3
La noche eterna nos otorga el camuflaje que necesitamos.
Recorremos las calles más acomodadas, vacías por el miedo a la ola de crímenes incitadas por el hambre de mi propia especie.
A pesar de saber que no hay nadie fuera de sus casas, saltamos de tejado en tejado para evitar las miradas curiosas y fundirnos en las sombras de la oscuridad.
—Dadme un segundo —Saco una ganzúa en cuanto llegamos a uno de los balcones de la mansión Strix.
—¿Para qué necesitas eso si tengo la llave? —Enfi se adelanta y abre la cristalera sin esfuerzo.
—¿Nos vas a decir cómo la has conseguido? —Idris le pone voz a lo que todos pensamos.
—Tengo mis trucos.
Nos mantenemos en silencio mientras recorremos los pasillos de una de las construcciones más grandes de Plaguen.
La familia de Lord Jeff es leal a la corona desde que el mundo es mundo.
Siempre dispuestos a servir incluso por encima de sus posibilidades.
Un detalle que los llevó a conseguir el título nobiliario y que temo que ahora no se esté cumpliendo.
Utilizamos las cortinas y las estatuas para desaparecer a ojos de los pocos sirvientes que quedan en la mansión.
En su totalidad humanos cuyas habilidades perceptivas son limitadas.
No hace falta que hablemos para entender que Enfi quiere que la sigamos.
Se ha estudiado los planos de la construcción como si mi padre lo hubiera incluido en los temarios obligatorios de los stoker.
Jamás hubiera imaginado que mi hermana pequeña se movería con tanta soltura en una de las casas más reputadas de la ciudad.
Más aun sabiendo que ella no asiste a las fiestas de los nobles, o al menos eso es lo que siempre ha admitido.
Me sorprende ver a Lord Jeff leyendo en uno de sus salones mientras una de sus sirvientas masajea sus cervicales.
Me esperaba, de alguna manera, encontrarme con una fiesta desmedida que violara todas las restricciones aprobadas en palacio.
Pero no es así, el líder de los Strix respeta las normas con tanto entusiasmo que no me lo creo.
Lo primero que pienso es que el contacto de mi hermana nos ha delatado y todo lo que estoy viendo es una actuación digna del mejor de los teatros.
Luego me doy cuenta de que, de todos los inmortales de Plaguen, Jeff Strix es el que peor sabe fingir.
—¿Cuándo me toca la próxima ración, querida? —habla él con un tono de aburrimiento.
—Mañana, milord —le responde la humana sin molestarse en ojear el cuaderno de notas que descansa sobre la cajonera situada a escasos metros de ella.
—Me muero de hambre…
—No es hambre, milord, es aburrimiento. ¿Quiere que vaya a buscarle a algún ilota?
—No, paso, últimamente están todos amargados —El vampiro se da la vuelta para que su sirvienta masajee su enorme barriga—. Iré a visitar a Lady Angélika mañana, ella siempre sabe cómo pasarlo bien.
—La sirena le envió un comunicado hace dos días, ha cerrado las puertas de sus dominios para evitar problemas con la corona.
—No creo que le cierre la puerta a un miembro del consejo real…
Enfi me llama la atención para que aparte mis vistas de la puerta entreabierta y siga sus pasos.
Lo hago sin rechistar, descubro que su sigilo es envidiable cuando me cuesta seguirle el ritmo.
No me arrepiento de haberla nombrado mi Sombra personal.
Un hecho que ocurrió cuando Rhain liberó a sus caribdis en pleno ataque de locura.
Tanto Amari como ella estaban agobiadas e impotentes al no poder hacer nada para ayudar al pueblo.
Así como mi hermana mayor optó por proteger a Cirigh en sus sesiones de pesca, Enfi aceptó mi petición de recabar información en la oscuridad.
Mejoró sus técnicas de ocultación y se convirtió en una asesina letal en la noche eterna.
En ese preciso instante me di cuenta de la pérdida de tiempo que había sido educarla en las reuniones de la alta sociedad, pues se sentía cómoda siendo el cuchillo que el palacio necesitaba.
—Lord Drake y Lord Derek Nymph suelen venir de visita a menudo. Aunque hoy llevan horas encerrados en las bodegas de la mansión —habla el informador de Enfi en cuanto llegamos a la despensa de la cocina. En el momento en el que le veo mis ojos se abren de par en par.
—¿Jasper? ¿Qué coño haces aquí? —Pero él me ignora por completo y se asegura de que nadie nos está escuchando—. Ya hablaremos tú y yo.
—¿Dónde están los humanos de las invitaciones? —le pregunta Cynder con las manos abiertas.
—Primero forman parte del servicio, para ver si pueden desempeñar bien el trabajo. A los que no valen los acaban despidiendo —Mi amigo está nervioso, puedo escuchar el latir apresurado de su corazón—. A mí ya me han dado el primer aviso.
—No han regresado a sus casas —confirma Enfi mientras Idris se asegura de que no hay nadie cerca—. Ninguno de los anteriores sirvientes ha regresado a los barrios bajos.
—¿Qué estás pensando? —La tensión me hace sentir que estoy caminando por un campo con tres palmos de nieve.
—Que siguen aquí.
—No sé cuánto tiempo tenéis —comenta Jasper señalando una pequeña edificación en el jardín trasero—. El cambio de guardias se llevará a cabo en unos minutos. Desconozco lo que os encontraréis más adelante.
—Ve a palacio, escóndete… —Enfi le da el emblema de la Corte de la Noche, una placa de plata con una media luna forjada en ella—. Déjanos el resto.
Las palabras de mi hermana provocan una orden imperiosa en el humano. Aún vestido con el traje de sirviente, Jasper Gazzei desaparece de nuestra vista y sale de la mansión Strix. Nosotros retomamos nuestro sigilo y salimos por la ventana para llegar a la entrada de la bodega.
Tal y como nos ha explicado el humano, la guardia intercambia sus turnos entrando y saliendo de una de las puertas traseras de la mansión.
A diferencia de los soldados de palacio, que residen en el propio castillo, los guerreros que trabajan para los nobles tienen sus propias casas y tienden a regresar a ellas cuando acaban su jornada.
Enfi no pierde ni un segundo y saca el manojo de llaves para facilitar nuestra misión. La caseta es lo suficientemente pequeña como para albergar un par de estanterías con algunos barriles vacíos. No hay nada más allí, un hecho que nos deja desconcertados.
—¿Ese humano es de fiar? —pregunta Idris desprendiéndose de la bufanda que oculta todo su rostro salvo su mirada.
En ese instante muestra una media melena naranja, idéntica a la de su padre Luther Ashlax, la razón por la que Cirigh se refiere a ellos como los peces payaso.
Idris es bastante delgado, nada que ver con su hermano menor Cynder, que me saca una cabeza además de tener unos músculos de matón.
Recuerdo estar con ellos durante las aburridas fiestas de los nobles, comentando los nuevos ilotas del mercado o coqueteando con las nobles de las otras familias.
A diferencia de mi familia, que tenemos la obligación de casarnos para forjar alianzas entre cortes, los Ashlax solo tienen la labor de hacer espectáculos de luces.
Se cree que fueron sus antepasados los que crearon la ashlaxmancia, la magia de fuego.
—Es el mejor mundano que te puedes echar a la cara —digo con orgullo y Enfi sonríe al ver como defiendo a Jasper—. Lleva trabajando para la corona desde que cumplió la mayoría de edad. Le echaré de menos cuando su vida expire.
—Pues transfórmalo —Cynder verbaliza lo que mi hermana lleva pensando durante años—. Si es tan leal en vida, nos servirá más en la muerte.
—Es hijo del alcalde de Orio… —explico y entonces se quedan completamente callados. Es una ilegalidad romper las líneas de sucesión de las familias poderosas de los humanos, sería como romper un pacto e iniciar una guerra entre el ganado y los inmortales.
—Si tan seguro estás de que se puede confiar en él, tendremos qué ver que ocultan los Strix —Idris coloca las manos sobre el suelo y convoca el brillo rojo de sus ojos para usar la magia.
—No nos delates por favor… —Enfi se apresura a mirar por la ventana y asegurarse de que la luz de la ashlaxmancia no nos convierte en un blanco fácil.
—Solo unas cenizas guía —comenta él y varias motas negras surgen de sus labios y se filtran a través de los tablones de madera.
Pequeñas luces van tintineando mientras se pierden en la inmensidad que se oculta bajo nuestros pies.
Tengo que acercarme para estar muy seguro de lo que estoy viendo.
Hay unas escaleras de piedra, un acceso oculto a aquellos que desconocemos los secretos de la familia Strix.
Miro a mi hermana y ella asiente con la cabeza. Jasper tenía razón, hay algo más aquí.
—Llamaremos la atención —insto al mismo tiempo que Cynder se remangue la camisa para empezar a golpear la madera—. Tiene que haber algún mecanismo.
Buscamos por toda la estancia, los barriles están completamente vacíos y no hay ninguna palanca que nos ayude a abrir el pasadizo secreto. Estamos a punto de darlo por imposible cuando Enfi gira uno de los grifos de los barriles de plasma y el suelo se abre de golpe.
—Tráela más veces, Estevian, tu hermana es una experta en esto.
—¿Para qué van a tener barriles si están vacíos? —ironiza ella.
—Para esconder el interruptor que custodia los secretos—secundo mientras bajo las escaleras.
Nos encontramos con un túnel que se retuerce bajo los jardines de la mansión.
Una ruta que nos conduce de lleno a lo que más temíamos.
Desde las sombras, que proyectan las llamas de las antorchas, podemos observar una habitación llena de mesas de tortura con una veintena de humanos encadenados.
Están afectados por las nubes de opio que vagan por la fría piedra, aunque sin duda lo más perturbador es la cantidad de nobles que están bebiendo de ellos.
—Esto es una locura… —comenta Cynder preparado para entrar en acción.
—Aún no —Enfi le detiene en un intento de descifrar las caras de los inmortales que violan las leyes de la corona.
—¿Lord Strix ignora lo que ocurre en sus dominios? O quizá, ¿lo esté permitiendo? —Las preguntas de Idris me azotan de tal manera que me impulsan a actuar.
—¿Puedes ser nuestros ojos? —le pregunto al Ashlax al mismo tiempo que este baje los párpados y se concentre en el fuego de las antorchas que se esparcen por todo el subsuelo.
—Esto es demasiado grande, puede que recorra todo Plaguen —susurra Idris con el fulgor rojo oculto bajo los párpados—.
Son kilómetros y kilómetros de estancias que pretenden ser una posada.
No solo hay nobles, también vampiros de los bajos fondos…
—continúa provocando que mi piel se erice—. Los humanos están débiles… demasiado…
De repente uno de los humanos encadenados a la madera empieza a convulsionar mientras el vampiro que bebe de él se aleja horrorizado. Nadie parece alarmarse, al contrario, es como si los presentes estuvieran acostumbrados a todo esto.
—¡Se me ha agotado! ¡Vaya mierda de servicio! —se queja el vampiro mientras contempla como el humano se convierte en un cadáver.
—No seas impaciente Lord Percival —Drake, el primogénito de los Nymph, sale de las sombras y aparta el cadáver de un golpe—. Tenemos nuevas incorporaciones a la bodega.
—Algo no anda bien… —susurra Enfi al mismo tiempo que la escena se torne más perturbadora.
—¡Soltadme! —grita Jasper mientras intenta zafarse del agarre de un par de soldados—. ¡Yo no he hecho nada!
—Cuanto ruido, querido —Derek, el hermano de Drake, camina fumando una pipa de un intenso olor a hierbas. Se acerca al humano y exhala su humo—. Mejor en silencio, guapo.
En el momento en el que el opio roza las fosas nasales de Jasper, este se queda completamente inconsciente.
No tardan ni cinco minutos en colocarle en el lugar del cadáver, encadenarle y abrir su camisa para dejar que Lord Percival beba de él.
Y está a punto de hacerlo, pero una daga vuela a gran velocidad y atraviesa el cuello del vampiro.
—¡Intrusos! —grita uno de los guardias cogiendo una antorcha y la lanza hacia nosotros.
La luz nos ilumina con intensidad sacándonos del escondite que nos otorgan las sombras.
Nos quedamos completamente quietos sin otra opción que levantar las manos indicando que no tenemos ninguna intención de buscar problemas.
Una actuación que no nos sale demasiado convincente porque empiezan a salir guerreros de la profundidad de los túneles.
—Quedáis detenidos en nombre de palacio —improviso sobre la marcha quitándome el pañuelo para mostrar mi rostro.
—¿Estevian Ilia? ¿Aquí? —susurra un noble mientras deja de beber de uno de los humanos moribundos—. ¡Yo me largo!
Idris cumple las funciones que se le han encomendado, lo sé porque la guardia real aparece aquí abajo justo antes de que estalle el caos.
Puede que hubiera sido más divertido enzarzarnos en una pelea de sangre y fuego, y estoy seguro de que con la máscara de Chacal hubiera canalizado mi estrés de maneras poco elegantes.
Pero la Corte de la Noche marca formas completamente diferentes de proceder, por eso el ashlaxmante ha utilizado sus mensajes de cenizas para dar la alarma.