Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 7
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Las puertas de la Corte de la Noche se abren de golpe para dejar que un vampiro y un tritón huyan despavoridos.

Bajamos las escaleras exteriores a grandes saltos y recorremos los adoquines como si se desmoronaran a nuestro paso.

Estevian tira de mí para alejarme de todas las ataduras que me mantienen preso en su hogar.

En ocasiones me mira para sonreírme y asegurarse de que estoy bien.

En otras simplemente aúlla como si fuera un lobo enamorado de la luna llena.

—¡Auuh! —Le hago los coros con la misma fuerza con la que gritaría lo mucho que le amo.

Sus dedos entrelazados con los míos me hacen reafirmarme en mi decisión de haberme quedado en Plaguen cuando la horda de caribdis invadió el mar.

Sus carcajadas me recuerdan una y otra vez el verdadero motivo de mi existencia.

Estoy tan emocionado que, por primera vez en semanas, la idea de morir en el parto de los nuevos stokers no me importa.

Pase lo que pase, si consigo que Estevian no vuelva a perder su sonrisa, habrá merecido la pena.

—¿Dónde me llevas? —pronuncio en el mismo momento en el que nos detenemos en los límites del barranco que separa el palacio de la zona alta de la ciudad.

—¿Confías en mí?

—Siempre.

—Pues agárrate fuerte —De pronto me coge entre sus brazos haciendo gala de su fuerza sobrenatural.

—¡¿Qué estás haciendo?! — Al instante se lanza hacia el mar de árboles—. ¡Estevian Ilia estás loco!

El aire nos azota con tanta fuerza que tengo que cerrar los ojos.

Más aún cuando estoy seguro de que al final de la caída no nos espera la seguridad del mar.

Grito horrorizado mientras él se ríe con crueldad.

El corazón me palpita con fuerza mientras el descenso se me hace eterno.

Antes de que pueda darme cuenta mis gritos son acallados por los labios de mi vampiro.

—Ya está, cariño —susurra segundos antes de dejarme en el suelo—. ¿Puedes caminar?

—Sí, sí… —No puedo enfadarme con él, no cuando a su lado todo es perfecto.

—Ven, vamos.

Le sigo a ciegas a través de un bosque donde solo sus árboles saben todo lo que se oculta aquí.

Nos perdemos a través de la naturaleza, la humedad y los ojos expectantes de las aves que nos rodean.

Caminamos en dirección contraria a la ciudad, recorremos un camino que Estevian conoce como la palma de su mano, lo sé por la confianza con la que se mueve.

—Amari y Darius nunca tuvieron la obligación de reunirse para negociar su enlace —No me hace falta preguntar para que empiece a hablar.

Siento que, de alguna manera, quiere explayarse, pero tampoco pretende hacerme daño con el tema de los matrimonios concertados—.

Los Ilia y los Cárpasot hemos sido aliados desde siempre.

Por eso ellos utilizaban ese tiempo para tener citas que se alejaran de todo lo tradicionalmente establecido —El camino se torna una bajada llena de humedad.

Estevian se asegura de que no tropiece con las raíces que sobresalen formando trampas impredecibles—.

Este era su lugar secreto, hasta que decidieron compartirlo con Enfi y conmigo.

El bosque se aparta para dar pie a una explanada de césped y flores silvestres.

Mis ojos se abren de par en par al descubrir un sin fin de colores fundidos bajo la noche eterna de Valhía.

Hay un árbol negro cuya vida parece pender del mismo hilo al que se aferran los vampiros del Continente de la Banshee.

No tiene hojas, solo ramas que se retuercen formando lo que parecen ser las astas de un animal.

Pero sin duda, lo que capta mi atención es la charca en cuyo centro está situado.

Un lago de aguas cristalinas del que brotan luces púrpuras y azules.

—Le llamamos el Árbol Noctívago —anuncia él, pero yo me he quedado embelesado con el lugar. Es como si alguien hubiera sacado la belleza de uno de los cuadros que decoran la Corte de la Noche y le hubiera dotado de vida.

—¿Por qué no hay nadie más aquí? Es precioso...

—Porque no lo conocen, la alta nobleza teme lo que se oculta en el bosque —Seguimos caminando hacia las orillas del agua. Él me mira con ilusión, es consciente del gran regalo que me está haciendo—. No les culpo, hasta hace poco la Orden utilizaba estos bosques para reunirse a escondidas.

El calor me sube por las mejillas cuando contemplo como Estevian se quita las botas y empieza a desabrocharse el chaleco.

En un movimiento reflejo miro alrededor para asegurarme de que nadie nos está observando.

Cuando quiero darme cuenta el vampiro se ha quedado completamente desnudo y se está zambullendo de lleno en el lago que nace del árbol muerto.

—¡Está buenísima! ¿A qué esperas?

—Pero...

—¡Ah! No te lo he dicho, el agua está caliente—dice salpicándome con una sonrisa que hace resplandecer las escamas de mi rostro.

No lo dudo ni un minuto más, me desnudo con torpeza. De hecho, tardo tanto en desabrocharme los botones de la camisa que acabo por romperlos. Estevian se ríe a carcajada limpia instantes antes de que salte a escasos metros de él.

El agua tiene una temperatura sumamente agradable, desconozco qué extraño hechizo la mantiene así, pero podría quedarme aquí de por vida.

De un momento a otro mis piernas se cubren por escamas de un llamativo color azul, después se unen formando mi aleta al mismo tiempo que adquiero la capacidad de respirar bajo el lago.

Aprovecho para nadar por debajo de Estevian y juguetear con sus pies.

Escupo burbujas para que acaricien su cuerpo y le produzcan cosquillas en la piel.

Después emerjo frente a él y rodeo su cintura con mis brazos.

Nos miramos fijamente, empapados y sin decir nada, mientras las risas se tornan mudas.

Nuestros alientos se funden en una corriente de tensión y deseo.

Antes de que el silencio se rompa decidimos besarnos.

Nuestros labios, húmedos por la caricia del agua, bailan en una danza sin música.

No sé en qué momento mi lengua pierde su timidez y entra en su boca para unirse a la suya.

El tiempo se detiene en un suspiro, nadie nos interrumpe, ni siquiera las primeras gotas que suelta la tormenta.

Estevian utiliza su mano para recorrer mi aleta, dibuja con sus dedos cada curva de mis escamas y pega su miembro al mío con la promesa de no separarnos nunca.

Le empujo a las profundidades del lago mientras la vegetación acuática nos ilumina.

Nos tumbamos sobre las setas bioluminiscentes que crecen junto a las raíces del árbol muerto.

Continuamos besándonos sin temer ahogarnos, así como yo puedo respirar bajo el agua, el vampiro no necesita hacerlo.

Quizá Rysantha e Illythia sabían que algún día sus hijos se enamorarían y por eso nos otorgaron el poder para estar juntos.

—Te necesito —le susurro con las burbujas entorpeciendo mis palabras—. Salgamos fuera, estarás más cómodo.

Por un momento pienso que el stoker no me entiende, después me doy cuenta de que sus manos están buscando el saco en el que se oculta mi virilidad cuando mantengo mi forma acuática.

Una cualidad propia de animales como los delfines, que esconden su órgano reproductor en pliegues situados bajo la piel.

La excitación produce que mi pene surja de entre las escamas y choque contra el suyo.

Nos restregamos el uno contra el otro en medio de la intimidad que nos da el dominio del Árbol Noctívago.

El vampiro me suelta para nadar hacia mi aleta.

Me tumbo boca arriba sobre las luces moradas y azules para sentir como sus labios se deslizan hambrientos a través del tronco de mi dureza.

Su lengua juguetea con mi punta mientras mis gemidos se transforman en burbujas que se llevan mi placer a la superficie.

Agarro su cabeza para empujarla hacia mí al mismo tiempo que muevo mis caderas con entusiasmo.

Me gusta tanto que tengo que obligarle a regresar a mi boca para besarle con descaro.

Nuestros cuerpos se mueven en una coreografía compuesta por sacudidas y gemidos.

En cuestión de minutos el lago es testigo de cómo nuestro amor se torna salvaje, violento y húmedo.

No hace falta que Estevian esté dentro de mí para que ambos estallemos en un placer que jamás hemos experimentado, al menos no en las profundidades del agua.

Emergemos con la sensación de haber ganado la guerra más importante de nuestras vidas.

Nos miramos sonrientes mientras jadeamos exhaustos:

—¿No te horrorizan mis escamas? —pregunto cuando él se sienta sobre la vegetación dejando sus pies colgando sobre el agua.

—¿Eres idiota? No me horroriza nada de ti.

Te follaría en agua salada si me lo pidieras.

Me da igual si tienes piernas o aleta, para mí eres perfecto tal y como eres, cariño.

¿Acaso no te has dado cuenta ya? —Sus palabras me calientan el corazón con tanta fuerza que es imposible que no le quiera.

Entonces pronuncia algo que se tatúa en mi piel como el hechizo de una bruja—.

Ya no hay vuelta atrás, Cirigh de Laneth.

Nadie en toda mi eternidad conseguiría que te dejara de amar.

Ni Alia, ni mil matrimonios concertados.

—Ya no hay vuelta atrás... —repito con la seguridad de haber tomado la decisión acertada si eso me ha conducido a estar a su lado.

—Ya no hay vuelta atrás.

Sus palabras se propagan en mi cabeza como un mantra de lealtad y promesas.

Descubro a Estevian con el rostro torcido de preocupación, no me hace falta preguntarle para saber que todo el tema del enlace entre la Corte de la Noche y la de la Niebla le duele.

Sé que si dependiera únicamente de él se realizaría una boda entre noche y mar, pero no se puede, al menos no por ahora.

Agito mi aleta para salpicarle y sacarle de ese lugar en su mente al que yo no puedo llegar.

—Ups, te veía muy seco —bromeo consiguiendo que el vampiro vuelva a sonreír.

—Te quería enseñar algo..., pero empezaste a jugar con fuego y nos acabamos quemando.

—¿Hay algo más?

—¡Claro! —Estevian se lanza al agua de nuevo y empieza a nadar—¡Sígueme!

Le sigo, al menos durante los primeros segundos, después empiezo a divertirme.

Salto formando un arco con mi espalda sobre él, nado por debajo de su sombra o juego a dejarle atrás para luego regresar a su lado.

El vampiro empieza a escalar por las raíces del árbol con tanta agilidad que ni la lluvia de la tormenta le hace tropezar.

Agradezco permanecer en el lago al mismo tiempo que él me señala unas letras talladas en la madera.

—Mis hermanas y yo escribimos nuestros nombres para que fuéramos eternos como el Árbol Noctívago —Tal y como explica leo el nombre de sus hermanas en el tronco negro, pero también encuentro algo más—.

Amari talló el de Darius junto al suyo para que su amor fuera inmortal—su boca propina un pequeño bufido cuando descubre que su hermana pequeña también ha escrito: Jasper Gazzei—. Veo que Enfi se me ha adelantado.

—Es un gesto muy bonito —Estevian rebusca en una de las aperturas del tronco para sacar una navaja de cazador.

—Quiero que tu nombre permanezca junto al mío hasta que se acabe el mundo —dice a la par que comienza a tallar mi nombre al lado del suyo—. No quiero vivir de otra manera que no sea junto ti, Cirigh.

—Yo... —En cuanto termina se zambulle de golpe y me abraza para volvernos tan inseparables como nuestros nombres tallados en la madera del árbol muerto. Al final consigo pronunciar—. Ya no hay vuelta atrás.