Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2) 1
1%
Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2)

Corona de huesos y espinas (Corte de agua carmesí 2)

Por Pebol Sanchez

© inepub.com

1

Estevian Ilia

La conversación se desarrolla bajo la atenta mirada de las estatuas de nuestros antepasados.

Darius se mantiene con las manos sobre la cabeza mientras la Sala del Consejo estalla en un caos que yo tampoco soporto.

Los cuatro consejeros, los nobles más influyentes de la ciudad, no dejan de discutir acerca de cuál es la mejor gestión para la supervivencia de nuestra sociedad.

Ha pasado un mes desde la muerte del general Rhain y el orden se ha perdido en medio de la desesperación.

—Mis contactos de los bajos fondos afirman haber presenciado otro ataque —explica Luther Ashlax, el hombre al que Cirigh se refiere como un pez payaso por su llamativo cabello anaranjado.

Puede que de todos los presentes sea el hombre en el que más confío, siempre leal a la corona y a los principios de mi padre.

—No podemos seguir racionando las reservas de sangre o el frenesí se apoderará también de los barrios altos.

—Yo he donado todo lo que tenía, milord —Jeff Strix, bautizado como la morsa por mi querido tritón, abre sus brazos de par en par justificando que no tiene nada más que darle a esta sociedad.

Tengo que mirar hacia abajo para evitar que se vea mi fulgor carmesí, percibo las mentiras en sus palabras.

No le doy importancia, todos los presentes sabemos que le quedan por lo menos dos bodegas ocultas en su mansión, de otra manera no se podría justificar su gran glotonería.

El muy cabrón no ha dejado de alimentarse desde que la Orden de los Condenados inició la revuelta.

Siempre se ha quejado de la escasez de ganado, no ha vuelto a hacerlo, ha encontrado una solución que no ha compartido.

La forma de detener una crisis que se nos está viniendo encima.

—Mis hijas enviarán donantes desde sus cortes en los próximos días —continúa Jeff.

Las cinco Strix que están repartidas en los puntos estratégicos para el transporte del plasma de nuestro ganado. Mi hermana Amari lleva años pensando que ellas son las culpables de que siempre lleguen menos barriles de los estipulados.

—Mis hombres están acelerando la fabricación de barcos —Harold Severn, el cocodrilo, lleva décadas encargándose de los mares de Valhía.

Nunca ha salido o entrado un navío sin que él lo sepa, no dudo que tenga algo que ver con Péstegos y los piratas humanos

—El Tritón de Plaguen no está pescando todo lo rápido que quisiéramos —añade él.

—Cirigh hace lo que puede… —pronuncio entre dientes mientras mis manos se cierran en puños sobre la mesa—. No puede meterse en alta mar con esos monstruos ahí afuera.

—¿Qué hay de las partidas de caza? —Darius, el rey durante la ausencia de Ábsolem, me corta en seco antes de que pueda hablar de las complicaciones que nos ha traído su padre—. ¿Y de los donantes de Orio y los abanderados?

—Mis carruajes llegarán mañana desde Ninfa Oscura —Morgan Nymph, la langosta roja, es el fundador del pueblo que ha mencionado.

Gracias a él la natalidad de los humanos ha aumentado en los últimos años.

Aunque sus hijos siempre han sido un problema, los gemelos Drake y Derek, de mí misma edad, han estado abusando del consumo de dolientes durante los últimos días.

Aun cuando se han prohibido todas las actividades ilegales, con ellos se ha hecho la vista gorda demasiadas veces.

Me temo que perderán ese privilegio pronto.

—Entonces tendremos que esperar… —sentencia Darius levantándose de golpe provocando que su silla chirríe en toda la sala. Después me mira con frialdad y añade—. Ilia, encárgate de que esos carruajes lleguen sanos y salvos a la ciudad.

Y se marcha, lo hace zanjando la reunión con un incómodo silencio. Los otros miembros del consejo se incorporan como marca el protocolo y ven partir a su rey. En el momento en el que mi cuñado desaparece detrás del umbral de la puerta, los presentes me miran buscando una respuesta.

—Ya le habéis escuchado —repito colocándome los botones de la camisa—. Confiemos en que la noche siga siendo eterna —en el mismo instante en el que Luther Ashlax pasa por mi lado le susurro en el oído—. Te veo donde siempre.

—Sí, milord —Y se marcha sabiendo exactamente dónde ir.

Camino por el pasillo contrario al que ha escogido el Consejo de Plaguen.

Cruzo el salón del té para llegar a la puerta trasera de la biblioteca y salir al jardín.

El personal de palacio ha disminuido considerablemente, las reservas de sangre escasean de la misma manera que lo hacen en la ciudad y eso ha hecho que tengamos que mandar a nuestros mejores sirvientes a sus casas.

Nuestra principal prioridad es la alimentación de Cirigh, ya que porta la descendencia de la corona y está a pocos meses de dar a luz.

Por suerte sabe buscarse su propio alimento y las jornadas de pesca le dan la facilidad para alimentarse de la sangre de algunos peces.

—Que la noche sea eterna, milord —dice Luther en cuanto me encuentro con él bajo el amparo de uno de los árboles del jardín.

Las ramas evitan que nadie pueda vernos y las corrientes de aire que recorren el pequeño bosque deforman nuestros susurros para que sean imperceptibles.

—Y que la luz no te pille desprevenido —En el momento en el que pronunciamos el código secreto la conversación entre dos nobles se convierte en algo más.

—Mis hombres no han localizado ninguna nueva guarida de la Orden, han podido desertar de Plaguen —Sus palabras son rápidas mientras su espalda se pega a la mía para asegurarnos de que no hay nadie cerca—.

No solo están desapareciendo humanos en los bajos fondos, también vampiros de clase baja.

Por no hablar de aquellos que caen en frenesí y matan a sus familias.

La guardia real los están ejecutando en cuanto los localizan.

—El reino se viene abajo, Ashlax. —La tensión provoca que mi mandíbula se apriete con tanta fuerza que parece que la voy a partir—.

Y Darius no está en sus plenas facultades para reinar.

La pérdida de su padre le está afectando y los rumores acerca de que él también va a perder la cabeza se están extendiendo como la peste.

—Idris y Cynder se han infiltrado en las calles, tendremos noticias pronto —Conozco esos nombres, me he criado con ellos durante mi niñez—. ¿Qué me dices de tu sombra? ¿Ha encontrado algo?

—De momento nada de interés y necesitamos parar todo esto antes de que la bestia domine al pueblo y se vuelva nuestro peor enemigo.

—Consigue que el rey apruebe la Ley de los Dolientes y el palacio estará a salvo —Luther propone una locura que poco a poco va convirtiéndose en nuestra única alternativa.

—Mantenme informado —me despido con frialdad mientras mis pies me alejan de los jardines.

La situación de Plaguen empeora cada día.

No solo nos están afectando la escasez de sangre y el frenesí de los bajos fondos.

Si no nos alimentamos nos volvemos bestias incontrolables y los más pobres están cediendo ante sus instintos.

El problema es mucho mayor. Sin alimento no disponemos de la potencia militar o la magia de nuestras brujas, lo que significa que el enemigo puede derrotarnos en cualquier momento.

La Orden de los Condenados utilizó el ataque en la arena como una mera distracción, aprovechó ese momento para destruir nuestros barcos y acabar con todas nuestras reservas.

Estén donde estén, están tramando un ataque más potente y no estamos preparados para ello.

Airman galopa a gran velocidad dejando atrás la seguridad de palacio.

Recorremos las calles de los nobles para dirigirnos al puerto situado en los bajos fondos.

No puedo ignorar las miradas de preocupación y los rostros consternados en las familias más necesitadas.

Allí donde los stokers fuimos una vez para repartir calma, ahora solo se respira el miedo a la sed eterna de los vampiros.

La guardia real se encarga de patrullar la ciudad y repartir el racionamiento de plasma diario.

Si alguien entra en frenesí ellos lo detendrán antes de que se cobre más vidas.

Las fronteras de Plaguen no están cerradas, por lo que es normal ver a familias empaquetando sus casas para marcharse de aquí.

La Corte de la Noche no puede protegerlos y ven en los bosques la oportunidad de sobrevivir.

Lo único bueno de todo esto es que mi boda con Alia se ha pospuesto hasta nuevo aviso.

Dejo mi montura a escasos metros del puerto para caminar a través de la madera y llegar al bote que un par de vampiros amarran con fuerza.

Las redes no están llenas, aun así, hay el suficiente pescado para aguantar una semana más.

Una silueta camina cubierta por una capa de seda impermeable, en el momento en el que alza la mirada veo dos ojos azules y brillantes.

—¡Estevian! —grita Cirigh al mismo tiempo que sale corriendo hacia mí—. Hoy he conseguido un poco más que ayer. Las caribdis están obligando a los peces a huir de alta mar por lo que me es más fácil dar con ellos.

—Eres demasiado perfecto —le digo cuando lo cojo entre mis brazos y le doy un suave beso en los labios.

—¿Qué tal ha ido tu noche? —Su sonrisa, inocente e ilusionada calma todo mi ruido.

—Las cosas se van arreglando —le miento para no preocuparle—. Y tu ayuda está siendo crucial para el pueblo.

—¿De verdad? —y antes de que pueda responderme se acerca su escolta.

—Buenas noches, milord —Lánar es el primero en saludar.

Al ser humano nos es de ayuda para que Cirigh tenga una alimentación constante y que el legado de su vientre no se eche a perder. A su lado hay tres vampiros, una de ellas se esfuerza en sonreírme sabiendo que todo lo que he dicho es mentira.

—¿Qué tal, hermano? —Amari se ha vuelto una inseparable del tritón, le cuida con tanto mimo como siempre ha tratado a sus adastas. Agradezco su apoyo, no le ha hecho falta beber de mí para entender todo lo que hemos vivido con Rhain—. ¿Podemos hablar?

—¿Os adelantáis? —Cirigh asiente con la cabeza mientras él y el humano deciden caminar con más ligereza.

—¡Hoy te has lucido! —le dice Lánar mientras señala las redes de pescado que cargan los vampiros que les escoltan.

—Voy mejorando, amigo —le responde él con simpatía alejándose de nosotros. Cojo las riendas de Airman y los acompaño.

El camino hacia el establo se desarrolla tranquilo, la zona junto al puerto no es peligrosa.