Corona de cuervos (Corte de agua carmesí 3) 57
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El tiempo transcurre en un círculo formado por cinco brujas sentadas en el suelo de una cueva.

La segunda prueba es tan personal que no hay opción al debate, por ello nos limitamos a rebuscar en nuestros corazones intentando encontrar una verdad que nos hayamos negado a exteriorizar.

La araña primigenia utiliza su seda para subir al techo y observarnos desde allí.

Llego a pensar que se queda dormida, pues deja de hacer ruidos acrecentando el silencio sepulcral que nos rodea.

En ocasiones nos miramos, suspiramos y esperamos en silencio.

Yo valoro todas mis opciones, rebusco en lo profundo de mi ser y me planteo la simple idea de admitir que la plaga de las caribdis fue culpa mía.

Pero luego lo medito más detenidamente y acabo aceptando la realidad.

No, no fui yo, yo solamente hacía mi trabajo sin cuestionarme la cordura del general Rhain.

Las brujas del Aquelarre del Cuervo siempre hemos actuado así, sin valorar las consecuencias de nuestros actos.

Con la única voluntad de acatar las peticiones de la corona de oro negro y rubíes.

—La Chispa me salvó la vida. —Aine comienza a hablar, no lo hace dirigiéndose a la puerta de la segunda prueba, si no mirándonos directamente a nosotras—.

Desde niña mi padre se dedicó al cultivo de hortalizas nocturnas.

Las vendía en los mercados de los pueblos abanderados de Plaguen y siempre me llevaba con él.

—Suena tranquila, con ápices de dolor, pero con una voz envuelta en paz y verdad—.

En uno de esos viajes fuimos atacados por bandidos.

Mi padre les plantó cara, sé que no lo hizo por proteger todo el trabajo del año, sino que luchó por evitar que esos encapuchados me tocaran.

No pude ayudarle, no pude salvarle la vida y tampoco pude ver cómo se la arrebataban.

Las demás nos quedamos en silencio, no queremos interrumpirla, no ahora que la puerta está proyectando un brillo sobrenatural.

—Hui al bosque suplicándole a Illythia que me salvara, admito que llegué a odiarla por no haber protegido a mi padre.

Los bandidos dieron conmigo, yo era demasiado pequeña y no fue difícil.

Pero entonces apareció la Chispa, mi cabello adquirió este color anaranjado y los árboles empalaron a mis enemigos frente a mis ojos.

Esa fue la noche en la que supe que quería ser una bruja.

—Aine Astalix, tu cerrojo se ha abierto —anuncia la araña primigenia desde el techo.

La bruja de las flores nos sonríe mientras la puerta de acero activa sus mecanismos desde el otro lado.

Nosotras no decimos nada, la historia nos ha calado tan hondo que estamos intentando no derrumbarnos antes de continuar.

Ya hablaremos en el Nido, por eso es por lo que acabamos aplaudiéndola mientras ella respira aliviada.

—Muy bien, cariño —le susurra Bela dándole una palmadita en la pierna. Astalix se limita a asentir con la cabeza orgullosa.

Mirar a Yleth me hace pensar en que ya la he perdonado, pero eso ya es un hecho y no un secreto capaz de desbloquear mi candado. Por mi parte no hay rencores hacia ella, solo el cariño que le tengo y el peso de mis errores.

—Como ya sabéis los Paquin nos hemos dedicado a la exportación de telas y la confección de alta costura.

—Mi amiga empieza a hablar provocando que mi corazón palpite con fuerza—.

Tuve la suerte de nacer en una familia noble con la capacidad económica como para pagarse una adasta.

Por eso siempre fui una hija muy querida, tanto por mi padre como por mi madre.

Ellos navegaban a los límites del Midna para comercializar con los humanos durante el Pacto entre las razas de Valhía.

—Coge aire, mira al techo y continúa—. Murieron en alta mar por culpa de aquellos que los veían como rivales.

Alguien se encargó de que su barco se hundiera y el resto simplemente fue historia.

De nuevo otra pausa. El azul de sus ojos centellea vidrioso mientras las primeras lágrimas se deslizan por sus mejillas. Pero no la interrumpimos, menos ahora que la puerta está escuchando su secreto.

—Mi apellido se arruinó y yo tuve que huir a los suburbios gracias a la ayuda de algunos de nuestros sirvientes.

Así fue como terminé convirtiéndome en una vampira más, dispuesta a todo con tal de sobrevivir a la noche eterna.

Y lo hice, trabajé de todo lo que fui pudiendo.

Empecé limpiando casas. Luego cuidé de niños cuyos padres habían perdido la motivación porque el fatum de sus mujeres se la había arrebatado.

Hasta que adquirí la edad suficiente como para entrar en el burdel, eso me daría el dinero como para recuperar mi imperio.

—Allí nos conocimos —admito sonriente mientras ella me mira completamente rota.

—Y fuiste mi suerte, en todos los sentidos de la palabra.

—Su voz me deja completamente congelada—.

Nos convertimos en grandes amigas y la Chispa decidió escogernos en el mismo segundo de nuestra existencia.

No hay mayor regalo que haber entrado en el Aquelarre del Cuervo a tu lado.

Fuiste mi familia, mi guía y mi razón de vivir.

Yleth se queda en silencio provocando que la magia de la puerta se detenga.

Me encantaría suplicarle que continúe, que saque todo su dolor, pero no puedo.

Verla llorar me rompe el corazón. Me limito a darle la mano y acariciar su piel con mi pulgar.

La culpabilidad me duele tanto que me quiebra desde dentro.

La traicioné, lo hice cuando más me necesitaba. Ella se limpia las lágrimas y continúa:

—Y a pesar de todo estar aquí a tu lado me hace tremendamente feliz. Por eso quiero que sepas. —Me mira para luego mirar a las demás—. Quiero que sepáis todas, que estaría dispuesta a dar mi vida por Kath si hiciera falta.

Me quedo completamente muda mientras las otras aplauden orgullosas de las palabras de Paquin. Si tenía heridas en mi corazón, ahora están sanando, como si alguien me hubiera dado un sorbo de sangre vampírica. El sonido de la puerta nos indica que la sinceridad de mi amiga ha surtido efecto.

—Yleth Paquin, tu cerrojo se ha abierto. —anuncia la araña primigenia desde la otra punta de la sala. No sé en qué momento se ha movido. Yo creo que le aburrimos—. Solo quedan tres.

Me arrastro unos centímetros para abrazar a Yleth con fuerza.

Todo lo que ha dicho significa tanto para mí que dudo mucho que pueda compensarla de alguna manera.

Me faltaría una eternidad para demostrarle que lamento todo lo que ocurrió en el pasado.

Pero ahora no somos inmortales y tengo que aprender a demostrárselo día a día.

—¡Maté a mi padre! —grita Elzara con las manos en alto para que la escuchemos—. Antes de marcharme al Aquelarre del Cuervo cogí un cuchillo y le rebané el cuello a mi propio padre.

—Elzara Strange, tu cerrojo se ha abierto —se escucha en la inmensidad de la cueva.

—¡¿Qué?! ¿Era malo contigo? —pregunta Aine intrigada mientras Bela ahoga un grito de sorpresa.

—Conmigo no, con todo el mundo que le rodeaba.

—aclara la bruja de las sombras—. Yo tampoco nací de mi madre, pero en mi caso no hubo dinero para contratar a una adasta.

Así que mi padre no se lo pensó dos veces cuando aquella noche, borracho, tomó a una de nuestras vecinas a la fuerza.

La violó y esa fue una maldición que me persiguió desde que nací.

—Menudo monstruo… —pronuncio odiando a todos los hombres que creen que las mujeres pueden ser de su propiedad.

—Mi madre nunca me quiso, así que cuando nací me abandonó. Y os puedo asegurar que mi padre tampoco me supo querer, me lo demostró cada día de mi existencia.

—¿Te pegaba? —pregunta Bela curiosa—. Sé lo que es eso…

—No, me dejaba a mi libre albedrío. A una niña…

, sola en los barrios bajos de la ciudad.

—continúa Strange con la ira moviendo sus labios—.

Me fui enterando de que forzó a más mujeres y las que se negaban acababan siendo golpeadas hasta casi alcanzar la muerte.

Nadie se atrevía a plantarle cara, le llamaban…

—El Devorador de Plaguen —le interrumpe Aine pronunciando un nombre que todas hemos escuchado alguna vez—. ¿Era tu padre?

—No, era el hombre que sembró la semilla de mi nacimiento.

Pero no mi padre, un padre no trata así a su familia.

—Elzara se aparta el cabello oscuro de la cara y continúa—.

La gente le tenía miedo así que planeé durante toda mi vida la forma de matarle.

Pensé en algo sutil como el veneno o incluso dejarle sin sangre.

Cuando alguien entra en frenesí la guardia lo ejecuta sin miramientos.

¿Por qué no hacían lo mismo con un depravado como él?

Nunca lo entendí. Así que una noche me encerró en mi habitación mientras torturaba a una mujer más.

Conseguí salir por la ventana, coger un cuchillo de la cocina y le rajé el cuello.

Lo disfruté tanto que me bañé en su sangre mientras celebraba mi victoria.

Fue en ese momento cuando llegó la Chispa y fusionó parte de él con el rojo de mi cabello.

—Lo siento… —digo con la mano en el pecho—. Tiene que ser horrible llevarle siempre contigo…

—No, me recuerda cada día como no quiero ser.

Y si las cosas se ponen feas, siempre puedo recurrir a las sombras y transformarme en un monstruo peor de lo que fue él.

Porque nadie volverá a abusar de mujeres inocentes.

—Después nos mira y sonríe de manera retorcida—.

Y si a alguien se le ocurre tocar a mi aquelarre, ¡qué corra! Porque no podrá esconderse de mí.

—Eres fascinante, Strange —Bela celebra la historia de nuestra amiga iniciando los primeros aplausos.