19
Mi corazón se encoge al ver como mi tritón está sufriendo. Sus gritos, sus bramidos y sus chasquidos son una tortura para mis oídos. No puedo verle así, no puedo ver a la persona a la que amo pasándolo mal y no hacer nada para remediarlo. O al menos intentarlo.
—Si entras, te va a devorar —lady Angélika está tan asustada que es imposible no contagiarnos con el temor a que el tritón nos ataque. Yo lo he vivido con anterioridad y casi acaba conmigo.
—Puedo envolverme con un escudo y crear corrientes para empujarle hasta el altar de piedra —Yleth busca la manera de ayudar. A pesar de que nos acabamos de conocer, ya ha demostrado tener un buen corazón.
—Te atacaría hasta destrozar tus barreras.
—¿Y si le inmovilizamos nosotros utilizando el don de los Cárpasot? —Darius cubre su piel con roca negra y se dispone a zambullirse en el agua.
—No va a parar hasta acabar con vosotros y, si no lo consigue mediante las garras, utilizará la Voz Azur.
—¡Y qué hacemos! —grita Amari desesperada mientras la sirena solo le da negativas a todas nuestras estrategias—. Tenemos que salvar a Cirigh y asegurarnos de que nuestros hijos salgan con vida.
—Entraré yo —pronuncio al instante y todos se quedan en silencio—. Ya he luchado contra él antes y he sido inmune a su canto.
—¿Cómo es eso posible?
—No lo sé, pero es la única alternativa.
—Te matará... —murmura Enfi con la mirada embriagada de pena.
—Le entretendré para que puedas empujarle hasta el altar y cerrar la prisión para que se lleve a cabo el alumbramiento —me dirijo a Yleth, la cual tiembla de los nervios—. ¿Podrás hacerlo?
—¿Y si detengo el flujo del tiempo en él? —La chica busca la opción de no ponerme en peligro.
—Podrías arriesgar la vida de los nuevos stokers... —Angélika vuelve a ser la voz de la razón. Agradezco tenerla viviendo en Plaguen, sus conocimientos sobre su propia especie nos están siendo de más utilidad que nunca.
Salto sin decir nada más, me lanzo de cabeza al agua salada al mismo tiempo que la adrenalina me produce un cosquilleo por todo el cuerpo. Utilizo el fulgor rojo para ver con claridad bajo el agua. Es entonces cuando me topo con el tritón de frente.
Cirigh me golpea con la aleta directamente en la cabeza, tengo que incorporarme rápido si quiero protegerme del siguiente ataque.
No le veo venir en ningún momento, es más veloz de lo que recordada, aunque por suerte sus quejidos me advierten de dónde está.
Esquivo su siguiente golpe y me apresuro a nadar hacia el altar de piedra, pero no puedo, menos aún cuando utiliza sus garras para atravesar la ropa y llegar a la piel.
—¡Joder! —grito sintiendo el ardor de una herida sangrante—. ¡Cirigh, para!
Pero no me oye. Se me entiende a la perfección, pues al no tener la necesidad de respirar bajo el agua no salen burbujas de mis labios.
Antes de que pueda darme cuenta ha convertido mi ropa en retales de tela que se hunden en las profundidades.
Tengo el torso desnudo y los pantalones rotos.
Los zarpazos forman en mi piel líneas rojas que pretenden agotar mis reservas de plasma.
Tengo que utilizar el poder de mi raza para regenerar las heridas y poder continuar.
—¡Cirigh, basta! —grito de nuevo, pero no sirve de nada—. ¡Ah, joder!
Cada vez que intento regenerar la carne, sus garras dibujan nuevas heridas en ella.
Grito, lo hago con todas mis fuerzas, mientras la desesperación se apodera de mí.
No estábamos preparados para esto, todo ha empezado demasiado pronto y no he estado aquí para cuidar de él.
Siento la decepción de haberle fallado, el dolor de no haber estado cuando más me necesitaba.
Cirigh nunca se ha alejado de mí, al contrario, incluso cuando no tenía fuerzas para luchar ha dado lo mejor de él para protegerme. Y ahora tengo que pagar mi deuda.
Cierro los ojos y me concentro en el sonido de sus gritos y chasquidos.
Ignoro el dolor de sus ataques al mismo tiempo que descubro un patrón en ellos.
Está a punto de atacarme por la espalda cuando me giro y utilizo mi fuerza sobrenatural para sacudir la nada.
Pero entonces le doy, le asesto un golpe lo suficientemente fuerte como para interrumpir sus movimientos.
Es en ese preciso instante en el que le rodeo con mis brazos para inmovilizarle y nado hacia el altar de piedra.
—¡Ahora! —grito cuando llego al interior de los tótems de Rysantha.
Yleth se zambulle en el agua cubierta por una burbuja protectora. En el momento en el que la veo, me doy cuenta de que su intención no es defenderse del tritón, sino que quiere evitar mojarse la ropa.
Cirigh se intenta zafar de mi agarre agitando su aleta y golpeándome con ella.
Entonces me muerde el hombro y mis labios propinan un alarido ensordecedor.
Sus dientes me desgarran la carne y atraviesan el músculo.
Aun así, me quedo, permanezco a su lado mientras la bruja llega a nosotros y extiende las manos para iniciar el hechizo de contención.
Mi tritón se percata de la chica y la mira como a una enemiga más.
De pronto recurre a su don más poderoso, uno al que soy completamente inmune, la Voz Azur.
Sus labios entonan una melodía sin letra que deja a Yleth completamente paralizada.
Después se sacude intentando liberarse del candado de mis brazos.
Me resisto todo lo que puedo, si continúa así, no podré retenerlo mucho más.
Su cántico sigue atravesando la superficie del agua llegando incluso a los oídos de los que creían estar a salvo.
Una rama de Valhía
Hacia tierra me arrastró
Vamos juntos a la orilla
Sigue el eco de mi voz
Mis hermanas son las primeras en zambullirse en el agua y nadar hacia nosotros, atraídas por la magia hipnótica del tritón.
Después le siguen Darius y lady Angélika.
Pensaba que la reina sirena era inmune al poder de su especie, pero estaba muy equivocado.
Cirigh está a punto de liberarse de mí cuando recurro a la única arma que tengo en contra de él, mi corazón.
Le beso, lo hago sin importarme la infinidad de dientes que se ocultan en sus labios.
Al principio intenta zafarse de mí, incluso temo por que vaya a morderme, pero no lo hace.
Su salvajismo se calma con el tacto de mis labios, mucho más que eso, me imita envolviéndonos en un abrazo que no conoce rival.
Consigo que calle su Voz Azur y le doy el tiempo suficiente a Yleth para que nos encierre en el interior de la cúpula.
—¡Tienes que salir! —grita Amari mientras Angélika utiliza su forma de agua salada para sacarla de la piscina.
—¡No puedo! ¡No vamos a tener otra oportunidad!—grito cuando Cirigh se separa de mí.
La nolmancia empieza a tener efecto activando las runas de los tótems.
En ese preciso instante el tritón se tumba boca arriba sobre la mesa y empieza a emitir unos sonidos que nunca he escuchado.
No son quejidos, menos aún gritos de sufrimiento, son algo más.
Podría compararlos con llantos de emoción o jadeos de agotamiento.
Justo cuando Cirigh se relaja, su vientre empieza a brillar con una potente luz entre naranja, dorada, azul y rosa.
Una mezcla de colores que evoca un amanecer cálido y hermoso, el comienzo de una nueva era, la llegada de mis sobrinos.
Más que eso, sus escamas también resplandecen con intensidad.
Ahora entiendo por qué los tritones son tan valiosos para las sirenas, y por qué tienen que protegerlos como si fueran un tesoro.
El parto los convierte en una presa para los depredadores del mar, un faro para aquellos que buscan alimento.
—Ya lo tienes, mi amor, lo has conseguido —le digo mientras me acerco a él.
No puedo evitar llorar, no cuando no sé si puede sobrevivir a esto.
Mi tritón se aferra al altar de piedra mientras las letras talladas empiezan a resplandecer del mismo color que lo hace su aurane.
Tiene que ser eso, no hay ninguna duda. Ver a Cirigh tranquilo ralentiza los latidos de mi corazón. Si él está bien, yo también.
Pero entonces empieza a gritar, lo hace con tanto sufrimiento que lo siento en mi propio cuerpo. Me acerco a él y sostengo su cabeza para demostrarle que estoy aquí, aunque no pueda hacer nada. Las escamas grises de su barriga comienzan a abrirse aumentando la intensidad de su brillo.
—Aguanta, cariño, aguanta —Pero sus gritos enmudecen mis palabras—. ¡Ayuda!
Busco con la mirada a lady Angélika, que está junto a la bruja observándolo todo con detenimiento.
La sirena, en su forma más peligrosa, se mantiene seria e inmóvil.
Intento gritarla, pero no puedo, no con Cirigh alzando su voz por encima de la mía.
Entonces me llevo la muñeca a la boca, extiendo mis colmillos y me propino un brutal mordisco.
La sangre se entremezcla con el agua salada formando una bruma roja.
No pierdo ni un solo segundo en asegurarme de que el tritón beba de mí para regenerar cualquier daño que el parto le esté provocando.
Mis ojos se abren de par en par cuando ven a los tres bebés emergiendo de su vientre iluminado.
No hay cordón umbilical que pueda absorber la luz del tritón, no lo necesitan.
Los pequeños stokers flotan en posición fetal, sin inmutarse.
La emoción se apodera de mí mientras veo a mis sobrinos naciendo delante de mis propios ojos.
—¡Tienes que sacarlos de la cúpula! —grita Yleth entendiendo los chasquidos que lady Angélika pronuncia de manera atropellada. En agua salada las sirenas no pueden hablar en nuestro idioma pues el mar las reclama como sus hijas.
Cirigh me mira mientras sigue bebiendo del agua de mar, no me hace falta escucharle gritar para saber que está sufriendo.
Percibo los latidos débiles de su corazón mientras el brillo de sus escamas se apaga.
Su vida depende de la sangre de vampiro que regenera sus heridas. Si me separo de él, lo mataré.
—No, no... —La desesperación se apodera de mí mientras me niego a dejar de mirarle—. Tú regresaste conmigo..., yo no voy a alejarme de ti.