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Me siento tan cómodo entre las de mi propia especie que me planteo la idea de mudarme aquí.
Luego recuerdo que la duquesa Amari prefiere tenerme cerca para cuidar de mí, y de su descendencia, y pierdo la ilusión.
La cena transcurre en un ambiente ideal.
Estevian y lady Angélika hablan sobre el estado de la ciudad mientras Astiarte, Canderra y yo rememoramos las costumbres combativas de alta mar.
En ocasiones ellas agitan los tenedores para hacerme entender que nunca conseguiría derrotarlas en agua salada.
Yo en cambio les rebato lo bien que lo hice durante la rebelión, pero ellas se mantienen firmes y al final tengo que darles la razón.
—Tengo todo preparado para tu alumbramiento—comenta Angélika cuando recorremos los pasillos subterráneos de su mansión —. Quiero que lo veas y me digas si necesitas algo más. Tu comodidad es lo más importante, cielo.
La ruta está formada por paredes de cristal transparente que dejan ver el interior del lago situado en la parte trasera de la edificación.
Las habitaciones, en las que los nobles se divirtieron alguna vez, ahora se mantienen cerradas y completamente a oscuras.
Seguir a la reina sirena nos conduce hasta la misma estancia en la que la conocí, la única que se mantiene activa, aunque su funcionalidad haya cambiado radicalmente.
—La duquesa Amari traerá viales de sangre por si fueran necesarios para asistir el parto —explica ella mientras sus guerreras encienden las antorchas para iluminar el lugar—. También habrá sangre de vampiro, por si se complica la situación.
—Yo... esta es mi primera vez.
La piscina está llena de agua salada, lo sé porque cada esquina huele a mi hogar.
Hay algas y flores marinas creciendo en tierra que las sirenas se han encargado de colocar para crear un ambiente lo más natural posible.
Más allá de todo eso, hay una cama con las plegarias a Rysantha talladas en mi idioma natal.
En torno a esta, cuatro piedras rituales, alargadas y claras, se alzan formando los glifos que aumentan el poder de las clamamareas.
—Es como si estuviera en Laneth... —suspiro sorprendido.
—Llevamos semanas trabajando en esto —Angélika me masajea los hombros para demostrarme que no se va a separar de mí—. Lo vas a hacer genial, te estaré animando desde lejos.
—Podremos estar a su lado, ¿verdad? —pregunta Estevian al percatarse de que este proceso lo tengo que llevar a cabo completamente solo.
—Los tritones se vuelven agresivos durante el parto —explica ella con la voz de alguien que ha sido espectadora de más alumbramientos de los que puede contar—. Pierden el control si sienten que sus crías pueden correr peligro. Por eso las nolmantes de nuestra especie crean una cúpula...
—Para protegerle... —le interrumpe él, pero soy yo el que le corrige.
—Para encerrarme y evitar que arrase con todo.
—No hay muchos nolmantes en Plaguen —La voz de Estevian tiembla ante el temor a que las cosas no salgan bien—. Y las brujas abandonaron el aquelarre cuando la Tríada murió.
—Habrá que conseguir por lo menos una que nos ayude—Angélika mira a sus guerreras y asiente con la cabeza, al instante ellas van a buscar algo.
—Tu eres una clamamareas, ¿verdad? —El vampiro vuelve a errar en sus divagaciones.
—Ella es una reina, su poder no reside en el control del agua, pero en cambio tiene la Voz Azur más poderosa de su reino —explico con maestría—. Será mejor que hablemos con Kathleen si queremos que esto salga bien.
—Si pertenece al Aquelarre del Cuervo conocerá bien a sus hermanas.
Angélika nos conduce de vuelta a su mansión. Acabamos sentados al calor de la chimenea mientras le explica a Estevian el proceso de alumbramiento de un tritón. Y es que eso es algo que me han repetido desde mi infancia.
—Cuando el aurane esté listo y los fetos estén desarrollados el vientre se abrirá para dar paso a la descendencia.
En alta mar, si el parto es propicio, el tritón da a luz a veinte crías, si la magia es débil la producción es mucho menor—Nos mantenemos embelesados con el baile de las llamas mientras sus palabras nos hacen imaginar la escena con todo tipo de detalles—.
Esta vez es más fácil, pues solo tienes tres embriones.
A no ser que hayas absorbido alguno más.
—No, no..., ni uno más. Lo juro —Las palabras surgen de mis labios de manera atropellada. No quiero más vampiros en mi vientre, con tres es suficiente.
—¿Qué le pasará a Cirigh durante el parto?
—Se volverá una criatura peligrosa e indestructible. Sus escamas se endurecerán como el hierro y sus garras cortarán más que el acero. No habrá nadie que pueda hacerle entrar en razón, solo cuando vea a los nuevos stokers a su lado volverá en sí.
Estevian se me queda mirando y parece intentar imaginarme de esa manera. La realidad es esta, los tritones embarazados nos volvemos mucho más peligrosos que los vampiros en frenesí durante el proceso más importante de nuestras vidas.
—Ni siquiera su reina podría frenarlo, si lo intentara podría poner en peligro la corona de huesos y espinas. —continúa Angélika.
Astiarte y Canderra entrar en la sala justo cuando la conversación se torna tensa. La sirena de cabello verde porta una cajita de madera mientras la otra, la de cabello rosado, sostiene una poción de color negro. Se colocan a mi lado y me dan los objetos con una sonrisa de oreja a oreja.
—En Thalin utilizábamos las perlas corantinas para cuidar de nuestros portadores de huevos —explica Angélika cuando abro la cajita y encuentro un colgante de cuerda con una perla colgando de él—.
Quiero que sepas que siempre estaré a tu lado, no importa si vives en la Corte de la Noche o los bajos fondos. Cuando estés preparado, lo sabré.
—¿Y esto? —pregunto agitando la poción oscura para descubrir un firmamento con estrellas en su interior.
—Tengo que advertirte que no sé si funcionará —continúa la reina sirena mientras juguetea con las ondulaciones de su cabello morado—. Hace tiempo que no la hago.
—Mientras no le mate... —bromea Estevian dándole un toque divertido a la conversación.
—Es una poción de conexión espiritual entre tu aurane y tú.
Nosotras se las dábamos a nuestros tritones para que conocieran a nuestras crías antes de dar a luz.
Ya sabes que la voz de Rysantha es débil aquí, por lo que no sé si surtirá efecto.
Eso sí, me he asegurado de que el jugo de frutas sea dulce para suavizar el sabor.
—Bueno, si no funciona siempre podré decir que era un chupito de zumo —La actitud del vampiro me contagia y acabamos riéndonos en un momento en el que no sé si voy a sobrevivir al proceso.
—Supongo que no tardaremos en saber si mi alquimia está oxidada.
—¿La bebo ya?
—Aprovecha ahora que estás sentado —comenta ella al mismo tiempo que la intriga me invada y me incite a abrir el vial y bebérmelo de un trago.
El sabor es sumamente agradable al paladar, tiene una mezcla entre uva, manzana y frutas silvestres. En el momento en el que el líquido baja por mi gaznate todos me miran nerviosos, incluso Estevian se incorpora para situarse frente a mí.
—¿Estás bien? —pregunta mientras acaricia mi frente para asegurarse de que no estoy enfermando.
—Sí, perfectamente —respondo confiado. Después me dirijo a Angélika y sonrío—. Me temo que has perdido tu toque.
—Bueno, era algo que podía ocurrir —Ella no se siente ofendida en ningún momento, de alguna manera siento que es como mi tía en Plaguen. De repente los ojos morados de la reina sirena se abren de par en par, cuando me quiero dar cuenta, todos los presentes están sorprendidos.
—¿Tengo pulpos en la cara?
—No, tus escamas... están brillando —Estevian está tan serio que casi me preocupa, pero algo en mí me provoca que empiece a reírme a carcajadas sin poder controlarme.
—¿Qué te pasa, mi amor? ¿No te gusta el pescado? —bromeo sin poder frenar lo que sale por mi boca—. Eres más de carne, ¿verdad?
—¿Esto es normal? —se escandaliza él.
—No lo tengo claro, quizá me pasé con las setas alucinógenas —se excusa Angélika.
Todo a mi alrededor se funde en una capa de colores infinitos.
Aun perdiendo el rumbo de mi realidad puedo diferenciarles en mitad del caos.
Estevian es una mancha negra con ojos rojos, Angélika se mueve como una serpiente de pintura morada y sus guerreras parecen algas a merced de las corrientes marinas.
Sin duda, lo que más resalta es el color anaranjado de la chimenea, una mancha que va cubriéndolo todo como la tinta del calamar en su huida.
—Creo que me he emborrachado... —pronuncio con torpeza, pero nadie me responde—. ¿Hola?
De repente estoy nadando en mitad de un río del color del fuego. Tres esferas flotan alrededor de mí mientras yo intento atraparlas sin conseguirlo. Cuanto más las miro, más me percato de que hay tres bebés durmiendo en su interior, tres figuras más blancas que la nieve.
—Esto es... ¿el aurane? —digo en alto esperando que alguien esclarezca mis dudas, pero eso nunca ocurre.
El agua naranja se torna cristalina al mismo tiempo que mis pies desaparecen para dar paso a mi aleta azul.
Las esferas se rompen como lo hace un huevo al eclosionar.
De ellas surgen dos niños y una niña que empiezan a crecer hasta alcanzar la edad de la bruja Seylah.
El primero luce rizos salvajes y alborotados, su sonrisa me recuerda a la de un cocodrilo desdentado.
El segundo tiene la cabeza rapada, los ojos azules y la expresión de una piraña.
Y la tercera, la única niña, tiene el cabello castaño largo hasta los pies y una mirada tan curiosa como la de una lechuza.
Intento nadar detrás de ellos, pero nunca los alcanzo.
Los niños vampiro flotan a gran velocidad mientras sus risas se propagan por el vacío abisal de la visión.
Intento gritarles para que se detengan, pero solo surge una canción de entre mis labios, como si estuviera entonando la Voz Azur para dominarles.
Justo cuando estoy a punto de atraparlos mi cuerpo se cuela por una grieta en mi falsa realidad.
—¡Cirigh! —escucho al fin y de pronto caigo sobre el butacón en el que estaba sentado. Cuando quiero darme cuenta todos están frente a mí—. ¿Estás bien, cariño?
—Traed agua, tiene que recuperarse —ordena Angélika mientras Estevian se pasa las manos por la cabeza alterado—. Ya está, ya has vuelto.
—¿Qué ha pasado? —pregunto confundido mientras todo me da vueltas.
—Acabas de cantar los nombres de los hijos de mi hermana —responde mi vampiro al mismo tiempo que sus labios pronuncien orgullosos los nombres—. Adányan, Berluca y Liliah.