Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 1 #2
3%

1 #2

Con la noticia de esos monstruos rondando nuestros mares la gente ha decidido alejarse del mar, un detalle que nos permite dejar de pensar en los conflictos de los bajos fondos durante al menos un par de horas.

—No está preparado, Estevian —comenta mi hermana en el momento en el que nuestros acompañantes se alejan lo suficiente para no escucharnos—. La muerte de su padre le ha dejado muy tocado.

—Lo siento…, de veras…, jamás imaginé que el general Rhain estuviera llegando tan lejos.

—Utilizar la esencia del Antiguo para crear monstruos marinos es una locura —la mirada de Amari es una vidriera de color verde a punto de estallar—.

La muerte de su esposa, Helena Cárpasot, a mano de las sirenas le dejó una herida que ni la eternidad es capaz de sanar...

, nos ha estado protegiendo toda la vida.

—Y condenando a las sirenas a la extinción —secundo recordando que mi tritón porta a sus hijos—. ¿Cómo descubrió que las cosas funcionaban así?

—Quizá el primogénito de Ilythia se lo encomendó —Mi hermana le pone un punto de cordura a mis cavilaciones—. ¿Y si Plaguen no hubiera estado protegida por esos monstruos?

—Puede que las sirenas nos hubieran invadido hace siglos… pero tampoco lo sabremos. Lo único que tengo claro es que los vampiros de Valhía hemos roto el Pacto, si el resto de razas lo descubren, seremos juzgados.

—Si nuestra raza ha tenido que crear monstruos para proteger nuestro reinado, no te quepa ninguna duda de que las otras tienen sus propias armas.

—¿Tú crees? —Mi mente presenta una duda que duele más que cualquier herida. En el momento en el que mis labios formulan la pregunta, nuestros pasos se paralizan en el tiempo—. ¿Y si los necrófagos son una creación?

No sé cuánto tiempo permanecemos quietos, pero cuando nos ponemos en marcha lo hacemos en completo silencio. Amari repite lo preocupada que está por Darius, que lo ama demasiado como para verle sufrir de esta manera.

—No está preparado para llevar la corona, es demasiado pronto —comenta al mismo tiempo tiempo que ve como Cirigh y el resto ya han alquilado las monturas que los llevarán de vuelta a casa. Suspiro con la certeza de que mi hermana tiene razón—. ¿Cuánto más estarán los reyes reunidos con el Antiguo?

—No lo sé…, y me temo que eso es algo que no nos puede preocupar. La ciudad se viene abajo y el peligro nos acecha como nunca lo ha hecho.

—¿Y si aprobamos la Ley de los Dolientes? —Sus palabras me dejan completamente descolocado.

Amari ha sido siempre una vampira justa, nunca ha estado a favor de ninguna de las ilegalidades que yo he tenido el placer de probar.

—No sería demasiado retorcido, un humano por vampiro. Nos podríamos alimentar cada dos días para que el mortal regenerara sus defensas. Y si se encuentra débil, siempre se le puede liberar de sus obligaciones —explica ella con las ideas claras..

—Habla con el rey, si lo convences…

—Empezaremos los preparativos mañana —sentencia Amari dando por hecho que negociar con su marido es un problema más que resuelto.

Galopamos a gran velocidad abandonando la zona urbana.

Aunque la Corte de la Noche nos da la protección que necesitamos, las cosas con Alia no han cambiado.

Cada noche debo dedicarle su cita para conocernos mejor, una tradición que ni el caos de una rebelión puede cambiar.

Eso es lo que me lleva a detener a Airman en seco justo en el momento en el que estamos recorriendo el paso entre la ciudad y el palacio.

—¿Vendrás a visitarme esta noche? —pregunta Cirigh cuando le ayudo a desmontar al caballo—. Estos días me he sentido raro, la cama es demasiado grande para mí solo.

—Espero poder hacerlo…

—Pero no prometes nada…

—Sabes que no me gusta hacer promesas sabiendo que no las puedo cumplir —Nos dirigimos al borde del precipicio y nos sentamos contemplando el laberinto verde que se pierde bajo nuestros pies colgantes.

—Lo sé, y no pasa nada —Su mano acaricia la mía convirtiendo mis preocupaciones en un susurro lejano—. Me conformo con que vengas a buscarme cada día—La mentira provoca un leve picor en mi nariz—. Bueno, ya me entiendes.

—Te prometo que iremos a Laneth cuando todo esto pase.

Intento darle la entereza que yo no tendría en su situación. Cirigh está haciendo más de lo que le podría pedir. Si yo supiera que mi familia corre peligro hubiera dejado todo atrás hace mucho tiempo. Aunque si eso conllevara la pérdida del tritón, escogería una y mil veces mi propia extinción.

—El aurane eclosionará en un mes —Sus palabras me dejan completamente petrificado.

—¡¿Tan pronto?!

—Las crías crecen rápido y se alimentan de mí. Calculo que daré a luz en cuatro semanas.

El miedo se apodera de mí y me obliga a temblar.

El corazón me late tan rápido que temo que la sangre de mi organismo se agote antes de lo que preveo.

No quiero que Cirigh alumbre a mis sobrinos, no si eso significa poner su vida en riesgo.

Sabíamos que este momento llegaría tarde o temprano, solo esperaba poder encontrar una solución a tiempo.

Si al tritón le ocurre lo mismo que a las vampiras cuando dan a luz, ni la eternidad sería suficiente como para calmar mi sufrimiento.

Si él cae, yo caeré con él, no le he esperado durante toda mi vida para ver cómo se escurre entre mis manos.

Me niego, me niego a perderle, no para siempre.

—Yo… —Mi frente se posa sobre la suya mientras nuestros alientos entrechocan en un vendaval de pena y dolor.

—No pasa nada—Él se esfuerza en sonreírme, me miente aun sabiendo que mi poder le delata—. Todo va a estar bien.

—No lo sabes.

—No… pero si estoy contigo nada puede salir mal ¿A que no? —sus preocupaciones se ocultan bajo una suave capa de inocencia que lo hace parecer hasta gracioso. Pero no hay tiempo para risas, no cuando los dos sabemos que la muerte le acecha y no podemos hacer nada para evitarlo.

—Te voy a prometer algo —Mis ojos se cierran en una marabunta de emociones.

—¿El gran stoker va a hacerme una promesa? ¿Me tengo que sentir privilegiado?

—Cirigh de Laneth —Lo digo en su propio idioma, las pocas palabras que he conseguido aprenderme en este tiempo.

Después continúo en terrestre. Por más que intente mantener la voz firme, no puedo, no con el estrés desagarrando mi mente y la ansiedad empujando mis lágrimas—.

Te prometo que, si veo que tu vida corre peligro, sacaré a esos niños de tu vientre.

Tú por encima de ellos, tú por encima del mundo… , siempre.

De repente me besa, lo hace como si esa fuera la manera de sellar este pacto que acabamos de forjar.

Sus labios se unen a los míos en una danza delicada que precede las primeras gotas de lluvia.

Abro los ojos para contemplar su belleza, lo hago apreciando cada una de las escamas que la tormenta me muestra.

Le sigo besando aun cuando el azul resplandece en su piel y su lengua se contornea con la mía.

Le amo, lo hago por encima de todo lo que me han enseñado.

Y puedo admitir que estoy completamente seguro de que, si mi tritón peligra durante el parto, sacrificaré la vida de mis sobrinos para mantenerlo a mi lado.

El tiempo se vuelve un elemento inservible cuando mis manos rodean la cintura empapada del tritón.

La lluvia arrecia con tanta fuerza que sus pantalones se rompen para dar paso a su aleta.

Cirigh se recuesta sobre mí y me obliga a tumbarme sobre el barro.

Comprendo la fisionomía de los ahogados cuando percibo una apertura en sus escamas a la altura de la entrepierna.

Airman relincha deteniendo cualquier impulso de que esto vaya a más.

—Deberíamos volver —comenta él convocando media burbuja a modo de paraguas.

—¿Qué ocultan tus escamas, cariño? —pregunto con la lujuria llevando mi cuerpo a ebullición.

—Si quieres saberlo, ven a verme después de tu cita con Lady Alia —Escuchar ese nombre me hace volver a una realidad que no me gusta. Aunque no dura demasiado, Cirigh consigue robarme una sonrisa—. Los futuros stokers no son los únicos que necesitan alimentarse.

—No me creo que hayas dicho lo que acabo de escuchar —bromeo con la lluvia empapándolo todo menos a nosotros—. Repítelo.

—Solo si vienes a visitarme.

—¿El gran Tritón de Plaguen me está chantajeando?

—Ahá… —canturrea agitando las cejas—. Y puedo conseguir más cosas… si me dejas…

—Anda vámonos antes de que se enfade con nosotros —comento después de que el caballo vuelva a quejarse.