Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 14
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—¡Tengo que volver! —Mis labios hablan sin pensar. Jasper me mira sorprendido, después comprende que no me podría perdonar si algo le pasara a Estevian.

—Empieza a empujar, amigo —comenta él con una sonrisa. Admiro cómo, en un momento tan complicado, el humano es capaz de sonreír.

Caminamos a contracorriente mientras nos abrimos paso como podemos.

Esquivamos los empujones y la marea que nos intenta arrastrar lejos de la batalla.

Descubro una nueva cara en la gente de la noche eterna, no importa si son vampiros o humanos, todos se vuelven egoístas cuando quieren ponerse a salvo.

La gente maldice al aire mientras nos empuja con la intención de reconducirnos hacia la salida.

—¡Dejadme pasar! —grito una y otra vez. De pronto mi túnica se engancha con algo y tira de mí hacia atrás con tanta fuerza que estoy a punto de caer—. ¡Ah, soltadme!

—¡Cirigh! —Jasper me agarra para que no pierda el equilibrio y de pronto la tela se hace jirones dejando mi torso casi al descubierto—. ¿Estás bien?

—¡Continua! —respondo esquivando a las últimas personas que entran en el pasadizo. La puerta de acceso comienza a cerrarse cuando mis labios suplican—. ¡Esperad, esperad!

—¿Qué estáis haciendo? —Enfi asoma la cabeza y nos deja entrar antes de sellar el pasadizo—. ¿Estáis locos?

—No podía dejaros aquí, no ahora que pertenezco a la Corte de la Noche —pronuncio jadeante.

—Déjanos ayudar, amor —Jasper habla de una forma en la que ella no se puede resistir.

—No muráis o seré la culpable.

La niebla se dispersa, cuando lo hace descubrimos a las brujas agitando sus brazos para contrarrestar el hechizo.

El combate sigue llevándose a cabo de una manera encarnizada y cruel.

Hay soldados desparramados por el suelo, los necrófagos devoran los cadáveres cuando necesitan regenerar sus heridas.

Estevian se mueve con agilidad, salta y gira en el aire para colocarse detrás de uno de los enemigos y atravesar su pecho con su espada.

La hoja centellea plateada mientras la irialmancia, el poder de la antimagia, anula la regeneración del monstruo.

Pero no es suficiente, pues la criatura consigue extender sus garras para hacerle retroceder.

—¡Que no os toquen! —grita Darius con el cuerpo endurecido en roca negra para resistir las llamas del único enemigo con la capacidad de escupir fuego.

Amari también está luchando, lo hace con la lanza de alguno de los soldados desplomados en el suelo.

Utiliza el arma para detener al enemigo que amenaza la vida de su amado.

Los otros tres monstruos combaten directamente contra las brujas del Aquelarre del Cuervo.

Esferas de fuego, jabalinas de sombras y flechas de hielo vuelan de un lado a otro provocando que el enemigo no pueda atacar.

Enfi se mueve con la velocidad del rayo, se coloca detrás del rival de su hermano y le corta el cuello antes de que este pueda rozarlo con la ponzoña de sus garras. En ese momento empieza a danzar con sus dagas para atacar y esquivar a su enemigo.

Camino con las manos abiertas para absorber el líquido que se extiende por el Salón del Baile.

Soy consciente de que ni los stoker ni las brujas son rivales para los necrófagos.

Por ello no pierdo la oportunidad de ayudar.

El vino, la sangre y la humedad acuden a mí en forma de filamentos de poder.

La magia se muestra inquieta a mi merced, ansiosa por entrar en acción.

No puedo contenerla, no cuando mis ganas de matar aumentan cada vez que veo a mis aliados en peligro.

Es en ese preciso instante cuando expulso el hechizo con todas mis fuerzas.

De repente una ola de líquido y magia sale despedida de mis manos ignorando la presencia de los vampiros para derribar a los necrófagos de una manera despiadada.

El enemigo sale volando por los aires y choca con las escaleras.

Una de las brujas aprovecha para levantar una pared de hielo a través de la cual podemos intuir el movimiento de los necrófagos.

—¡No somos suficientes! —habla Kathleen a través de su velo negro—. El aquelarre ha perdido mucho poder desde que se disolvió.

—No podemos permitir que la Corte de la Noche caiga a merced de esas criaturas—Darius intenta ponerle solución a un problema que no la tiene.

—Trabajan para el Maestro —pronuncio y todos me miran sobresaltados—. Uno de ellos me intentó llevar ante él. Me necesitan vivo porque quieren a los nuevos stokers.

—¡No! —Amari ruge poseída por la rabia—. ¡No lo vamos a permitir!

—Tenemos que huir —Las palabras de Estevian traen consigo el silencio del fracaso—. No tenemos el poder suficiente para derrotarles y entrar en frenesí pondría en peligro a todo el mundo.

—¿Y dónde iremos? —acto seguido Enfi se dirige a las brujas—. ¿Podréis ampararnos?

—No hay espacio para todos —Una de ellas responde con frialdad.

—¡Esta fiesta ha sido una trampa, joder! —protesta el duque con la decepción de haber cometido un error.

—¡Atrás! —grito cuando veo a los necrófagos golpear el hielo con tanta fuerza que consiguen resquebrajarlo.

Los cinco monstruos logran hacer añicos el hechizo de las brujas.

No van a cesar hasta que me lleven con ellos.

No lo voy a permitir. El necrófago vuelve a escupir su fuego, no lo hace hacia el suelo, no me quieren poner en peligro, sino que atacan directamente a las brujas, que siguen levitando, para que estas no puedan hacer otra cosa que protegerse a sí mismas.

Los otros cuatro se abalanzan hacia nosotros cargando con sus garras.

No tenemos opción, Estevian está en lo cierto cuando dice que entrar en frenesí solo traería más problemas. Cuando veo que todo está perdido y que no hay posibilidad de victoria doy un paso al frente y entono la Voz Azur. Lo hago sin valorar el riesgo que eso conlleva para mis aliados:

Una rama de Valhía

Hacia tierra me arrastró

Vamos juntos a la orilla

Sigue el eco de mi voz

La melodía surge de mis labios con la misma fuerza que un vendaval.

Consigo que los necrófagos se queden completamente quietos, por mucho que intentan avanzar, no pueden, son presos de mi poder.

Más allá de proteger a la corona, también consigo que se queden completamente embelesados quitándoles toda opción de actuar.

Incluso las brujas aterrizan para colocarse a mi lado:

—¡Sigue! —me anima Estevian inmune a mi canción—. Solo un poco más, yo me encargaré de ellos.

Ven conmigo criatura

Hazlo sin mirar atrás

No le temas a mis garras

No te voy a destrozar

El vampiro utiliza su fuerza y su velocidad sobrenatural para cargar con los duques hacia la entrada del pasadizo. Cuando regresa por tercera vez y pretende hacer lo mismo con Enfi su garganta suelta un jadeo de agotamiento. Su mirada busca alimento encontrándose solamente con el cuello de Jasper.

—Estaré en deuda contigo, amigo —le dice antes de sacar sus colmillos y morderle con sutileza.

Siento el placer de entonar mi canción. La adicción de no querer detenerme, de querer llegar al final, de acabar con todo lo que me rodea.

No puedo detenerme, no cuando eso significaría que los necrófagos recuperarían su movilidad.

Dos estrofas más y seré el asesino de la corona de oro negro y rubíes.

Una espada de acero

Mi aleta atravesó

Puedo caminar por tierra

Y conservo mi canción

Una...

Déjame darte un beso

No lo vas a lamentar

Lentamente en el agua

Va...

Justo en el momento en el que estoy a punto de acabar con todos, una figura surge de la nada, se coloca a mi espalda y tapa mi boca con una mordaza de tela rúnica para que no pueda continuar.

Cuando la miro veo a una chica de cabello rubio, ojos rojos y un vestido del mismo color, provocativo y brillante.

Es hermosa, quizá sea la vampira más bella que jamás he visto.

—Los necrófagos... —Estevian se separa de su amigo y se interpone entre el enemigo y yo.

En mi cabeza la escena se repite. La misma de las sirenas sacrificándose por salvarme, pero esta vez ocurre de una manera totalmente diferente.

Dos vampiros más aparecen de la nada y se mueven a gran velocidad.

De un momento a otro consiguen derribar a los necrófagos y sacarles el corazón a cuatro de ellos.

El quinto empieza a moverse por la pared como una araña justo antes de volver a escupir su fuego.

El vampiro de cabello negro, pues el otro tiene una media melena platina, invoca también una llamarada desde sus labios y contrarresta el ataque del enemigo.

Antes de que pueda acabar con él, el necrófago rompe la ventana y huye perdiéndose en la lluvia que azota la ciudad.

Nadie lo persigue, todos se aseguran de que el ataque no se haya cobrado más víctimas.

Así como la dama que ha acallado mi canción, sus acompañantes lucen inmortalmente apuestos.

Algo me advierte de que no me fíe de ellos, pues en alta mar los peces más hermosos son también los más venenosos.

El primero, el del cabello corto y oscuro, saca un pañuelo de su bolsillo y se limpia la sangre de las manos al tiempo que los cuerpos de los necrófagos se conviertan en cenizas.

—Ya ha terminado... —le dice Amari a su marido mientras ambos respiran aliviados.

—No, hija. Esto acaba de empezar —pronuncia la mujer que me quita la mordaza segura de que no volveré a utilizar la Voz Azur.

Mi corazón late con fuerza mientras el cansancio se apodera de mí.

He utilizado demasiada magia y no estoy acostumbrado.

La imagen del necrófago cargando conmigo para llevarme frente al Maestro me provoca arcadas tan intensas que acabo expulsando toda la cena por la boca.

El aurane empieza a arderme, no comprendo por qué si ya he bebido la sangre de mis dolientes.

Lo primero que hago es asegurarme de que no tengo ningún rasguño, que la ponzoña no ha atravesado mi falsa piel para llegar a mi organismo.

De pronto pierdo el equilibrio y me desplomo con gran sufrimiento sobre el suelo lleno de sangre y vómito.