Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 8
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Recorremos el camino de vuelta con nuestros dedos entrelazados en un vínculo eterno.

Dejamos atrás el Árbol Noctívago y el bosque que lo oculta para subir por unas escaleras de piedra que me hubiera gustado descubrir antes de saltar por un precipicio mortal.

Nuestros pasos se dirigen en dirección contraria al palacio, un hecho que me sorprende:

—¿Dónde me llevas ahora?

—Le prometí a Angélika que iríamos a verla antes de la fiesta —explica al mismo tiempo que un par de carrozas recorran el camino escarpado hacia la Corte de la Noche—. Alquilaremos un caballo para que no tengas que caminar tanto. ¿Te duelen las piernas?

—No, he podido nadar para recuperar las fuerzas. Así que aguanto perfectamente.

No dejamos que el silencio abrace nuestras sombras en ningún momento.

Mantenemos conversaciones banales que me parecen extremadamente divertidas.

Estevian me cuenta que Enfi ha estado haciendo un gran trabajo investigando a los vampiros que han cometido crímenes.

No me sorprende saber que su hermana es una luchadora nata, estuve a su lado durante el ataque de la Orden y comprobé de primera mano que lo que hizo fue espectacular.

—¿Crees que será posible alguna vez que Enfi y Jasper estén juntos? —saco un tema que sé que le causa más dolor de cabeza del que puede afrontar.

—Ay, Cirigh... —suspira él mirando hacia el cielo—. Sé que es complicado para ti, la sociedad de las sirenas es más salvaje y menos civilizada. No sé siquiera si existe algo parecido al matrimonio...

—Allí abajo nos limitamos a sobrevivir sin darle importancia a las cosas que no la tienen.

Lo principal es seguir con vida y preservar la especie.

Lo demás carece de sentido —De alguna manera defiendo lo que conozco—.

Las leyes, las actas y los documentos son trozos de papel.

En alta mar tu hermana podría pedir la mano del humano sin ningún tipo de problema.

Las hembras tienen potestad sobre el resto.

Y si no fuera así, si ganase en la arena, podría pedir lo que quisiera.

—¿Todo lo arregláis con peleas?

—Si la reina así lo decide, sí —Seguimos caminando mientras él me pregunta el tipo de armas que utilizamos.

Luego me doy cuenta de que está intentando disuadirme del tema principal, necesito saber si Gazzei puede volverse inmortal—.

Cariño... No me has respondido... —Él me mira y yo me veo obligado a ser completamente sincero—.

Jasper y yo hicimos un trato. Él me conseguía tu sangre para que yo pudiera ver tus recuerdos...

—Enfi insistió en sacarme sangre de más para el ritual de las brujas... —dice Estevian con cierta seriedad en sus palabras. No se enfada en ningún momento, pero percibo la molestia en sus palabras—. ¿Y tú que le prometiste, Cirigh?

—Que le convertiríais en vampiro para que pudiera estar con Enfi.

Recuerdo los últimos días que pasé con Jasper en Orio, la tristeza que me invadió cuando vi anunciado el matrimonio entre lady Alia y mi vampiro.

El humano accedió a conseguirme sangre de Estevian para que yo pudiera ver nuestros recuerdos, y estuve a punto de conseguirlo, pero la Orden de los Condenados me capturó en pleno trance.

Lo que más me duele es saber que le hice una promesa que nunca podré cumplir.

—¡Ja! —Su risa hace eco en las montañas que nos rodean—. ¿Sabes que eso es imposible? Todo el mundo lo sabe, no hay ninguna posibilidad de que un humano esté con una stoker. Cariño... Jasper lo sabe desde que tiene uso de razón.

—Pero... —Me siento decepcionado conmigo mismo al saber que el chico de Orio me ayudó sin esperar recibir nada a cambio—. Habló con tu hermana porque me considera su amigo.

—Te aprecia muchísimo, incluso antes de todo lo que has hecho por salvar la estirpe real.

—¡Tiene que haber una forma! No me creo que nunca se haya dado el caso —grito como si mi situación se pareciera a la de Jasper—. Seguramente hay algún trámite legal o algo por el estilo.

—En verdad hay una única opción, pero es tan retorcida que solo se planteó una vez y no salió bien.

Las montañas pasan a un segundo plano cuando nuestros pies empiezan a caminar sobre los adoquines de la zona rica de la ciudad. Me quedo callado con la esperanza de que me dé la información suficiente como para utilizarla a mi favor:

—Hace mucho tiempo, mucho antes de la dinastía de mis abuelos y bisabuelos.

Existió un stoker que nos sirvió de ejemplo a las generaciones venideras.

Lord Tayler se enamoró de una humana, cuyo nombre ha sido borrado de la historia de nuestro mundo.

La situación fue tan lejos que el príncipe se negó a unirse en matrimonio con otras estirpes.

La sociedad vampírica tembló de tal manera que los duques se plantearon la opción de matar a la humana para eliminar el problema de raíz.

Pero Tayler se adelantó y amenazó con cortar su propio cuello si acababan con su amada.

Y lo hubiera hecho si al final los duques no hubieran recapacitado.

Perder al stoker pondría en riesgo la cadena de sucesión de la corona de oro negro y rubíes.

—¿Y que hicieron? Si Lord Tayler se negaba a yacer con las adastas no habría más generación de herederos al trono —En mi mente se dibuja la posibilidad de que Estevian se niegue a casarse con lady Alia para escogerme a mí por encima del resto.

Pero todo se torna sufrimiento cuando él me mira con el dolor de una historia que teme repetir.

—Se decidió que presentarían a los enamorados al mismísimo Antiguo y que él decidiera la resolución del conflicto.

Si así lo quisiera, el primogénito de Illythia podría morder a un humano transformándolo en un vampiro con el mismo poder que un duque.

Era la única solución coherente que se le ocurrió a la Corte de la Noche.

Lord Tayler afirmaba que si no podía estar con su humana prefería navegar hacia el sol y morir junto a ella.

Así pues, el Aquelarre del Cuervo bendijo a los enamorados con las protecciones suficientes como para tener una audiencia con el Antiguo.

Estevian se queda completamente callado.

Nos detenemos frente a la escalinata que nos conduce directamente a la mansión de lady Angélika, pero no podemos continuar.

Mi vampiro se tapa el rostro con la mano y mira hacia el suelo.

Le conozco lo suficiente como para saber que está llorando, verle así me produce un dolor tan fuerte en el pecho que casi se me corta la respiración.

—¿Qué pasó con ellos, cariño? —le pregunto rodeándole con mis brazos.

—Nunca se les volvió a ver —responde con la voz temblorosa—. La Tríada, las madres de las brujas, contaron que fueron espectadoras de como el Antiguo destripaba a la humana para que su amado lo viera. Después lo convirtió en piedra.

—Y por eso ningún stoker os planteáis la opción de fallarle a las leyes de la corona de oro negro y rubíes.

—Y por eso reprimo las ganas de tener una audiencia con el Antiguo y morir por negarme a casarme con Alia para estar contigo...

Nos quedamos en silencio durante largos minutos. Me extraña no ver guardias a la entrada de los dominios de lady Angélika, no le doy más importancia, no ahora que Estevian me necesita.

—No pasa nada, te amaré, aunque tengas que partir al norte y yacer con las adastas de la Corte de la Niebla.

—Te prometo que, cuando todo esto acabe, seré solo para ti.

Nos fundimos en un beso lleno de dolor e impotencia.

Por mucho que tanto el vampiro como yo tengamos sangre real, hay decisiones que no dependen de nosotros.

Cuando Estevian se recompone comenzamos a recorrer los peldaños de una escalera a la que nunca me acostumbraré.

Atravesamos los jardines con charcas y puentes hasta llegar a la puerta principal.

—Qué raro es ver todo esto tan vacío —comento al sentir la ausencia de los nobles y sus ilotas en un mercado de carne y placer.

—La escasez de sangre ha conducido a la prohibición de las fiestas. Aunque ya sabes que algunos perdieron la visión lógica y empezaron a hacer locuras por mantener el estatus.

—¿Te refieres a los gemelos Nymph, ¿verdad? —Él asiente con la cabeza y yo dejo que mis labios sean controlados por mi curiosidad—. ¿Dónde están? ¿Han sido ejecutados?

—Ahora mismo no proceden las ejecuciones públicas —niega con la cabeza mientras agita el llamador de la puerta con la forma de una sirena de metal—. Están en El Pesar de Illythia.

—¿El qué?

—En Plaguen no hay espacio para construir una prisión como es debido y ya sabes que las mazmorras del castillo están ocupadas por las brujas —explica mientras señala hacia algún lugar—.

Por eso los vampiros inventamos un sistema carcelario a base de barcos que navegan constantemente por el mar del este del Continente de la Banshee, lejos de los conflictos entre razas.

—¿Y las caribdis no los han hundido?

—La madera de los navíos que se fabrican bajo la noche eterna tiende a tener runas del Aquelarre del Cuervo. Gracias a eso los barcos permanecen invisibles mientras navegan.

—Invisibles... —No puedo olvidar el día en el que los piratas caídos me arrebataron de mi hogar. Por eso no pudimos percatarnos de su presencia, porque disponían de magia que les hacía imperceptibles—. Péstegos...

Se me ocurren miles de preguntas acerca de los presos de la Corte de la Noche, pero la puerta se abre y la sirena muda de cabello verde nos recibe con los brazos abiertos. Literalmente, porque en cuanto me ve se quita la mordaza reglamentaria y se lanza sobre mí.

—¿Cómo has estado, Astiarte? —Su gesto es suficiente como para responderme—.

Todo esto del frenesí es una locura, ¿a que sí?

—ella asiente de manera enérgica con la cabeza y después me acaricia el rostro para asegurarse de que estoy bien.

Sentir su falsa piel me hace recordar el tacto de mi madre y mis hermanas.

Sus manos son extremidades fuertes, las de una guerrera del mar.

Cada instante a su lado reafirma mi necesidad de volver a mi hogar.

—Perdona, lady Angélika quería vernos. ¿Está ocupada? —Estevian nos detiene antes de que nuestra conversación se extienda demasiado.

La sirena nos invita a seguirla a través de los pasillos vacíos de la mansión.

Así como el palacio de la Corte de la Noche escasea en personal, el hogar de Angélika ha prescindido de todos los servicios extra.

No la culpo, en mitad de la crisis yo no confiaría en nadie más que no fueran mis propias aliadas.

Llegamos al salón que está decorado por un montón de plantas y colores.

En ese instante me doy cuenta de que el vampiro y yo no respetamos el código de vestimenta que lady Angélika ha instaurado en su hogar.

Así como en la noche eterna el negro es el color más aclamado, en el hogar de la reina sirena cuanto más llamativo vayas mejor.

—Buenas noches, queridos —Ella nos espera al otro lado de la mesa alargada que corona la estancia—. ¿Tenéis hambre?

—Me muero por comer algo que no sea sangre —pronuncia Estevian justo en el momento en el que la mujer me dedica un beso en cada mejilla.

—Espero que te hayas alimentado con anterioridad, no voy a permitir que ningún vampiro entre en frenesí en mi casa—Aunque Angélika lleve un vestido morado con peces bordados en su vuelo, no puede esconder el porte de una guerrera despiadada.

—Mi bestia está controlada, milady —responde él besando los nudillos de la dama.

—En ese caso, bienvenidos a mi humilde morada —La tensión del momento desaparece para dar pie a un ambiente familiar—.

No sabéis lo mucho que os he extrañado. En especial a ti, príncipe de Laneth —Me sonríe con cariño justo antes de señalar dos sillas situadas a su derecha—.

Por favor, sentaos. Canderra está terminando de preparar la cena.

—Veo que has despedido al servicio —apunta el vampiro, pero yo ya sé la respuesta.

—Aquí no necesitamos ganado, prefiero que los humanos sirvan a los otros inmortales de la noche.

Además, así me ahorro a esos nobles que buscan la exquisitez en el sabor de la sangre—Sus dedos cogen con delicadeza su copa con un extraño licor rosado y lo agita para observar las burbujas—.

¿Acaso no se han enterado de que estamos en crisis?

Seguro que los más necesitados no le hacen ascos a nada.

—Ha sido una idea magnífica —le digo mientras Astiarte nos sirve el mismo licor de flores.

—Solo espero que a ninguno de esos nobles les guste el pescado —se jacta Estevian provocando las risas sobre la mesa.

A los pocos minutos aparece Canderra, la sirena de cabello rosa, arrastrando un carro de metal con tanta comida que se me hace la boca agua.

Hay langostinos, cangrejos, bogavantes y mejillones.

Aunque hay algunos crudos, en su mayoría están cocidos.

También hay piezas de carne a la brasa, patatas asadas y ensaladas de algas.

—¿Por qué los cocináis? —Me sorprendo al ver como Angélika degusta una pieza al rojo vivo.

—Cuando llevas tanto tiempo en tierra firme, querido, tu paladar se acostumbra a lo sofisticado.

—Yo soy más de carne —apunta el vampiro justo antes de empezar a comer.

Las guerreras de Angélika se sientan a su derecha, un hecho que sorprende a Estevian. En la Corte de la Noche los súbditos nunca se sientan junto a la realeza para comer. No dice nada, pues sabe que en el dominio de las sirenas las cosas funcionan de una forma totalmente diferente.