Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 69
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Si la magia no le afecta, tengo otras formas de luchar. Emprendo una carrera hacia ella y le propino un puñetazo.

—No somos iguales, yo no renunciaría a mis zapatos —le digo mientras le piso la cola con fuerza.

La serpiente intenta golpearme, pero no lo consigue. En el preciso segundo en el que está a punto de atravesarme con sus garras, las alas surgen de mi espalda con tanta fuerza que la hace volar por los aires.

Bela aparece en el momento oportuno, se acerca a mi distorsión y la acaricia con suavidad. De un momento a otro la convierte en una estatua de oro.

—Gracias, cielo.

—No durará mucho, ¡corre!

La bruja rosa y yo alzamos el vuelo para regresar al torreón. Para nuestra sorpresa la mujer kraken está enfrentándose ferozmente a Yleth mientras Elzara se mantiene a un margen con quemaduras en la piel.

—¡No la volverás a tocar! —protesta Paquin mientras conjura su magia.

Su melena rosa salmón se agita mientras sus dedos convocan agujas con hilos de brillante color azul.

La valmancia inmoviliza a su distorsión haciéndola caer al suelo.

Antes de que pueda incorporarse, varios tentáculos de agua la retuercen en formas imposibles.

Bela se apresura a ayudarla, utiliza la magia del hielo para congelar toda la humedad.

Yo, en cambio, me acerco a Strange para protegerla.

—Eso ha estado muy cerca —suspiro utilizando el fuego para sellar las heridas de la gótica. Ella no se queja, al contrario, lo agradece.

—No quieren matarnos, solo mantenernos ocupadas —comenta Elzara con la respiración agitada.

—No puedo permitir que os hagan daño. —Yleth contrae su rostro en preocupación—. No pueden romper lo que somos, en lo que nos hemos convertido. Somos más que un aquelarre, somos más que hermanas…

—Somos las brujas de Valhía. —dice Bela con la mano en el pecho.

—Brujas puras —secundo.

—Hijas de Midnara. —Aine aparece a través de la puerta y se reúne con nosotras—. Ese wéndigo no volverá a levantarse nunca más.

Me quedo en silencio mientras mis compañeras se van recuperando del combate que acabamos de efectuar.

Me concentro en la magia de mi torreón, en aparecer junto a la corona de cuervos tal y como lo he hecho cada vez que quería estar con Kaine Dynevor.

De pronto me doy cuenta de cómo la apariencia de las paredes titubea durante un momento.

Vuelvo a esforzarme por activar su poder, pero ocurre lo mismo.

Es en la segunda vez en la que me doy cuenta de que el suelo bajo Yleth Paquin resplandece a modo de señal.

—¿Dónde está la corona? —pregunta ella agotada, la tualmancia la dejan debilitada.

—Pensé que estaría en el torreón de Kath, ella es la única que fue escogida por la Tríada. —Elzara se justifica sin ánimo de ofender a nadie—. Siempre he pensado que tenías algo especial.

—Siempre has sido una bruja muy poderosa. —Yleth me sonríe demostrando haber sanado las heridas del pasado—. Mira todo lo que has conseguido con solo dos mancias.

—Puede que las brujas madres me escogieran a mí, pero la Maestra ha tomado una decisión. —Mi corazón palpita con fuerza mientras comprendo las indicaciones de mi torreón—. Yleth, tú eres la reina bruja, tienes que ser tú.

—¿Por qué dices eso? Las demás habéis estado espléndidas en las otras pruebas.

—No…, Kath tiene razón. —Elzara se percata de como el suelo, bajo los pies de la bruja de agua parpadea de nuevo—. Todo ha sido preparado únicamente para ti.

Yleth nos mira sin entender del todo lo que le estamos intentando decir.

—No podemos perder el tiempo, chicas, debemos detener a los monstruos —comenta ella llena de preocupación mientras la batalla acude a nosotras.

La banshee es la primera en aparecer, se acerca a la ventana del torreón y esboza una sonrisa diabólica. Yleth crea una burbuja para protegernos mientras Elzara canaliza sus sombras con las pocas fuerzas que le quedan.

—Es demasiado poderosa —dice Garza con la respiración entrecortada.

Después llegan el wéndigo y la lamia, incluso la mujer kraken rompe su prisión de hielo. Los monstruos nos miran mientras el torreón va cambiando su apariencia.

—Ya lo saben… —suspiro viendo como las distorsiones fijan su mirada en Yleth.

Todo lo que nos rodea cambia dando paso a la inmensidad de un lago situado bajo el eclipse de Écliah , la loba primigenia.

De un momento a otro nos encontramos de pie sobre el agua.

Entiendo que no nos hundimos porque es la burbuja de Yleth las que nos mantiene a flote, justo después la verdad se nos revela.

Un tentáculo surge de la oscuridad para rodear las piernas de la bruja del agua, tira de ella y la hunde en la inmensidad del lago. Incluso en ese momento el escudo de Yleth no se disipa y los monstruos que nos rodean desaparecen, todos menos uno, la mujer kraken que se oculta bajo nosotras.

—¿Dónde está la corona de cuervos? —pregunta Bela mientras nuestras heridas se van regenerando por la magia de este lugar.

—Nunca estuvo en ningún lugar. —pronuncia Aine recuperando el aliento—. Siempre estuvo entre nosotras.

—La Maestra la escondió en su alma para que nadie pudiera robarla —continúa Elzara segura de lo que está diciendo.

—Aprovechó la metamorfosis de vampira a bruja para que no se notara —digo sintiendo el poder latente bajo nuestros pies.

—¿Y ahora qué pasará? —pregunta Garza de nuevo—. ¿Qué será de Yleth?

Una luz azul e intensa surge del agua, después una burbuja en donde la mujer kraken abraza a nuestra amiga con sus tentáculos.

En un parpadeo ambas figuras se fusionan en una sola.

La magia que la mantiene a flote se cristaliza resquebrajándose con lentitud mientras el vestido, hasta ahora azul eléctrico, resplandece con intensidad.

—Está recibiendo la recompensa de su esfuerzo, el regalo final de Midnara —responde Elzara mientras la corona de cuervos surge en la frente de Paquin.

El objeto es hermoso, no sé si es de plata o es la propia agua cristalizada la que está formando la figura sobre su cabeza.

Después surgen varias plumas negras de ave, al principio parecen ser naturales, pero luego se vuelven de obsidiana.

Varios rubíes rojos aparecen en toda la corona, el recuerdo de la inmortalidad que la vio nacer.

— Una bruja con el poder de unirlas a todas —Se escucha en la inmensidad del agua—. Una bruja dispuesta a sacrificar el amor verdadero por proteger la magia. Una bruja, una madre, una reina.

En un abrir y cerrar de ojos nos encontramos en mitad de la calle principal de la ciudad de las nubes. Yleth cae lentamente sobre el suelo, la burbuja de cristal desaparece y, antes de que podamos ir a socorrerla, tres mujeres aparecen para sostenerla con una de sus manos.

Las extrañas parecen trillizas pues sus rostros han sido esculpidos por el mismo artista. La primera es morena, la segunda rubia y la tercera tiene el cabello blanco. Me percato de que esta última tiene un ojo de cada color: uno brillante y amarillo y el otro azul y cristalino.

—¿Quiénes son? —pregunto confundida.

Nadie me responde pues ninguna de nosotras sabemos la respuesta. Yleth abre los ojos, sentada sobre las manos de sus sirvientas. Realmente parece una reina. Ella nos mira y una lágrima se desliza por su mejilla.

—He visto los designios del futuro. —pronuncia con una voz que provoca que la ciudad se estremezca ante ella—. Se nos agota el tiempo.

Soy la primera en actuar, me inclino en una reverencia aceptando su ascenso. Las otras tres me siguen seguras de que esto ha sido siempre el plan de la Maestra, siempre ha sido Yleth Paquin y nadie más.

—Valhía está en peligro. —dice ella con seriedad—. Necesitamos a un mensajero que se asegure de que el portador y el guía no se pierdan en su misión. Un mensajero que conozca la noche eterna y que pueda caminar bajo el sol.

El resto nos incorporamos. De pronto me doy cuenta de que las chicas me están mirando. No le doy demasiada importancia, al menos no hasta que Yleth chasquea sus dedos e invoca una pócima de brillante color rosa. El vial flota hasta nosotras, Aine la coge entre sus brazos y las cuatro me sonríen.

—Anoche estuvimos trabajando en esto, recolectamos todos los ingredientes viajando con la magia del torreón. Creemos que eres tú la que debe tenerlo —A la bruja verde le tiembla el pulso cuando coloca la poción sobre mis manos.

—¿De qué habláis? ¿Qué está pasando? ¿Qué tiene que ver esto con la corona de cuervos?

—Sabemos que lo has estado pasando muy mal, cariño —Bela me rodea con sus brazos, después se echa a llorar sin poder continuar hablando.

—Queremos que seas feliz, aunque eso signifique alejarte de nosotras —Elzara me coloca su mano en el hombro y asiente con la cabeza.

—Ya soy feliz, chicas, de verdad. Ser una bruja pura me hace tremendamente feliz —Intento explicarme aún sin entender lo que significa todo esto.

—Queríamos esperar a superar la tercera prueba para dártela, pero creo que ahora es lo necesitamos tanto como tú —Yleth levita por encima de las manos de sus sirvientas y flota hasta nosotras sin ningún tipo de esfuerzo.

Está claro que su nueva naturaleza le hace tener poderes con los que nosotras solo podemos soñar.

—Ahora sé lo que significa ser arrebatada de la vida que una desea, por eso queremos que Kaine y tú estéis juntos sin importar la parte del Midna a la que cada uno pertenezca.

—A mi mejor amiga le tiembla la voz, está llorando y le cuesta horrores hablar—.

Tu siempre pertenecerás al Nido, pero no hace falta que vivas con nosotras.

—Oh, Yleth… —Escuchar eso de ella me hace tan feliz que no puedo evitar emocionarme—. Gracias, de veras, pero os juro que no entiendo lo que me queréis decir.

—¿Recuerdas la Poción Maldita? —dice Aine y yo no puedo hacer otra cosa que asentir con la cabeza.

—Una mezcla para darle a un individuo la capacidad de transformarse en animal. —Continúa Yleth, después dice algo que me deja completamente petrificada—. Así Kaine podría salir de la noche eterna.

—Yo…

—No quisimos decirte nada, pensábamos regalártelo cuando todo esto terminara —comenta Elzara mientras nos fundimos en un abrazo conjunto.

—Lo que te hicimos en la guarida no fue justo para ti —continúa Aine con su rostro hundido en mi cabello rizado.

—Te dejamos sola en un lugar donde la soledad nos puede llegar a matar —consigue pronunciar Bela antes de que se le atraganten las palabras.

—Te he tratado fatal, Kath y no he sabido como compensarte… —Yleth es la última en hablar y consigue que todas nos derrumbemos en lágrimas.

—No hacía falta, de verdad…, sin vosotras esto no hubiera sido posible.

Nos quedamos allí en silencio mientras el abrazo de cinco hermanas se convierte en el recuerdo más bonito de mi vida.

Cuando nos separamos y miramos a las sirvientas de la reina bruja comprendemos la verdadera naturaleza de las tres mujeres.

Ellas no han sido nunca desconocidas, ahora lo sabemos pues se han transformado en una serpiente, una araña y una loba del mismo tamaño.

Comprendemos que son las protectoras de la corona de cuervos, sus sirvientas, sus guardianas y sus guías.

Soleish , Lunek y Écliah en su forma más doméstica.

—Necesito pedirte un último favor, Kath —Yleth entona su voz, de nuevo, como una reina.

—Lo que sea.

—Estevian necesita un mensajero que se asegure que él y Cirigh no se pierdan en la misión. Alguien que pueda reconducirlos cuando el ánimo flaquee. ¿Podrías pedírselo a Kaine?

—Será un placer.

—Qué así sea, la corona de cuervos te da la bendición para que abandones tus deberes como bruja del Nido, Kathleen Strauss. —La voz de mi reina se propaga por toda la ciudad—. Que tu vida mortal goce de felicidad y que la magia nunca te abandone.

—Acepto tu bendición, su majestad, pero primero tenemos una enemiga que derrotar.