Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 58
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No dejo que se haga el silencio, no cuando casi todas ellas han revelado sus secretos sin ningún tipo de miramientos.

Me encantaría poder admitir que yo también daría mi vida por Yleth Paquin, pero creo que lo llegaría a hacer por todo el Aquelarre del Nido, más ahora que nos hemos convertido en hermanas.

Entonces se me ilumina la mirada mientras sonrío.

Si la araña primigenia quiere un gran secreto, tengo que exteriorizar lo que llevo tanto tiempo reprimiendo.

—Yo… yo también daría la vida por ti, cariño.

—Suelto la mano de mi amiga, la cual llevo sosteniendo todo este tiempo—.

Ya sabéis que siempre me ha podido la disciplina por ser una bruja ejemplar.

Le prometí a Yleth que le cedería mi puesto de prefecta si era escogida, pero cuando ocurrió, la hechicería me otorgó una visión del futuro.

Se avecina una guerra y yo seré una pieza clave, por eso acepté

Soy consciente de que mis palabras no abrirán el cerrojo por el momento. La realidad es que esta no es la historia que quiero contar, solo es el comienzo:

—Hablar de la muerte de mis padres sería prácticamente como repetir la vida de todos los niños vampiros del Continente de la Banshee.

También sois conocedores de mi estatus en el Lluvia de Polen y el cómo a Paquin y a mí nos escogió la Chispa para entrar en el Aquelarre del Cuervo.

Pero lo que no sabéis es que nunca me he sentido amada.

Puede que si como una hermana, pero nunca como una mujer.

Por muchos clientes que pasaran por mi habitación del burdel, por muchos hombres y mujeres que admitieran estar prendados de mí, yo jamás quise a nadie con la fuerza suficiente como para sentirme viva.

Ya me entendéis. Al menos hasta que le conocí, a Kaine Dynevor, el Maestro de la Orden de los Condenados.

—¡¿Qué?! —susurra Bela confundida mientras las otras se tapan la boca con las manos.

—Las brujas madres me encargaron servir al general Rhain y eso me dio la oportunidad para pasar una larga temporada fuera de la guarida.

Tuve la oportunidad de conocer al heredero del trono de la Corte de las Tormentas.

Y por primera vez en mi vida experimenté la magia más poderosa de Valhía, el amor.

Me uní a su causa para sacar a mi hermano de la Orden, pero luego me quedé porque nos volvimos inseparables.

Le pedí que me borrara los recuerdos, le supliqué que me transformara en una bruja incompleta.

Hasta que me reencontré con él y recuperé lo que es mío.

En mi vida he cometido muchos errores, más de lo que podría contar, si de algo estoy segura es de que daría lo que fuera por tenerle aquí a mi lado.

Pero tranquilas, una vez más escojo a la hechicería por encima de mis propias necesidades.

De nuevo vuelvo a elegir ser bruja antes de ser plenamente feliz.

—Kathleen Strauss, tu cerrojo se ha abierto.

—Kath… —Esta vez es Yleth la que se acerca a mí y me agarra de las manos.

Por un momento pienso que se va a sentir ofendida por no escogerla, por no priorizarla como lo ha hecho ella. Pero verla sonriendo me demuestra que me quiere lo suficiente como para aceptar mi verdad.

—Te mereces ser la mujer más feliz del mundo, te mereces la vida que deseas.

—Quizá en otra vida —ironizo reprimiendo las ganas de llorar.

Me siento liberada, como si mi corazón hubiera deshecho todos los muros que me había esforzado por construir para protegerlo.

No me importa admitir mi mayor debilidad, mostrarme vulnerable y aceptar que nunca tendré la vida que quiero.

Estoy enamorada de Kaine, eso es una dura realidad que me perseguirá disfrazada de ansiedad, y vendería mi alma si con eso pudiera estar a su lado.

Sin embargo, lo que tengo claro por encima de todo es que si la vida me da a elegir entre Valhía y el stoker siempre elegiré salvar el mundo.

—Yo no nací siendo una chica. —Las palabras de Bela opacan mi historia—. Mi nombre fue Belkan y mi destino era ser el mejor cazador de Plaguen. Pero un alma no puede luchar a contracorriente y yo no pude resistirme a vestirme de mujer a escondidas de mi familia.

—Por eso tu padre te pegaba… —susurra Aine recordando las palabras que la rubia ha utilizado con anterioridad.

—Por eso me daba palizas de muerte que luego compensaba con sangre de vampiro y remedios del boticario.

—La voz de Garza tiembla mientras sus ojos se clavan en el suelo.

No quiere mirarnos, se avergüenza de su pasado, de quien fue una vez—.

Conseguí fingir ser el hijo que él siempre quiso.

Belkan, el cazador ejemplar, el asesino de lobos.

Pero cada noche que pasaba iba perdiendo las ganas de vivir.

Si para algunos la eternidad es un regalo, para mí era una tortura.

Eso fue lo que me llevó a suplicarle al Aquelarre del Cuervo que me concediera un favor, pero las brujas madres recibían demasiadas peticiones y yo no era una prioridad.

Y lo entiendo, nunca las odié por ello, sabía que los problemas de cosechas y enfermedad eran mucho más importantes que un deseo insignificante como el mío.

Pero una noche llamaron a mi puerta y en ese instante sentí que era la persona más afortunada del mundo.

—¿Qué pasó? —Elzara habla desde el arrepentimiento, tanto tiempo metiéndose con ella y ambas estaban destinadas a encontrarse. Después de todo sus historias se parecen más de lo que creen.

—En cuanto mi padre se enteró, echó el cerrojo a la puerta y me dio la peor paliza de todas.

Por suerte para mí, la Tríada utilizó su magia para salvarme y cumplieron mi petición.

Cargaron con un chico cubierto de heridas, aunque sin duda las más dolorosas eran las que no se veían.

Me llevaron hasta las aguas termales de la guarida y me dejaron caer formulando sus hechizos para hacerme cambiar.

Esa fue la primera vez que escuché a la hechicería hablar.

Me dejó transformarme en mi mejor versión mientras me otorgaba la Chispa.

Antes de despertar me dio un nombre: Bela Garza.

Y me explicó que me merecía ser el ave más hermosa del cielo, porque nadie se merece sufrir por haber nacido en un cuerpo diferente.

—Bela Garza, tu cerrojo se ha abierto.

—No… no sé qué decir. —Strange se acerca a ella y la abraza por la espalda—. ¿Quieres que mate a tu padre?

—Para mí ya está muerto, hace mucho que dejé saber de él. Dudo que piense que sigo viva y prefiero que se quede así.

La araña primigenia aterriza a escasos metros de nosotras al mismo tiempo que la puerta de acero se abre ante nuestras verdades.

No nos apresuramos a cruzarla, al contrario, nos unimos en un abrazo grupal que forja una amistad por encima del destino.

Entonces dejamos de llorar, nos secamos las lágrimas y nos miramos decididas.

—Si tenemos que dejar nuestras viejas vidas atrás por proteger Valhía, que así sea—digo segura de que este es el camino correcto.