Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 16
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Estevian Illia

Detesto la idea de alejarme de Cirigh, pero sé que junto a lady Angélika siempre va a estar bien.

La adrenalina sigue presente en cada uno de mis movimientos aun cuando la guerra se ha detenido hasta nuevo aviso.

Recorro los pasillos de palacio para llegar al despacho de invierno de mi padre, si quiero respuestas sobre todo lo que está pasando, necesito acudir a la reunión que han convocado.

—Ya estamos todos —comenta el que dice ser el duque Ábsolem en el mismo instante en el que cierro la puerta—. Estevian, siéntate junto a tu prometida.

La estancia es amplia y está llena de estanterías repletas de libros.

Hay flores rojas decorando las esquinas y mesas a rebosar de pergaminos enrollados.

Nosotros estamos sentados frente al escritorio más grande, tras él se sitúan los tres extraños que dicen ser nuestros padres.

No solo hemos acudido los stokers a la reunión, sino también las tres brujas que quedan en el Aquelarre del Cuervo.

—¿Cómo sabemos que podemos confiar en vosotros? —pregunta Enfi sin apagar el fulgor rojo de su mirada.

—El Antiguo nos ha dado de beber de él para convertirnos en el arma que el Continente de la Banshee necesita —explica él sin apartarnos la mirada.

—No detecto ninguna mentira —explica Darius haciendo gala del poder que el matrimonio con mi hermana le ha otorgado.

—Sus almas son idénticas a quienes dicen ser —admite una de las brujas.

Se hace el silencio mientras miramos a los extraños como si todo fuera una broma o algo peor.

Hay mancias muy retorcidas, la seliamancia, por ejemplo, puede hacer cambiar las cosas a su antojo.

Por eso la desconfianza, más aún cuando hay una guerra que ha estallado a las sombras y no nos habíamos dado cuenta.

Mi madre me sonríe, Ágatha, o su versión joven, porque realmente los duques aparentan tener nuestra edad, por no decir que incluso parecen ser más jóvenes.

—La magia del Antiguo nos hizo encerrarnos en un capullo de esencia pura asimilando el poder que nos estaba otorgando. Hasta que pudimos romperlo —Krishan juguetea con una moneda mientras mantiene su chaqueta blanca abierta para lucir sus potentes pectorales.

—¿Y qué se supone que sois ahora? —Amari se incorpora para acercarse a nuestra madre, acaricia su piel, su cabello e incluso sus labios. Todo es perfecto en ella, en todos ellos. No doy crédito a lo que estoy viendo, a nada de lo que estamos viviendo.

—El Antiguo dice que somos sus guerreros... —explica Ábsolem con tranquilidad. En esta versión ni siquiera me impone.

—Paladines de la Banshee —le corrige Krishan y todos movemos la cabeza como si estuviéramos frente a una competición de tiro con arco—. Así es como nos llamó.

—¿Y qué más os dijo? ¿No necesitáis alimentaros? —Esta vez es Alia la que pregunta.

—No... —responde el duque del norte. En ese momento mis hermanas y yo nos miramos alarmados.

—Mientes —digo con seriedad mientras aprieto los dientes de manera frustrada, odio la sensación de que me están tomando por tonto.

—Illythia os dio un buen don —se jacta él mientras mira a mi madre para que ella lo explique con más sutileza.

—Tenemos que alimentarnos de vampiros.

Ágatha se expresa sin ningún pudor, un hecho que me hace pensar que el regalo del Antiguo les ha hecho perder cierta madurez.

En el preciso instante en el que escuchamos eso, todos los presentes nos preparamos para cualquier cosa.

Es conocido que el primogénito de la diosa de los vampiros se alimenta de la sangre de la realeza, nos petrifica y nos deja como estatuas en su hogar, el Hall de la Sangre.

Por ello tememos que ahora los Paladines de la Banshee necesiten beber de nosotros para seguir con vida.

—No, no, no... —Ábsolem se levanta de golpe y extiende las manos para indicarnos que estamos seguros—. Vampiros corrientes, no tienen por qué ser stokers ni nada por el estilo.

—Ah... bueno... eso nos alivia más —ironiza una de las brujas, creo que es Kathleen.

—Tenemos los barcos llenos de presos que no hemos podido castigar aún —Darius les da una opción que no parece descabellada.

Sin duda, el simple hecho de que la realeza vampírica se alimente, y puede que mate, a sus iguales, nos quita toda la humanidad y la lógica que hemos tenido como sociedad durante siglos.

—Esta información no puede salir de palacio —Amari utiliza el sentido común—. Si la gente se entera de que los duques se alimentan de vampiros se podrían unir a los rebeldes.

La conversación continúa mientras la tensión va desapareciendo.

Cada minuto que pasa me convenzo más a mí mismo de que estoy frente a mis padres y al duque Krishan.

Ellos actúan con tanta normalidad que es inevitable que generen confianza en nosotros.

Si la situación del reino no fuera tan crítica, seguramente estaría bebiendo cerveza con mi propio padre.

—Tenemos que actuar cuanto antes —Él se vuelve diplomático mientras fija su mirada en mí—. Necesitamos una estrategia para asediar al enemigo.

—¿De qué estás hablando? —pregunto entendiendo que precisan de mis habilidades de guerra debido a la muerte del general Rhain.

—El Antiguo nos lo mostró cuando bebimos de su sangre —Krishan se acerca a su hija y le acaricia la mejilla para tranquilizarla.

Verdaderamente no sé en qué momento se ha percatado de que Alia está mal, siento que esa vampira es como una estatua de hielo sin sentimientos.

Luego me doy cuenta de que tiene gestos solo perceptibles por aquellos que la han criado—.

Los necrófagos están tramando algo en Makabria y hasta que no le pongamos fin nadie en el Continente de la Banshee estará a salvo.

—¿Visteis su fortaleza? —Darius me adelanta.

—Con sumo detalle—alardea él.

—Es una locura... Makabria fue destruida por la Orden de los Condenados —Enfi se sobresalta—. Reducida a cenizas...

—Hay un poder que está alzando a esos necrófagos en contra nuestra —Ábsolem se acerca a mi hermana y coloca la mano sobre su hombro—. Si no detenemos al enemigo pronto no quedará nadie con vida.

—Pues entonces me tendréis que ayudar a dibujar los planos para encontrar el punto débil y arrasar con ellos —Me acerco al escritorio, tomo un papel en blanco y me preparo para empezar cuanto antes.

—¿Qué hacemos con los invitados? —comenta una de las brujas—. Están impacientes y quieren respuestas.

—Quiero leer sus hilos antes de dejarles marchar —Ágatha intenta parecer agradable con una sonrisa tranquilizadora.

Después se dirige a las brujas y extiende su mano como si pudiera tocar algo que es invisible.

Se hace el silencio mientras su simple presencia proyecta un respeto que jamás he conocido.

Más que mi padre, la que realmente ha nacido para liderar es ella.

De pronto se detiene delante de una de ellas y dice algo que nos deja completamente perplejos—.

¿A quién le pertenece tu corazón, querida?

—No lo sé, no me deja recordarle —responde Kathleen con la voz temblorosa—. Siento que puede ser la respuesta a todos nuestros problemas.

—¿Estarías dispuesta a matar a la persona a la que amas?

—Si fuera amor verdadero no borraría su imagen de mi mente.

—Entonces tendré que trabajar contigo, recuerda que tus palabras son ahora una promesa para mí —No reconozco a mi madre.

Ella siempre ha sido una inmortal dulce y permisiva, frente a mí tengo a una vampira despiadada.

Más que eso, su don ha pasado desapercibido.

Ahora sé que tiene el poder suficiente como para ser una verdadera amenaza para el enemigo.

Nunca lo he tenido en cuenta, creo que nadie lo ha hecho.

—Acepto.

La puerta se abre de par en par para dejar entrar a un hombre que resalta por llevar un pañuelo de colores al cuello.

En cuanto mis ojos se fijan en él me doy cuenta de que es uno de los mensajeros de lady Angélika.

De pronto el corazón me da un vuelco al mismo tiempo que mi mano rompe la pluma, que estaba a punto de utilizar, y lo llena todo de tinta.

—Es el Tritón de Laneth, milord. Se ha adelantado su parto.

—¡¿Qué?! —Estoy a punto de salir corriendo cuando siento que alguien tira de mí y me impide moverme del despacho de invierno. Cuando me giro, me doy cuenta de que es mi propia madre la que está deteniendo mis movimientos, como si pudiera tirar del hilo que ella solo puede ver.

—No olvides tus deberes, Estevian.

—Hay que encontrar a la nolmante antes de que sea demasiado tarde —Kathleen sale en mi rescate. Ágatha la mira y después me suelta.

—Ven directo a palacio cuando des con ella. Necesitamos esta estrategia cuanto antes.

—Yo cuidaré de Cirigh, Estevian —Amari y Darius se acercan a mí—. Estará a salvo.

Me apresuro a salir corriendo del palacio.

Por mucho que mis padres se hayan transformado en algo más, no puedo dejar de sentir el miedo que me provocan.

No hay ninguna duda de que tienen el poder suficiente como para destruirlo todo si quisieran.

Por suerte tienen una misión mucho más importante, un cometido del que intuyo que no han sido del todo transparentes.

Airman relincha al verme en cuanto entro en los establos, la escasez de sirvientes me obliga a ensillarlo yo mismo.

Tampoco me cuesta, llevo montando a caballo desde que tengo uso de razón.

Antes de que pueda darme cuenta estoy cabalgando a través del desfiladero que conecta la Corte de la Noche con la situación real de la ciudad.

Algo en mí me obliga a agitar las riendas y cambiar el rumbo que he fijado con anterioridad.

Recorro las calles de los nobles de Plaguen con la única intención de llegar a las escaleras de lady Angélika, pero entonces alguien se interpone en mi camino.

En el instante en el que veo la yegua de pelaje níveo se me escapa una bocanada de aire.

—¿Qué haces aquí, Enfi?

—Ahorrarte problemas —Ella controla el animal con maestría mientras este se mantiene inquieto—. Ver a Cirigh mal solo te ralentizará a la hora de encontrar a la bruja. Recuerda que su supervivencia depende de ella.

—Estás aquí porque no soportabas quedarte en palacio —Por mucho que lo intentemos no nos podemos mentir entre nosotros—. Aunque agradezco que quieras acompañarme a conocer a la nolmante.

—Por la diosa, sí... no soportaba más rato junto a esos Paladines de la Banshee —Y esto último lo dice con retintín.

—¿No confías en ellos? —Le hago una seña con la cabeza para que me siga alejándonos de la mansión de la sirena. No le falta razón, sin la bruja Cirigh está perdido.

—Me dan pavor. He llegado a pensar que el Antiguo los ha poseído y vive dentro de ellos o algo así...

—Sabes que eso es poco probable, ¿verdad?

—¿Desde cuándo podemos beber del primogénito de Illythia para convertirnos en súper vampiros?

—No lo sé, es como si me dijeras que puedes caminar bajo el sol —Y en el fondo de mi ser ansío contarles toda la verdad a mis hermanas.

Llevo días reprimiendo las ganas de explicarles todo lo que viví cuando mi tritón me arrastró lejos de la noche eterna, pero no he tenido la oportunidad.

La respuesta de Enfi me deja completamente desubicado.

—Sería un sueño hecho realidad.

—¿Cómo?

—Siempre he deseado ver, aunque sea un amanecer. Tiene que ser hermoso...

Recorremos las calles de adoquines mientras los cascos de nuestras monturas hacen eco.

Todo está tranquilo en la zona alta de Plaguen.

El aceitero ya ha encendido las farolas y solo hay guardias en el exterior.

Airman y Lily se detienen frente a unas verjas de alambre que las autoridades han colocado entre los distritos más ricos y los más pobres.

Una protección que Darius impuso para que los nobles estuvieran tranquilos.

Algo injusto pero necesario, pues la crisis del frenesí afecta sobre todo a los más necesitados.

Las acciones de la corona de oro negro y rubíes han cambiado su objetivo en el último mes, lo único que buscamos es no ganarnos más enemigos.

Menos aún alentar la idea de que la Orden traerá la salvación que los duques no consiguen encontrar.

—¿Quién va? —pregunta uno de los tres vampiros armados con ballestas que se encargan de proteger la frontera. Después se da cuenta de quiénes somos—. Disculpad stokers, pero hay órdenes de que nadie entre ni salga del barrio bajo.

—Aparta eso si no quieres que te demos de comer a... —Enfi está a punto de revelar el secreto más oscuro de la Corte de la Noche cuando yo aclaro mi garganta y le hago reaccionar a tiempo—. A los tiburones.

—Sí, milady.

No hace falta tener el don de un stoker para saber que mi hermana va muy en serio.

Así es como los soldados apartan las espinas de metal y nos dan paso.

Tenemos que dejar atrás a los caballos por miedo a que puedan hacerles daño, además, sin monturas es más fácil luchar.

A mi espalda llevo la aljaba con mi arma, nada que ver con el cinturón lleno de dagas arrojadizas que porta mi hermana.

A pesar de cruzar la frontera entre distritos no hay ninguna diferencia entre ellos.

Las calles siguen vacías y el silencio es lo único que nos acompaña.

No es raro escuchar el golpeteo del viento contra las ventanas que se han dejado abiertas antes de evacuar a algunas familias.

Me da pena ver la gran mayoría de establecimientos completamente abandonados, en especial sastrerías o perfumerías que he visitado cuando era niño.

—Suerte que Amari les dio asilo a los más necesitados.

—Aunque muchos prefirieron quedarse aquí —suspira Enfi—. Se fían más de sus propias defensas que de las protecciones que les podemos dar.

—No les culpo, menos ahora que pueden ser comida para la corona de oro negro y rubíes.

Es fácil diferenciar las casas en las que aún vive gente, el alambre cubre todos los accesos para evitar que los vampiros descontrolados entren para comérselos.

En su mayoría suelen ser varios edificios juntos, personas cuyos oficios les han dado las habilidades y las armas para luchar.

Reconozco fincas de cazadores, exsoldados y leñadores.

Lo que más nos sorprende ver es el Lluvia de Polen, de los pocos garitos que siguen abiertos, supongo que la clientela necesita los servicios de Belladona.

Una completa locura al pensar en la crisis que asedia la ciudad.