Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 12
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Los invitados no dejan de llegar a palacio.

Hace mucho tiempo que no veía los establos tan llenos.

Mis hermanas y yo nos hemos encargado de que todo esté en perfectas condiciones para la fiesta.

Esta noche no seremos unas comensales, sino algo más.

Ataviadas con el hábito negro que impide que nos reconozcan fuera de las catacumbas, somos los fantasmas que lo protegen todo en la oscuridad.

Nadie tiene permitido dirigirse a nosotras, ni siquiera tocarnos.

En cambio, el Aquelarre del Cuervo tiene libertad absoluta para moverse entre la multitud.

Es la única manera de que la realeza vampírica esté protegida.

Anya, Daidra y Minrash, la Tríada, estipularon estas normas para proteger a sus hijas de la propia muerte.

Ahora que no están entre nosotras podemos nombrarlas.

Ellas descubrieron que hay mancias que funcionan mediante el contacto físico, en especial aquellas que generan control en las mentes ajenas.

Por eso utilizaron seda rúnica para tejer la niebla que vestimos.

La Corte de la Noche está protegida por encantamientos invisibles.

La primera barrera son los guardias que patrullan los jardines de palacio.

Soldados entrenados en el arte de la espada y con la fuerza suficiente como para derrotar a cualquier bestia.

Luego estamos nosotras, dotadas del poder suficiente como para someter a los enemigos de la corona de oro negro y rubíes.

Durante la primera rebelión nos pillaron por sorpresa, eso no se repetirá.

—Recordad los entrenamientos, hermanas. Esto no es un juego —digo a través de mi mente cuando los invitados, vampiros y humanos, acceden al Salón de Baile.

—¿Qué hacemos con Lánar si lo vemos? —pregunta Calista situada en la otra punta de la estancia—. No deberíamos montar un espectáculo, esta fiesta es muy importante. De esto depende que se acabe la crisis del frenesí.

—Lo aislaremos, lo encerraremos en alguna habitación y empezaremos a interrogarlo —la bruja de hielo idea el mejor plan.

Los duques se encuentran en los tronos mientras los invitados van acercándose a ellos para saludarles con una reverencia.

La música ya ha empezado y el ambiente es agradable y distendido.

Los vampiros se presentan a los humanos escondiendo sus intenciones de contratarlos como dolientes, al menos por el momento.

El Salón del Baile se llena de una multitud de lujo e intenciones ocultas.

Las trompetas resuenan y anuncian la llegada de los stokers.

—Lord Estevian y lady Alia —dice el chambelán mientras ellos descienden por las escaleras de acceso.

Nunca he visto a Chacal tan brillante. Desde que Cirigh llegó a Plaguen su actitud ha cambiado drásticamente, se podría decir que incluso se ha vuelto más cercano.

Su barba recortada, su cabello corto y su flequillo de punta le dan el aspecto que enloquece a todas las damas de la corte.

Su traje negro con detalles en dorado hace contraste con el vestido blanco de su acompañante.

La norteña es preciosa, una pena que su apariencia no acompañe a su personalidad.

—Edana, cielo, al final no nos dijiste. ¿Qué te pidió Lady Alia? —pregunta Calista cuando todos los ojos se posan en la vampira helada.

—¿De verdad queréis saberlo? Está loca. Loca de verdad.

—Suelta por esa cabecita —le animo sin perder la concentración en los presentes de la fiesta. Tenemos que estar atentas, cualquiera podría pertenecer a la Orden de los Condenados. Si algo tengo claro, es que el Maestro tiene un poder de convicción tan potente que incluso yo caí en sus garras.

—La muy perturbada me encargó que asistiera al alumbramiento de Cirigh en las piscinas de lady Angélika —la conversación se torna más interesante de lo que esperaba.

Incluso en la telepatía podemos percibir la rabia de nuestra hermana—.

Que estuviera atenta a que sacaran a los niños.

Que cuando el tritón se quedase solo en el agua, congelara la superficie para que no pudiera salir.

—Ya, claro y luego te pondrías a patinar como si nada —pongo los ojos en blanco mientras escucho las risas de Calista en mi cabeza—. Como si no supiera todo el mundo que el aquelarre tiene una bruja con zarianmancia.

—Me aseguró que la Corte de la Niebla me protegería.

—Está perturbada —Me hago eco de sus comentarios.

—Os lo he dicho...

—Pobre Estevian, con lo mono que es —Cali empieza a hablar como si estuviera hipnotizada—. Mirad que ojos, y esa mandíbula de lobo. Tiene unos brazos...

—¡Lord Jasper y lady Enfi! —En el Salón del Baile se ahogan cientos de gritos de sorpresa. La gente se queda perpleja mientras contemplan a la hermana de la duquesa acompañada por un mortal. Incluso los violines cesan su melodía.

—¡Que no pare la música, por favor! —ordena el duque Darius ignorando lo sucedido.

El hijo de los Gazzei sonríe victorioso mientras sostiene la mano de su amada.

Sé que esto les traerá problemas, pero no será hoy.

Conozco a Jasper desde que entré en la Orden, siempre ha sido una persona alegre y muy bromista, la luz cuando todo se venía abajo.

Nos ha ayudado muchísimo y ha sido inevitable que, al acercarse a Chacal, el cual confió tanto en él que le dio la protección de palacio, se quedara prendado de su hermana pequeña.

El chico siempre me ha contado que se infiltraba en el castillo para encontrarse con Enfi en el laberinto de rosas, encapuchados para que nadie los viera besarse hasta quedarse sin aliento.

—¿No vas a adular a lady Enfi, Cali? —Edana no se corta en ningún momento.

No la culpo, la stoker lleva un vestido verde agua escotado que le hace resaltar en mitad del rojo y el dorado.

La cola de tela forma las olas de un mar en calma que hipnotiza a todos los presentes.

Su cabello está completamente suelto, algo poco común en ella, luciendo una melena larga, lisa y negra como la magia más oscura.

El reino la admira y de eso no cabe ninguna duda—.

Sí que es preciosa, con esa mirada felina y ese porte tan sensual. Es mi favorita.

—¡Atentas! —llamo la atención de mis hermanas cuando un escalofrío me recorre el cuerpo—. ¿Habéis sentido eso?

—Demasiado poder —secunda la bruja de piel morena—. Algo no anda bien.

—Activemos las protecciones —El temor se apodera de mis pensamientos.

—No, todavía no. Si nos extenuamos antes de tiempo, no seremos de utilidad para proteger la corona —Edana le da cordura a mi miedo.

No dudo en ningún momento que la conexión con mis hermanas nos ha hecho sentir lo mismo.

Hay un poder rompiendo la crisálida de su capullo, una magia tan antigua como el mundo.

Si Seylah no estuviera protegida por la guarida del aquelarre su magia se hubiera activado en una explosión de luz y muerte.

Agradezco no haberla traído a la fiesta.

—Percibo algo más detrás de las corrientes de poder mayores —Calista hace gala de su talento para presentir lo que nadie puede ver—. ¿Hay más brujas aquí?

—No, no reconozco a ninguna de las presentes.

—No hablo de nuestras anteriores hermanas, Edana. Sino otras con la capacidad de pasar desapercibidas.

—Estad atentas, actuad cuando estéis seguras. No podemos cometer ningún error —Mis palabras son fuerza y decisión. Nuestros entrenamientos hoy cobrarán sentido.

—¡El Tritón de Plaguen y sus dolientes!