro general para su reinado.

Pues temo que en unos años mis padres formarán parte del Hall de la Sangre junto al Antiguo.

—Mi amor —canturreo mientras entro por la puerta de su habitación.

Las flores se escurren entre mis dedos cuando mis ojos se clavan en la cama vacía. En otra ocasión le buscaría como un loco por todo el palacio, pero algo en mi interior sabe que se ha marchado.

—Hueles a aliento de ballena... —Recuerdo las últimas palabras que me dedicó.

No sé si llamarlo instinto o ceguera. En el fondo tenía claro que Cirigh se iría en cuanto tuviera ocasión. Y no puedo culparle, no cuando su familia ha sido condenada por las acciones de la mía. Si lo tengo todo tan claro, ¿por qué mi corazón está agitado? ¿Por qué mis ojos están llorando?

Mi cuerpo se mueve solo mientras mis zancadas me convierten en un borrón de color negro a través de los pasillos de mi hogar. Salgo de la Corte de la Noche y me dirijo a los establos para llegar hasta Airman. Necesito asegurarme de que mi tritón va a estar bien.

—¿Vuelve a ejercitar a su corcel? —me pregunta el mozo de cuadras justo en el momento en el que me trae la silla.

—¿Cómo dices?

—El Tritón de Plaguen salió a pasear con él esta misma mañana —El chico me da más respuestas de las que cree—. Debió de estar en el puerto porque su pelaje olía a pescado.

—Sí, sí. Lo sé. Muchas gracias —miento a tiempo para coger las riendas del animal y galopar lejos de allí.

Tardo menos de lo que esperaba en llegar a la mansión de Lady Angélika. Llamo a su puerta, no, más que eso, la aporreo como si me hubieran extirpado una parte de mi ser. La sirena aparece frente a mí con las mejillas ruborizadas y una sonrisa en su rostro:

—¿Qué tal, Estevian? ¿Cómo están los bebés? —pregunta con un fuerte aroma a alcohol manando de su boca.

—Se ha marchado... —pronuncio con voz temblorosa. No hace falta más para que ella reaccione. Me rodea con sus brazos y me consuela mientras más risas se propagan por el interior de su casa.

—Estará bien —comenta ella acariciando la perla que cuelga de su cuello a modo de colgante—. Si no fuera así, lo hubiera sentido. Ven, cielo, pasa, estaremos más cómodos.

—He sido un egoísta... —De mis labios surgen pequeños balbuceos que traen consigo el dolor de mi corazón—. He priorizado los asuntos de palacio antes que a él.

—Es normal, no te culpes.

Lady Angélika me conduce hasta un salón repleto de gente.

Más que vampiros o humanos, lo que hay son siluetas de agua que bailan al ritmo de los aplausos de Yleth Paquin.

No es de extrañar que ambas se hayan hecho amigas, han estado juntas durante el parto del tritón y ahora han encontrado la una en la otra un apoyo incondicional.

—Hola, milord. —La chica de cabello rosado se incorpora de un salto y disipa su hechizo de nolmancia—. ¿Va todo bien?

—Cirigh se ha marchado para salvar su hogar de las caribdis —le explica la sirena mientras nos sentamos en el mismo sofá.

—Necesito la poción del ahogado para poder acompañarle.

—Esa no es mala idea, pero… ¿cómo pretendes sobrevivir a la luz solar? —La bruja me da la mano e intenta buscar la lógica donde no la hay—. Sé que estás desesperado, pero seguro que hay otra opción.

—¿Hay una poción para convertirme en tritón? —lady Angélika no da crédito a lo que está escuchando.

—No exactamente. La Tríada nos enseñó la receta para que el aquelarre pudiera buscar ingredientes en las profundidades del mar —explica Yleth sin rastro de alcohol en sus venas.

Es como si el vino se hubiera esfumado en el mismo instante en el que desaparecieron los hombres de agua—.

No te saldrán escamas, ni aleta y dudo mucho que puedas nadar más rápido.

Pero al menos no te explotará la cabeza cuando quieras descender a la oscuridad del océano. Pero, ¿y el sol?

—¿Podéis guardar un secreto?

Saber que Cirigh está en alta mar, solo, me llena de una preocupación que no puedo controlar.

Por mucho que intente guardar mi secreto más preciado, no puedo.

La sirena y la bruja han sido un gran apoyo para mi tritón.

La primera ha sido como su familia y la segunda le ha ayudado de manera incondicional y sin buscar nada a cambio.

Estoy seguro de que no hay traidoras delante de mí.

—Puedo caminar bajo el sol.

—¿Qué estás diciendo? —Yleth me mira con los ojos abiertos de par en par—. ¿Cómo lo sabes?

—Cirigh me arrastró hasta el otro lado del Midna cuando el salvajismo se apoderó de él..., no me convertí en cenizas —Cada palabra que sale de mi boca es como quitarme una bolsa de acero de la espalda—. Le prometí que buscaríamos respuestas juntos, pero ahora solo quiero que esté bien.

—¿Es eso posible? —Lady Angélika mira a su amiga con la intención de entender aquello que carece de lógica.

—Existe una leyenda que habla de los dhampiros, caminantes diurnos, pero siempre me pareció una locura.

—Pues no lo es... ¿Qué sabes de todo esto?

—Nunca le puse especial interés a estas historias.

El Aquelarre del Cuervo tiene miles de textos que son de utilidad —La voz de Yleth Paquin adquiere un tono tan serio que le hacen parecer más mayor de lo que es…

, incluso me llega a imponer—. Pero otros siento que se escribieron para darle a las brujas jóvenes fantasías y cuentos.

—¿Puedes conseguir alguno de esos libros? —La sirena se me adelanta—. ¿Entrar en las catacumbas de palacio?

—Solo si no hay nadie —La bruja no tarda en responder—. No pienso encontrarme con mis antiguas hermanas.

—Vamos a asaltar las ruinas de Makabria —Mi mente no puede evitar idear un plan.

—¿Cuándo? —pregunta ella.

—Tienen que llegar los refuerzos de Pestet en tres días, formaremos a los ejércitos y asignaremos los diferentes escuadrones. Tardaremos mínimo diez días en todo eso.

—¿Las brujas irán a la guerra y dejarán desprotegida la ciudad? —Yleth conoce bien cómo funciona la milicia de Plaguen.

—Solo dejaremos a una, las necesitamos en el campo de batalla.

—Entonces lo intentaré. Pero no prometo nada —La bruja asiente con la mirada mientras me apoya en el momento más complicado de mi vida.

Lady Angélika insiste en que Cirigh está bien y que si no fuera así la magia de la perla de su cuello reaccionaría.

En el momento en el que decido quedarme con ellas, me sirven una copa de vino y me dan la conversación necesaria para tranquilizarme.

Estar aquí, lejos del palacio y la presión constante de la guerra que se va a llevar a cabo pronto, me relaja.

En ocasiones me encantaría ponerme la máscara de Chacal y vivir una vida en la que las responsabilidades no pesan sobre mis hombros.

Puede que Enfi sea la única que no tiene la presión de la corona sobre su cabeza, aunque eso se terminará en el momento en el que me case con lady Alia.

—Quieren hablar con usted, milady —dice uno de los sirvientes de la sirena en cuanto entra en el salón.

—Hazle pasar.

En el momento en el que el soldado cruza la puerta, sus ojos se clavan en mí nerviosos. Escucho el latir acelerado de su corazón al mismo tiempo que los tres nos incorporamos para recibirle. Lejos del vino la conversación que se lleva a cabo adquiere una tonalidad seria y formal.

—Han aparecido dos cadáveres en la playa y no sabemos identificar el animal que los ha atacado —El guardia se queda firme mientras continúa hablando—. Los hemos identificado como Lánar el doliente y Kevin Louis.

—¿Lánar? —Doy un paso al frente y extiendo mi mano en señal de respeto—. Guíanos a los cuerpos, por favor.

En cuanto salimos, el soldado se monta en su caballo, con Yleth a la espalda y nos guía hasta la playa.

Lady Angélika se agarra a mi cintura mientras galopamos con Airman hasta la arena clara.

Hay más guardias allí, mantienen el perímetro de seguridad alrededor de los cadáveres y se apartan para abrirnos paso.

—¿Qué cree que ha podido ser?

A la sirena no le hace falta acercarse a ellos para comprender que las marcas de los mordiscos son de tritón en su gran totalidad. Ella me mira y asiente con la cabeza, entonces comprendo lo que me quiere decir.

—Cirigh no atacaría si no fuera para defenderse —espeto con la certeza de conocerle más que a mí mismo.

Las dudas afloran en mi interior mientras pienso en infinidad de hipótesis que no llevan a nada.

Desconozco los motivos por los que Cirigh y Lánar acabaran en agua salada, lo único que puedo creer es que todo esto fue un accidente.

Me encantaría poder beber la sangre la sangre del humano, ver sus vivencias pasadas, pero en esta ocasión eso solo me haría daño.

Los vampiros nos alimentamos del plasma de las criaturas vivas, si lo hiciera de una muerta acabaría vomitando mis reservas de energía hasta entrar en frenesí.

Las cosas se han salido de control desde que los necrófagos atacaron el salón del baile.

El personal del palacio está siendo interrogado sin conseguir nada claro.

Lánar no acudió a la fiesta lo que le sitúa en ambas caras de la moneda.

Me cuesta imaginar que el hijo adoptivo de mis tías pudiera ser un traidor, pero no puedo descartar esa posibilidad.

Con el Maestro ahí afuera todo es posible.

—Traed los cuerpos a palacio, el Aquelarre del Cuervo podrá sacar más de ellos que nosotros mismos —ordeno y acto seguido me dirijo hacia lady Angélika—.

Necesito que hables con mis tías, darles la noticia e intentar investigar qué saben de su hijo adoptivo —Le doy un beso en la mejilla antes de hablar con Yleth—.

Confío en que conseguirás lo que necesites cuando partamos a la guerra. Me aseguraré de que te avisen.